Aguante corazón, aguante

El formato de la competencia cambió y nos dejó un semestre con esperas de hasta tres semanas para aprender a manejar la ansiedad. Todo lo que el Millonario cosecha a cuatro días de la final.

Entre octubre y noviembre para River fueron dos meses atípicos. Primero tuvimos dos Superclásicos en el medio, dejando afuera al eterno rival una vez más, River llegó a la final en dos competencias y escaló en el torneo local. Pero el parate entre cada instancia por Copa Libertadores fue eterno. En octavos y cuartos de final se jugó entre una semana y otra, lo cual la energía positiva se mantuvo durante siete días y la alegría se pudo consumar rápidamente en cada pase de llave.

Ya en las semifinales, el calvario comenzó el 1° de octubre, porque el Millonario pasó la primera prueba tras ganarle en el Monumental a boquita y después la ansiedad se mantuvo en cada cuerpo durante tres semanas, hasta que llegó el pase a la final, el 22 de octubre.

En el medio se le dio lugar a suspicacias para afectar el estado de ánimo de nuestros jugadores. Que el VAR, que los jugadores de River simulan, que los árbitros favorecen al Millonario con los penales.

Pocos fueron los que reconocieron la calidad del equipo, el sistema de juego, las situaciones de ataque generadas en cada partido, que tal vez hicieron tener un penal a favor y que realmente lo fue. Como también las jugadas que no contemplaron como penales no cobrados, goles lícitos anulados, ni hablar de cómo inclinaron la cancha en el partido de vuelta en La Bombonera, con el árbitro cortando el juego y dándole todas las divididas a Boca.

Sin embargo, desde el 22 de octubre que el corazón aguanta por este partido que un principio se iba a jugar en Chile, que muchos riverplatenses ya soñaban con viajar y habían comprado su entrada para acompañar en un país que está atravesando un mal momento. Ahora, mientras muchos se bajaron de esa caravana soñada hacia la Cordillera, algunos preparan el bolsito con la camiseta y el gorrito para emprender un extenso viaje por tierra, son menos los que esperan por la costosa comodidad aérea y la mayoría aguarda en cada hogar por la juntada con los mismos con los que el año pasado festejaron la copa más importante.

Pasaron 28 días, restan cuatro más para ver por primera vez a Gallardo en el banco de suplentes de una final de Libertadores. Los sueños son deseos y miedos que aparecen en la cabeza mientras dormimos. Durante estas largas noches soñamos con ver al Muñeco saltando al campo de juego para abrazarse con cada uno de los jugadores. Como también a Rafa Borré metiendo un gol, pero en posición adelantada y más tarde el VAR lo anula.

Sin dudas la Conmebol no pensó en cada simpatizante que debió esperar durante todo este periodo aguardando el partido más importante del año del continente. Ahora debemos aguardar a que el River que salte a la cancha el sábado, sea el mismo que le ganó a Racing en el Cilindro por 6 a 1 el último 17 de agosto, como también el que bailó a Boca en el Monumental un mes y medio más tarde.
Cada uno en su lugar hará lo que tiene que hacer, algunos mantendrán las cábalas, otros dejarán de lado las supersticiones y disfrutarán de la 15° final de Napoleón. Abrazo de gol a los que no pasan por la peluquería, ni lavan las camisetas en instancias decisivas.

@chacoferrero

Aguante hincha, aguante

El sentimiento del hincha luego del cambio de sede de la final.

Esta vez, el termómetro no está a cargo de la misma persona de siempre debido a que ante la decepción del cambio de sede debió dejar temporalmente el timón de esta columna.

24 de Noviembre de 2018.

Copa Libertadores Final vuelta, estadio Monumental. River – Boca.
Los hinchas de River estuvimos alrededor de 5 horas encerrados en nuestro propio estadio (se cerraron las puertas). Por no extenderme, no ahondaré en detalles relacionados a los cuantiosos incidentes fuera del mismo.

“Se juega el día domingo”

25 de Noviembre de 2018.

Nos levantamos con una sensación un poco distinta, con la ilusión un poco herida por lo acontecido el día anterior, pero aun rengueando llegamos con todo lo que nos quedaba a presenciar el partido de nuestras vidas.
Nueva herida, esta vez sin encierro, pero a sabiendas de que no iba a ser simple la resolución.

