“Hay que creérsela”

Enzo Francescoli habló antes de abandonar la capital española. “Terrenal o no, primero tenemos que pasar la semifinal de 18. Es una buena oportunidad para seguir haciendo historia”.

El príncipe charló con la prensa previo al viaje a Abu Dhabi y dijo: “Hay que tratar de creercela, es importante que ya se cambi el chip, para que estos chicos sigan haciendo historias y podamos tener otro posible logró”

Con respeto a la posibilidad de enfrentar a un Real Madrid, que no está en su mejor nivel, el mánger del millonario expresó: “El primer partido es muy importante y difícil, estoy seguro que esta no va ser la excepción, después veremos lo del Madrid”

Por último remarcó que por suerte, se dan los resultados pero que hay un gran grupo comandado por Gallardo en la cancha, D´Onofrio en la dirigencia y no sólo él, sino muchos ex jugadores que trabajan en el club.

Por:Federico Bairgian

Tw: @fedebairgian

Ramón, muy agradecido

El gran Ramón Díaz, otro de los grandes ídolos de la historia de River Plate, se mostró muy agradecido por ser parte de la histórica final den Madrid

Ramón Angel Díaz quien supo ganar como Dt del Más Grande la Copa Libertadores en 1996, se robó todas las miradas cuando, junto con Miguel Angel Russo, ingresaron el deseado trofeo instantes antes de que la final comience.

En su cuenta oficial de Twitter, el pelado agradeció tanto al Real Madrid como a la CONMEBOL por el trato recibido y por ser parte de este momento único e irrepetible.

Por otro lado, no pudo ocultar su alegría tras la obtención de la cuarta Copa Libertadores y agradeció al club de sus amores por este titulo obtenido ante el eterno rival.

Aquí las publicaciones:

 

La venganza es un plato que se sirve frío

Fuimos testigos de una hazaña lograda por un equipo que quedará por siempre en la historia del club. Le pido disculpas a Amadeo Carrizo, el único sobreviviente de La Máquina, porque dados los logros me atrevo a mencionar que lo realizado por Gallardo tiene un plus que lo ubica un escalón por encima de aquella gloriosa época. Como también lo alcanzado por el plantel de Ramón Díaz que levantó la Libertadores del ‘96, el tricampeonato y la Supercopa ‘97. No fue nada fácil llegar hasta acá, fueron años de trabajo, de apoyo, de buscar levantar aquel desastre que llegó en manos de dirigentes y técnicos años atrás. Y el motor fue darle una lección al eterno rival que tanto se burló del momento que atravesamos allá por 2011. Porque nos caímos, tocamos fondo y nos levantamos. Pero como dicen que el que ríe último, ríe mejor, a razón de trabajo, humildad y sacrificio pasamos por algo que nunca más se repetirá y quedará en la memoria de todos los riverplatenses, por los siglos de los siglos.

Esta hermosa historia comienza, allá en 2012, en el primer superclásico post descenso, con Ramón Díaz en el banco, me conformaba con ganar para demostrar que estábamos vivos. No se dio e injustamente Boca nos empató el partido porque todavía estábamos verdes. En el torneo siguiente empatamos 1-1 de visitante. El Millonario continuó con su etapa de adaptación y logró un subcampeonato, que no sería poco luego de volver a Primera, pero ganarle a Boca era la gran cuenta pendiente porque el balance era un segundo puesto habiendo perdido en el  Monumental contra Boca.

Sin embargo, todo tenía una razón de ser, era mejor humillarlos en su casa. En el torneo siguiente, ya en 2014, Ramiro Funes Mori se encargó de cerrarles la boca y darnos esa inmensa alegría. Luego River salió campeón, Boca segundo. ¿Justicia? Faltaba mucho, porque Gallardo todavía no había llegado al Millonario. La demostración de grandeza tenía que ser bajo un marco más relevante que un torneo local, con las cartas sobre la mesa. Entonces el destino nos puso delante una eliminación por Copa Sudamericana. Después del 0 a 0 en la Bombonera, al empezar el partido en casa Boca tuvo un penal a favor. Pero tenía que ser así, para qué sufrieramos. Y el final fue hermoso, eliminación y a las semanas dimos la vuelta. La primera internacional después de 17 años. ¿Ya estaba cerrado el capítulo de la B? No, Boca seguía burlándose a pesar de quedar afuera en manos de su eterno rival.

La apuesta subió al año siguiente, por delante la disputa era nada más y nada menos que una serie por Copa Libertadores. Los antecedentes eran negativos, porque en las ocasiones anteriores, 2004 y 2000, River no había logrado avanzar. Pero de un lado había un equipo, una idea, del otro individualidades y disputa de egos. Se notó en el partido de ida, donde el equipo de Gallardo se impuso 1 a 0. La vuelta fue un papelón. Un ataque sobre los jugadores en el entretiempo suspendió el encuentro y la Conmebol descalificó a Boca. En la final, el Muñeco levantó su segunda Libertadores, la primera como técnico. Era la gloria para el club si uno miraba para atrás. Habían pasado tres años nomás desde la vuelta a Primera y River demostraba para qué estaba.

