Creo en los milagros

Miércoles de noche copera, jugamos en Brasil, se repite Porto Alegre, teníamos un mix de titulares y suplentes, pero: ¿Qué nos saca la ilusión cuando tenemos memoria?

Con el recuerdo presente de la remontada frente a Gremio, llegaron las 19:15, ambos equipos en cancha, el corazón dolía un poco D’Alessandro estaba en contra y todos conocemos su categoría de jugador, es extraordinario.

El muñeco estaba en el banco, Lux en el arco, el ojo punitivo porque la memoria no es selectiva y como recordamos las hazañas de “Mandrake” no nos olvidamos del trabajo del arquero suplente, tiene un historial complicado, pero no quedaba otra que ver que hacía.

Suena el silbato de Esteban Ostojich y arranca el partido, corren los primeros minutos y River estaba disperso, sin fuerza, sin ideas, llegan los 10’ y empieza el primer golpe llegan ellos, no fue gol de milagro. Nuestra defensa sólo contaba con Javier Pinola, lastimosamente el resto parecía estar perdido en un sueño.

Un minuto después, Nacho Fernández remató pero no pasó más que del intento de pararse de la silla y volverse a sentar, sin festejar, mientras que a Borré no le llegaba ni una pelota, Enzo Pérez, Zuculini intentaban hacer lo suyo, Pratto luchaba pero estaba todo diezmado era una catástrofe. Inconexo, congelado y sin ideas.

La agonía se venía venir, ellos tenían todos los espacios disponibles, Montiel y Martínez Quarta estaban lejos de su mejor nivel y a los 18’ volvió “la boba” exquisita jugada pero no para que la tenga el rival, Angileri parece no conocer el juego del Cabezón, falló y Nicolás López de carambola convirtió al arco de Lux, algo que era probable, el arquero no da garantías, no es Armani y encima con una defensa endeble.

Sacar del medio y volver a empezar, con una puñalada si herida que sangraba pero era sólo un gol, se necesitaba una reacción rápida, que el equipo resurgiera, dolía pero era más lastimoso ver los errores y el Muñeco en el banco dando órdenes que parecían los jugadores no entender, empezaron a imponerse en la cancha sólo con faltas y recibiendo tarjetas.

Llegaron los 30’ defensa dormida y Lux estático, falto de reflejos, la vió pasar, todos de este lado creímos que podía haberla atajado, algo podría haber hecho, pero Edenilson puso el 2 a 0 y con el contexto de equipo, todo parecía tratarse de la “crónica de una muerte anunciada”, anunciada por los errores y por lo ya conocido.

Con el marcador abajo, River debía empezar a descontar, el Muñeco se sentó en el banco estaba totalmente encolerizado, mirada lacia al campo de juego y el equipo intentaba llegar pero no pisaba el área del rival, 36’ Zuculini pisa el área rival generaba cierto peligro, lo bajan de atrás literal y cae, todos gritamos desde donde veíamos el partido, ¡Penal!, pero el árbitro uruguayo dijo “saque de arco”, indignación, insultos, bronca otra vez no lo cobran, es clara falta.

Llámese conciencia sucia, o como se quiera decir a los 39’ el referí quiso “remediar el error” y cobró tiro libre, todos sabemos que un tiro libre no es un penal de ninguna forma la posibilidad de meter el gol es menor y el pibe Ferreira que venía sin aparecer en el partido, se hizo cargo de esa pelota que literalmente quemaba más que los 35° de temperatura que habían hecho en Porto Alegre y pesaba  aún más que la humedad del clima.

El pibe pateó y mano en el área, ahora sí ¡Penal!, todo fue alegría la chance de descontar, pero ¿Quién se hacía cargo de la ejeución?, de este lado todos pensamos Pratto, porque Santos Borré no está en su mejor momento y al final el Oso pateó a los 41’ convirtió y se llevó la pelota a seguir no hubo festejo un simple gesto a los hinchas. Mientras en el banco, Gallardo se paró y las  manos en los bolsillos se convirtieron en un puñetazo al aire que expulsaba un poco de bronca acumulada, aliviaba el dolor pero no terminaba, era un efecto de anestecia.

