Lágrimas en sonrisas

Otro Domingo más mirando a River, siempre con la fe intacta para imaginar el triunfo, otra vez tocaba un clásico, el rival de turno era el Independiente de Holan, un equipo que leyendo nombre a nombre es un rejunte de viejos conocidos del eterno rival, vistiendo la camiseta del Rojo, algo que aumentó las ganas de conseguir los tres puntos.

Soledad Larghi, fue la voz del estadio dio la formación a la vez que iban apareciendo las fotos en la pantalla led, por más que les moleste a algunos, las mujeres pisamos fuerte y tenemos nuestro lugar, ahora que sí nos ven.

Entran los equipos a la cancha, en las tribunas se ve a los hinchas luciendo un parche en el ojo, si Pablo Pérez, de tu show no nos olvidamos más. Tras las fotos de las formaciones, en el círculo ambos planteles hacen un minuto de silencio, la hinchada sigue cantando y el comentarista dice:  “que mal educada es la gente”, no sé hasta qué punto porque jamás se escuchó que la voz del estadio dijera el motivo de ese minuto de silencio y los rostros de no entendemos nada predominaban, deberían haber avisado, pero no lo hicieron. En la transmisión aclararon que era por el recordatorio del atentado a la AMIA.

Empezó la acción, sonó el silbato de Patricio Loustau y River no encontraba la vuelta en los primeros minutos, el rival atacaba, pero sabíamos que eso puede pasar, el equipo de Gallardo es ese gigante que todos conocemos que puede estar dormido, pero se despierta y sale a devorarse lo que le pongan enfrente.

Pasó el momento de incomodidad y empezó el ida y vuelta, sí la palomita de Scocco que parecía gol cantado, después vino el intento tras el pase de Suárez, comenzaron los intentos de abrir el marcador, las esperanzas se encendían. La pelota detenida en los pies de Juanfer Quintero, casi gol olímpico travesaño y afuera.

Las chances pasaban por los disparos de Scocco, Quintero y Suárez, pero no entraban quedaban al filo y cuando no convertís viene la contra, se empezó a dar vuelta la situación y la bronca empezaba a aparecer, la defensa en un carnaval interminable y las dos situaciones que Franco Armani tuvo que tapar heroicamente, mientras que se cometían faltas innecesarias y perdíamos a Pinola por acumulación de tarjetas, mientras que chances de pelota detenida para el rival, nos tocaban el talón de Aquiles, es de conocimiento público que si hay algo que complica es defender en las pelotas detenidas y ellos tenían chances reiteradas de lastimar por ahí.

Quizá el golpe en la cabeza de Armani contra el palo, nos dolió a todos y también fue la resignificación y la señal que indicaba reinventarse más allá del ataque por los costados, necesitábamos la explosión, cortar con la sequía de gol, el grito estaba atragantado necesitaba imperiosamente salir y generaba presión en las cuerdas vocales.

Caídas, choques en el área, faltas finísimas que eran penales a simple vista, pero la más grosera de todas por escándalo fue Sánchez Miño agarrando con los dos brazos a Scocco con la pelota  en juego, pero lo vimos los que estábamos frente al tv, en la cancha Loustau hizo la clásica “vista gorda” que se viene haciendo costumbre en el arbitraje nacional. El Muñeco revolea la botella de agua contra el cartel de propaganda, nosotros lo que tenemos a mano, de alguna forma hay que desquitarse la bronca, la impotencia que generó el error arbitral.

Así con intentos, avisos del rival y disidencias con el árbitro llegamos al entretiempo, un momento en el que todos los hinchas pensamos cambios, ideas para ver cómo ganarles  y deseamos hacer telepatía con Gallardo, e incluso meternos en la cabeza de él para saber que trama o en el mejor de los casos volvernos una mosca que entra en el vestuario y se entera de todo lo que va a pasar.

Pasan los 15’ y la historia continúa arranca el segundo tiempo, River vuelve con los intentos, pero la situación no cambia, se llega no se convierte y hay que ponerle punto final al ida y vuelta, el rival se podía agrandar, algo que enciende las alarmas, empiezan a llegar y las faltas le dan ventajas.

Acá se viene el cambio obligado, el dolor Juanfer había recibido un golpe en la rodilla en el primer tiempo se masajeó la zona con el pulgar y siguió pero esta vez no soportó el dolor, tras el golpe de Bustos, terminó tendido en el piso, con lágrimas en los ojos como todos los que vimos esa dolorosa escena. Y por ese motivo ingresó Julián Álvarez.

Álvarez, es el juvenil cordobés que ingresó en la final del Bernabeú, esta vez le tocaba una parada con emociones mucho más bajas que las de aquel día, y tan sólo le costó un minuto poder convertir el gol, su primer gol oficial, pase de Suárez, para que el “Araña” rematara directo al arco de Martín Campaña. Sí un juvenil salido de la cantera abría el marcador, uno de esos pibes gigantes que se forman en el club, los que hacen que se infle aún más el pecho del hincha, para gritar esos goles bien nuestros.

Después del gol, apareció la confianza, el juego y la determinación, el rival empezó a desesperarse intentar por todos lados, pero ese mismo afán de buscar el empate a cualquier precio los llevó al error, Campaña salió al piso a parar a Suárez y no quedó otra que ¡Penal para River! Esta vez Loustau lo vió y fue el momento de Scocco, tras tantos intentos al arco tuvo su chance, convirtió el penal puso el 2 a 0 y  salió con la ovación de toda la cancha, para que ingrese Lucas Pratto.

Con el marcador arriba, la exigencia sigue había que sostener y no permitir el descuento, llegaban y Armani controlaba, Pratto buscaba la reivindicación con el arco, si bien últimamente se dedica más a hacer el trabajo sacrificado, todos queríamos que convirtiera el gol que cortara la sequía de nuestros delanteros titulares, sin poder de fuego no se gana.

Ferreira, intentó apareció y desapareció, no pudo hacer el gol determinante que venía haciendo por partido, si pibe nos estabas malcriando y te tiramos flor de peso encima, perdón y gracias. Pero la salida del juvenil trajo el tan ansiado debut de Jorge Carrascal, el colombiano de acento costeño tuvo el apoyo de Marcelo Gallardo en ese abrazo paternal que lo acompaño hasta el ingreso. Además tuvo que lidiar con los desesperados de afuera que queríamos verlo.

La primera que toca Carrascal va para afuera y le toca hacer un lateral “hizo el lateral igual que Neymar”, dijo el comentarista y creo que fue una exageración, demasiada presión sin necesidad en su debut. Pero el joven no se iba a quedar en eso intentó un buen remate que rebotó en las manos de Campaña y el Oso Pratto definió con un disparo letal, llegó el tercero, ja.

Con el marcador 3 a 0, Independiente ya estaba totalmente desesperado, llegaba intentaba pero no podía descontar, en uno de esos intentos, cuando el partido finalizaba, tras haber cometido gran cantidad de faltas, se fue expulsado Figal, bien expulsado, aunque unos minutos antes podría haber partido, corrió la suerte de la benevolencia del árbitro.

