El primer capítulo de la trilogía

Empezamos con la primer parte de una lista de superclásicos.

Los organismos de seguridad prohibieron varios planes del color de las tribunas, aclaro que solo una parte porque pese a todo la fiesta se encendió y nadie la pudo parar, el recuerdo de Madrid, los globos negros del minuto 25′ y un rival que demostró el temor, se agazaparon quedaron reducidos «a no perder», creyeron que era su mejor plan ser «antifútbol».

Pero aparte del 0-0 en el marcador, bastó con ver las acciones y detenerse en los hechos para dejar en claro que nuestros jugadores defendieron la localía, pusieron la iniciativa, fueron al frente a jugar e intentar ganar el duelo. Enzo Pérez barrió todo lo que se le cruzó, Exequiel Palacios y De La Cruz, dejaron todo en cada corrida, Casco expresó la mejor versión, aunque nos quedamos con ganas de un gol, merecido hubiese estado el triunfo que no se dió.

Pelotazo va y viene, se escondieron en el fondo, no se asomaron y así creyeron que lograron el mejor partido, pero no fue así, le restó emoción su actitud, no dejaron que pudiéramos disfrutar de un buen fútbol y de paso como manda la historia y en algún momento expresó Ramón Díaz «Vimos un equipo con muchos temores, tenían la camiseta de River enfrente».

 

 

 

Ser fuerte es lo único que resta

Una noche complicada y un pase a Semifinales.

La previa no era lo mejor, conflicto con De La Cruz, los disturbios del público molestando en el hotel, rumores de todo tipo inundaban el panorama de lo que se venía se esperaba más de lo que sucedió podría haber sido peor, el error de Bascuñán yendo al VAR y no sacando la tarjeta roja a Haedo tras la plancha a Exequiel Palacios y las que se le escaparon cobrar fueron lo mínimo a lo esperado.

Salieron los once a la cancha con las mismas dudas, puntos suspensivos para el primer pitazo, desorden en todos lados, nos tocaba rendir la última prueba para pasar de fase sabiendo que aprobamos la ida nos quedaba resolver esta, pero con la cabeza puesta en conflictos externos y un próximo partido el domingo donde se juegan muchas cosas más allá de los tres puntos es el eterno rival enfrente y en nuestra casa.

Sin Enzo, desconectados, inciertos buscando un rumbo empezó el 1-0 abajo, fue un cachetazo para despertar en el complemento y una difícil parada más para repensar que no se negocia nada, que debe jugarse siendo finos, reducir los errores, no caer jamás y hacer renacer de todo el caos «la bronca positiva» de la cual Gallardo habló más de una vez, eso significó el gol de Nicolás De La Cruz, una liberación que inyectó a todo el equipo.

Ahora el pase ya está, nos toca nuevamente una parada complicada donde debemos otra vez más ser fuertes porque es lo que resta, abrazarnos a la fortaleza, física y mental para afrontar un duelo que no se juega sólo en los 90′ del campo de juego, empieza afuera y lo jugamos todos.

 

Levantarse es obligatorio

Una tarde de bronca, ausencias y reflexión.

No hicimos ni un gol, el equipo no respondió, el jugador salva partidos esta vez se ausentó, los pibes desaprobaron y el Muñeco entró distinto a dirigir. El capitán de nuestro barco, dejó hasta incluso su uniforme para salir a la cancha, se quedó en silencio y los jugadores no se dirigieron solos, era el partido de descanso, pero evidenció demasiada flojera.

Si soltás el timón en alta mar, naufragar puede ser una chance, si te presentás a rendir confiado de que te sabés todo porque aprobaste con 10 el examen anterior y preparaste este leyendo las dos primeras hojas del resumen probablemente desapruebes,  no se puede librar a la suerte. Esto es lo que le pasó a nuestro equipo esta tarde frente a Talleres, se soltó, confió en que un equipo sin rodaje iba a tener el mismo nivel que los titulares.

