Clasificados

Sábado a la noche y River, nunca existe mejor plan que una noche viendo al Campeón de América, no importan rivales ni competencias, el sentimiento siempre es el mismo.

Frente a la TV una vez más viendo fuegos artificiales y pura fiesta en el Estadio Mario Alberto Kempes, daba la impresión de que se jugaba una final con ambos públicos, todo el color, pero no era el caso, es la anteúltima fecha de la Superliga.

Entran los equipos y empezó el homenaje a los héroes de Malvinas, el rostro de Ponzio mientras interpretaban la marcha de San Lorenzo expresaba todo el respeto y el recuerdo eterno a los jóvenes que en 1982 fueron a aquella guerra.

Tras el recuerdo, suena el silbato de Silvio Trucco y empieza la acción, tan sólo bastaron 5 minutos para que nos paráramos de la silla, Borré frente al arco mano a mano con el arquero y afuera, la alegría duró poco terminamos lamentando, brazos en la cabeza y se va la primera del partido. Increíble pero real, se le cerró el arco al colombiano, duele, nos duele, le duele.

Volvemos a la silla y que siga la acción, poco a poco River empieza a adueñarse del partido, Enzo Pérez se enchufó, Nacho Fernández pintaba lindo juego y Pratto atento, algo bueno se tenía que venir de esto y: “Pase de Enzo, Pratto le gana la espalda al central, define y manda la pelota por encima del arco”, emoción otra vez, desesperación, grito atragantado, se iba la segunda chance.

Dos chances desperdiciadas, el equipo venía jugando bien y yo empezé a hacer golpecitos en la mesa con los dedos para descargar la tensión, ya me imaginaba que se venía una respuesta a los avances sin resolución, cuentas y más cuentas, se necesitaban esos tres puntos para asegurar el 4to lugar y la clasificación a la plaza para la Copa Libertadores 2020. Sí somos insaciables, tan sólo se jugaron dos duelos de esta edición y pensamos en la próxima, estamos acostumbrados a exigir.

Avance de Talleres 12 minutos, Mayada intenta parar al rival, le pasa la pelota a Armani, la rebota al vacío la toma un rival y con nuestro arquero adelantado patea a un arco vacío, la erra. Llegó la réplica, era de esperarse un mínimo error, lo aprovecharían. Cuando nos intentamos reponer de ese contragolpe, estirarnos un poco para relajar, otra llegada en offside del rival que tapa Armani. ¿Empezó el bombardeo?

River volvió a tomar la iniciativa, atacaba, intentaba pero entre falta de precisión y offside la pelota no entraba, empezaba a molestar un poco la situación, la dicotomía entre mirar el marcador y el tiempo de juego comenzaba. Saca Armani, la toma Borré, el taco (esta vez el taco sí), pase para Pratto y el ruego de todos los que estábamos de este lado de la pantalla de que sea gol, seguido del pase para Nacho Fernández y Gol, desahogo.

Festejo de Nacho con brazos cruzados, complicidad con el Oso, forma digna de agradecer el pase. De este lado el sueño latente de sumar los tres puntos necesarios para el objetivo, no había que dormirse, le pedíamos al equipo que siga, el rival intentaba y llegan los 33’, Díaz lo baja a Nacho Fernández, amarilla para el rival, pasan la repetición del golpe y se escucha a la hinchada gritar gooool, el relator dice gol de River, nadie lo vio en el momento, quizá a más de uno no nos salió ni gritarlo, segundos después mostraron como habilitado por el árbirtro cuando propios y ajenos estaban distraídos, Nacho marcó el segundo con una comba memorable, diríamos digna de Juanfer Quintero.

Armani tapaba y se mantenía la ventaja, la defensa estaba ordenada para la réplica, respondía en las pelotas detenidas, lindo párrafo para Robert Rojas que ganaba por lo alto. Complicaban las tarjetas, con el partido en ventaja algunos toques de más hacían peligrar terminar los primeros 45’ con 10, pero se pudo llegar con los once pese a todo y con el marcador 2 a 0 para terminar este primer tiempo.

Entretiempo de reflexión, el primer gol con una linda asociación colectiva, el lindo juego de Enzo Pérez y Nacho Fernández encendido, tras varios partidos donde se le pedía más reaccionó con todo en la noche cordobesa. Pensar en cambios sí, quizá pero no era de urgencia, equipo que gana no se toca.

Arrancan los segundos 45’ de esta historia, vuelven los mismos 11, pero el rival empezó a agrandarse un poco, River con el marcador a favor intentaba pero Talleres llegaba, insistía, buscaba su chance del descuento, empezaba a inquietar un poco, pero llegaban intentos con Nacho Fernández y Borré, la cosa no estaba tan cuesta arriba en el juego, creo que a todos nos parecía que se venía el momento del cambio.

Y se vino la modificación, el Muñeco tuvo que hacer un cambio obligado, no sólo de jugador sino también de sistema, mover las piezas, porque iban 8 minutos y Nicolás De La Cruz, que estaba aportando poco, terminó partiendo expulsado por un polémico golpe a un rival. Salió Borré, entró Zuculini, quedando Pratto como único punta y cambio de lugar para Nacho Fernández que se lo veía tan cómodo.

Tras el cambio, estábamos con 10, el equipo se replegó, los cordobeses se agrandaron y aprovecharon su momento del partido, conseguían pelotas detenidas, llegaban, la defensa los paraba, Armani tenía que estar más atento que nunca, un descuento por parte de ellos iba a complicar lo hecho en el primer tiempo.

Cuando parecía que todo empezaba a calmarse, cambio en River, se retira Lucas Pratto, el Oso tenía un buen partido, lo lamentábamos, ingresó Matías Suárez, abucheado por la hinchada de Talleres se metió en partido, mientras que Enzo Pérez, mostraba signos de dolor, encendía las alarmas y de este lado, el interrogante ¿Qué nos pasa cuando un jugador se destaca lo perdemos siempre?, bronca total, mientras se rogaba que no fuera grave.

Pasan los minutos, con el partido ida y vuelta, sale Enzo Pérez, ingresa Cristian Ferreira, respiramos por Enzo y confiamos en la pegada del juvenil, quizá podíamos estirar la ventaja con alguna pelota detenida. Pero estos minutos fueron la calma que antecedió al posible huracán, Armani tapó, pero se tomó la pierna, Gallardo en el banco tiró un par de insultos, los médicos de River alerta y los que mirábamos el partido pensábamos que sea muscular, porque tenemos que jugar por Copa el Miércoles, por esos instantes, este duelo salió del primer plano.

Quedaban pocos minutos, se cometían faltas pelotas detenidas, que por suerte se iban afuera, ninguno queríamos exigir a Armani que no se animaba ni a ejecutar el saque de arco, nos dolía a todos, mirábamos el reloj, queríamos terminar esta historia. 90+3 y las ganas de que todo termine hacían que el tiempo se volviera eterno, pero se llegó al punto final.

La camiseta alternativa sigue invicta, los prejuicios sobre ella afuera, Enzo, Nacho y Pratto mostraron lo mejor, terminamos clasificados (léase clasifica-dos, acentúe el dos), el doblete selló la noche y ahora sólo resta esperar al próximo partido.

 

 

 

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