Una Gloria de los 50

Porteño, de Villa Devoto, había nacido un 15 de diciembre de 1932, integró un equipo de barrio: José Ingenieros, hasta que lo llevaron a la sexta de River e hizo todo el recorrido hasta llegar a Primera. Fue reemplazante de Félix Loustau y un habilidoso wing izquierdo que se destacó por sus gambetas y su capacidad goleadora.

Roberto Zárate, inicio su carrera futbolística en River, club en el que debutó en la primera división durante el campeonato de 1951, siendo alternativa de Loustau aunque con los años y el lógico declive de «Chaplin» se fue adueñando del puesto. Hacía 1955 ya se había afianzado entre los once habituales del Millonario, siendo figura estelar en el tricampeón 55-56-57 , al lado de Angelito y Walter , primero , y de Menéndez y Sivori luego, todos asisitidos por el gran Eliseo Prado .

Vistiendo la camiseta del Más Grande convirtió 61 goles, el primero lo anotó el 8 de julio de 1957, en un 3-0 frente a Gimnasia de la Plata. Durante los nueve años en los que estuvo en el club, entre 1951 y 1960, además de los 61 goles obtuvo cinco títulos. Un bicampeonato 1952, 1953 y el primer tricampeonato durante: 1955, 1956 y 1957. Además, con el último título que ganado, logró la proeza de ser el primero en su posición en convertirse en goleador del campeonato argentino con 22 tantos en un equipo que formaba de la siguiente manera: Amadeo Carrizo; Alfredo Pérez y Federico Vairo; Oscar Mantegari, Néstor Raúl Rossi o Juan Eulogio Urriolabeitia y Gilberto Sola; Héctor De Bourgoing o Miguel Ángel Rodríguez, Eliseo Prado, Norberto Menéndez, Ángel Labruna y Roberto Zárate.

El 8 de diciembre de 1955, La Bombonera fue testigo de la vuelta olímpica de River en la que el “Mono”, como lo llamaban, fue fundamental. River dio vuelta el 0-1, a los 75 minutos Zárate, marcó el gol de la victoria luego de que en una ráfaga de fútbol River anotara el primero a través de otro ídolo como Ángel Labruna.

Siguió en Núñez hasta 1960, torneo en el que al lado de Ermindo Onega fue otra vez goleador de River con 11 tantos. Cuando el presidente Antonio Liberti impulsó la llegada de extranjeros en el denominado “fútbol espectáculo”, Zárate se marchó a Banfield donde jugó, y también fue ídolo, hasta 1969, cuando decidió ponerle fin a su carrera como futbolista profesional.

Además, formó parte de la Selección Argentina, con la camiseta albiceleste disputó 14 partidos e hizo 5 goles.

El delantero falleció el 6 de noviembre del 2013 a los 80 años. Así se fue a la eternidad otro grande que vistió la gloriosa camiseta de La Banda.

Por: Luciana Contreras

Ídolo y cazatalento Millonario

Vladem Lazaro Ruis Quevedo, simplemente Delem no sólo fue un recordado delantero de River sino que también fue técnico del Más Grande y un incansable descubridor de talentos en las inferiores del club. Fue quien vio las virtudes futbolísticas de jugadores como Gallardo, Crespo, Saviola y Aimar entre otros.

Algunos lo recuerdan por el penal errado frente al clásico rival, Boca, hace ya más de 50 años en 1962, cuando ambos equipos llegaban al partido con chances de quedarse con el título. El conjunto ganador estaría a un paso de la gloria a falta de dos fechas para la finalización del campeonato. Inclusive todavía se recuerda la anécdota con el árbitro del encuentro, Carlos Nai Foino, quien ante su reclamo por el adelantamiento del arquero, le contestó: «Penal bien pateado es gol». Sin embargo, Delem fue más que un jugador que erró un penal puede decirse que fue uno de los integrantes de una recordada delantera Millonaria, compuesta exclusivamente por extranjeros: Domingo Pérez (uruguayo), Moacir (brasileño), Pepillo (español) y Roberto (brasileño).