No hay nombres particulares, fueron los 11 los que no lograron conectarse, en un contexto complicado, el relax de indicaciones y una hinchada que alentaba a un partido próximo, pensábamos en correr otra vez antes de caminar y nos caímos todos, pecamos por ambiciosos y quizá en un punto se subestimó. No se puede creer que los rivales son fuertes o débiles, porque la realidad define que todos son diferentes con el único objetivo de superarte y la fórmula del éxito es mantener la sencillez, ir paso a paso y no dejarse llevar por las emociones ni la confianza absoluta ni caer en la duda existencial, se trata del equilibrio, su justa medida.

Sabemos que quizá Napoleón no esté pasando por su mejor momento, pero no podemos permitir otro Waterloo, los puntos que se pierden se pagan caros, recuperar la confianza después de un golpe es complicado, caer está permitido pero levantarse es obligatorio, nos quedan por delante importantes desafíos donde el error no debe existir.

Paraguay la próxima parada

La Ida, el VAR, las ganas, lo que se viene y el resultado puesto en el marcador.

Las noches de Copa Libertadores tienen su sabor particular, se volvió a jugar un jueves después de varias veces jugando los martes y las expectativas eran altas, la presión en la cancha ante un rival que tiene herramientas para complicar, nos ponían esa incertidumbre típico de la ida de un play off.

Comenzaba el partido, habían pasado pocos minutos desde que se escucho el «River mi buen amigo» que anunciaba la entrada del equipo al campo de juego, cuando sucedió la primera polémica,  planchazo a De La Cruz en el área, Víctor Carrillo va a al VAR y ¡Penal Para River! Nacho Fernández, dispara al arco de Carrizo con efectividad, inesperado, abrir el marcador tan temprano con un error semejante de parte del rival.

Pero las cosas allí no terminaron, River superó a Cerro Porteño, dominó, jugó, recuperó y controló todos los caminos sobre todo llegó por las bandas, mientras que el conjunto paraguayo tuvo algunas apariciones de avisos. Patadas, discusiones, se detenía el juego y reanudaba, un contexto que enfriaba las cosas pero el show debía continuar pase lo que pase.

En el complemento llegó la clave, pase de Suárez a Nacho Fernández, abrazo, festejo, 2-0 en el marcador, hasta que Carrillo recibe el mensaje por el intercomunicador, revisa la jugada y el gol es anulado porque la pelota chocó contra la mano de Suárez, increíble e imperceptible para todos los que vimos la jugada en el momento de la acción, pero la tecnología sentenció invalidar un gol.

Todo volvía al 1-0, Cerro buscaba igualar la serie y llevarse el gol de visitante pero todo quedaba en intentos hasta que Exequiel Palacios pisó el área y el arquero rival lo frenó en la corrida, razón por la cual nuevamente ¡Penal para River! Parecía una broma pero era realidad 2 penales en un mismo partido, ejecutó Rafael Santos Borré y puso definitivamente el 2 en el marcador.

Terminó el duelo con una victoria matemática, con «polémica por los tiros desde los 12 pasos», más allá de las críticas que hacen circular en redes sociales hinchas de otros clubes, trolls y medios, la realidad es que fueron bien cobrados los penales, el foul existió. Y el equipo hizo mérito para quedarse con la primer parte de la serie, llevando el control del duelo, imponiéndose con una nueva muestra de carácter y actitud.

La actualidad sólo deja en claro que ganar de local marca una tendencia, pero faltan los 90′ donde se define todo, el próximo destino es Paraguay, donde se escribirá el párrafo final de este capítulo porque las historias de Copa Libertadores son largas.

Persevera y triunfarás

Creemos en los milagros, confiamos en el equipo, nos regalaron una goleada inesperada, lo hicieron otra vez.

La cancha húmeda, el homenaje a Brown, así arrancó el duelo en el cilindro de Avellaneda, Armani con una dedicatoria en el buzo y un minuto de silencio previo a la acción. A la vez que de este lado de la pantalla esperábamos que ya arrancara este clásico, uno de los más antiguos, no está de más decir que Racing fue nuestro primer rival, cuando el equipo que vencimos en Madrid aún no integraba la Primera División.