A pesar de que le desarmaron planteles Napoleón supo crear una identidad. El cuerpo técnico armó grupos con tres jugadores fijos. Uno por línea. Maidana, Ponzio y Mora. Todos tirando para el mismo lado. Bajaron las revoluciones en 2016 y 2017, porque Gallardo tenía por delante el plan de reivindicación final. En marzo, la final del campeón del torneo local, Boca, contra el campeón de la Copa Argentina.

Ganarle una final a los xeneixes sería una manera de silenciarlos. Y así fue, sin embargo, no aprendieron. Sin notar que estaban derrumbados, jugadores, referentes e hinchas continuaban hablando de más. Desde la vereda de enfrente, del lado correcto, muchos festejábamos como si fuera algo único el título en Mendoza.

Hasta que llegó la entrada al cielo. La Copa Libertadores 2018. Una serie eliminatoria adversa. Racing, Independiente y Gremio, el último campeón. La final sería un capítulo más para que cuando nuestros hijos nos pregunten porqué somos de River, cómo es que estuvimos en la segunda división, y si se sale de eso tengamos la mejor respuesta. Tuvimos que disputarnos el mayor trofeo continental con aquellos que disfrutaron de nuestra desgracia. Y dicen que todo vuelve en la vida. El partido de ida se demostró en el campo de juego las diferencias entre los dos equipos. River con la unidad del equipo, que supo levantar dos veces el resultado y Boca que dependía de las individualidades de sus figuras. El empate dejó abierta la serie y se definiría en casa.

La tristeza de que nos robaron la localía y nos basurearon está presente y es un capítulo aparte para debatir cómo es que entró el micro en ese operativo de seguridad paupérrimo, como dirigentes fueron contra lo natural y todo lo que se habló durante las dos semanas más largas de nuestras vidas.

Pero querían ir a Europa y allá fuimos. Con el plantel golpeado, por haber perdido la última posibilidad de clasificar a la Libertadores 2018. En Madrid se mantuvo más unido que nunca y terminó de pisotear a quienes desmitificaron al mejor plantel de Sudamérica, ante la mirada de todo el mundo.

El problema que tenemos ahora es que con Gallardo uno nunca sabe cuánto más nos puede sorprender, y por delante tenemos el Mundial de Clubes. Vamos por más, con Gallardo todo es posible. Lo que sí, estos son los nombres que nunca debemos olvidar:

Arqueros: Marcelo Barovero, Nicolás Rodríguez, Julio Chiarini, Leandro Chichizola, Enrique Bologna, Germán Lux, Franco Armani y Ezequiel Centurión.

Defensores: Jonatan Maidana, Ramiro Funes Mori, Leonel Vangioni, Gabriel Mercado, Germán Pezzella, Emanuel Mammana, Eder Álvarez Balanta, Leandro González Pirez, Luciano Abecasis, Bruno Uribarri, Jorge Moreira, Luciano Lollo, Kevin Sibille, Milton Casco, Javier Pinola, Lucas Martínez Quarta, Gonzalo Montiel, Nahuel Gallardo y Marcelo Saracchi.

Volantes: Leonardo Ponzio, Carlos Sánchez, Ariel Rojas, Leonardo Pisculichi, Matías Kranevitter, Manuel Lanzini, Cristian Ledesma, Augusto Solari, Osmar Ferreyra, Tomás Martínez, Adrián Cirigliano, Guido Rodríguez, Martín Aguirre, Carlos Carbonero, Jonathan Fabbro, Gonzalo Martínez, Nicolás Bertolo, Camilo Mayada, Tabaré Viudez, Luis González, Pablo Aimar, Bruno Zuculini, Juan Quintero, Nicolás De la Cruz, Santiago Sosa, Exequiel Palacios, Camilo Mayada, Cristian Ferreira, Enzo Pérez, Ignacio Fernández, Matías Moya, Iván Rossi, Andrés D’Alessandro, Joaquín Arzura y Nicolás Domingo.

Delanteros: Rodrigo Mora, Fernando Cavenaghi, Teófilo Gutiérrez, Sebastián Driussi, Juan Kaprof, Lucas Boyé, Giovanni Simeone, Lucas Alario, Javier Saviola, Rafael Borré, Lucas Pratto, Ignacio Scocco, Julián Álvarez, Carlos Auzqui, Marcelo Larrondo e Iván Alonso.