Nació un 15 de abril de 1935 en San Pablo, Brasil. En 1942 empezó a jugar en las divisiones inferiores de Gremio, debutando en 1954 a los 19 años y en 1958 pasó al Vasco de Gama, donde ganó el Torneo brasilero al año siguiente. Algunos años después, durante 1961, Antonio Liberti estaba buscando jugadores del exterior para llevar a River y entre los apellidos que llegaron a Núñez se encontraba el suyo.

Defendió la camiseta de River hasta 1967 donde marcó 35 tantos en 98 partidos. Durante ese período no ganó ningún título ya que le tocó atravesar parte de lo que fue la historia negra del club, cuando entre 1957 y 1975 River estuvo 18 años sin ser campeón. Además, actuó para el seleccionado de su país en 1963, disputando 98 partidos y marcando 35 goles.

Se fue de River en 1967 con rumbo a Chile, para jugar en Universidad Católica y luego volver a su país natal, Brasil, para jugar en el América, donde se retiraría en 1970.

Después de su retiro como jugador fue director técnico. Se desempeñó como DT en River, Huracán, Vélez, Argentinos Juniors y San Lorenzo, aunque siempre será más reconocido por su habilidad para detectar talentos en las inferiores del club Millonario.

Trabajó 15 años en la cantera Millonaria y fue quién descubrió jugadores del talento de Ariel Ortega, Marcelo Gallardo, Hernán Crespo, Pablo Aimar, Javier Saviola, Santiago Solari, Javier Mascherano y Matías Almeyda. Estuvo en el club hasta diciembre de 2001, cuando José María Aguilar asumió la presidencia y lo echó, aunque continuó haciendo su trabajo en otro club, Ferro Carril Oeste. Falleció el 28 de Marzo del 2007 a los 71 años.

Por: Luciana Contreras

Peucelle: El primer «Millonario»

Carlos Peucelle, fue el primer “Millonario”. En el momento en que “Barullo”, como lo llamaban por su impredecible gambeta y los problemas que le armaba a las defensas rivales, desembarca en Núñez tenía apenas 22 años y venía de jugar el Mundial de 1930 en el que había convertido tres goles. Fue uno de los jugadores que escribió la historia grande del club.

Cuando iniciaba la década del 30, Argentina también iniciaba la etapa del fútbol profesional, fue en ese entonces que River se ganó el apodo de Millonario por dos compras que revolucionaron el mercado de pases de su época. En 1931 la dirigencia decidió pagar 10 mil pesos por el pase de Carlos Peucelle, cifra escandalosa para el momento y, un año más tarde, redobló la apuesta al traer a Bernabé Ferreyra por 35 mil pesos.

Nació un 13 de septiembre de 1908 en el barrio porteño de Barracas. De chico se había probado en Boca y fue aceptado pero como consecuencia de las trabas burocráticas se fue a clubes más chicos e incluso llego a jugar en dos equipos diferentes al mismo tiempo. Como cada asociación jugaba sus partidos en diferentes horarios, Peucelle aprovechaba para hacerlo en San Telmo y en Sportivo Barracas. Era un jugador de buena altura. Su gran estado físico le permitía jugar en alta competencia en distintos equipos pero era muy desaliñado y tenía una gambeta muy rara y endiablada que confundía a los rivales, de ahí que nadie dudó en su apodo. Carlos “Barullo” Peucelle era la imagen del potrero argentino, camiseta fuera del pantalón, medias caídas, pelo desaliñado. Él, sólo tenía una preocupación: su juego.

Su puesto original era por la derecha del ataque, pero su capacidad para leer los partidos y su talento técnico lo llevaban a moverse constantemente por distintos sectores del campo de juego. Era capaz de bajar hasta la mitad de la cancha e incluso terminar en la defensa si notaba que las cosas se ponían complicadas para su equipo. En River, donde vivió su etapa más fructífera, jugó 307 partidos, hizo 113 goles y obtuvo cuatro títulos: 1932, 1936, 1937 y 1941, siendo la figura más destacada del equipo. Se retiró un año más tarde tras ganar su último campeonato. Permaneció en Núñez hasta 1949, período en el que se dedicó a trabajar en las divisiones inferiores del club.

