Brasil y las clasificaciones agónicas

Después de infartantes 90′ los penales escribieron el final de esta historia.

Jugar en el Estadio Mineirao, nos transportó en la máquina del tiempo a más de uno al 2015, a recordar al equipo de aquella hazaña, el cantito que se volvió emblema de aquella copa: «Copamos Belo Horizonte y Asunción…». Muchos recuerdos que traían buenos augurios que con el rodar de la pelota tras el pitazo de Tobar empezaron a estancarse aún más en el pasado.

Con 15 minutos de ilusión, dominio, la sorpresa de Carrascal como titular dejaba una imagen positiva, empezamos a creer que todas las que no entraban iban a ser gol en cualquier momento, el Oso, Nacho, Borré, alguno iba a embocar ese milagroso gol que valía por dos y nos clasificaba directo. Pero nada de esto pasó sufrimos mas de lo imaginado, el equipo intentaba, las cosas no salían y del banco no apareció tampoco el milagro, Armani atajó cuanta complicación se interpuso en su camino, estaba todo sentenciado para definir desde el punto penal.

Acá me quiero detener, la definición desde los 12 pasos donde la mezcla de sensaciones era extraña, la esperanza del éxito en las ejecuciones recientes por Copa Argentina en contraposición al recuerdo que hacían los comentaristas de la última tanda de penales en Copa Libertadores donde las cosas no habían terminado nada bien. A esto la imagen de la hinchada en Belo Horizonte, alentando sin parar creyendo en que nada podía salir mal.

«Creemos por que tenemos con qué», «River después de salir campeón a la próxima edición se vuelve en 8vos», dos postulados que también se enfrentaban y jugaban en el partido de nuestros pensamientos. Pero llegó el momento de la verdad, Armani hizo lo suyo, tapó dos penales, que significaron más allá de ser fundamentales para el triunfo un buen descargo para la crítica por sus acciones en la Selección Argentina. Montiel, fue la revelación pateando y Borré selló el pase.

La fiesta es el último párrafo, respiramos, estiramos los dedos de las manos estrujados implorando poder pasar de ronda, los jugadores se abrazan, cantan, Borré abraza a Gallardo, Enzo canta sin camiseta y aviva al pueblo millonario tras la épica. Todo suena muy romántico para concluir que Brasil es el lugar de las clasificaciones agónicas, el 3-0 del 2015 vs Cruzeiro, el 2018 2-1 frente a Gremio y ahora el reciente Mineirazo forma parte de este historial.

Pero toda esta alegría no debe tapar el presente, la falta de gol, los errores, porque hay que volver a ser fuertes en los 90′, en el Monumental y en la cancha que sea, donde sea para asegurar los triunfos sin la necesidad de sufrir o vivir al borde del precipicio a medio paso de caer. Ahora es el momento de resurgir.

 

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