Llegaron los 90’ se jugó el alargue de tres minutos al coro del ole, ole, ole de la hinchada y el homenaje constante a Pablo Pérez, si Pablito de vos nadie se olvida. Todo marchaba bien, los tres puntos, goleada hasta que aparecieron las lágrimas en las sonrisas, el golpe de Juanfer era una rotura de ligamentos, una rodilla rota equivalente al corazón de millones de hinchas que le deseamos fuerza y pronta recuperación, aunque se vienen tiempos difíciles extrañando su magia.

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Nada de nada

Miércoles a la noche, vuelve el ritual, juega el Campeón, no hay previa si es increíble pero real, la televisión muestra a periodistas frente a cámara en un plano americano, describiendo el vacío, sin delirio y carnaval, no hay hinchada, la sanción que firmó un silencio que se lo llevó todo, nos dejó a todos detrás de una pantalla y a ellos solos para salir al campo de juego.

La pantalla led apagada, la voz del estadio ausente, luces encendidas en tribunas vacías, salen los jugadores a la cancha, el reloj marca las 21:30 y no se escucha el “River mi buen amigo”, sólo el ruido del viento que estremece, duele hasta las entrañas porque no estábamos ahí. Sólo se escucha el silbato de Alexis Herrera que marca el arranque del partido.

Sólo gritos de los que poco se puede llegar a traducir que dicen, por el eco del doloroso vacío y el pique de la pelota es lo único que se escucha de fondo, a un relato insufrible el hashtag #LibertadoresXFOX era la muestra de apoyo al equipo. En el campo, los jugadores intentando buscarle la vuelta al encuentro, eran los primeros minutos, donde hay que estudiar al rival.

Matías Biscay no es Gallardo, lo podemos ver todo el día que no va a lanzar una expresión que sirva de pista para saber que va a pasar, sólo paró un raro 4-3-2-1 con Borré como único punta, sí el comandante que no está en su mejor momento tenía que ir para la definición, un poco arriesgado, creo que a todos se nos hizo un nudo en la garganta al ver ese esquema.

Pasan los minutos,  River toma el control del duelo, la primera va Pratto se desvía, uhh nos perdimos el primero quedo cerca, vuelve a intentar y de nuevo al borde no pasa nada. Ese abrupto silencio hacía pensar que nos necesitaban ahí, que los jugadores esperaban los gritos y el calor del hincha, que solos no era lo mismo.

Pelota detenida, va Juanfer Quintero, estaba un poco lejos pero la fe siempre está intacta en la zurda del “Panita”. Juanfer miraba al arco bajaba la cabeza, volvía a mirar, yo en mi casa entrelazé las manos implorando que ese pelotazo entrara y abrir el marcador, tiro libre cerrado, pasa la barrera y  a las manos del arquero. Bronca, insultos al aire, se nos escapaba una buena chance.

Sigue el duelo y la pelota cae en el área Borré en un mano a mano con el arquero, creo que todos le gritamos desde donde veíamos el partido “definila vos”, “pateala” y todas las acepciones del verbo, pero hizo un pase a Nacho Fernandez que frente al arco la pateo a las nubes, era no clara era clarísima ese derechazo, encendió la bronca.

Pero nada terminó ahí, entre relatos y pelotazos seguían las claras Pratto iba y nada, seguíamos en el intento, Palestino tenía alguna llegada pero Armani respondía. River dominaba sin poder hacerse dueño del marcador, lo importante. Vuelve al intento y va Nacho Fernández va y pelotazo sin fuerza que el arquero logra controlar sin problemas.

Así en un partido chato, donde lo teníamos todo las más claras y un equipo que se armaba a prueba y error, 48’ Farías marca a Nacho Fernández en el área y toca la pelota con la mano sobre la línea, a mi criterio, el de varios que lean esto y el de la transmisión del partido en conjunto con el replay, esto es PENAL. Sólo para Herrera esta falta fue “mano afuera” y se cobra tiro libre, acción inoperante total.

Masticando bronca, apretando los dientes llegó el entretiempo, lamentando lo que no entró que ya no va a cambiar y debatiendo que los errores arbitrales cada vez son más groseros, e incluso siembran la duda de ser intencionales, es increíble pero real que los jueces de línea también hagan “vista gorda” a las situaciones. Creo que hasta yo sacándome los anteojos de aumento decía que esa jugada es penal.

Arranca el segundo tiempo, los mismos once de cada lado River arranca un poco dormido, tiene algunos momentos de lucidez Palestino, pero la defensa tapa los baches y logra controlar, empiezan a hacer faltas, algunas innecesarias, el rival tiene demasiadas pelotas paradas, entre tiros libres y córner que se fueron desviados, o contenidos por Armani pasaron los primeros minutos.

Mitad del segundo tiempo, Sale Quintero entra Ferreira, nos quedábamos sin la zurda mágica que si bien no está en su momento de esplendor siempre siembra la ilusión de que de ahí algo bueno va a salir, pero ingresaba el pibe Ferreira, el que nos salvó las papas en los dos últimos encuentros, pero tampoco podemos pretender que nos salve siempre y colgarle semejante mochila.

El ingreso del juvenil le dió un aire de cambio al partido empezó a activar la generación de juego, se animó a patear a distancia, aparecieron los toques y jugadas colectivas. Salió Pratto para el ingreso de Suárez  que se fue al lado de Borré y Scocco por Ponzio, si el capitán salió de nuevo no logra su mejor nivel, con Enzo no se terminan de complementar.

Scocco con el desmarque, Suárez con los intentos en el frente de ataque y Ferreira para el juego mantuvieron varios minutos el dominio con llegadas clarísimas donde no eran gol, sólo por el bloqueo propio de ser erráticos en la definición, con remates débiles o desviados. Justo en ese momento de alza, el comentarista dice “acá es el momento donde la hinchada de River se hubiese levantado con todo a cantar”, sonó a cargada, dio asco, bronca e impotencia porque nos levantamos en ese momento como se alienta en los 90 minutos en el lugar donde estuviéramos, sólo que no nos dejaron estar ahí porque estamos pagando lo que hicieron otros, lo que fue inoperancia de un operativo de seguridad.

El vacío era el protagonista siempre, los jugadores parecían estáticos y que por momentos buscaban algo que faltaba, Armani se hacía dueño del arco controló todo las pelotas calientes y las que estaban hirviendo, mantuvo el arco en cero, cuando la defensa transitaba por instantes de distracción.

Faltaban tan sólo 10 minutos para el final del tiempo neto de juego, si 80’ en el marcador, va Suárez se escapa y el arquero Gonzáles sale a cortarlo, termina encima de Nacho lo lleva claramente por delante, era penal otra vez, esto demuestra que se puede “tropezar dos veces con la misma piedra”, dos penales no cobrados, dos jugadas claras de penal. Increíble todos gritamos penal otra vez frente al TV, pero en la cancha no ven nada. ¿Se necesita el VAR? Dejo abierto el comentario a criterio de cada uno.