Además de jugador, fue técnico algo que se notaba desde adentro del campo de juego cuando aún no había decidido colgar los botines. Desde afuera de la línea de cal también supo ganar títulos. Obtuvo 3 como técnico auxiliar de Renato Cesarini. Todos reconocen a Cesarini como el técnico de La Máquina pero consideran a Peucelle como su mentor porque fue él quien cambió de posiciones a Félix Loustau y a Adolfo Pedernera. A Loustau lo puso de wing izquierdo y decidió sacar de la punta a Pedernera y tirarlo al medio, como eje del ataque.

Siempre estuvo ligado al fútbol y le regaló a River la formación de jugadores como Di Stéfano, Pipo Rossi, Amadeo Carrizo y Pinino Más.
Carlos “Barullo” Peucelle, un Maestro como lo describieron muchos de los jugadores que lo conocieron, falleció el 1° de Abril de 1990 a los 81 años.

Por: Luciana Contreras

Onega, un crack sin suerte

La mayoría de los jugadores se destacan en un club por salir campeones, en River sucedió eso con casi todos ídolos, sin embargo, hay otros que pueden llevar ese título sin necesidad de ganar campeonatos. Ésta, es la historia de Ermindo Onega, “el Ronco”, un delantero de garra, corazón y entrega, que no fue lo suficientemente reconocido por haber estado en un River que no salía campeón.

Ermindo Onega, nació en la localidad santafesina de Las Parejas un 30 de abril de 1940, llegó a Núñez con edad de quinta, tenía solamente 17 años, y muchos lo veían como el sucesor de Enrique Omar Sívori, el gran ídolo Millonario. Fue un jugador talentoso, exquisito, con un gran manejo de la pelota, tanto era así que los hinchas de otros equipos conseguían su entrada para verlo en el Monumental.

Su debut en la primera del Más Grande se produjo el 15 de diciembre de 1957 en el partido correspondiente a la última fecha del campeonato contra San Lorenzo en el Viejo Gasómetro, le tocó entrar en lugar de Labruna. En ese encuentro, los locales le ganaron al Millonario por 5 a 1 pero el resultado era lo de menos, River ya era campeón. Con ese título se completaba una racha histórica de cinco consagraciones en seis años. Durante esa época a Onega, le tocó jugar al lado de grandes nombres como los de Labruna, Loustau o Pipo Rossi entre otros.

Después del título del 57 se iniciaba una racha negra en la historia de River: 18 años sin lograr campeonatos. Si bien, en cada uno de los torneos que disputó Onega era uno de los futbolistas más destacados no lograba la coronación. Tenía velocidad física y mental, fue un jugador atípico para su época. Tenía buen remate, pique corto, era conductor y un delantero eficaz. Tal era su forma de jugar que hasta hoy muchos lo consideran uno de los mejores jugadores de la década del sesenta.

Tan bueno era con la pelota, que llegó a la selección. Con la albiceleste jugó la Copa de Naciones de 1964, en Brasil, que en ese entonces era el bicampeón del mundo. Argentina viajó sin expectativas al país vecino. Sin embargo, en parte gracias a Onega, el equipo venció a los locales en San Pablo: 3 a 0; el primer tanto del encuentro lo hizo Onega. También, disputó el Mundial de 1966 en Inglaterra, dónde mostró parte de su repertorio futbolístico hasta que el seleccionado fue eliminado por los locales. Ese mismo año, River llegaría a la final de la Copa Libertadores. Para ese entonces, Ermindo ya tenía a su lado a Daniel, su hermano menor. En el Estadio Nacional de Santiago, Chile, River perdió un partido increíble frente a Peñarol, en tiempo suplementario por 4-2. De esa forma se le escapaba el título.

Onega vistió la camiseta de La Banda durante once años, dejando una impresionante marca de 98 goles en 222 partidos. Sin embargo, integró siempre equipos que obtenían subcampeonatos, fueron siente en total. Esto no fue bien visto por lo que de algún modo se lo «condenó». En el ´69 pasó a Peñarol de Montevideo. Estuvo hasta 1971. En el´ 72 pasó a Vélez y al año se fue a Chile donde jugó en Deportivo La Serena.