Y en nombre de todo River, muchísimas gracias a nuestro técnico, Marcelo Gallardo, a los ayudantes de campo Matías Biscay, Hernán Buján, al preparador físico, Pablo Dolce, a los motivadores del plantel Marcelo Tulbovitz y Diego Gamalero, a la psicóloga Sandra Rossi a pesar de no haber podido curar la locura del Pity, a Alberto Montes por entrenar al pulpo Armani, a César Zinelli por analizar a los rivales, a Nahuel Hidalgo y Gabriel Gómez Stradi por analizar cada video y estar pendiente de cada movimiento de los jugadores, a los doctores Pedro Hansing, Santiago Spinetta, al psicólogo Pablo Nigro, a los kinesiólogos Jorge Bombocino, Enrique Confalonieri, Gastón Pandiani, Marcos Loyarte y Franco Bombocino, a quien se encarga de alimentar a nuestros jugadores, al responsable de aflojar los músculos del plantel, Marcelo Sapienza, al que comunica, Matías Ghirlanda y a los que preparan la vestimenta de nuestros soldados en cada partido, Raúl Quiroga, Manuel Tula, Ariel Scarpelli, Luis Valla y Diego Moreno.

Ladrones de ilusiones

No nos duele el dinero gastado o el esfuerzo realizado. No nos duele haber pasado semanas de sufrimiento sin poder dormir, a la expectativa de todo lo que estaba pasando. Viajar a Núñez 4 veces a la semana, de lejos. Que no se pueda retirar tu entrada; que no se imprimió; el calor; los nervios, lejos de tu vida normal.

Tampoco nos dolió que nos roben de una semana a la otra con los precios de las entradas, ni que personas sin corazón te esperen afuera del club para robarte el ticket de tu vida.

No nos dolió el permiso de trabajo, tampoco dejar a la familia en la provincia y viajar solos por un sueño. Muchos menos nos dolió cada centavo gastado por esto en el peor momento del país. Cada noche haciendo cola virtual para intentar sacar tickets, y menos que menos dolió dejar afuera a tantos hinchas de la posibilidad de comprar entradas en un sistema donde supuestamente había 17 mil entradas y fueron 2000 los que con suerte sacaron.

Ni se les ocurra pensar que nos dolió bancar 7 horas abajo del rayo del sol, sin comunicación y toda tu familia preocupada por saber si nos encontramos bien. Correr de los violentos, ver sufrir a mujeres, niños aterrorizados y el poder abusando de todos.

No dolió dejar el corazón en esta, ¿sabes que dolió? Dolió la falta de razón, de comprensión hacia nosotros. La falta de respeto y el poco interés de aquellos que por arriba de todo se quieren comer el mundo con el negocio. Dolió que a aquellos que cada tarde de domingo como es costumbre estamos, nos hayan dejado afuera, pero no afuera de un partido, afuera de un sueño. La falta de respeto a aquellos que juntos hacemos todo, el menosprecio de los que poco a poco venden la pasión.

No olvido jamás, nos lastimaron, y eso sí que dolió.

Por Franco Torres 

Ig: franconicolas_25

La fiesta se arruinó

Le tiraron un baldazo de barro a la Libertadores, la ensuciaron un grupo de personas que no son dignas de vestir nuestra camiseta, eso no es River. Los actores principales de este mamarracho fueron cada uno de los inadaptados que agarraron una piedra y se la tiraron al micro de Boca junto al Jefe del Operativo de Seguridad puesto por las fuerzas de seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, a priori, el responsable de todo este caos.

De ninguna manera se justifica el accionar de ese grupo de personas que no tienen materia gris en la cabeza para agredir a un plantel de fútbol, una vez más, eso no es River, el Millonario demostró hace varios años que los partidos se ganan en la cancha. ¿Cuál sería la razón para tirarle piedras a un equipo que durante los últimos años le demostramos en cinco oportunidades le demostramos quién manda?

Presente en medio del tumulto, uno me mostró que tenía una entrada del partido de la semifinal contra Gremio. Esa persona no tenía que estar ahí. Ese lugar era de un hincha con entrada para la final. Detrás mío, dos personas no tenían ticket, les había llegado el rumor de que por Quinteros no iban a tener problemas para saltar lo molinetes. Acaso la barra que se había quedado sin entradas por el allanamiento del día anterior, ¿se iba a quedar sin entrar al Monumental? De esta manera,muchas personas se propusieron arruinar esta fiesta.

Parado durante cuarenta minutos en el primer control de acceso, el clima se oscurecía. Al pasar, llegó la primera nube de gas pimienta. Una advertencia de que los palazos vendrían para los que estaban atrás. A la altura de la Plaza Fleming, apareció el micro de Boca, ya apedreado. Mis sinceras disculpas para los jugadores del xeneixe, en nombre de los verdaderos hinchas del Millonario. A modo de lección, lo ideal sería que nos limitemos solo a demostrar al rival lo que es la hinchada de River, esa que en los banderazos se junta a alentar al equipo, la misma familia que homenajeó al club y acompañó con una bandera de casi 8 km de largo. Y no hace falta que a tu hijo le llenes el cuerpo de bengalas para pasar el control de seguridad, no lo hagas cómplice de lo prohibido. Eso no es River.

