«Tomala vos dámela a mi el que no salta…»

River volvió a ganar, mejoró y los tres puntos se quedaron en casa.

Tras los empates sin sabor y la agónica victoria por penales en Brasil, regresaron los buenos tiempos a los que sí debemos acostumbrarnos. Ayer a la tarde todos creíamos que no había otra opción posible que no fuera la victoria frente a Lanús, era el debut en la Superliga en nuestra casa, la segunda fecha de un torneo que nos cuesta sumar y si no arrancamos de a 3 remontar después es una tarea demasiado complicada.

El arquero Rossi volvía a estar en el arco contrario, se palpitaba la previa del Superclásico y penal para River, Borré hizo el primero y respiramos, necesitábamos volver a confiar, que el Colombiano volviera al gol. Los avances de Carrascal, Montiel pasando al ataque con solvencia, el esfuerzo y sacrificio de Enzo Pérez y un equipo que no paraba de presionar, dejó en claro quien ponía las condiciones del duelo.

Suárez puso el segundo, el gusto dulce ya empezaba a saborearse a la vez que la fiesta en las tribunas no paraba, «el ya nos vamos a ver de nuevo», sí saber que en un par de fechas nos volvemos a encontrar con «ellos» y encima los podemos enfrentar en la Libertadores, enciende un comportamiento inevitable que se mueve por la pasión, el folclore.

Así con el marcador 2-0 arriba se llegó al entretiempo, con el análisis de que a prueba y error se lograba controlar a un rival, algo que en los últimos partidos se planteaba como una tarea difícil de resolver. Que se volvía al gol, ese grito atragantado salía de una vez por todas de nuestras gargantas ansiosas.

El complemento fue complejo, el arquero rival reaccionó y sacó varias que veíamos adentro, el penal previsible «canchereado» por el pique ejecutado por De La Cruz,  pero  pese a todo no pudo evitar el tercero de Suárez y ahí todo se desbordó, el pasado de Agustín Rossi lo condena, más allá de su presente en el equipo del sur y empezó a sonar el:»Dale Campeón, Dale Campeón» y el último hit que el tiempo dirá si se volverá épico: «Tomala vos, dámela a mi, el que no salta…» le puso el broche de oro a una goleada.

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