Negocio redondo, Madrid…

Es insoslayable mencionar lo vivido por el hincha de River el año pasado, para acercarnos a describir, aunque solo con palabras, lo que siente hoy.

Razones distintas, esta vez el papelón fue ajeno. Papelón de la clase política chilena y no así del pueblo, quien adopta una posición, no me atrevo a sentenciar, para imitar, pero si para tener por demás en cuenta. También es necesario aclarar que fue la opción más fácil y en ciertos aspectos, lógica pero…

A chile llegábamos en auto, con sumo esfuerzo, y ahora se hizo inalcanzable para mucha gente.
Otra ilusión robada. En este caso no se optó por el negocio más grande, pero tampoco se priorizó al hincha.
Esperamos que los que manejan en abundancia lo que a nosotros más nos cuesta, se hagan cargo. Y por sobre todo, esperamos y confiamos en que el equipo nos va a devolver, como hemos atestiguado en ocasiones aún más cruciales, un poco de esa alegría, que hoy lamentamos decir, nos han quitado.

IG: Jpcarpoo

La contradicción de Gallardo

Un resultado traicionero nos acompaña esta tarde, sin embargo hay confianza de que este equipo va a dejar todo una vez más en la cancha. Algunas claves de la confianza puesta en Napoleón.

“No hay nada más que esto, no hay nada más”, se le escapó al Muñeco después de la final. Coincidimos el pueblo entero con Gallardo de que fue el punto máximo para el hincha de River, porque será eterna e irrepetible esa copa. Al mismo tiempo, pareciera que durante este semestre se contradijo. Porque demostró con su carácter y su templanza que el Millonario está para mucho más.

En un comienzo, después de tanta gloria, el equipo estuvo dormido, pero el entrenador más ganador del Más Grande activó el chip en el plantel, unió una vez más a la familia y sembró la convicción de que se podía ir por más. Con la Recopa alimentó ese gen que instaló en cada jugador y levantó su décimo trofeo como director técnico.

Luego del parate por la Copa América, el Millonario volvió al ruedo y demostró ser un equipo unido. Lo insólito es que un sector del periodismo prefería hablar sobre las polémicas generadas a partir de penales o el uso del VAR, en vez del juego colectivo, la presión constante, la calidad a la hora de jugar a un toque que tenía el equipo. Pero para la mayoría River, en casi todos los partidos, brindó un show único.

Así fue que llegaron los elogios de Pep Guardiola para nuestro técnico. Sin embargo, el reconocimiento no se lo llevó por la final de diciembre, sino por la manera de reinventarse una vez más con un plantel que se podría haber relajado para disfrutar del éxito alcanzado meses atrás, cobrar sus sueldos y esperar que algún equipo de afuera se los llevara.

La labor magistral del Muñeco hay que ponerla una vez más en lo más alto, porque este equipo fue contagiado con el hambre que Marcelo Daniel Gallardo tiene por ganarle a Boca. Esas ganas de revertir todas las estadísticas y una pendiente que hace muchísimo tiempo el club no podía descontar. Por eso es que confiamos ayer, hoy y siempre en que el objetivo va más allá de los títulos y de los números, va por la camiseta, por poner en lo más alto al club más grande de América.
Esta tarde tenemos un nuevo desafío. River tendrá la posibilidad de acceder nuevamente a una final de Copa Libertadores. A no relajarse que nada está dicho, y recordar que ese “no hay más nada” quedó en el Bernabéu. Ahora hay mucho más.

@chacoferrero

Los números no mienten

El Millonario tiene un ojo puesto en la Copa Argentina, con el otro espera por el choque frente a Boca, pero una particularidad sobre cómo le fue en los últimos años en ambas copas puede llegar a marcar un rumbo. 

Una vez más Gallardo tiene por delante un mano a mano. Desde que asumió como DT las estadísticas las lo acompaña y logró cifras que en estos tiempos del fútbol pocos entrenadores pudieron alcanzar. En partidos de eliminación directa ganó 48 partidos de un total de 58 encuentros. 