Junto a su hermano Daniel, Eduardo Solari y Luis Artime, entre otros, acompañó a Jorge Solari, en la creación del Club Renato Cesarini, de la ciudad de Rosario. Murió en un accidente de tránsito, cuando se dirigía desde esa localidad hacia Buenos Aires el 21 de diciembre de 1979, tenía 40 años.
Así era el “Ronco”, un jugador excepcional que no necesitó de títulos para ser un grande.

Por: Luciana Contreras

Crack desde la cuna

“….La gente ya no come… por ver a Walter Gómez…”.  Ese era el cantito que la hinchada le dedicaba al uruguayo domingo a domingo cuando salía a la cancha para jugar con la camiseta del Más Grande y deleitar a todo el público con su juego.

Walter Gómez, nació en Montevideo, Uruguay, el 17 de diciembre de 1927. Fue un crack desde la cuna. Lo fue siempre desde que empezó a patear las primeras pelotas en los potreros montevideanos, donde su hermano Washington, dos años mayor, lo perseguía para que jugase de centrodelantero hasta que se consagró como futbolista profesional.

La primera vez que viajó a Buenos Aires tenía 17 años. Había cruzado el charco para jugar en el Viejo Gasómetro de Avenida La Plata, con la selección uruguaya, y deslumbró a todos. Tanto, que en aquel duelo contra la Argentina, el 15 de agosto del 45, los argentinos lo ovacionaron de pie cuando fue reemplazado en el segundo tiempo después de recibir un pelotazo en la nariz que le impidió continuar en el partido. Había comenzado a dejar un sello. Él fue el responsable de que en el Monumental se escuchara por primera vez el tradicional grito de “u-ru-guayo, u-ru-guayo” que después se volvió un clásico canto de agradecimiento para cada oriental que supo triunfar en nuestro fútbol.

Llegó a River en 1950 de la mano de Antonio Liberti. El entonces presidente de River tenía la dura tarea de convencer a los dirigentes de Nacional y lograr contratarlo. Una suspensión de un año por haber participado en incidentes en un clásico ante Peñarol le impidió ese año jugar el Mundial de Brasil.

Era un jugador habilidoso que llegó a Núñez justo cuando River decidió transferir a Alfredo Di Stefano, otro fenómeno de la época. El día de su debut con la banda roja, el 2 de abril de 1950, hizo un gol al minuto de juego. Esa tarde River venció a Newell’s por 2 a 0 en Rosario. Todo un presagio de los 74 tantos  que vendrían después. Su carrera como futbolista había comenzado como insider derecho (el número 8 actual), pero su mejor producción llegó cuando se ubicó como centrodelantero. Desde esa posición y con un estilo de definidor implacable, logró meterse en la historia del club Más Grande. Es que Walter es el segundo goleador extranjero de la historia de River detrás, nada más ni nada menos, que de otro gran uruguayo como es Enzo Francescoli.

Le tocó formar parte de equipos con grandes jugadores, a su lado había apellidos como el de Prado, Labruna y Loustau pero Gómez nunca decepcionó. Al contrario, demostró siempre lo que era capaz de hacer. Por eso es que esa delantera es recordada como la “Segunda Máquina”.

Entre 1950 y 1955 jugó 140 partidos y convirtió 75 goles, cinco de ellos a nuestro clásico rival, Boca. En el Monumental dio tres vueltas olímpicas, ganó los campeonatos de 1952, 1953 y 1955. Después de eso le tocó pegar el salto al fútbol europeo para jugar en Italia. También llevó su fútbol a Colombia y Venezuela, donde se retiraría en 1964.

Nunca más pudo dejar la Argentina, donde volvió a vivir, para quedarse por siempre en Banfield. Montado en una idolatría que en estos tiempos parece irrecuperable, Gómez se constituyó en el hombre que abrió las puertas del fútbol argentino para la llegada de innumerable cantidad de jugadores uruguayos.

