«Su carácter, que lo tenía, lo transmitía futbolísticamente»

El Guatemalteco, que supo vestir La Banda, entre los años 93 y 94, habló sobre cómo era el Muñeco, y la visión que tenía de él.

Claudio Ariel Rojas, nacido en Guatemala, con 47 años de edad, fue el único centroamericano que se calzó el manto Millonario, jugando desde las inferiores, hasta que obtuvo su debut en primera durante el año 1993, fue campeón en el Apertura en ese año y también en el 94. El ex jugador de River, supo compartir equipo y habitación con el actual técnico de River, y sobre eso habló y dio su visión sobre el Muñeco.

En dialogo con Olé, declaró que: «Siempre concentrábamos juntos. ¡Y mirá lo que es ahora! Una persona importantísima para el club. Marcelo era pequeñito, tenía 14 y en la época de Alejandro Sabella, ya estaba en la Reserva. ¡También, con las condiciones que tenía él pedía cancha a lo loco! Y encima, los técnicos eran unos monstruos: Sabella era un fenómeno y después Passarella nos empezó a llevar a la Primera».

También habló sobre lo que era Gallardo en ese entonces y la visión a futuro: «Como persona, bárbaro. Éramos chicos, nos estábamos acoplando y tratábamos de divertirnos. Las concentraciones eran largas, quizás de más de un mes, y había que rebuscárselas. Por eso nos juntábamos y hacíamos relaciones con los de nuestra edad: estábamos él, Ortega, Almeyda, yo… ¡Era impresionante! Ya tenía carácter desde chiquito, no me sorprende lo que es hoy. Hizo un rejunte de todo lo que fue y hoy lo está reflejando».

Continuando con la charla, el Guatemalteco, dijo que el actual técnico de River: «Tenía personalidad. Pero, más que nada, lo demostraba en cómo se desenvolvía adentro de la cancha. Era el más pequeño del grupo. S. De palabra daba su pensamiento, pero antes era difícil meter bocado con los más grandes, no es como ahora. Había que tener personalidad y ser respetuoso con los mayores. Pero yo ya notaba desde chico que tenía huevos: agarraba la pelota, la pedía y hablaba. Nunca bajaba los brazos. Era un luchador».

Para cerrar, no pudo dejar pasar una anécdota que compartieron juntos: “Un día vino un dirigente y nos regaló una televisión y un equipo de música por el torneo que habíamos ganado. Y con Marcelo nos mirábamos y no entendíamos nada, decíamos ‘no puede ser’. Nos cargábamos entre nosotros. Y él, al ser el más pequeño de todos, no les hablaba tanto a los grandes pero, ojo, no les tenía miedo”.

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