Segundo capítulo

Acompañando una vez más en otra noche copera.

Les mentiría si contara que no sentí nada, porque los nervios me invadieron desde que me levanté, desayunaba pensando formaciones, imaginaba jugadas, quería ver la victoria una vez más, apareció el dolor de estómago, ese nudito que más de una vez hace que te cueste tragar hasta la comida que más te gusta porque sentís que tenés que estar concentrado para alentar más allá de que no vas a entrar a la cancha.

Es un día completamente distinto a otro, porque las cábalas se hacen presentes, estás tan pendiente que podés estar en el laburo,  escuela,  facultad, donde sea y no te sacás de la cabeza la cuenta regresiva faltan tantas horas para que llegue el partido, te llega info de la previa y se te estremece todo, la desesperación, ansiedad te carcome por dentro querés descargarte que llegue la hora aunque sepas que vas a estar más al borde del infarto.

Y llegó la hora, empieza el humo, las banderas y suena el ¡River mi buen amigo…! se te eriza la piel, enfrente está el rival de siempre, con los personajes chicaneros y su soberbia de siempre, ahí te acordás de Madrid pero querés ganar porque necesitamos defender nuestra casa, la camiseta y porque es contra ellos, eso no lo cambia nada ni nadie, la pasión no se negocia.

Estás en la cancha, en el bar, la tele de tu casa, lo de un amigo y ¡Penal Para River! Era clarísima la falta, el árbitro lo cobra y Borré frente a la pelota, mira hacia abajo, mientras en todo el mundo están los que rezan, imploran, apretan las manos, se ponen de espaldas, los ojos indirectamente pasan a estar sobre el colombiano, lo siente le corre el sudor por la cara y la presión lo explota hasta que patea y le abre el arco a Andrada. Gol, desahogo, grito atragantado desde hace justamente un mes en ese 0-0 que nos dolió de bronca.

Respiramos, les abrimos el arco, volvemos al lugar de siempre te sentás, apoyás sobre algo, volvés a dejar la pantalla del celular, se te va la señal porque justo estas volviendo en un bondi, pero seguís alentando como sea haciendo fuerza porque sabes en el peor de los casos un gol de ellos vale por 2 y se te complica la vuelta, le pedís a Armani que sea pulpo, medusa y blinde el arco que no entre una.

El equipo va y va, llega al travesaño, una contra, nos salvamos y seguimos dominando el partido, te comés las uñas, querés que los minutos pasen y llegar al entretiempo, donde sólo pensas algunas opciones, agarrar el celular ver las redes, tomar y comer algo, hablar con la persona mas cercana con la que no intercambiaste palabra porque entraste en modo máxima concentración, son 15 minutos y se te pasan volando.

Arranca el segundo tiempo, volvemos a la nuestra, todos a sus puestos, alentar otra vez y con más ganas ya falta menos osea ¿Menos? son los 45 minutos más largos de la historia donde pasás de todo, sufrís la única llegada del rival, el relator la agranda como si hubiese sido súper peligrosa, pero en realidad no es ni la décima parte, te calentás, puteás y alentás peor porque hasta el que transmite lo ves como enemigo.

Se vienen las nuestras, pega por todos lados hasta que Suárez se la pasa a Nacho y Andrada termina desparramado en el piso, así llegó el segundo, lo gritamos con todo, necesitábamos ese gol era vital, solo restaba seguir por más, sostener el arco en cero y guardar el mejor resultado para la vuelta. Últimos minutos lo echan a Capaldo, después que viste a varios más mandarse de todo y no cobraron, pedís por favor a los nuestros que no se calienten así no terminamos con 10.

Suena el silbato, terminó el partido, te abrazás, soltás, liberas tensión de golpe y disfrutas del momento aunque la sonrisa sea sabiendo que restan 90′ para cerrar la historia donde serán nuestros once solos contra todos una vez más.

Deja tu comentario