Se llega a los 90’ se agregan 4 más, la lucha continuó, pelotazos, faltas innecesarias y el único centro que le salió bien a Angileri en toda la noche le dio el cierre a una noche vacía en todos los sentidos, nadie en las tribunas, nada en el marcador, apático, sin emociones, nada de nada.

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Gloriosa lluvia

Un domingo más frente a la pantalla, 21:30 en punto sale el equipo a la cancha, lluvia en Tucumán, me detengo en lo último y resalto, Lluvia, se jugaba la chance de quedarnos con el cuarto lugar y meternos en zona de copa, las tribunas del rival estallaban festejando, ponían en la pantalla del José Fierro que ocupaban un lugar en el ranking FIFA.

Nosotros, somos el Campeón de América, primeros en el ranking donde ellos ostentaban  tan sólo ocupar un lugar, en el banco tenemos al Mejor DT del Mundo y repito lluvia, nos era imposible  en ese contexto no recordar los gloriosos momentos de este River acompañados por la bendita agua caída desde el cielo:  la final contra Tigres del 2015, la semifinal contra Gremio en Porto Alegre y los recientes festejos del 9 de diciembre donde los que no tuvimos la suerte de ir a Madrid lo vivimos acá festejando bajo el agua que dejo también ver un arcoíris.

Vamos a la acción, suena el silbato de Abal y arrancó el partido, formación rara con 3 delanteros, Scocco titular, pasan los minutos y River pone autoridad, juego, presiona tiene la pelota. Enzo Pérez y Zuculini llevaban el medio muy bien, llegábamos al arco de ellos y nos agarrábamos la cabeza, se iba afuera, la atajaba fácil el arquero y el rival empezaba a perderse.

Pelotazo va y viene, partido entretenido de este lado y la bronca de que no entrara el gol porque estaba más que merecido, los ojos de todos estaban encima de Suárez, Pratto y Scocco, se esperaba todo de parte de ellos, pero empezó el show, los jugadores del rival con tan sólo que se acercara uno de los nuestros se desplomaban y el árbitro compraba todo, si compró esas actuaciones dignas de película, ahí empezaron los insultos, empezamos a recordar que Diego Abal tiene familia.

Y llegó la gota que derramó el vaso, Avero no podía con Scocco lo agarró de la camiseta en el área, el número se estiraba igual que cuando estirábamos un chicle, sí así de exagerado, acá y en cualquier país del mundo, todos gritamos ¡Penal! Claramente lo era, pero en el mundo de las ideas de este árbitro significó un “siga, siga”. En llamas, bronca, odio era totalmente injusto.

A Pinola le había pegado en el hombro, eso no era penal, pero reclamaron, contener la presión de este lado era imposible necesitábamos parar semejante injusticia, con el bendito y sagrado gol. Jugada en el área, Pratto, Scocco, pases en el medio, la encuentra Ferreira, nadie lo marca, 19:30 en el marcador, gol. Si ponemos todos una cuota de sinceridad, gritamos ese gol con mezcla de alegría y bronca, internamente presentimos justicia.

Ferreira está encendido, nos salvó en Perú en la última y ahora lo hace de nuevo, 19 años para el cordobés surgido de la cantera, otra de las joyas Made In River muestra de que está hecho, festeja formando un círculo con los brazos en alto, aún no sabemos que significa pero el choque de manos con su coterráneo Suárez es de complicidad absoluta.

Respiramos, siguió el juego metían todos y no paraban, control total, Martínez Quarta podía mandarse alguna pero siempre estaba Pinola para salvarla. Todo iba bien, disfrutábamos de ver jugar mientras, nos ardía un poco la oreja de escuchar al Bambino Pons cambiar los nombres de los jugadores o inventarles apodos, así llegamos al entretiempo.

Un entretiempo raro, mezcla de sentimientos, “equipo que gana no se toca”  pensé y creo que quienes lean esto les pasó lo mismo a la vez que deseábamos unos minutos de Juanfer Quintero, esta vez al menos yo no sentí esa necesidad imperiosa de pedir que el Muñeco metiera el cambio.

Pasaron los 15’ y volvimos al juego, arrancó el segundo tiempo las cosas ya no eran tan perfectas, aparecieron los errores, ya no había precisión y poco a poco el dominio se iba repartiendo, se volvía un duelo mucho más peleado, nada para desesperarse, pero las imprecisiones ya empezaban a surgir.

Cambio en River, ingresa Juan Fernando Quintero por Ignacio Scocco, todos queríamos ver a Juanfer, pero Scocco venía bien con su función de delantero/ volante con recuperación, se entendía con Pratto y Suárez. Pero también se prendió la lamparita de lo que podrían llegar a hacer con Ferreira compartiendo cancha.

El sistema caía, el rival tenía dominio, llegaba y Armani empezó a tener un poco de trabajo, se vino la segunda modificación, se va Ferreira, ingresó Nacho Fernández, todo indicaba que el Muñe ya estaba con un ojo puesto en el duelo con Palestino y que ya empezaba a reservar y dar descanso, cambiar para sostener.

Enzo Pérez y Zuculini eran un buen complemento uno para el otro, pero se vino el cambio con Ponzio, el capitán quizá no es el mejor compañero de zaga con Zucu, pero no podíamos perder la calma por eso, necesitábamos que el plan saliera a la perfección.

Los cambios no surgieron efecto, no mejoraron en absoluto, Quintero no pudo explotar no encontró la pelota, sólo nos regaló momentos cuando queríamos que fuera otra vez inolvidable, Zuculini pegó por demás sin necesidad, Martínez Quarta se distrajo y con clase sin perder la elegancia Pinola sacó una pelota complicada, de taco, si de esa forma.

Un gol en posición adelantada del rival no pudo cambiar la historia, siguió el show, caídas de novela, reclamos de manos inexistentes y un Armani que  volvió protagonista en los últimos minutos, se llevó una amarilla evitable no había necesidad, luego sufrió un golpe que nos paralizó bastante no sólo porque quedaba poco para el final, sino por lo que se viene, pero se levantó y siguió ahí volvimos a respirar.

Era el alargue, sólo restaban 5 minutos, el árbitro apuraba las jugadas, no dejó hacer el córner tampoco el tiro libre, la hinchada insultaba, quizá eso era lo único que les restaba hacer, la gloriosa lluvia lo logró de nuevo, los tres puntos y el cuarto lugar para la clasificación.

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En el último suspiro

Empieza el ritual, vuelven las cábalas, televisor en Fox Sports y arrancan los primeros 90 minutos del sueño continental.

Soltar, lo primero que intenté hacer y creo que todos los hinchas tratamos, ver el once inicial, Biscay en el banco, los recuerdos del 9 de diciembre en el Bernabeú se encienden en un carnaval interminable.

Nada es lo que era, suena el silbato de Wilmar Roldán y el equipo empieza a jugar, unos primeros minutos de dominio, Pratto y Enzo Pérez, eran el motor del equipo, salían jugadas colectivas, llegadas al arco de Gallese, que morían en tristes desenlaces sin contundencia, la pelota iba sin fuerza, la atajaba sin problemas.