Así era Walter Gómez un jugador que supo enamorar a la gente de River y que falleció un 04 de marzo de 2004 a los 76 años víctima de una afección pulmonar.

Por: Luciana Contreras

Pipo Rossi, un cinco inolvidable

Néstor Raúl Rossi, más conocido como Pipo, nació un 10 de mayo de 1925 en Parque de los Patricios pero al crecer se mudó a Núñez. Como quien dice, tenía una casa cerca de la otra, su residencia estaba tan sólo a cincuenta metros del estadio Monumental, su lugar en el mundo.

Pipo, rápidamente demostró que estaba destinado a brillar en el fútbol argentino. No era de los que corrían alocadamente sino de los que piensan con cada vez que tienen la pelota a sus pies. «Al recibir la pelota ya tenía una idea titular y dos suplentes de lo que iba a hacer con ella», destacaba Juan Carlos Muñoz. Con sólo 15 años y jugando en la quinta división Rossi fue el protagonista de un fichaje récord, 5.000 pesos, una locura en aquella época y en esa categoría.

Jugó 156 partidos en Primera desde que debutó el 25 de junio de 1945, reemplazando a Manuel Giúdice en una victoria 2-0 ante Racing, en Avellaneda y desde entonces comenzó una etapa dorada.

Del fútbol argentino emigró en 1949 primero a Colombia para jugar en Millonarios, donde coincidió con Di Stéfano. Ese equipo cruzó el Atlántico para realizar una gira por España y Di Stéfano se quedó en el Real Madrid. Rossi regresó. Aseguraba que no se había quedado en Madrid porque no había querido. De Colombia volvió a River.

A base de triunfos y un juego intachable, Pipo alcanzaría muchos años de consagraciones con La Banda. Es que no solo logró el título de 1945, sino que además dio la vuelta olímpica en 1947 y en el primer tricampeonato de River (1955, 1956 y 1957).

Fue parte de dos grandes equipos: La Máquina de River en la década del 40 y la Selección de los Carasucias que conquistó América en 1957, tras golear 3-0 a Brasil. También se consagró campeón en el Sudamericano de 1947, en Guayaquil y jugó la Copa Mundial de Suecia de 1958.

Algunos años después de jugar el mundial, más precisamente en 1961 decidió retirarse del fútbol y comenzar su carrera como entrenador. El paladar negro que tuvo en sus tiempos de jugador lo mantuvo cuando se calzó el buzo de entrenador. Tras armar en 1973 uno de los dos mejores equipos de la historia de Atlanta en Primera División, al año siguiente aceptó una oferta del Elche, de España y se fue a Europa. Quizás uno de sus más grandes logros fue hacer debutar nada más ni nada menos que a Daniel Passarella.

Pipo falleció el 13 de junio de 2007  producto de una grave enfermedad, tenía 82 años. Un gran número 5, exquisito como pocos, hombre de gran presencia y vicioso de la pisada.

Cada vez que podía tenía la pelota bajo su pie y mareaba a los rivales pisándola con su botín 44, por eso uno de sus apodos era Patón. A Pipo se lo considera uno de los inventores de su puesto. Pese a ser aguerrido y calentón, también respondía al gusto de los espectadores del buen fútbol. No soportaba que la pelota no llegara justa, medida, mansita para una circulación prolija y vistosa como la que, a modo de mandato sagrado, él había aprendido a respetar al lado de cracks como Moreno, Pedernera y otros que hacían del toque una religión. Y por eso, cuando sus compañeros no mostraban ese mismo respeto llegaba inmediato ese grito quejoso, de vozarrón áspero y bien “futbolero”. Una de sus frases más recordadas, y que reflejan su amor por el buen juego es: «El que no pasa la pelota al pie es una mala persona».

Por: Luciana Contreras

El «Maestro» Pedernera

Un día como hoy hace 96 años nacía uno de los ídolos más recordados en la historia de River, Adolfo Pedernera. Delantero y cerebro de La Máquina que supo ganar todo lo que se propuso, para llegar a convertirse, hoy, en uno de los máximos referentes de la historia Millonaria.