En las competencias internacionales tuvo siempre la posibilidad de revertir resultados, alcanzando un promedio de eficacia del 82,5% con 24 de 29 mano a mano superados. Sin embargo en lo que respecta a torneos locales, en la Copa Argentina el Muñeco mantiene un invicto de 19 partidos. La última derrota del Millonario en los 90 minutos fue en la temporada 2014-15 cuando cayó con Rosario Central por 2 a 0 en los 16avos de final.

Desde ese partido todo fueron triunfos y empates. Pero una coincidencia destacable, fue que desde el año anterior, luego de la eliminación en la Copa Argentina se coronó en la Copa Sudamericana. Al año siguiente, el resultado fue similar, quedó afuera de la copa doméstica pero a fin de año levantó la Copa Libertadores.

Ya en 2016, luego de tanto éxtasis la eliminación en octavos de final ante Independiente del Valle, pasó como un mal trago pero llegó la primera coronación en la Copa Argentina. Un año más tarde, River fue bicampeón a pesar de tener el disgusto de quedar eliminado en semifinales de la Libertadores ante Lanús.

El año pasado por el despliegue y juego del Millonario adentro de la cancha, estaba para ganar los dos títulos. Sin embargo en semifinales de Copa Argentina fue eliminado por Gimnasia de La Plata por penales, tal vez por estar pensando en la final que tenía que disputar frente a Boca. El 9 de diciembre se coronó ante el mundo entero levantando la Copa Libertadores que quedará por los siglos de los siglos en la memoria riverplatense.

En esta instancia, una vez más River tiene por delante dos compromisos, uno que sirve para evitar un repechaje de Copa Libertadores 2020. El otro tiene una complejidad mucho más fuerte, eliminar por tercera vez de una competencia internacional a los xeneizes. La suerte está echada y no habrá preferencia alguna por ninguno de los partidos. Gallardo tiene por delante un desafío nuevo, el de obtener la doble y por qué no la triple corona.

@chacoferrero

Nos arruinaron la fiesta

Este era el primer partido en el Monumental contra Boca, después de Madrid. Una vez más, desde afuera presionaron para que el Millonario no tuviera su fiesta con su gente.

No es nuevo esto de que en cosas que exceden al partido en sí, intervengan personajes para blindar a un equipo que fue destruído durante los últimos cinco años. Primero recurrieron en La Boca, porque el club había encontrado una manera de que los jugadores se sintieran en casa. El verso de que el acondicionamiento del vestuario con banderas e imágenes de River eran un símbolo de malestar para los hinchas locales, era la primera defensa para evitar otra derrota. 

Mandaron a la Policía a revisar el equipo de utilería de un plantel de fútbol profesional, mientras que en su casa para vivir el folclore del fútbol vistieron una gallina con una camiseta con la banda y la metieron en el campo de juego, como también colgaron banderas con un tamaño que superan las medidas reglamentarias permitidas en los controles de seguridad, con recordatorios ofensivos y con palabras intimidantes, una amenaza que poco le afectó a los jugadores de River. Tiraron gas pimienta y poco intervino el Ministerio de Seguridad para evitar que un drone con un fantasma colgando paseara por dentro de la Bombonera. 

Dirigentes, jugadores y comunicadores fueron la voz del club y aprovecharon la ocasión para por ejemplo, acusar a los jugadores del Millonario de faloperos, chicanear con un huevo de pascua o un fantasma con una B. Las burlas aparecieron en todo tipo de formato durante años. Pero la respuesta de Gallardo y sus jugadores siempre fue la misma, la de «hablar» en la cancha. Los resultados fueron positivos en el último tiempo.

Lo ilógico es que ahora vengan a censurar nuestra fiesta, en nuestra casa. La de diciembre la entendí porque un grupo de personas, sin justificar la provocación y el montaje de un operativo nefasto, actuaron como no se debe actuar entonces el castigo de llevar la final a Madrid, a pesar de estar en contra, tuvimos que bancarla. Pero ahora que prohiban el armado de un mosaico en una tribuna no tiene razón de ser. La justificación fue que “podría ser una provocación al rival”. ¿Quién determina si el diseño es para agredecerle a nuestros jugadores y cuerpo técnico los logros alcanzados en todo este tiempo o más que para burlarse del rival?