La pelota caprichosa no entraba, la preocupación ya empezaba a presentarse, la clásica ley no escrita pero real se avecinaba “gol que no hacés te lo hacen” y en un momento no tan complicado, un lateral y distracción de Martínez Quarta se volvieron un cross a la mandíbula de todos, el rival abría el marcador.

Inesperado todo el panorama dentro y fuera de la cancha, pero había que confiar, este equipo siempre resurgió, pensamos: “dimos vuelta series en Brasil”, “hicimos remontadas épicas”, “es 1 a 0 lo vamos a dar vuelta”, pero los puntos altos no estaban en su nivel, Borré sigue errático, Nacho Fernández intermitente y Ponzio que no era el león de siempre.

Párrafo aparte para Juanfer Quintero, no te podíamos pedir tu mejor pegada ni que fueras el genio frotando la lámpara, conocemos tu historia, comprendemos el dolor, muchos hinchas sabemos lo que son las pérdidas y ese es otro partido que poco a poco nuestro “panita” irá ganando fuera del verde césped.

Así se llegó al entretiempo, con el sabor agridulce, apretar los dientes, tomarse algo, lamentar las llegadas que no fueron, aguantar a los relatores exagerarlo todo y confiar en que se podía cambiar esta historia.

Ya es el complemento, la hora de ir por todo, cada punto en la Copa Libertadores es vital para clasificarse a los octavos de final, no se pueden dejar pasar. La cara de Biscay no es la misma y Gallardo se asoma desde el palco viéndolo todo pudiendo hacer absolutamente nada.

Pasaron pocos minutos, se viene el cambio “Se retira Lucas Pratto, ingresa Matías Suarez”, el interrogante ¿Pratto se va, si Borré estaba en un bajo nivel?, efectivamente salió el Oso y con él se fueron una de las esperanzas de llegar al empate, aunque la cuota de fe sobre Suárez siempre está.

Ingresó Suárez y al minuto, no llegamos a lamentar la salida de Pratto que salió Quintero, sí el 10 tenía que salir no estaba en su mejor momento, aunque la pegada de la zurda mágica era el recurso que pensábamos usar donde se diera la oportunidad. ¿Duele o molesta? Esa es la cuestión al ir con el marcador 1 a 0 abajo, con las uñas ya partidas y con los minutos que pasaban.

Y cuando las cosas no cambiaban para nada, ingresó Nicolás de La Cruz por Leonardo Ponzio, no estaba en su mejor versión el Capitán, pero confiar en De La Cruz para revertir el asunto creo que ni el más optimista de los hinchas lo vio como el candidato para ponerse ese desafío, seamos sinceros y realistas.

Pasaban los minutos, la pelota se va afuera era lateral para los peruanos, Ignacio Fernández corre con los brazos hacia abajo, demostrando un gesto de frustración. Sinceramente, esa imagen me encolerizó mucho más que el marcador, somos el último campeón, nunca reaccionamos así, no me contuve empecé a alentar a los gritos, más allá de que sabía que en Perú no se iban a escuchar, ni siquiera un susurro de cualquiera de las cosas que dijera. Pero los vecinos seguro me agradecieron y recordaron a cada uno de los integrantes de mi familia.

Llegó el momento clásico, eran los últimos minutos de partido, Alianza Lima, puso en práctica la película que ya conocemos todos, hacer tiempo, se caían con mínimos roces cualquiera de sus jugadores, mientras los cambios en nuestro equipo no daban efecto, ellos ponían en práctica el plan tan similar al de Gremio.

Montiel, fue al frente se quejó “están haciendo tiempo”, con reclamos no se gana pero nadie saca lo dicho. Así con bronca, con una hinchada rival que no paraba de insultar a los jugadores del banco de suplentes nuestro, claramente ellos bajan en el área la pelota con la mano, como resultado: Penal para River.

Festejamos ¿Quién patea? Todos decíamos el candidato es… Suárez, pero no fue Borré, pateó falló, la agarro Gallese sin problemas, la cosa se complicaba y la mirada punitiva sobre el colombiano era clara, “tuviste el empate y no metiste el penal”.

Bronca, intentos, se llegan a los 90 y 5 de alargue, aburre, cansa, agota el equipo que quiere aguantar, es ordinario es más hasta es el peor recurso, los campeones salen a jugar y los cobardes justamente hacen tiempo. El actor principal de esta novela, quien fue Pedro Gallese, Enzo Pérez con bronca insultó, como lo hicimos todos nosotros de este lado ¿Estuvo mal? Quienes somos nosotros para juzgarlo, ¿Acaso remarcar algo en tiempo y forma está de más?, ¿Quién no reclama cuando se hace trampa hasta en el equipo del barrio? Imagínense jugando en una Copa Libertadores.

Polémicas y llega el minuto final, tiro libre para River, va Ferreira (en el medio el secreto de Enzo) y en lo personal les dije a todos los que estaban mirando conmigo el partido: “lo mete, Ferreira hace goles de tiro libre”, me respondieron “es un pibe, la pelota quema y no le da”, creo que entre los hinchas circularon las dos versiones y por suerte ganó la que tenía que ganar, el gol.

“En el último suspiro”, así fue este partido, con un gol de último minuto que le dolió al rival, el rostro del DT Russo y el de toda su hinchada, reflejó ese dolor. Mientras que River, con Biscay en el banco se llevó el punto, con la suerte/ el parche de campeón.

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Al ritmo del cuartetazo

Sábado a la noche, no había otro plan mejor que sentarse a ver a River con unas porciones de pizza de compañía,  que todo fluya nada influya, me quedo con las dos últimas palabras “nada influya”, pensar en que esa camiseta tan criticada por su diseño no fuera “mufa” y que esos colores típicos del rival no jugaran en contra al llevarlos nosotros.

Entran los jugadores, afuera los prejuicios que empiece el juego, no alcancé al primer bocado que ya grité el tempranero gol de Martínez Quarta, nadie lo marcaba saltó por encima y gol, puso el uno a cero y arrancó la calculadora mental de todos los hinchas pensando: “Si ganamos nos metemos en el cuarto lugar queremos zona de copa, no se nos puede escapar”, pero el historial repetitivo de los comentaristas recordando que desde 2014 con aquel gol de Carlos Carbonero, no le ganábamos a Newells, generaba cierta molestia, era ese mosquito que te zumba en el oído y lo querés aplastar de un aplauso.

Los minutos pasaban, el partido iba y venía un once que era mix de titulares y suplentes con aciertos y errores venía aprobando, aunque siendo sinceros todos extrañábamos al habitual equipo y en ese ida y vuelta,  de repente: “centro de Mayada y cabezazo de Suárez”, ya íbamos 2 a 0, el objetivo de los tres puntos y la clasificación a la zona deseada ya se iba haciendo realidad, la ilusión aumentaba estábamos escribiendo una linda historia, pero nos lastimamos el dedo con la hoja al darla vuelta, nos hicimos un fino corte que nos ardió, sí lastimosamente llegó el descuento del rival y el 2 a 1, aparecieron los puntos suspensivos.

