Volverte a ver

River arranca otra ilusión, la Copa Argentina, el torneo más federal es otro de los tantos objetivos y hay que dar el primer paso.

Esta historia comienza a escribirse hoy, arrancamos con el televisor prendido en Tyc Sports, las tribunas del Estadio Padre Martearena de Salta están repletas de hinchas, como en todos los lugares por donde pasa El Más Grande en esta gira que hace por todo el país en este torneo.

Terminó el precalentamiento y la primera sorpresa, caminando hacia el vestuario hablan Zuculini y Angileri comienza a toser, al mismo tiempo avisan desde la transmisión que el ex Godoy Cruz no va a jugar y en su reemplazo ingresa Mayada. Cambio repentino que sacude un poco la cabeza del hincha, si bien se confía en el uruguayo, los cambios de último momento suelen romper un poco los planes.

Con Mayada en la formación titular, suena el silbato de Mastrángelo y empieza el partido, los primeros 45’ donde el conjunto de Marcelo Gallardo enfrenta a Argentino de Merlo, equipo de la Primera D, puntero específicamente de esta categoría.

Los minutos corren, el rival intenta imponer condiciones, llega sin generar demasiado peligro y River está apático, parece desganado, los jugadores en la cancha por momentos trotan, Nacho Fernández y De La Cruz no se asocian bien, Enzo Pérez y Zuculini se chocan un poco, mientras que tomar la conducción se vuelve una tarea complicada. De este lado empieza la exigencia, que aparezcan, literalmente pedíamos arrancar el juego.

Remate de Martínez Quarta a media distancia, intentos de Suárez, Nacho Fernández va al arco pero con zapatazos débiles, De La Cruz no encuentra puntería en la pelota detenida, Pratto la pierde fácil arriba, remata sin contundencia. El conjunto de Marcelo Gallardo llega pero no define.

Ante ese escenario, Marcelo Gallardo está en silencio, prácticamente sentado constantemente da una que otra indicación, pero sin la euforia de siempre. Los rostros de los jugadores y los gestos no son los que nos tienen acostumbrados, perder una pelota, dejar pasar rivales y no dar señales de reacción, además cometer faltas “infantiles”, tocar la pelota con la mano, marcar fuerte a los rivales con patadas innecesarias.

Mientras tanto, los que miramos el partido empezamos con los interrogantes: ¿Qué les pasa? ¿Por qué no juegan? La exigencia toma lugar, los insultos, las expresiones de todo tipo para descargar la bronca que nos generaba ese desgano, ese clima tan incómodo, porque sin desmerecer al Rival, River no estaba haciendo nada absolutamente, eran momentos que ni siquiera eran destellos de lo que estamos acostumbrados a ver.

Así entre errores y desgano, el conjunto de Merlo vivía su momento histórico de medirse frente al Campeón de América y la hinchada millonaria presente en el Estadio, lentamente empezó a demostrar el descontento, no estaban haciendo las cosas bien en la cancha. De esta forma terminó la primera parte.

Un entretiempo raro, 15 minutos donde es inexplicable pensar en el bajo rendimiento, había que despertarse, pensar en cambios que activaran al “gigante dormido”, todo era apático y no se presentaba otra opción que no se tratara de reinventarse, encontrando las ganas, el deseo de querer saborear una victoria, más allá de las diferencias que se marcaran con el Rival, no podemos perder nuestra escencia, la exigencia en todos los partidos.

Arrancan los segundos 45’, con el pedido extremo de que jueguen, demuestren todo como lo hacen en cualquier duelo. Pero en los primeros minutos se sufrió un avance y nada cambia, sigue el desgano, el 0-0 en el marcador y los comentaristas, golpeando el orgullo con sus dichos a nuestro equipo. Claramente de este lado nadie soportaba la situación, era un calvario de odio, dolían los ojos, sangraba la mirada.

Bastaron 11 minutos para que llegue el primer cambio, salió Zuculini y entró Exequiel Palacios, junto con él varios deben haber dicho: “Hace tanto que no juega, después de la lesión le va a costar volver”, mientras otros entre los que me incluyo confiamos en que el Tucu iba a ir por todo, era una carta interesante para cambiar esta historia y que empiece el juego.

Exequiel entró, empezó a mover el juego, de a poco empezó la asociación y  a tener más la pelota, varios engranajes empezaron a fusionarse y se controlaba el partido, pero faltaba ajustar en definición, 17’ entra Rafael Santos Borré por Lucas Pratto, el Oso no tuvo el mejor de sus encuentros y el Colombiano iba por cortar la sequía en el arco.

24’ el fin del abismo, jugada colectiva, Palacios- Suárez- Borré y gol en un ángulo increíble, a lo River, con calidad, volvía el juego, terminábamos con 65 minutos de desazón, gesto de sacarse la mufa, abrazó y un grito de gol que salía de las entrañas no con el sabor de: ¡Al fin hicieron lo que tenían que hacer! Puño arriba del Muñeco y pulgar arriba de todos los hinchas.

Con el marcador en ventaja, se impusieron las condiciones como debería haber sido desde el arranque, funcionó el equipo, activaron los cambios. 33’con los once jugando como corresponde, jugada asociada de  Nacho Fernández, pasé a Borré y destino a Suárez que metió el segundo, intensidad, profundidad para el marcador 2-0.

Ir por más siempre es la clave, imponerse, seguir y el tercer cambio fue la salida de Ignacio Fernández por Julián Álvarez, otro aire fresco, donde ya respirábamos con normalidad, alejados de la ira porque veíamos lo que esperábamos del partido.

Argentino De Merlo no se rendía, seguía jugando pese a estar en desventaja en el marcador, se llegó a los 90 y se adicionaron 2 minutos más, donde se terminó la benevolencia, no se perdonó más y se vino en el último minuto, el toque de Borré para que Suárez esquive al arquero y quedara sellado el 3-0 final.

Así terminó el duelo cargado de emociones encontradas, pasó de la ira al amor, del reclamo de exigir ganas al elogio a Rafael Santos Borré que cortó con su sequía personal, a los aplausos para Exequiel Palacios que no se notó en absoluto la falta de minutos, marcó la diferencia, fue dinámico, rápido, ágil y Suárez se desquitó con un doblete todas las que no entraron. Ahora volverte a ver es todo lo que quiero hacer millonario.

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