Tuvimos la posibilidad de demostrarle al mundo entero el carnaval del Más Grande y se arruinó todo. ¿Qué hubiera pasado si todos los clubes hubieran acompañado la propuesta del ex presidente de Independiente, Javier Cantero, de exterminar a todas las barras del fútbol argentino? Imagino que en su momento hubiera sido una guerra, con cuestiones difíciles de afrontar, pero estoy convencido de que ayer no hubiera pasado nada de todo lo que se vivió en Núñez.

El salvajismo que nos rodea va más allá de las piedras, porque también se vivieron situaciones de violencia como la de personas robando entradas de otros hinchas, como también pertenencias dentro de los autos estacionados en las inmediaciones del estadio. Como si fuera en la era cavernícola, en más de una oportunidad, hinchas se fueron a las manos por motivos ridículos. “Me seguís gastando y te cago a trompadas”. Somos hermanos viejo.

Y las corridas fueron desde el comienzo hasta el final. Durante más de seis horas. Fuerzas de seguridad contra hinchas que tenían su entrada y exigían entrar al estadio, para ocupar el lugar de los vivos, mezclados con los violentos, los inadaptados que incitan a llevar las cosas al peor lugar, que están en la vereda de enfrente de lo que es River.

Deseo que las cosas cambien como sociedad. Imagino que una de las soluciones es que suspendan el fútbol al menos un año, tal vez dos, para que tomemos esto de ejemplo, para que recapacitemos, de que el partido se juega dentro de la cancha. Mientras tanto, River es el Más Grande, y tiene muchos otros deportes, puede ser que me interese más en el básquet, en el hockey, o en otra disciplina. Pero el fútbol está podrido, y hay que cortar de raíz esta locura que se está viviendo.

 

Esta campaña la terminamos todos unidos

River mi buen amigo, esta campaña volveremo’ a estar contigo, se escuchaba frente a Independiente Santa Fé, en abril, en nuestro refugio en los inicios de esta Libertadores. Ocho meses después, Napoleón está armando la estrategia de combate desde Cardales para la última batalla. En sintonía con su comandante, Matías Biscay, planean la vanguardia y la retaguardia. Perdieron a dos soldados vitales, sin embargo, el equipo tiene la directiva de ir al frente una vez más y quien se tenga que sacrificar, como lo hizo Santos Borré en el último partido, sabrá que por morir en combate tendrá su medalla de honor. Y no habrá nada más noble que dejar la vida en el Monumental. 

El empleo de batallas para ganar el fin de la guerra es la esencia de la estrategia. La batalla de las tribunas va a tener su capítulo aparte, porque no se juega solo en la cancha el partido. Gallardo contará con sesenta y cinco mil guerreros que llegarán al estadio desde las 13 hs. Desde el Puente Labruna se alineará el batallón que dirigirá la orquesta para ubicarse en la Sívori alta. Por Udaondo, un grupo de soldados de la Sivori baja, junto al batallón de la Belgrano alta, se encargará de despertar a los más débiles de la Belgrano baja. Desde Libertador y Quinteros, vendrá el batallón de la Centenario. Estos soldados se instalaron, desde que se prohibieron los visitantes, en la trinchera donde el rival buscaba protección. Esa tribuna es la que cierra el anillo de aliento, desde donde se crea el eco a destiempo que confunde y distrae al equipo contrario. Por último, desde Figueroa Alcorta, vendrá el batallón de la San Martín, que harán honor a nuestro máximo héroe argentino, que en lo referido a Libertadores de América siempre la tuvo clara. Desde las tribunas cada alma con sus gritos de guerra aturdirá a cada jugador xeneixe, como en la época de la Revolución que se tiraban ollas de aceite hirviendo para espantar a los ingleses.

Cada hincha al subir cada escalón estará entrando a la última contienda, en cada paso que haga, recordará cada batalla, las victorias y las derrotas. Los partidos en los que las cosas salieron como se esperaban, con la compañía de un amigo, un hermano, algunos con su viejo, otros con su hijo. Sinónimo de alegría. También vendrán los recuerdos de los momentos más adversos, con las peores condiciones climáticas, con la falta de todo ese calor humano, con los malos resultados, sin embargo uno estaba ahí al pie del cañón para aguantar al equipo. Cada escalón subido será pisar cada cicatriz, cada marca que quedó en nuestro cuerpo después de tantos años.

Dentro del Monumental habrán periodistas, algunos que intentarán golpearnos una vez más, otros que acompañarán y relatarán lo que sus retinas ven. Registrarán lo incomprensible, eso que no tiene explicación, la locura de más de sesenta mil personas apasionadas, que una vez más demostrarán quién es el más grande. También tendremos la visita de turistas que querrán apreciar un partido único. Serán testigos de la última pelea, en el intento por desterrar la bajeza que una vez se interpuso en nuestro camino y que no es digna de estar en Núñez. Se demostró en los últimos cuatro años de que lado de la vereda estamos.