Dejé la pizza y me mordí las uñas, como todos los hinchas expectante pensando si nos meten otro lo empatan a la vez que cruzaba los dedos para que ese fatídico pensamiento no se reflejara en el marcador. Pero llegó la pelota detenida, momento clave, nadie puede negar que en ese instante como en tantos otros no le resonó en la cabeza el nombre “Juanfer Quintero”, pero no estaba, Cristian Ferreira se encargaba en esta oportunidad, tomaba carrera para patear y del otro lado el trabajo mental: “patea bien de lejos el pibe, por ahí lo mete”, “ojalá no lo mande a las nubes” y por suerte la primera opción fue la cierta encontró el espacio y fue el tercero, sí el tercero después de un 2 a 1, y va el tercero…..Ustedes lo entienden ¿sí?

Con el 3 a 1, la sonrisa se mezclaba por la victoria contra el conjunto rosarino a la vez que los recuerdos de aquel día en el Bernabeú volvían a la cabeza, había motivos ¿Sí?, horas antes se había vuelto a jugar un clásico en aquel estadio y ahora este resultado, así terminó el primer tiempo entre recuerdos, preocupaciones por momentos y una sonrisa que nos permitía seguir soñando.

Arranca el segundo tiempo, Robert Rojas era uno de los nombres que venía bastante flojo, había recibido unos golpes, le ganaban por su lado y entra Leonardo Ponzio, el gran capitán, pero todos imaginamos “lo mandan de central y fuimos”, en aquella posición no puede mostrar lo mejor de sí, pero el Muñeco barajó bien las cartas y lo mandó a Zuculini, no estábamos tranquilos pero si respiramos cuando el león fue para su lugar, el medio.

Enzo Pérez y Zuculini habían hecho un lindo trabajo, se complementaron pero al separarse las cosas cambiaron, sentimos que el rival empezaba a crecer y necesitábamos ayuda, en ese momento: “Se anuncia cambio en River Plate”, se escuchó antes el anuncio de la voz del Estadio que al comentarista de TV: “Ingresa Ignacio Scocco por Lucas Pratto”, el Oso no estaba en su mejor noche, pero Nacho todos sabíamos que iba a tener el corazón dividido,  tenía que enfrentar al club de donde debutó como profesional y pasó muchos años de su vida con la presión de que era su vuelta tras mucho tiempo alejado del verde césped, su última función había sido en Noviembre vs Estudiantes y después unos minutos en el Mundial de Clubes, sumado a esto un Monumental repleto gritándole “Scocco, Scocco” a la vez que lo aplaudían sin parar.

El partido entró en un momento de confusión, teníamos un desorden en el fondo bastante considerable y los comentaristas decían “Que entre Nahuel Gallardo, para la línea de 4”, lo repetían varias veces y así sucedió entró el hijo del Muñe, el pibe recién se está armando, tiene errores pero sabiendo de este lado que necesitábamos la victoria si o si, le exigíamos que no fallara esta vez, no le pedíamos que fuera garantía pero que al menos cumpliera.

Nervios en cada ataque del rival, la defensa nuestra no era sólida, dependíamos de que “el pulpo Armani”, estirara sus brazos- tentáculos para sellar el arco. Newell’s no se rinde, es un digno rival que pelea hasta lo último, no podíamos confiarnos. En medio de la tensión: “Penal para River”, sí, lo bajaron a Ferreira en el área, al instante de la felicidad momentánea de la concreta chance de estirar la ventaja, apareció  la pregunta del millón ¿Quién Patea?

Juanfer no estaba, Pratto había salido, Suárez ¿Vas vos? Preguntamos, porque creo que nadie quería tirarle la presión a Scocco que si bien se animó al arco a minutos de entrar, ante una cosa así le iba a ser un momento movilizador al igual que a todos nosotros de verlo y en medio de esta incertidumbre, se hizo cargo del penal.

Nacho Scocco, frente a la pelota mira al arco fijo, tiene su camiseta roja y negra paradójicamente, traga saliva, no se le cae una lágrima pero los ojos le brillaban, los hinchas en las tribunas apuntan con el celular a filmar el momento, los que estábamos del otro lado implorábamos que lo metiera como fuera, pero creo que nadie quería estar en su lugar, un momento delicado, sentimientos encontrados y un bombazo letal al arco, 4-1 en el marcador, tímido abrazo con sus compañeros tras el gol.

Con la hidalguía de un caballero, resolvió la situación compleja que varios no supieron cómo hacer de la mejor manera, sin que nadie saliera lastimado, los hinchas de River, agradecimos su gol y los del rival el respeto al no festejar. Gracias nuevamente Scocco por demostrar que se puede ser crack adentro y afuera de la cancha.

Tras el momento emotivo, cuando el partido ya terminaba, una jugada en posición adelantada puso el 4-2, ¿Armani falló?, creyó lo que vimos todos que debía ser inhabilitado pero el referí, los líneas hicieron “vista gorda”, es el fútbol que tenemos, apretamos los dientes, masticamos bronca y aguantamos hasta el final.

Aciertos, errores y una victoria para meterse en zona de Libertadores, es Sábado a la noche, metimos 4, el título de este encuentro indudablemente es “al ritmo del cuartetazo”.

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Lo que la victoria nos dejó

Nuevamente domingo, la ilusión se renueva, arranca la previa y cuando dan la formación es inevitable pensar en hoy gol de este, de aquel, las especulaciones. Además de el “Hoy ganamos” porque jamás se piensa en una derrota.

Arrancó el partido y el sol que entraba por la ventana me quemaba un poco el brazo, pero no alcancé a correr la cortina que ya empezaba la incertidumbre, Milton Casco en el suelo tras la ovación, me dolió, nos dolió  a todos esa caída, cuando estaba en su punto de reconciliación la fractura lo saca de la cancha e ingresa Nicolás De La Cruz.

Después de la inesperada modificación, apareció el prejuicio, ¿Ahora que hacemos sin Casco? ¿Cómo se rearma el equipo?, la primera pregunta creo que muy pocos se la harían hace unos meses atrás, pero la realidad es otra y era momento de que nos pasara por la cabeza.

El partido iba y venía, avisan los comentaristas “Fractura de clavícula”, inmediatamente nos agarramos la cabeza, otro lesionado más en un plantel corto, como en un film todos visualizamos el fixture, necesitábamos los tres puntos vitales para seguir en la pelea para la plaza de la Copa Libertadores 2020 y se nos viene acercando el debut en la edición de este año.

Momentos de tensión, un hemisferio del cerebro trabajaba ocupándose de entender cómo vamos a encarar todas las competencias y el otro se ocupaba de este partido, mientras sucedían jugadas peligrosas intentos de gol y la pelota más caprichosa que nunca no quería entrar.