Un partido con historia, que arrancó presentándose con buen juego, un River que salió con todo a ganarlo, pero que un error del defensor nos dejó 1-0 abajo, con un gol de yapa de un jugador formado en nuestra cantera, la ley del ex lo hizo de nuevo. Pasaban los minutos de un inujusto primer tiempo donde el funcionamiento era bueno, se llegaba al área rival pero todo se diluía a la hora de la definición, esperábamos que la pelota entre expectantes pero nada pasaba.

Gallardo, tiró la primera carta Nacho Fernández al lugar de De La Cruz y empezó la rotación, Palacios imparable, Enzo se ocupó del manejo del mediocampo y la ilusión del empate empezó a hacerse cada vez más posible. La ansiedad nos carcomía no queríamos empezar a perder puntos en el arranque del torneo, más allá de que es la tercer fecha no se puede dejar pasar.

Pase de Palacios y Borré, Gol minuto 34 empate, minuto 37, el marcador dice 3-1 arriba que alguien explique como en tan sólo 3 minutos se da vuelta un resultado, sólo ellos pueden hacerlo, aprovecharon el momento, los espacios y casi liquidaron el partido en ese momento: «Rafael Santos Borré y Matías Suárez los autores de los goles de esta noche, es impresionante» dijo el relator, creo que más de uno que se levantó de la silla o pestaneó sólo escuchó el grito.

El rostro de los hinchas en el Estadio y el gesto de Coudet, lo expresaron todo, ahí ya no quedó mas nada que agregar. El complemento sólo fueron emociones, llegaban pero no nos lastimaban. Los jugadores se blindaron, podíamos verlos  jugar como una máquina que funcionaba bombardeando el arco, no era por un título, se trataba de las ganas de no rendirse jamás, convertir todo, así fueron los festejos de Nacho Fernández por el penal, De La Cruz y el broche de oro con el regreso de Nacho Scocco.

Si tuviera que resumir en pocas palabras el partido de anoche diría: Persevera y triunfarás porque esa es la clave del River de Gallardo, reinventarse, no darse jamás por vencido, dejarlo todo aunque parezca imposible y escribir la historia con hazañas 6-1, resultado igual al de 1941.

«Tomala vos dámela a mi el que no salta…»

River volvió a ganar, mejoró y los tres puntos se quedaron en casa.

Tras los empates sin sabor y la agónica victoria por penales en Brasil, regresaron los buenos tiempos a los que sí debemos acostumbrarnos. Ayer a la tarde todos creíamos que no había otra opción posible que no fuera la victoria frente a Lanús, era el debut en la Superliga en nuestra casa, la segunda fecha de un torneo que nos cuesta sumar y si no arrancamos de a 3 remontar después es una tarea demasiado complicada.

El arquero Rossi volvía a estar en el arco contrario, se palpitaba la previa del Superclásico y penal para River, Borré hizo el primero y respiramos, necesitábamos volver a confiar, que el Colombiano volviera al gol. Los avances de Carrascal, Montiel pasando al ataque con solvencia, el esfuerzo y sacrificio de Enzo Pérez y un equipo que no paraba de presionar, dejó en claro quien ponía las condiciones del duelo.

Suárez puso el segundo, el gusto dulce ya empezaba a saborearse a la vez que la fiesta en las tribunas no paraba, «el ya nos vamos a ver de nuevo», sí saber que en un par de fechas nos volvemos a encontrar con «ellos» y encima los podemos enfrentar en la Libertadores, enciende un comportamiento inevitable que se mueve por la pasión, el folclore.

Así con el marcador 2-0 arriba se llegó al entretiempo, con el análisis de que a prueba y error se lograba controlar a un rival, algo que en los últimos partidos se planteaba como una tarea difícil de resolver. Que se volvía al gol, ese grito atragantado salía de una vez por todas de nuestras gargantas ansiosas.