Adolfo, así a secas, o el “Maestro”, como también solían llamarlo algunos, fue uno de los mejores jugadores de la Argentina de todos los tiempos. Había nacido un 15 de noviembre de 1918 en el partido de Avellaneda, lugar dónde intentaría sin éxito, dar sus primeros pasos como futbolista. Su notable pegada, tanto en potencia como en puntería, le permitió obtener el título de Maestro. Era un jugador diferente, era un fenómeno. Un enamorado de la pelota, del tango y de la vida…

En 1935, su calidad futbolística lo llevó a Primera y debutó como profesional con apenas 16 años, señal de que estaba destinado a ser un crack. Tenía pique, velocidad, panorama, pegada con ambos pies y sobre todo personalidad. El 26 de mayo de 1937, a los 18, firmó su primer contrato y fue citado para la Selección.

Tras alcanzar lo máximo con River en los torneos 1936 (Copa Competencia y Copa de Oro), 1937, año en el que firmó su primer contrato como profesional a los 18 años, 1941, 1942 y 1945 (Nacional), dejó el equipo de Núñez en 1946 y luego pasó por distintos clubes: Atlanta, Millonarios de Colombia y Huracán, dónde decidió ponerle fin a su carrera como futbolista profesional.

Siendo un jugador de gran calidad tuvo la oportunidad de vestir la camiseta albiceleste en varias ocasiones, aunque sus inicios en la selección no fueron nada fáciles. Con la albiceleste, viajó a la Copa Roca, en Brasil, donde fue suplente del Chueco García. Recién debutó en 1940, ante Uruguay, por el trofeo Chevallier Boutell, en cancha de Independiente: ganó Argentina 3-1 y Adolfo hizo el segundo. La Selección, con él entre los titulares, ganó el Sudamericano del 41 en Chile, aunque sin goles del Maestro.

En el de Uruguay 42 hizo uno: el quinto en la goleada 12-0 contra Ecuador. En el de Argentina 46 volvió a gritar campeón vestido de Selección y con este ataque: Salvini o De la Mata, Méndez, Pedernera, Labruna y Loustau. Le metió un gol a Chile (el tercero de un 3-1) y otro a Uruguay (el primero de otro 3-1).

Al tiempo que era indiscutido en la Selección, deslumbraba en River siendo uno de los integrantes de La Máquina. Luego, fue un gran entrenador y descubridor de talentos.

El “Maestro” también estuvo a cargo del Fútbol Amateur Riverplatense, por lo que la concentración hoy lleva su nombre.

Además, su pegada y sus actuaciones destacadas lo llevaron a integrar la lista de los mejores jugadores sudamericanos en el siglo XX, donde ocupa el duodécimo lugar.

Falleció tras un paro cardíaco el 12 de mayo de 1995.

“River es eso: el fútbol, el deporte. Significó todo para mí. Creo que el nacimiento de un hombre en una institución equivale a mamá y a papá. En River me parieron, en River crecí, en River me hice hombre…”

Por: Luciana Contreras

Muñoz, í­dolo de La Máquina

«Sale el sol, sale la luna; centro de Muñoz, gol de Labruna», ése era el canto de la multitud Millonaria que acompañaba a “La Máquina”, el equipo más ganador de la historia de River. Uno de sus jugadores más destacados fue, sin dudas, Juan Carlos Muñoz, quien formó parte de la delantera de River entre 1939 y 1950.

Juan Carlos Muñoz nació el 6 de mayo de 1919, en Avellaneda. Fue allí donde comenzó a dar sus primeros pasos como futbolista, inició su carrera en Independiente jugando como medio punta derecho y llegó hasta la Cuarta. Sin embargo, fue en ese momento en que se quedó sin lugar en el equipo de Avellaneda y decidió irse a jugar a Sportivo Dock Sud. Luego, llegó a la presidencia de River Antonio Liberti, quien se lo llevó para que forme parte del equipo. Finalmente, Muñoz se ganó la titularidad en 1941 y coincidió con la llegada al primer equipo del gran Ángel Labruna, con el haría una gran sociedad dentro y fuera del verde césped.