Cuando todo parecía quedar en intentos, apareció el 10, si Juan Fernando Quintero nos dio la esperanza nuevamente, nos invitó a creer en que podíamos quedarnos con los tres puntos. Festejo de corazón, lengua afuera, pulgar arriba, una sonrisa enorme y una zurda incomparable que enamora, es imprevisible, sigiloso piensa y actúa en segundos sabe leer las jugadas.

La realidad ponía un panorama favorable pero como siempre en esta vida cuando se cree tener todas las respuestas, el Universo cambia las preguntas y sale lesionado Ignacio Fernández, entra Cristian Ferreira, la combinación que hacían Juanfer y Nacho era buena, conseguíamos ganar por ahí, pero esa sociedad ya no estaba eran tiempos de reinventarse otra vez.

Termina el primer tiempo y nos vamos al entretiempo “bien melos”, como diría Juanfer, pero también un tanto resilentes,  teníamos que superar psicológicamente las bajas y asimilar seguir en el complemento con un equipo formado por un mix de jugadores titulares y suplentes.

Pasan los 15 minutos, se escribe el último capítulo de esta historia, arranca el segundo tiempo, nuestros jugadores arrancan con todo intentos por todos lados, dominio, carácter, pero estábamos en el casi gol y los partidos hay que definirlos, gol que no se hace se paga en el arco propio, es ley no escrita pero proporcional a la mayoría de los partidos, y quedarse con el “casi” no suma en absoluto, “casi ganar” “casi empatar” “casi perder”, no suma ni resta ni multiplica ni nada en la tabla, son conjeturas inútiles, mediocres y si hay algo que nos identifica a los hinchas de River no es esto, porque somos lo contrario, exigencia sin conformismo.

Ya pisábamos la mitad del complemento y no pasaba nada, intentos pero lo concreto no venía, en ese instante llegan las sorpresas, que pueden ser para bien o para mal, en este caso era la segunda opción para nuestros corazones: la salida de Juan Fernando Quintero, aplaudido por todos en el Monumental, incluso yo me paré de la silla a aplaudirlo, no me ve ni se entera de mi gesto pero quería manifestar mi agradecimiento y nos dejó incertidumbre pensando en el juego.

Ingresa Matías Suarez, le puse unas fichas, una pequeña cuotita de confianza, pensé capaz se junta con Pratto, arman algo y entra el segundo, a poco de su ingreso tuvo la primera chance de gol pero no fue. El equipo cambió ya sin Quintero, se alborotó un poco no sostuvo el nivel, empezó a entrar en una meseta y el rival a intentar, pero en medio del debacle, Suárez encontró la pelota en el área y metió el segundo, respiramos sí, así fue ese gol era vital para empezar a asegurar que los tres puntos quedaran en casa  y seguir peleando por la clasificación.

Cuando el partido agonizaba, sufrimos el golpe, la defensa no pudo, un rival mano a mano con Armani descontó ¿Dolió? si un poco, fue un raspón de esos que te deja ardor por varios minutos, porque en el fútbol nadie se da por vencido ni aún vencido. Con el marcador 2-1, anuncian que se juegan cuatro más, insultos al aire, apretar los dientes y aguantar como tantas veces que no se escape el resultado, ahí aparecen faltas, desesperación y un “se juega un minuto más”,  ya está entramos en el punto donde esos minutos se hacen los más largos del mundo, parece que en vez de tener 60 segundos tienen 120.

Final del partido, ganó River, felices por la victoria y seguir peleando por la clasificación y a la vez  preocupados por lo que nos dejó, los lesionados, los “tocados”, “los suplentes” y “lo que se viene”.

Twitter:@PerlaAntonela96

Luces que prenden y apagan

Un domingo más me siento frente a la computadora para ver a River,  el nivel de juego demostrado en los últimos partidos ilusiona, mientras entra el equipo buscas ver el rostro de cada uno de los jugadores, pero sobre todo el del líder, Marcelo Gallardo porque es de esas personas tan transparentes que con sus gestos ya demuestra cómo están las cosas.

La cara del Muñeco suele anticiparlo todo y ayer dejaba ver que las cosas no iban a ser perfectas y así lo fueron. La defensa estaba en un carnaval interminable, el grito de “vamos los pibes” de los locales se volvía cada vez más intenso y nuestros jugadores parecían sumidos en un sueño donde no sabían que hacer, había momentos en los que despertaban y aparecía alguna definición imprecisa de Borré, pero la situación se asemejaba a la sensación de cuando estás en un lugar y te empezas a dormir, el cabezazo de golpe donde recobras el sentido, logras concentrarte por unos minutos pero luego volves a dormirte.

Y continuando con la comparación del sueño, se cortó la luz si el Florencio Sola de repente quedó oscuro, parecía que pretendía metafóricamente dormirnos del todo. Del otro lado de la pantalla empezó la sensación de bronca e incertidumbre ¿Qué pasó? ¿Cortaron la luz apropósito? ¿Ahora cuando se reanuda? ¿Se viene el alargue interminable?, esto pasó por la mente de todos durante esos minutos que parecían interminables. Incluso la idea de “teníamos la ventaja nosotros justo” y especular,  si no se cortaba  la luz quien dice abríamos el marcador.

La luz volvió y nada cambió, Armani sufría miles de pelotas de fuego que lograba controlar, no había reacción, nos fuimos al entretiempo en cero, pero con la cabeza a pensando a mil por hora los cambios, necesitábamos literalmente luz, sí que un genio frotara la lámpara o lo más acertado que se nos prendiera la “lamparita” para ganar en el Sur, porque todo giraba en torno a la obsesión de clasificar a la Libertadores 2020.

Arranca el segundo tiempo con el ingreso de Camilo Mayada por Nacho Fernández que condicionado por la tarjeta amarilla casi nos dejó al borde del infarto, no queríamos siquiera imaginar quedarnos con 10, en un duelo donde no encontrábamos la vuelta. Lastimosamente tempranito sentimos la puñalada, porque eso es lo que nos pasa cada vez que le meten un gol a Armani, un dolor que arde y nos atraviesa. Sentimos desangrarnos en el pensamiento de que nos alejamos del objetivo, ahí se hizo real la necesidad de un milagro que se vuelva el punto de sutura a esa herida, para seguir.

Dormidos, con un cachetazo encima, cargados de bronca pasaban los minutos y Juanfer nos daba algunas de sus mejores delicias que intentaba calmar las aguas, pero no alcanzaba. Salió Borré, entro Pratto y pensamos “acá tiene que venir el gol”, pero se hacía esquivo la pelota pegaba en todos lados no quería entrar, el sueño continuaba, ingresó Ferreira por Montiel y sentí el golpe perdíamos uno del fondo, pensé encima que veníamos mal nos pasa esto, creo que más de uno al leer esto recordará haber sentido algo parecido.

Pero cuando el partido se acababa junto con la ilusión, surge el penal a modo del golpecito de despertarse otra vez, los ojos encima de Pratto, la fe intacta de seguro lo mete, las manos entrelazadas pidiendo al universo que esa pelota le entrara a Arboleda como sea. Pero corre los doce pasos y como en una pesadilla tapan el remate, pero no alcancé a agarrarme la cabeza porque en el rebote entró, sí fue rápido, agónico, literalmente se hizo la luz, apareció el milagroso gol.

