Una despedida que nunca imaginé

Esta noche se juega algo especial, algo que corre por dentro y que nunca se va a olvidar. Mucho más cuando sabés que algo se desprende de vos.

Una vez más recorremos el mismo camino, Copa Libertadores, Porto Alegre, Asunción. Dar un paso adelante sería volver a encontrarse con el rival que con mucho sacrificio se pudo vencer y alcanzar la gloria eterna. Un equipo sólido, maduro, con confianza, que intenta ser golpeado y que le embarran la cancha con los mismos artilugios sucios, como es de costumbre pero que en las prácticas se mantiene alegre y unido. 

La preocupación va más allá de los rumores que ventile el periodismo, ni de lo que pueda pasar en la cancha. Esta noche River pierde a una hincha que conocí en 2011 y estuvo en cada momento. “Me voy a estudiar a Barcelona”, dijo tras pasar de ronda contra Cruzeiro. Por un lado, la alegría por esa persona que domingo tras domingo, compartía en la Centenario baja sus sueños de viajar y conocer el mundo. Por el otro vienen los recuerdos de todos estos años en los que pasamos por las cosas más lindas de nuestras vidas. Y esta noche es el último partido de Copa Libertadores que vamos a compartir en grupo. 

Uno en la vida tiene padre, madre, hermanos, parientes, amigos, compañeros. A los amigos se los elige con los dedos de la mano. Pero nadie imagina el valor que tiene un amigo de cancha. Porque de los diez dedos que tenemos en la mano, reservar un lugar para esta clase de personas con las que compartís la pasión que corre por dentro tiene un gustito especial. 

Son incontables los partidos que vimos juntos, como también los goles que gritamos. Los partidos y los clásicos en los que nos fuimos amargados, por suerte, pudieron ser enterrados con la final de Madrid. Inolvidable, como también cuando lloramos juntos en el primer campeonato que festejamos en el Monumental después del ascenso, y que repetimos al poco tiempo en la Sudamericana. Todavía recuerdo tu cara de no poder creerlo, cuando llegó la primer Libertadores, allá por 2015, cuando parecía que eso era todo. Pero no, tuvimos algo más lindo, lástima que nos quitaron la posibilidad de vivirlo en el Monumental. 

Nos conocimos con un River destruido, jugando en donde nunca nadie imaginó que jugaría. Pasamos por la transición, mensajeándonos para mantenernos despiertos en las noches que nos quedábamos apretando F5 durante horas para conseguir una entrada. Nos despedimos con doce títulos. Una docena de “Dale campeón” que salió de nuestras gargantas, que lo sentimos con el corazón y que nunca vamos a olvidar. Fue un placer enorme compartir el mejor River de la historia con vos petisa. 

Ahora el destino te puso en el Viejo Continente y se que no vas a olvidarte de tu Millonario querido. La filial de Barcelona se lleva a alguien de gran valor. Su currículum lo dice, hincha del Más Grande, con miles de partidos encima y decenas de copas levantadas. Allá vas a estar cantando las canciones para alentar al campeón desde más de 10.000 kilómetros, sin importar el cambio horario. Acá se te va a extrañar.  

Espero que un Mundial de Clubes nos una en el destino que toque, para volver a las viejas costumbres en las que reservabas lugares para los que llegan tarde, compartías tus paquetes de chicles o gomitas y la infaltable selfie del entretiempo. Esta noche cueste lo que cueste, esta noche tenemos que ganar porque quiero despedirme de la mejor manera.  

Deja tu comentario