La balanza la inclinaron para su lado, desde el minuto 0. Gallardo tendrá otro desafío esta tarde, y estas son las cosas que mejor sabe aprovechar el Muñeco, porque mientras se preocupan por hacer todo lo posible para evitar todo tipo de burlas después de la humillación en Madrid, están desatendiendo el verdadero plan, porque Napoleón va por la batalla que nunca pudo ganar, la de llevarse los tres puntos en el Monumental.

Tw: @chacoferrero

Armani: »Los rivales no se eligen»

Franco Armani expresó su felicidad por la clasificación de River a semis, luego del empate 1 a 1 frente a Cerro Porteño en Paraguay.

El arquero millonario contó que no arrancaron de la mejor manera el encuentro y sostuvo: «No arrancamos como quisimos, como solemos jugar habitualmente». Y qué en el segundo tiempo las cosas cambiaron, empezaron a tener más la pelota, más tranquilidad y expresó: «Gracias a Dios llegó el gol».

Se mostró contento por la clasificación, y por llegar invicto. «Los rivales no se eligen» manifestó Franco, sobre la serie que se jugará con Boca, en el mes de octubre.

Aunque ya está definida la llave de semis, el 1 dejó en claro que ahora lo principal, es recuperarse de la mejor manera para el superclásico del día domingo, en el estadio Monumental.

Una despedida que nunca imaginé

Esta noche se juega algo especial, algo que corre por dentro y que nunca se va a olvidar. Mucho más cuando sabés que algo se desprende de vos.

Una vez más recorremos el mismo camino, Copa Libertadores, Porto Alegre, Asunción. Dar un paso adelante sería volver a encontrarse con el rival que con mucho sacrificio se pudo vencer y alcanzar la gloria eterna. Un equipo sólido, maduro, con confianza, que intenta ser golpeado y que le embarran la cancha con los mismos artilugios sucios, como es de costumbre pero que en las prácticas se mantiene alegre y unido. 

La preocupación va más allá de los rumores que ventile el periodismo, ni de lo que pueda pasar en la cancha. Esta noche River pierde a una hincha que conocí en 2011 y estuvo en cada momento. “Me voy a estudiar a Barcelona”, dijo tras pasar de ronda contra Cruzeiro. Por un lado, la alegría por esa persona que domingo tras domingo, compartía en la Centenario baja sus sueños de viajar y conocer el mundo. Por el otro vienen los recuerdos de todos estos años en los que pasamos por las cosas más lindas de nuestras vidas. Y esta noche es el último partido de Copa Libertadores que vamos a compartir en grupo. 

Uno en la vida tiene padre, madre, hermanos, parientes, amigos, compañeros. A los amigos se los elige con los dedos de la mano. Pero nadie imagina el valor que tiene un amigo de cancha. Porque de los diez dedos que tenemos en la mano, reservar un lugar para esta clase de personas con las que compartís la pasión que corre por dentro tiene un gustito especial. 

Son incontables los partidos que vimos juntos, como también los goles que gritamos. Los partidos y los clásicos en los que nos fuimos amargados, por suerte, pudieron ser enterrados con la final de Madrid. Inolvidable, como también cuando lloramos juntos en el primer campeonato que festejamos en el Monumental después del ascenso, y que repetimos al poco tiempo en la Sudamericana. Todavía recuerdo tu cara de no poder creerlo, cuando llegó la primer Libertadores, allá por 2015, cuando parecía que eso era todo. Pero no, tuvimos algo más lindo, lástima que nos quitaron la posibilidad de vivirlo en el Monumental. 

Nos conocimos con un River destruido, jugando en donde nunca nadie imaginó que jugaría. Pasamos por la transición, mensajeándonos para mantenernos despiertos en las noches que nos quedábamos apretando F5 durante horas para conseguir una entrada. Nos despedimos con doce títulos. Una docena de “Dale campeón” que salió de nuestras gargantas, que lo sentimos con el corazón y que nunca vamos a olvidar. Fue un placer enorme compartir el mejor River de la historia con vos petisa. 