Una mención aparte para ese grupo minúsculo de infiltrados, que aparecen en los partidos importantes, que con su inexperiencia en el aguante genera las cosas más comunes en un partido, como gritar gol antes de que la pelota entre al arco, de impacientarse cuando la pelota va hacia atrás para armar de nuevo una jugada, de hacer sonidos onomatopéyicos cuando un jugador falla un pase y por sobre todo a los que se van antes de que termine el partido, entre las peores actitudes del hincha que no siente el rojo y el blanco. Esta chance de estar en el Monumental el sábado es tu última prueba para que entiendas lo que es la pasión, lo que es se de River.

El sábado tenemos que cumplir con la consigna. Que las camisetas sean todas del mismo color. Llevemos con orgullo los colores. El rojo, que simboliza el poder y la acción. Al que se lo asocia con la vitalidad, la ambición y la pasión. El rojo aporta también confianza en sí mismo, coraje, valentía y una actitud optimista ante la vida. Éxito, triunfo, guerra, sangre, fuerza, pasar a la acción y alcanzar las metas. Por otro lado el blanco, que es el más puro de todos. Es el color que nos protegerá, porque aporta paz, pureza y confort, y alivia la sensación de desespero y de shock emocional. Ayuda a limpiar y aclarar las emociones, los pensamientos y el espíritu. Rojo y blanco, blanco y rojo, esos colores que llevás son parte de la enfermedad, de la que nunca me voy a curar.

 

¿Qué preferís, un Mundial o una Libertadores frente a Boca?

Es increíble. Inigualable. Alguna vez me preguntaron qué prefería, si ganar una final de la Copa del Mundo con la selección argentina o una final de Libertadores contra Boca. Y llegó el momento de la verdad. Es increíble. Allá por 2014, en Brasil, Messi y compañía tuvieron la posibilidad de levantar el trofeo más ansiado, y recuerdo esa tristeza por haber llegado tan cerca. Agradecido por la experiencia de haber transitado el camino hasta la final, de haber demostrado dejar todo en la cancha, la angustia duró poco.

Ahora tenemos la prueba de la verdad, en base a aquella comparación típica, que se la podemos hacer a cualquier hincha y siempre la respuesta va a ser, “una final de Libertadores contra Boca“. Tuvimos este año una final contra el eterno rival y quedó en la historia. Hablo de esa final en la que Gallardo declaró: “Fue parte de la estrategia en estos dos meses jugar muy mal para ganar el partido más importante que teníamos en el semestre”. Mendoza nos dio una inyección anímica, porque todavía el grupo no se había podido levantar del golpe que nos dio la semifinal del año pasado ante Lanús. Pero perderla no habría sido una debacle. No entra tampoco en la comparación de ganar una final de un Mundial. Ni cerca.

En esta Libertadores River hizo un muy buen trabajo en la fase de grupos, relució esa chapa ganadora y clasificó primero en el grupo con 12 puntos, cómodo e invicto. Y la historia hubiera sido diferente si clasificábamos primeros en la tabla general. Ahora me cierra todo de porqué no quería entrar la pelota en ese partido ante Independiente Santa Fe en el Monumental, en un encuentro donde dominó la pelota el equipo de Gallardo con un 72% de posesión, 23 remates, 5 al arco, 506 pases. Desde ahí ya se estaba tramando esto. Lo mismo ante Flamengo, también en Núñez, que en el minuto 90 una tijera de Borré pegó en el travesaño, y durante el partido el equipo dejó todo pero no tuvo suerte en numerosas ocasiones. Posesión del 65%, trece disparos al arco, y el ya mencionado disparo en el final del partido que por centímetros no entró. Y menos mal, sino el destino habría cambiado.

Levante la mano quien durante el Mundial, por las circunstancias que nos llevaron a participar con un equipo partido, con un técnico que no estuvo a la altura de las circunstancias, estaba pensando en River. Tengo que bajar la mano para poder seguir escribiendo. Después de Rusia llegó el primer partido de octavos. Un buen primer tiempo, donde el Millonario estaba para ganar, hasta que terminando el primer tiempo Ponzio fue expulsado de manera inentendible. Pero tenía que pasar. Esa roja para que termine 0 a 0. El destino lo quiso así. Se sufrió, pero la defensa hizo todo bien, ni hablar de Armani. Ya en el Monumental la historia fue otra, la que tiene que ser. Goleada por 3 a 0. Pisala ahora.

Pasamos a cuartos y se repitió la historia. Gallardo volvió a mover las piezas de ajedrez a la perfección. Después de mucho tiempo River terminaba perdiendo en el porcentaje de posesión. Pero tiene su lógica, había que resistir. Armani fue vital para que el encuentro terminara 0 a 0. La atajada a Gigliotti quedará en la historia. En el partido de vuelta, en el Monumental, todo salió bien. Si bien el empate fue un golpe, el Muñeco otra vez, desde el banco, hizo lo que tenía que hacer. A Quintero le bastó entrar media hora para dar vuelta el partido.

