Gloriosa lluvia

Un domingo más frente a la pantalla, 21:30 en punto sale el equipo a la cancha, lluvia en Tucumán, me detengo en lo último y resalto, Lluvia, se jugaba la chance de quedarnos con el cuarto lugar y meternos en zona de copa, las tribunas del rival estallaban festejando, ponían en la pantalla del José Fierro que ocupaban un lugar en el ranking FIFA.

Nosotros, somos el Campeón de América, primeros en el ranking donde ellos ostentaban  tan sólo ocupar un lugar, en el banco tenemos al Mejor DT del Mundo y repito lluvia, nos era imposible  en ese contexto no recordar los gloriosos momentos de este River acompañados por la bendita agua caída desde el cielo:  la final contra Tigres del 2015, la semifinal contra Gremio en Porto Alegre y los recientes festejos del 9 de diciembre donde los que no tuvimos la suerte de ir a Madrid lo vivimos acá festejando bajo el agua que dejo también ver un arcoíris.

Vamos a la acción, suena el silbato de Abal y arrancó el partido, formación rara con 3 delanteros, Scocco titular, pasan los minutos y River pone autoridad, juego, presiona tiene la pelota. Enzo Pérez y Zuculini llevaban el medio muy bien, llegábamos al arco de ellos y nos agarrábamos la cabeza, se iba afuera, la atajaba fácil el arquero y el rival empezaba a perderse.

Pelotazo va y viene, partido entretenido de este lado y la bronca de que no entrara el gol porque estaba más que merecido, los ojos de todos estaban encima de Suárez, Pratto y Scocco, se esperaba todo de parte de ellos, pero empezó el show, los jugadores del rival con tan sólo que se acercara uno de los nuestros se desplomaban y el árbitro compraba todo, si compró esas actuaciones dignas de película, ahí empezaron los insultos, empezamos a recordar que Diego Abal tiene familia.

Y llegó la gota que derramó el vaso, Avero no podía con Scocco lo agarró de la camiseta en el área, el número se estiraba igual que cuando estirábamos un chicle, sí así de exagerado, acá y en cualquier país del mundo, todos gritamos ¡Penal! Claramente lo era, pero en el mundo de las ideas de este árbitro significó un “siga, siga”. En llamas, bronca, odio era totalmente injusto.

A Pinola le había pegado en el hombro, eso no era penal, pero reclamaron, contener la presión de este lado era imposible necesitábamos parar semejante injusticia, con el bendito y sagrado gol. Jugada en el área, Pratto, Scocco, pases en el medio, la encuentra Ferreira, nadie lo marca, 19:30 en el marcador, gol. Si ponemos todos una cuota de sinceridad, gritamos ese gol con mezcla de alegría y bronca, internamente presentimos justicia.

Ferreira está encendido, nos salvó en Perú en la última y ahora lo hace de nuevo, 19 años para el cordobés surgido de la cantera, otra de las joyas Made In River muestra de que está hecho, festeja formando un círculo con los brazos en alto, aún no sabemos que significa pero el choque de manos con su coterráneo Suárez es de complicidad absoluta.

Respiramos, siguió el juego metían todos y no paraban, control total, Martínez Quarta podía mandarse alguna pero siempre estaba Pinola para salvarla. Todo iba bien, disfrutábamos de ver jugar mientras, nos ardía un poco la oreja de escuchar al Bambino Pons cambiar los nombres de los jugadores o inventarles apodos, así llegamos al entretiempo.

Un entretiempo raro, mezcla de sentimientos, “equipo que gana no se toca”  pensé y creo que quienes lean esto les pasó lo mismo a la vez que deseábamos unos minutos de Juanfer Quintero, esta vez al menos yo no sentí esa necesidad imperiosa de pedir que el Muñeco metiera el cambio.

Pasaron los 15’ y volvimos al juego, arrancó el segundo tiempo las cosas ya no eran tan perfectas, aparecieron los errores, ya no había precisión y poco a poco el dominio se iba repartiendo, se volvía un duelo mucho más peleado, nada para desesperarse, pero las imprecisiones ya empezaban a surgir.

Cambio en River, ingresa Juan Fernando Quintero por Ignacio Scocco, todos queríamos ver a Juanfer, pero Scocco venía bien con su función de delantero/ volante con recuperación, se entendía con Pratto y Suárez. Pero también se prendió la lamparita de lo que podrían llegar a hacer con Ferreira compartiendo cancha.

El sistema caía, el rival tenía dominio, llegaba y Armani empezó a tener un poco de trabajo, se vino la segunda modificación, se va Ferreira, ingresó Nacho Fernández, todo indicaba que el Muñe ya estaba con un ojo puesto en el duelo con Palestino y que ya empezaba a reservar y dar descanso, cambiar para sostener.

Enzo Pérez y Zuculini eran un buen complemento uno para el otro, pero se vino el cambio con Ponzio, el capitán quizá no es el mejor compañero de zaga con Zucu, pero no podíamos perder la calma por eso, necesitábamos que el plan saliera a la perfección.

Los cambios no surgieron efecto, no mejoraron en absoluto, Quintero no pudo explotar no encontró la pelota, sólo nos regaló momentos cuando queríamos que fuera otra vez inolvidable, Zuculini pegó por demás sin necesidad, Martínez Quarta se distrajo y con clase sin perder la elegancia Pinola sacó una pelota complicada, de taco, si de esa forma.

Un gol en posición adelantada del rival no pudo cambiar la historia, siguió el show, caídas de novela, reclamos de manos inexistentes y un Armani que  volvió protagonista en los últimos minutos, se llevó una amarilla evitable no había necesidad, luego sufrió un golpe que nos paralizó bastante no sólo porque quedaba poco para el final, sino por lo que se viene, pero se levantó y siguió ahí volvimos a respirar.

Era el alargue, sólo restaban 5 minutos, el árbitro apuraba las jugadas, no dejó hacer el córner tampoco el tiro libre, la hinchada insultaba, quizá eso era lo único que les restaba hacer, la gloriosa lluvia lo logró de nuevo, los tres puntos y el cuarto lugar para la clasificación.

Tw:@PerlaAntonela96

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