Marcador 2 a 1 y el rival seguía llegando, lastimaba con facilidad, las pelotas paradas eran de momentos de máxima tensión, los cruces bruscos hacían temer que se terminara el tiempo con 10 jugadores y un arbitraje que cometía demasiados errores que dejaban el panorama aún más incierto.

Tras sobrevivir a un primer tiempo agitado, nadie pensó en comer algo ni siquiera tomar porque el cálculo era evaluar los cambios, Martínez Quarta estaba al borde de la expulsión, Angileri no entraba en partido y Montiel no estaba en su nivel, el paso por la selección lo hizo de nuevo lamentablemente parece ser un karma.

Pasan los 15’ de imaginar jugadas, crear en el teléfono tweets o escribir en papel a mano y discutir con amigos, familiares con los que se mira el partido sobre  los cambios y del esquema. Se venían los segundos 45’ donde se conocería la verdad.

Segundo tiempo y cambios en River, sí se ejecutaron mucho más rápido que de costumbre las modificaciones, sale Martínez Quarta y sí era irreversible no estaba en su mejor momento, encima amonestado ingresa Mayada y Ferreira tampoco pudo explotar por lo que fue reemplazado por De La Cruz, cambio que alarmó, la probabilidad de que  con su ingreso mejorara era baja en el prejuicio.

Empezó a aparecer el juego, Inter bajaba la intensidad los cambios daban efecto, Montiel ya estaba de central un poco mejor y  Mayada cumpliendo con su trabajo, empezaba el leve control ya no pasaban tan fácil, pero el tiempo pasaba, iban 13’ y se viene el tercer cambio, se pedía jugar con todo, era apostar y Borré salió para que entre Matías Suárez.

En la lucha el equipo de Gallardo crecía, en medio de pruebas y error, la ilusión de este lado no bajaba, se probaba al arco y todos queríamos gritar el gol, se palpitaba el empate, estaba a tan sólo un gol de distancia. 15’ falta a Matías Suárez, tiro libre para River, Nacho Fernández y Nicolás De La Cruz se disputaban quien pateaba, el deseo era que sea Fernández por el último duelo donde hizo un golazo frente a Talleres, pero fue De La Cruz, ni el más optimista pensó que esa pelota la clavaba en el ángulo del arco de Marcelo Lomba.

2-2 en el marcador, Gallardo festeja una vez más se hace gigante en Brasil, y siguen los intentos tras los abrazos, respiraron, respiramos, necesitábamos los tres puntos, pero revertir un 2-0 en Brasil nunca es tarea sencilla. Pasaban los minutos, exactamente 20’ indicaba el tiempo y llegó el cambio en el rival que también nos tocó a los hinchas de River, sale D’Alessandro, sí uno de los mejores de ellos, surgido de nuestra cantera se iba del Beirá Rio con el aplauso de ambas parcialidades, como corresponde, un gesto a destacar y demostrar que podemos ser rivales priorizando a las personas detrás de las camisetas.

El partido seguía, se peleaba cada pelota, era intenso nadie quería perder, River se envalentonó mientras el rival quería como sea ganar en su casa, los golpes, patadas, reclamos se volvían finísimos, tanto en las llegadas del Inter como en cada falta, se nos entrecortaba la respiración, no estábamos finos y un mínimo error era fatal.

Faltaban 13 minutos para el final y Enzo Pérez sufre un golpe en la cabeza, queda tendido en el suelo, el referí lo toca, no reaccionaba, de este lado se sufrió, no era hacer tiempo, paralizó a todos en ese momento la mirada estaba en el reloj y en la reacción del jugador, que minutos después se levantó. Sólo fue un mal trance en una pesadilla que terminaba en un pasajero sueño.

Llegaba el momento final 90’+4, empezaron los deseos mezclados de controlar el resultado, salir a ganarlo, cuidar de no perderlo en la última. Partido intenso hasta el instante donde el árbitro dio el pitazo final, el que puso punto final a este duelo, una remontada más en Porto Alegre, donde creímos una vez en los milagros, confiamos en Marcelo Gallardo y  lo hicimos una vez más, un punto que vale oro.

Tw:@PerlaAntonela96

Deja tu comentario