Damos vuelta la página de esta historia y llegamos a la tormenta. Desde Brasil llegaban las nubes que oscurecían el Monumental. Gremio nos quitaba el invicto en nuestra cara y perdíamos 1 a 0 frente a un equipo que había llegado una sola vez al arco. ¿Injusto? No lo sé. Muchos nos daban por perdidos. Desde la vereda de enfrente, con un pie en la final, Boca gozaba la derrota de River. Pero apareció de nuevo él. “Que la gente crea porque tiene con qué creer”, lanzó el técnico que estadísticamente hasta ese partido tenía de 23 definiciones por copas internacionales, 19 triunfos. El día previo a la definición de la semifinal, la Conmebol ataca contra Gallardo y lo suspende. La sanción decía que no podía estar en el banco de suplentes, no podía entrar al vestuario ni comunicarse con Matías Biscay. Pero Napoleón no pudo con su genio, y como un buen maestro de ajedrez movió de nuevo la ficha para dejar en jaque al rival. Como dijo Richard Teichmann, un reconocido ajedrecista alemán, “la genialidad consiste en saber transgredir las reglas en el momento adecuado”. Gallardo se convirtió en un transgresor. En el entretiempo se acercó al vestuario para contagiar a cada uno de los jugadores, para llenarlos de confianza y convencerlos de que podían lograr avanzar a la final. Actualizado, porque en Porto Alegre, River dio vuelta la historia en un partido que va a quedar en la memoria de todo riverplatense, la estadística dice que de 24 definiciones por copas internacionales, Gallardo tiene 20 triunfos, a menos que se lo adjudiquemos a Biscay.

Y volvimos al comienzo de esta historia. ¿Qué preferís, un Mundial con Argentina o una Libertadores ganada a Boca? Todo se dio para que en Argentina se viviera algo único. Desde que Boca pasó a la final comenzó esta agonía, porque el cuerpo quiere sentir esa explosión de alegría. Más que en un Mundial. Porque es un partido a ida y vuelta. Allá y acá. Y la última edición que será una final con dos partidos, definiendo en casa. Si los mundiales tuvieran la definición con dos encuentros, uno de local y uno de visitante, tal vez sintiera algo más similar. Pero es imposible, y esto es único, inigualable y dámelo 1000 veces. Por otro lado, a pesar de elegir esto, la derrota sería algo muy difícil de superar, no como lo que pasamos en 2014, que a las dos horas estaba cenando con mis amigos. En este caso no podría comer, tendría el estómago cerrado. Pero gracias a Dios, está él. “Es un partido de fútbol, que tiene un montón de matices, un montón de condimentos, un montón de situaciones que van a transmitirse en todos estos días. Pero no tiene que ir más allá de eso, de un partido de fútbol que el mundo va a estar observándolo”, Gallardo una vez más sirvió de cable a tierra.

Mañana tendremos que ir a la Boca a resistir, y no importa que nos ataquen donde saben. Porque por más que hayan pedido que no podamos decorar el vestuario visitante, donde Gallardo tampoco va a poder estar para movilizar la sangre de nuestros jugadores, todo el país, menos algunos estamos con este plantel que reinvindicó la historia del Club y ubicó a River en lo más alto del fútbol sudamericano.

Mañana a las 17 hs, continuará… pero dame toda la vida esto porque lo vamos a vivir una sola vez en nuestras vidas.

Por: Joaquín Ferrero
Tw: @jferrero20

Grito de guerra

Estamos a horas de un choque crucial y otra vez hay que demostrar de qué estamos hechos.

Vos sabés como sacarme una sonrisa, como también hacerme llorar ya sea de la emoción como por un disgusto. En este momento abandonar no es una opción, por eso te voy a acompañar con nuestro grito de guerra. “Yo te quiero millonario, yo te quiero de verdad, quiero la Libertadores ”.

Hoy vamos a estar ahí, con cuatro mil almas acompañándote adentro de la cancha, mil refuerzos en las afueras y la mitad del país menos algunos prendidos al televisor de casa, en los bares. También en la radio en los taxis, en el bondi, volviendo de la facultad o del laburo que te dejó exhausto. Vamos a sacar todos esa energía con la que dimos vuelta la historia hace tres años, a unos kilómetros de donde estamos. Vamos a plantarnos por ese sueño, somos una familia.

Nos bastardearon, nos tocaron el orgullo. ¿Acaso no tuvieron tiempo para notificar antes la sanción para nuestro comandante? Quisieron pegarnos donde más nos duele, no les demos el gusto. No es momento para agachar la cabeza, es momento de dejar todo en la cancha.

Fue una semana difícil. Desde que nos fuimos del Monumental, nuestra cabeza estuvo puesta en el partido de esta noche. Mientras el periodismo intentaba bajar la moral del grupo anunciando posibles acuerdos con equipos del extranjero que venían en búsqueda de nuestras figuras, que Palacios se va al Real Madrid, que Pity ya está en Estados Unidos, que Quintero no puede rechazar la oferta de China, “Que la gente crea porque tiene con qué creer”, lanzaba Marcelo Gallardo dirigiéndose al hincha riverplatense. ¿Acaso no le voy a creer a quien levantó el nombre del club?