El complemento fue complejo, el arquero rival reaccionó y sacó varias que veíamos adentro, el penal previsible «canchereado» por el pique ejecutado por De La Cruz,  pero  pese a todo no pudo evitar el tercero de Suárez y ahí todo se desbordó, el pasado de Agustín Rossi lo condena, más allá de su presente en el equipo del sur y empezó a sonar el:»Dale Campeón, Dale Campeón» y el último hit que el tiempo dirá si se volverá épico: «Tomala vos, dámela a mi, el que no salta…» le puso el broche de oro a una goleada.

Brasil y las clasificaciones agónicas

Después de infartantes 90′ los penales escribieron el final de esta historia.

Jugar en el Estadio Mineirao, nos transportó en la máquina del tiempo a más de uno al 2015, a recordar al equipo de aquella hazaña, el cantito que se volvió emblema de aquella copa: «Copamos Belo Horizonte y Asunción…». Muchos recuerdos que traían buenos augurios que con el rodar de la pelota tras el pitazo de Tobar empezaron a estancarse aún más en el pasado.

Con 15 minutos de ilusión, dominio, la sorpresa de Carrascal como titular dejaba una imagen positiva, empezamos a creer que todas las que no entraban iban a ser gol en cualquier momento, el Oso, Nacho, Borré, alguno iba a embocar ese milagroso gol que valía por dos y nos clasificaba directo. Pero nada de esto pasó sufrimos mas de lo imaginado, el equipo intentaba, las cosas no salían y del banco no apareció tampoco el milagro, Armani atajó cuanta complicación se interpuso en su camino, estaba todo sentenciado para definir desde el punto penal.

Acá me quiero detener, la definición desde los 12 pasos donde la mezcla de sensaciones era extraña, la esperanza del éxito en las ejecuciones recientes por Copa Argentina en contraposición al recuerdo que hacían los comentaristas de la última tanda de penales en Copa Libertadores donde las cosas no habían terminado nada bien. A esto la imagen de la hinchada en Belo Horizonte, alentando sin parar creyendo en que nada podía salir mal.

«Creemos por que tenemos con qué», «River después de salir campeón a la próxima edición se vuelve en 8vos», dos postulados que también se enfrentaban y jugaban en el partido de nuestros pensamientos. Pero llegó el momento de la verdad, Armani hizo lo suyo, tapó dos penales, que significaron más allá de ser fundamentales para el triunfo un buen descargo para la crítica por sus acciones en la Selección Argentina. Montiel, fue la revelación pateando y Borré selló el pase.

La fiesta es el último párrafo, respiramos, estiramos los dedos de las manos estrujados implorando poder pasar de ronda, los jugadores se abrazan, cantan, Borré abraza a Gallardo, Enzo canta sin camiseta y aviva al pueblo millonario tras la épica. Todo suena muy romántico para concluir que Brasil es el lugar de las clasificaciones agónicas, el 3-0 del 2015 vs Cruzeiro, el 2018 2-1 frente a Gremio y ahora el reciente Mineirazo forma parte de este historial.

Pero toda esta alegría no debe tapar el presente, la falta de gol, los errores, porque hay que volver a ser fuertes en los 90′, en el Monumental y en la cancha que sea, donde sea para asegurar los triunfos sin la necesidad de sufrir o vivir al borde del precipicio a medio paso de caer. Ahora es el momento de resurgir.

 

En el último suspiro

Volvió la Superliga y el primer punto de un largo camino.

Si el partido frente a Cruzeiro nos dejó con bronca, el duelo de ayer encendió las alarmas directamente, parecía increíble pero era una triste realidad ver como el equipo no encontraba los espacios, no podía avanzar, estaba sin ideas, como manifestaron varios jugadores «entramos dormidos».

Arrancar un torneo y que el primer duelo ya comience el sufrimiento con pérdida de puntos es para pensarlo, aparte de que no se llegó a la derrota, hay que revertir la imagen, reinventarse una vez más volver a encontrar los lugares, imponer las condiciones y no esperar el gol de suerte «golpe de energía» para arrancar.