Ahí se despertó River, se prendieron las luces en esos últimos minutos donde ya no había más tiempo, pero sobraba el aguante de los que queríamos ver el 2 en el marcador y nada sucedió porque River se encendió cuando en Banfield apagaban la luz.

Por: Perla Antonela Fernández Tw:@PerlaAntonela96

¡Que noche, Teté!

Pasar del infierno al cielo en tan sólo menos de diez minutos, a eso sólo lo puede hacer el River de Gallardo. 

Cuando estábamos con un pie y medio afuera, apareció esa magia del River del Muñeco para sacarnos de la oscuridad y hacernos explotar en un grito al unísono, casi sin poder creerlo.

Obviamente que el partido se iba a sufrir, es semis de Libertadores y nadie te regala absolutamente nada. Viendo la formación de entrada el equipo iba a tener una pausa y con eso por ahí podíamos inventar algo.

Arrancamos a pleno, palo y palo, prendidos, moviéndonos, todos la pedían y Gremio hacia su juego idéntico a lo que fue la ida en el Monumental. No se sale de su libreto ni por joda y solo quería hacer tiempo y aguantar todo lo que podía. Encima la lesión de nuestra alma, de nuestro león que en una jugada había sentido el famoso pinchazo. No ligábamos una y nada salía, los planetas no querían mirar para este lado y estaban tomándose un descanso en la vía láctea mientras.

Si algo faltaba a esto, es una carambola carioca y en una serie de infortunios (de esos que te dicen que hoy no es tu noche), los brasucas se encuentran con lo impensado: otro gol y más posibilidades de seguir durmiendo el partido.

Los minutos pasaban y el milagro no sucedía. Volvíamos a errar los pases a dos metros de distancia, todo se embarraba, entrábamos en una desesperación lógica y el equipo se veía mejor pero no podía entrarle a un Gremio mezquino que solo buscaba cortar todo el tiempo.

Ver el segundo tiempo era ir desmoronándose lentamente. Pese a que la confianza en Gallardo y sus guerreros es completamente ciega y hasta el final hay que creer, el equipo había entrado en una vorágine de ir a la carga barraca y llevarse puesto al conjunto carioca. Pero todo nos costaba tanto como conseguir un poco de agua en el desierto.

El Pity no entró bien, Scocco con poca participación y el juego que se volvía monótono. La pelota la tenía más ¡la defensa millonaria! que los jugadores que realmente saben con el balón bajo la suela. Casi que estábamos al borde del dolor de ojos y nada nos despertaba de la pesadilla.

Las caminos no estaban, alguien los había borrado, era como ir con un mapa todo borroso, pasado por agua cuando nos vamos de camping a San Pedro y pasas por un charco y se cae todo justo ahí más o menos. Tuvo que aparecer Armani para sacudirnos y despertarnos un poco. Fue la vida que nos faltaba para salir a flote.

Pero el Muñeco tiene un dios aparte, por algo todo el mundo millonario cree en Marcelo Daniel Gallardo y hasta que el árbitro pite el final hay que saber que algo puede terminar sucediendo.

El gol de Borre (tras un centro del Pity) a falta de diez minutos para el cierre es como la reanimación a la persona que le está agarrando un paro respiratorio. Esa bocanada de aire que te hace confiar en que se puede y le tiras las dudas para el otro lado.

Fue en el último momento donde River podía meterla, porque ya nos quedábamos sin tiempo. El grito desesperado entre la esperanza y la bronca de decir “porque no podía llegar antes”. Pero señores, esto es River y en el último tiempo sin sufrir no vale y así tiene que suceder.

El penal por mano del defensor carioca fue la previa al éxtasis que nos podía faltar. Esta vez el bendito VAR quiso ver y nos dio la posibilidad de lograr la diferencia en el marcador. Y lo cobro el uruguayo Cunha. El mismo que hace un año no vio las jugadas polémicas en la cancha de Lanús en la misma instancia de la Libertadores.

Encima estuvimos diez eternos minutos esperando a que la situación se normalice, luego de la sanción de la pena máxima y la reacción de los locales, que por mezquinos le sucedía eso, porque nunca salió a jugar el partido sino solo a cortar y no dejar jugar a este hermoso deporte que tanto nos apasiona.

Y qué decir de lo que fue el final. 13 minutos para el sufrimiento, literal. El cronómetro parecía ser un relojito de arena, peor que el de los juegos de mesa de cuando yo era chico. Los segundos eran eternos y los minutos no se terminaban. Hablando coloquialmente, había que terminar con los h… en la garganta. Pero qué lindo es ganarle así a un equipo que hizo tiempo todo el encuentro y solo quería cortar las jugadas para que no pudiésemos progresar en el campo. El disfrute es el doble y me quede sin voz de tanto desahogo, con mucho gusto.

Me agarraba al rosario, rezaba, pedía, solo necesitaba que pasara ese tiempo y que el colegiado de por finalizado este suplicio de 180 minutos. Porque la ida en el Monumental fue una cosa calcada de lo que ocurrió en el Arena Do Gremio, pero que al Mas Grande le costó entender y destrabar, algo que nos llevó más de la cuenta, pero llegamos a un final feliz. Abrazos con desconocidos, mensajes por WhatsApp, Facebook y cualquier red social con la persona que sea. Lo importante es compartir este lindo sentimiento riverplatense de corazón y unirse en una hermandad que ahora tiene dos paradas más en busca de la tan ansiada Libertadores.

La parte importante la cumplimos, nosotros pasamos y ahora que se venga quien sea. Obviamente que con los primos seria lo que todo millonario desea, pero hay que ver si tienen lo necesario para pasar y no les pinta abandonar una vez más, algo que conocen y bastante.

Por nuestro lado, podemos sentarnos, relajarnos, disfrutar de este momento y ver quien se vendrá la semana que viene en lo que será el primer chico de la final del torneo más importante de América. Sí, es increíble decir que llegamos a la segunda final de este torneo en cuatro años. Pero Gallardo todo lo puede.

Es por eso que sea quien sea, definamos en Núñez o en Brasil, a este equipo hay que bancarlo a muerte. Nos dio una nueva oportunidad de ver a nuestro amado club en una final. Son dos partidos a todo o nada, sin gol de visitante, es pato o gallareta, pero tenemos con qué enfrentarlo. A explotar el Monumental y bancar a los jugadores de visitante sea donde sea, porque estos futbolistas, bien llamados guerreros, van a salir a la cancha y dejar la vida por esta camiseta y por los colores. Vamos River Carajo por otra Libertadores, a dejar el alma. “Nosotros alentamos, ustedes pongan huevos. Vamos todos unidos, vamos no nos quedemos”.

Por: Nicolás Ezequiel Pozzi

¡Un paso más Millonario querido!