Esta noche el escenario va a ser un campo minado. Shakira se encargó de dejarnos un obstáculo más en el camino, con la complicidad del Gremio para organizar en estas fechas un recital. Nosotros lo aprendimos con el paso del tiempo, no es casualidad que el único recital planificado en el estadio sea para los primeros días de diciembre, fuera del calendario de competencia.

Tuvimos una primera fase donde pasamos con confianza, con tres partidos ganados y tres partidos empatados. Nos ilusionamos. En octavos y cuartos enfrentamos a los dos cuadros de Avellaneda. En ambos casos, frente a Racing e Independiente, primero empatamos, después definimos de local la serie con convicción. Nos entusiasmamos. Necesitamos que esa fuerza que sacamos en los partidos de vuelta viaje hasta Porto Alegre. Con esa energía, vamos a poder esquivar las malas intenciones de la Conmebol, de muchos que quieren vernos de rodillas, del arbitraje o del rival. Vamos todos unidos.

Por: Joaquín Ferrero Tw: @jferrero20

El sentimiento no se compra

Estamos a casi un mes de la votación que definirá el futuro del fútbol argentino.

Desde antes del profesionalismo, el fútbol ya era un negocio. En un principio, los clubes se formaban para jugar los partidos barriales y la competencia era mínima. Bastaba con tener las camisetas, un terreno donde hacer de local, una pelota y un sello que fuera el símbolo del club para poder jugar. Con el paso del tiempo los equipos querían fortalecerse pero no existía el mercado de pases. Los primeros traspasos eran con incentivos, no existían los contratos, tampoco los sueldos desorbitantes que hoy tienen los jugadores de Primera. Lo que se usaba era ofrecerles premios para tentar al futbolista estrella de la temporada para que vistiera otros colores.

Pero los tiempos cambian. También en torno al marketing. Se puede notar en las tribunas, al ver una foto de un partido antiguo. El público asistía a los estadios con prendas de moda con la que la gente andaba por la vida. Durante la década del ‘80 comenzó a apreciarse el público vistiendo como los futbolistas. En los ‘90 se innovó con la equipación completa, y hoy cada seis meses se renuevan los diseños. Todo gira en torno al negocio.

Durante la última semana se instaló nuevamente el debate sobre la posibilidad de transformar los clubes en sociedades anónimas deportivas. En 2016, Mauricio Macri, Presidente de la Nación, impulsó un proyecto para permitir que las instituciones sean controladas por empresas. “Si el mundo aceptó la figura de las Sociedades Anónimas, el fútbol argentino la tiene que aceptar”, justificaba en su entonces esta idea que ya tenía en mente cuando era dirigente de Boca. Daniel Angelici salió a la carga con la intención de retomar esta iniciativa, en la Asamblea de la AFA, y cuenta con el apoyo de su Presidente, Claudio Tapia. Resulta que el Presidente de Boca, en su rol de canciller del fútbol argentino del Gobierno de la Nación, está haciendo lobby para aprobar el ingreso de capitales extranjeros. Pero para ello, debe lograr que se modifique el estatuto de la AFA. De esta manera, con la inversión empresarial se lograría bajar el déficit que deja el deporte más popular de la Argentina todos los años.

Sin embargo, no se tiene en cuenta que cambiaran el espíritu de los clubes, que pertenecen y son administrados por los socios. Pareciera que los dirigentes que optan por esta práctica no consideran los casos de las instituciones que ya experimentaron la privatización. Basta con ver lo que le sucedió a Sportivo Barracas, una institución que hace casi 100 años fue cuna de grandes futbolistas y la crisis lo llevó a perder desde su nombre hasta  su estadio. El histórico club fue comprado por el Grupo Económico Inversor S.A. de Bolívar y lo pasó a llamar Barracas Bolívar. No les bastó sólo con eso, la empresa mudó la sede del club a la ciudad bonaerense sin tener en cuenta los 300 kilómetros que separaban Barracas de Bolívar. El final del cuento terminó con Sportivo Barracas volviendo a su denominación fundacional pero desafiliado de la AFA por un año. El otro ejemplo que varios deben recordar fue el de Racing Club, ¿acaso a nadie le suena el nombre Blanquiceleste S.A.? Esta historia conocida del club de Avellaneda terminó con jugadores regalados, las instalaciones en ruinas, deudas y empleados sin cobrar sus sueldos, hasta que se declaró la empresa en bancarrota.