Ahora el destino te puso en el Viejo Continente y se que no vas a olvidarte de tu Millonario querido. La filial de Barcelona se lleva a alguien de gran valor. Su currículum lo dice, hincha del Más Grande, con miles de partidos encima y decenas de copas levantadas. Allá vas a estar cantando las canciones para alentar al campeón desde más de 10.000 kilómetros, sin importar el cambio horario. Acá se te va a extrañar.  

Espero que un Mundial de Clubes nos una en el destino que toque, para volver a las viejas costumbres en las que reservabas lugares para los que llegan tarde, compartías tus paquetes de chicles o gomitas y la infaltable selfie del entretiempo. Esta noche cueste lo que cueste, esta noche tenemos que ganar porque quiero despedirme de la mejor manera.  

Otro pagaré por saldar

En total fueron cuatro las veces que disputó esta instancia de la copa y el panorama no es alentador

En el 2015 el millonario se cruzo en cuartos de final a Cruzeiro (Brasil) tras eliminar a Boca Junior, en octavos de final. El partido de ida se jugó en el Monumental y fue derrotado 1 a 0.

En 2017, en instancia de cuartos, el club de Núñez se cruzó contra Jorge Wilstermann (Bolivia), nuevamente al plantel comandado por el Muñeco le tocó disputar el encuentro de ida en situación de visitante y el equipo boliviano logro llevarse una victoria de 3 a 0 ya se lo daba por perdido. El final de la llave todos la recordamos.

En 2018, River Plate luego de eliminar a Racing por octavos de final, el rival para los cuartos fue Independiente de Avellaneda, en el partido de ida terminó con un empate 0 a 0.

Llegó el momento de acentuar que en la Libertadores del 2015, el Millo le tocó remontar un 1 a 0 en Brasil, en un estadio difícil con un rival que era imposible, ya que los números jugaban a favor del equipo brasileño. Se dio vuelta el resultado por 3 a 0 y finalmente se consagra campeón, al igual que en el 2018, que dejó afuera a Racing, a Independiente, a Gremio y en el mano a mano más importante e histórico, logra conquistar América ganándole al rival de toda la vida, el Xeneize.

Lo que son los números de River en las series mano a mano coperas que afrontó desde que asumió el cuerpo técnico de Napoleón, desde su comienzo en 2014, contemplando Copa Libertadores y Sudamericana,  lleva 21 series ganadas sobre 24 jugadas a nivel internacional. Eso representa una efectividad del 87,5%. Sólo fue superado por Lanús, Independiente del Valle y Huracán.

Nos patearon el tablero

El fútbol es un ambiente donde las supersticiones están presentes entre jugadores, entrenadores y hasta en el público. Uno de los rituales de River cambió en esta temporada, ahora creer o reventar.

Llegó la hora de mover las cosas de lugar. Cuando el club informaba que el equipo de Gallardo iba a concentrar en Cardales todo el mundo sentía que la cosa iba a ir bien. Era la primera de las cábalas y a partir de ahí se acomodaban el conjunto de amuletos. La elección de la camiseta indicada de la pila de remeras de River que invade el ropero, el par de zapatillas con la roña que arrastraba desde la final de 2015, subir las escaleras del Monumental de a dos escalones, mantener los lugares con la persona con la que te abrazabas en cada gol. Todas esas cosas caían como fichas de dominó. Así fue que recorrimos los últimos diez títulos ganados. 

Pero todo eso ahora se ve afectado, porque el club se mudó de Cardales a Pilar. El bunker donde el plantel tramaba el plan para atacar ya no es el mismo. A pesar de haber superado la prueba ante Cruzeiro sin pisar la vieja morada, la confianza se ve invadida por una cuestión que antes era tomada como un rito. Así como cuando antes de cada partido de visitante en el Puente Labruna se organizaban las despedidas del plantel más emotivas, la estancia en Sofitel daba ese punto extra de calma donde los jugadores se aislaban de todo lo que pasaba en el exterior. 