Es increíble la alegría que puedo tener en este momento. Ganarle así a Independiente no tiene precio. De la preocupación al éxtasis en un minuto y el delirio eterno para demostrarle quien manda en esto y que ellos seguirán siendo nuestro hijos futbolísticamente hablando.

Un partido realmente muy chivo por donde lo miremos. Demasiado estudiado por momentos, no había diferencias casi y era todo muy parejo. Borré intentaba, Nacho Scocco y el Oso Pratto matándose contra los defensores, en una tarea descomunal pero que muy pocos valoramos, y lo digo como hincha genuino que soy. Ambos realizan una labor de chocar, buscar, molestar, trabar y ensuciar el juego rival y aprovechar la que les queda.

El gol de Scocco fue el principio del delirio para luego pasar al momento más pesado de la noche. Una desatención en el fondo y el Rojo que nos emboca casi sin esperarlo, cuando mejor estábamos nosotros, algo increíble la verdad y nuevamente era todo cuesta arriba.

Pero en el banco tenemos a nuestro guía espiritual. Si, está el señor Marcelo Gallardo al comando de esta nave y si alguien sabe de estos partidos es justamente el Muñeco. Un movimiento rápido y Juanfer a la cancha. Necesitábamos ese juego pausado, tranquilo, pensante. Tenemos un plantel muy bueno y jugadores que interpretan todo a la perfección, pero muy pocos que pongan la pelota debajo de la suela y piensen un poco más de lo habitual.

Quintero entró para hacer lo suyo, e hizo estallar todo el estadio con ese ansiado gol. Era el 2-1, la clasificación y estar en la gloria del Olimpo. Y ni hablar cuando Borré metió el tercero y sentenció la historia. Esto es felicidad, es delirio, llanto o lo que sea, pero todo de pura sonrisa. Es abrazarse con el desconocido de al lado sabiendo que por ahí no lo ves nunca más en tu vida, pero compartís ese momento de total algarabía.

Ganamos y estamos de nuevo en una semifinal de Copa Libertadores, que lindo acostumbrarse a eso. Ahora encima hay que ir a Brasil, tierra complicada pero que Napoleón sabe lo que es batallar en esa zona. Ya lo hizo y volverá a ir en busca de una final de Libertadores que nos es esquiva desde el 2015 que la ganamos.
Con Gallardo sentado en el banco todo es posible, y lo que haga esta aceptado por todos, porque se ganó ese respeto. Todos nos identificamos con estos jugadores, con este fútbol, con esta idea. El Muñeco nos dios muy bien el mensaje a todos. Hoy tuve una tranquilidad asombrosa en la previa al partido. La ansiedad lógica pero estaba relajado de lo que los futbolistas eran capaces de hacer y reproducir lo que el técnico les marco allá en Cardales.

Si, abrázate con el de al lado, míralo, grita el gol juntos, por ahí no lo ves nunca más en tu vida después, pero el momento de compartir esa emoción, adrenalina y desahogo con alguien que lo siente igual que uno, es algo que no se puede explicar.

Se viene Gremio, otro rival pesado, hay un par de semanas libres pero en 21 días seguramente los estemos recibiendo en el Monumental. Pero de lo que si estoy seguro es que con este cuerpo técnico y jugadores voy a la guerra con dos palillos, siempre con confianza ¡Vamos River Carajo!

Por: Nicolás Ezequiel Pozzi

Fortaleza Millonaria

Por la actualidad de los últimos tiempos, uno mira el fixture a principio de temporada y buscamos varios partidos. El superclásico siempre será el primero en esa lista, el jugar contra ellos de local o de visitante es una sensación inigualable y más en estos últimos tiempos. Otros de los partidos picantes de estos tiempos que llevamos es sin dudas los encuentros ante Lanús y más cuando son de visitante en La Fortaleza, encima si sumamos lo que paso el año pasado por las semis de Copa Libertadores, el ambiente se pone más álgido aun.

Esta fecha 7 era una de las resaltadas allá a fines de Julio cuando la Superliga dio a conocer este calendario. Y las vueltas raras encontraron a River jugando un viernes, como hace rato no se lo veía.

Un dato más de color también, estábamos jugando el día que Ángel Labruna hubiese cumplido 100 años. El tan ansiado y proclamado “Día Internacional del Hincha de River”. El Muñeco vestido para la ocasión, camisa blanca, corbata roja, ¿Qué más podíamos esperar? Ganó el millonario en una cancha siempre áspera y con un segundo tiempo que fue de baile, de demostrar quienes somos y que es lo que jugamos.

Ver la formación en la previa daba ciertos temores. El equipo alternativo es lógico en estas instancias que tenes partidos tan importantes entre semana. Las atenciones de todos y esto lo digo con conocimiento de causa, están puestas en lo que pase el martes ante Independiente. Este partido había que pasarlo de algún modo, seguir en levantada en el torneo local y no perderles pisada al Racing del Chacho que en la Superliga va a paso más firme del mostrado ante nosotros por la Libertadores. Lo importante es que el que entra rinda, y así sucede: hasta el pibe Sosa juega tranquilo y la rompe.

Otra vez, cuando no, Armani estuvo presente y dio la nota positiva. En el gol granate era imposible sacarla, pero luego le saca una gran pelota al chico De La Vega para mandarla al corner, demostrando la presencia y seguridad que siempre sabe tener.

Ganamos, gustamos y goleamos en un terreno hostil. Un 5-1 que en otros momentos era inimaginado. Son esos partidos que nos costaban y encima lo terminábamos perdiendo. Pero Gallardo hace estas cosas: nos acostumbramos a pelear en cada cancha y ante el rival que se nos pare adelante.

¡¡¡30 partidos invictos llevamos!!! La última derrota fue ante Vélez allá por febrero. Algo increíble de creer en este futbol con tanta paridad que solemos ver semana a semana. Pero que de la mano de Gallardo, todo es posible.

Como no soñar con un técnico así: ganador, tranquilo, sereno, prolijo y que sabe transmitir los conocimientos. Con el Muñeco en el banco te peleo lo que quieras, que se venga quien sea pero siempre voy a estar tranquilo de que en la cancha va a quedar todo y hasta la última gota de sudor. Hasta la guerra misma con dos escarbadientes.

Se viene el Rojo ahora. Independiente es el próximo objetivo y en lo que será el partido más importante en lo que va del semestre. En juego estará el pase a las semifinales de la actual Copa Libertadores.

Nunca mejor que llegar en levantada y en un ritmo sostenido. Una treintena de partidos sin caer ante nadie y los números hablan por sí solos: 19 ganados y 11 empatados.

Empiezan a correr los nervios, el mirar videos, la previa, todos los rituales para matar la ansiedad que recorre la sangre riverplatense. Necesito, y creo que todos lo necesitamos, que sea martes 2 de octubre a las 19:30 y que “Mr.Musculo” Daronco de por comenzado el partido en el Monumental. Ya puedo sentir, vivir, disfrutar y palpitar ese partido. Un estadio repleto y todos unidos en un solo grito de aliento. ¡Vamos River Carajo!