Pero van a venir con el cuento de que en Europa los clubes están privatizados, tienen estadios modernos y todo funciona. Cabe destacar que Real Madrid y Barcelona, los dos clubes más importantes de España, nunca optaron por ese camino. El régimen que tienen en el país ibérico, en el cual se apoyó Macri para realizar su proyecto, forzó a muchos clubes a optar por la privatización. Luego, por malas administraciones desaparecieron clubes como Club Deportivo Málaga, Club Deportivo Mérida, Deportivo Alavés, Santander Foot-ball Club, o el Club Getafe Deportivo, entre más de 50 clubes que se disolvieron. Otro suceso destacable es el de Marcelo Tinelli cuando tomó el mando del Badajoz. Y también tenemos casos como el de Borussia Dortmund, Nápoles, Fiorentina, Parma, Glasgow Rangers o el Valencia, otros clubes europeos que por gerencias fraudulentas terminaron con planteles desmantelados, descensos a causa de problemas administrativos, o la simple desaparición del club.

Ahora con este tipo Sociedades Anónimas Deportivas, ¿qué hubiera sido de River en la época de José María Aguilar y Daniel Passarella? ¿Cuál piensan que puede ser el destino del club si los jeques, magnates rusos o los empresarios americanos y asiáticos que ya se adueñaron del fútbol mundial llegaran al país? Dudo que a algún hincha de River, aceptara que el club se convirtiera en River Plate Hotspurs, por dar un ejemplo.

En nuestro club, por un lado tenemos la tranquilidad de que Rodolfo D’Onofrio se manifestó en contra del proyecto, pero por otro lado nos alertó Jorge Brito, vicepresidente de River, por tener una posición opuesta e insistir para que la votación sea secreta en vez de mano alzada, lo que le quita la transparencia (recordemos la última y vergonzosa elección que se realizó en la sede de Viamonte). Habrá que esperar a la votación que se realizará el 29 de noviembre, en la AFA, donde 43 asambleístas en representación de los clubes del fútbol argentino decidirán si le vendemos el alma al diablo o no. Sobre el sufragio aún resta definirse si el voto es secreto o a mano alzada.

 

Por: Joaquín Ferrero

Tw: @jferrero20

Elige tu propia aventura

Estamos a una semana de estar con la misma o mejor energía que sentimos después de la final de la Supercopa Argentina, o después del Bombonerazo vivido hace menos de un mes. Pero también estamos a una semana de estar de la misma o peor manera que experimentamos después de la injusticia del año pasado, sufrida en la cancha de Lanús. Este camino lo transitamos juntos cada día, con la angustia de saber si los jugadores que llegan golpeados van a poder rendir como frente a Boca. Ayer tuvimos la buena noticia de que Enzo Pérez ya está pateando la pelota. Hoy llegó la noticia de que Juanfer Quintero volvió de la gira con Colombia, por suerte, el susto de que se lesionara en el amistoso de la fecha FIFA desapareció y se sumó la primicia de que Exequiel Palacios tiene el alta médico. Quedamos a la espera de la evolución de Pity Martínez y de la situación de Franco Armani.
Sin menospreciar el torneo local, primero River debe disputar el partido por la Superliga frente a Colón, en Santa Fe. Todo indicaría que Marcelo Gallardo va a blindar a los futbolistas más importantes. Hay que cuidar a los jugadores que llegan con los magullones de las últimas batallas. Un triunfo nos daría el empujón para continuar con el envión positivo, un empate nos daría la tranquilidad de que el invicto de Napoleón sigue vigente, una derrota dejaría ese sabor amargo por no poder seguir haciendo historia, porque este plantel la está escribiendo y está para mucho más. Hay que aprovechar la oportunidad de estar tan cerca de superar la marca del eterno rival.
Del viernes al martes vamos a estar sobre ese abismo de impaciencia, ansiedad, intriga. Ya sobre el mismo día del partido frente a Gremio, como siempre con la cabeza en stand by, en ese estado en el que la atención está puesta en los medios deportivos, actualizando la página como en la época del F5 de Passarella. Trabajar se dificulta, estudiar no existe. Se acerca la tarde, uno se rinde y en la cabeza aparece el “ya fue” y emprendemos la partida. Algunos encaramos para el Monumental, otros emprendemos el viaje a lo del amigo o familiar donde en cada partido nos juntamos para ampliar el campo magnético de energía que nace en Núñez. Estos se entrelazan con la energía que se vive en los bares que pasan el partido haciendo la unidad riverplatense. Por algo somos el Más Grande. Pero no nos olvidemos que jugamos frente al último campeón de la Libertadores.
El desenlace todavía no lo sabemos. Es el comienzo de 180 minutos que pueden terminar en una marca que va a quedar grabada en nuestros corazones para toda la vida. La gloria, acompañada de un triunfo que abrirá la puerta para entrar a la final frente a nada más y nada menos que frente a Boca o nuevamente contra un equipo brasilero después de once años. Y mejor evitar el otro posible final de la novela que dejó la temporada pasada.
La historia la vivimos y la armamos entre todos, tiremos todos para el mismo lado. Como cuando tiramos esos casi 8 kilómetros de bandera desde Libertador y Tagle hasta el Monumental, o como cuando nos encontramos en cada banderazo para apoyar a River en cada partido de visitante.

Por: Joaquín Ferrero
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