Tomate Muñoz, apodado así por su rostro sonrosado y su bondad, fue un jugador de categoría, gambeteador, hábil, veloz para manejarse por la raya, de centros precisos y complemento ideal en el juego colectivo y efectivo de La Máquina. Fue sucesor de Carlos Peucelle y le dejó el puesto, en 1951, a Santiago Vernazza.

Compartió equipo con otras leyendas Millonarias como Félix Loustau, Moreno, Pedernera y Labruna. Todos ellos, se convirtieron en leyenda y fueron bautizados como «los caballeros de la angustia», porque se divertían tanto jugando y combinando, que a veces tardaban en materializar su superioridad sobre los rivales con goles. Pero cuando éstos llegaban, producían admiración en propios y extraños, creando escuela en los futuros equipos de River, para siempre.

Juan Carlos Muñoz, Jugó en River entre 1939 y1950, disputó 184 partidos y marcó 39 goles. Con el Más Grande obtuvo cuatro títulos: 1941, 1942, 1945 y 1947. Además, entre 1942 y 1945 jugó 11 partidos en la Selección Nacional. Con la camiseta albiceleste marcó dos goles. También, jugó en Platense, dónde en 39 partidos hizo tan sólo 3 tantos, entre 1951-53, fue allí donde finalizó su carrera.

Tras su retiro, fue comentarista radial en un programa integrado por varios ex futbolistas denominado Los Ases del Deporte, que conducía Roberto Zamora y que también se transmitía por televisión.

Juan Carlos Muñoz, falleció en Buenos Aires, el 22 de noviembre de 2009 a los 90 años.

Desde River Desde La Tribuna le rendimos homenaje a un jugador que dio todo por la camiseta y logró quedar en la historia del club más grande del país, gracias sus gambetas, sus centros, sus goles, sus títulos y, también, por haber compuesto una excelentísima delantera que a cualquier hincha de River le sale de memoria.

Por: Luciana Contreras

Loustau, el «Chaplín» criollo

Félix Loustau, uno de los más destacados delanteros del fútbol argentino de los años cuarenta y cincuenta, fue miembro de «La Máquina» de River junto con Labruna, Pedernera y Moreno, entre otros. Es uno de los máximos ídolos “Millonarios” y en el club de Núñez supo mostrar gambetas sorprendentes, goles y carisma.

Llegó a este mundo como un regalo de Navidad, nació un 25 de diciembre de 1922 en Avellaneda. Siempre había querido jugar al fútbol, era su mayor sueño. Sus primeros pasos los dio en Racing jugando como defensor por la izquierda, sin embargo, su estatura no lo ayudaba, era petiso y, además, no se sentía cómodo el puesto. Lógicamente, los técnicos no supieron darse cuenta que tenían un diamante en bruto. Como lo vieron con un físico chiquito, le dejaron libre.

Casi inmediatamente, tras haber dejado Avellaneda, Losutau desembarcó en Núñez. Allí, tuvo la fortuna de cruzarse con el “Tano” Cesarini quien tras verlo caminar lo ubicó como puntero izquierdo. “Chaplín” no lo defraudó: casi de inmediato se transformó en un puntero capaz de jugar contra la raya y en toda la cancha. Era un distinto que rápidamente se convirtió en el centro de elogios y aplausos.

Loustau, quien es considerado uno de los mejores punteros izquierdos argentinos, debutó en Primera División el 28 de junio de 1942 ante Platense, en lo que también fue la primera presentación de la inmortal delantera que se hizo leyenda en sólo 18 partidos (River ganó 11, igualó 5, perdió 2 y convirtió 38 goles). Se convirtió así en la pieza que le faltaba a la Máquina. En River, jugó 374 partidos y convirtió 101 goles. Además, como si fuera poco ganó ocho títulos: los campeonatos de 1942, ´45, ´47, ´52, ´53, ´55, ´56 y ´57. También, fue integrante de la Selección Argentina. Con la albiceleste disputó 27 partidos, marcó 10 goles y obtuvo 3 Campeonatos Sudamericanos: 1945, 1946 y 1947.