Se juegan los 90 minutos, no se pueden desperdiciar puntos desde el principio, Argentinos cerró los caminos pero lo doloroso es que no se pudo romper ese esquema, sólo a través del gol de Carrascal se encontró una manera de creer en que era posible ganar, la solución milagrosa desde el banco, otra vez resultó, pero tampoco se puede librar tanto al azar, porque no siempre van a dar las posibilidades.

Esperar un penal de último minuto, una pelota detenida que se meta de lleno en el arco, la conexión a último minuto para generar una jugada de gol, son circunstancias, pero no podemos acostumbrarnos al «salvataje», hay que recuperarse, volver a ser, dejar todo en la cancha, porque los errores son de un funcionamiento colectivo.

El colombiano frotó la lámpara y nos dió el empate frente al bicho, le sirvió para su confianza personal, pero que esto sea el comienzo para nivelar hacia arriba y que el último suspiro no se vuelva una costumbre.

 

Puntos Suspensivos

Volvió la Copa Libertadores, regresaron las noches de River.

Rituales y cábalas volvieron a decir presente anoche, el historial desfavorable en un costado y una realidad de once que entraban a la cancha a disputar el primer partido de una serie de 180 minutos, frente a Cruzeiro, anunciado como «la bestia negra».

Los primeros 45′ fueron de dominio absoluto, control y buena generación de juego, por lo que  parecía increíble las que no entraron, irse al vestuario con el marcador en cero era injusto, pero la lesión de Pinola empezó a condicionar un duelo que se emparejó en el complemento y los brasileños aprovecharon las que tuvieron.

Sobre el final se escribieron los puntos suspensivos, del extasis del famoso «penal para River» con el reciente recuerdo del duelo en Porto Alegre, a la agonía en el error de Suárez. El interrogante clave: ¿Por qué no pateó Pratto?  hoy sabemos las causas de la decisión, pero en el momento todos lo planteamos.

La realidad nos anuncia que restan 90′ en Belo Horizonte, no recibimos goles, pero tampoco convertimos, por lo que claramente es una página en blanco para rellenar, sin nada que revertir con todo para completar.

A medio paso de caer

La noche de Copa Argentina y el sufrimiento en los penales.

Fuimos testigos de algo extraño, ver un River sin profundidad, impreciso, falto de presión y con demasiados errores para definir, si había que hacer algo mal, fue el partido para expulsar todos los errores, la defensa falló en minutos del primer tiempo y llegó la primera del rival, en el complemento con el 0-0 en el marcador, Angileri le dió un penal a Gimnasia de Mendoza que entre las piernas de Lux, el palo y suerte permitió seguir con la ilusión de ganarlo en los 90′.

Luego apareció la entrada de Rollheiser, la estrategia del Muñeco de la conexión con De La Cruz y Palacios ubicado justo para poner el 1-0, todo iba bien hasta que Angileri mandó una pelota al córner que derivó en un cabezazo del rival para poner el 1-1 tras un Lux que poco hizo para tapar el disparo. Pero la historia no terminó ahí, porque siguieron los intentos y pelotazos librados a la suerte con el objetivo de ganar.

Puede fallar y sí falló la intuición, el gol del último minuto, el zapatazo, la sorpresa a distancia, la pelota detenida esta vez no apareció y fue inevitable la definición del punto penal, algo a lo que no estamos acostumbrados ni nos agrada más allá del historial desfavorable por la costumbre de llevar la iniciativa y de resolver los partidos en el tiempo reglamentario.

Ya no quedaba más que ver que pasaba en la «Suerte» que apareció para que una de las ejecuciones de los mendocinos diera en el travesaño y Benjamín Rollheiser haciéndose cargo del último penal, fue lo mejor de la noche, juvenil salido de la cantera que le puso el pecho a la presión de la clasificación con sangre fría para definir con certeza.

Sabemos de tropiezos y caidas, también que este equipo no claudica jamás pero tenemos que armarnos de valor para salir adelante en todos los próximos desafíos, porque esta vez safamos pero estuvimos a medio paso de caer.