A partir de esta nueva reforma, con una desconfianza que recorre nuestro interior estaremos frente a otra batalla la semana que viene, pensando nuevamente en que hay que pasar de ronda. Pero esta vez tenemos que patear el tablero. La camiseta que junta polvillo porque cada vez que te pusiste, River perdió y dejaste de usar, volvé a ponértela. Si venís aguantando la barba o el pelo desprolijo y no te animás a pasar por la peluquería, andá con tranquilidad. El gorrito piluso que no te animabas a lavar por si perdía la magia metelo en el lavarropas. Las pulseritas que cuelgan de un hilo arrancala de una vez por todas. Cambiá todas tus cábalas porque quién avala todo esto es Napoleón. Si quieren que se pongan el pantalón blanco, porque aquella persona que dijo alguna vez que la gente tenía que creer y no se equivocó fue uno de los primeros en pisar el Hilton de Pilar. Lo único no grites gol antes por favor.

Tw: @chacoferrero

 

Vamos por más

El millonario una vez más pudo superar la fase de grupos pero no nos conforma esta instancia, son 16 equipos, siete posibles rivales quieren bajar al campeón.

Se acerca otra instancia de eliminatorias en la Copa Libertadores y River pasó de ronda demostrando que es el campeón de América. Sufrimos las lesiones de quienes en la copa pasada fueron fundamentales, como Palacios, Casco y Quintero. Se sumó la de Suárez, un refuerzo que desde un comienzo demostró estar a la altura de lo que quiere Gallardo. La falta del Pity Martínez y de Maidana genera la nostalgia de extrañar a quienes dejaron todo por la camiseta.

Por suerte, tenemos a un Oso que contagia a los más displicentes. Eso se notó en el último partido, cuando a Carrascal se lo notaba un tanto nervioso y lento, Pratto bajaba hasta la mitad de cancha para barrerse y recuperar como un volante. También se hizo cargo del ataque y fue el máximo responsable de que River no perdiera el invicto en el Monumental. Además sigue estando el Pulpo en el arco, para cuidar los tres palos. Demostró estar listo para frenar un mano a mano.

Y hablando de mano a mano, se vienen los octavos. En 2014 y 2015, nos tocó el mismo rival de la última final. Finalizado el partido frente a Inter, al Muñeco le preguntaron por Boca. Sabio como de costumbre, demostró no importarle ese “morbo”, como él denominó. Pero claro, después de lo logrado el 9 de diciembre de 2018, nada más puede suceder. Puede eliminarnos cualquier equipo que nos crucemos ¿Que nos va a afectar? Habría que felicitar a quien elimina al campeón vigente, que le ganó la final más importante de la historia a su eterno rival, sin jugar en su cancha.

Pero todos sabemos que Gallardo va por más. Lo dijo en la celebración antes de Navidad, cuando se festejó la obtención de la Libertadores. El objetivo es otro, sea quien sea, el que se cruce en el camino se va a topar con un técnico que sigue con hambre. Y tiene razón, porque el Muñeco tiene muchas razones para levantar una más. A nivel club, ganar la quinta copa sería ubicar a River a un paso de lo más alto y tener la revancha para el Mundial de Clubes. A nivel personal, el de llegar a una final de Libertadores y poder disfrutarla de una final de Libertadores en el banco de suplentes, porque hasta ahora Biscay fue quien tuvo ese privilegio.

Ocho clubes, tres países. Brasil, Paraguay o Argentina. El rival saldrá de Palmeiras, Cruzeiro, Internacional, Flamengo, Cerro Porteño, Libertad, Olimpia o Boca. Todos tendrán un condimento especial y va a ser distinta a las dos Libertadores que ganamos en los últimos años. Primero vamos a jugar en casa, donde vamos a tener que hacernos fuertes para ir a definir de visitante.

Pero antes vendrá la Recopa Sudamericana, que será la primera prueba del año. Luego el receso por la Copa América. Vendrá el mercado de pases, donde los poderosos de Europa querrán llevarse a nuestras joyitas, habrá que esperar para ver qué tanto nos perjudican. Luego llegará la pretemporada. La memoria me trae la imagen de todos en Orlando, en el el complejo ESPN Wide World of Sports. Esta me trae un recuerdo hermoso, el de la unidad y el del grupo. El de la familia y que me llena de confianza. Que venga quien quiera, porque vamos a estar todos unidos una vez más.