Tras su exitosa carrera en Núñez dónde jugó durante quince gloriosos años, en 1958, Loustau pasó a Estudiantes. En el equipo platense disputó tan sólo 9 partidos, en el conjunto Pincha terminaría poniéndole punto final a su carrera como futbolista.

Félix Loustau, un delantero que tan bien supo defender la banda roja que le atravesaba el pecho, murió un 5 de enero en 2013 a los 80 años como consecuencia de un paro cardiorespiratorio en la ciudad bonaerense de Avellaneda.

Este “Ídolo Millonario” se suma a la gran cantidad de jugadores que de chicos simpatizaban con otro equipo pero que al ingresar al mundo River, no pudieron separarse y dejaron todo por la banda roja. En estos tiempos es bueno recordar a otro grande de nuestra historia y a otro integrante de la gloriosa Máquina que supo ganar todo lo que se propuso. También, es bueno recordar la forma en que llegaban estos jugadores a River y cómo se los formaba. Loustau llegó para ocupar el lugar de grandes como Peucelle y Deambrossi y quedó demostrado que estuvo a la altura de las circunstancias.

Por: Luciana Contreras

«El Charro» Moreno

José Manuel Moreno, más conocido como “El Charro” nació en Buenos Aires el 3 de agosto de 1916. Se dice que revolucionó el fútbol y quienes lo vieron jugar consideran que estuvo a la altura de otros grandes de éste deporte como Pelé, Maradona y el mismísimo Alfredo Di Stéfano.

Empezó a patear la pelota por las calles empedradas del barrio de la Boca, cerca de su casa. Había decidido ir a probarse al club de la rivera, sin embargo allí le cerraron las puertas por lo que decidió buscar revancha en la casa de su clásico rival, River. En Núñez supo brillar en dos períodos en los que ganó 5 campeonatos.

El Millonario fue su cuna futbolística ahí, dio sus primeros pasos en una gira amistosa durante 1934 por Brasil. Tenía tan sólo 18 años, ese día jugó al lado de Bernabé. El gran goleador de River presionó al técnico, Américo Hirschl, para que lo ponga «al pibe Morenito», como solía llamarlo. Pero éste se negaba, hasta que Bernabé se plantó: «Si no juega Moreno, yo no juego». El día de su debut, convirtió el 1 a 0 parcial de un 2 a 1 sobre Platense. Pero antes, en una gira por Brasil, en el segundo partido, ante Vasco Da Gama, jugó al lado de Bernabé. Sin embargo, esto no le haría ganar el puesto con tanta facilidad, ya que tuvo que esperar hasta 1935 cuando haría su debut en primera división. Jugó en River hasta 1948.

Desde ese entonces “El Charro” dio sus primeros pasos para convertirse rápidamente en ídolo Millonaria, se volvió también un referente tanto en el vestuario como en las tribunas, donde los hinchas llenaban los estadios para verlo jugar.

Moreno destacaba, no tanto como por su capacidad de trabajo como por su disciplina táctica y su capacidad goleadora. Tenía un gran disparo con ambas piernas e iba muy bien de cabeza. Además tenía una gran capacidad de trabajo aunque también, según se contaba en esa época, tenía varios vicios comunes en la época entre los grandes jugadores. Pese a esto, su talento por ambas bandas era innegable, y de a poco fue gestando uno de los grandes equipos de todos los tiempos con el que conquistó los campeonatos nacionales de 1936, 1937, 1941 y 1942: “La Máquina”. Si bien aquel equipo estaba compuesto de otros grandes jugadores como Muñoz, Pedernera, Labruna y Lousteau, el “Poeta de la Zurda” era, sin dudas, el de mayor popularidad, tanto dentro como fuera del campo de juego.

Su calidad como futbolista, le permitió llegar a la selección, en la que permaneció durante 14 años. Aunque nunca pudo disputar una Copa Mundial con la albiceleste ganó tres torneos sudamericanos, antecesores de la Copa América actual, en 1941, 1945 y 1947. Pero no sólo con títulos inscribió su nombre en la historia, además, marcó el gol 500 en 1942 y resultó elegido mejor jugador en 1947.

Por: Luciana Contreras