En el último suspiro

Empieza el ritual, vuelven las cábalas, televisor en Fox Sports y arrancan los primeros 90 minutos del sueño continental.

Soltar, lo primero que intenté hacer y creo que todos los hinchas tratamos, ver el once inicial, Biscay en el banco, los recuerdos del 9 de diciembre en el Bernabeú se encienden en un carnaval interminable.

Nada es lo que era, suena el silbato de Wilmar Roldán y el equipo empieza a jugar, unos primeros minutos de dominio, Pratto y Enzo Pérez, eran el motor del equipo, salían jugadas colectivas, llegadas al arco de Gallese, que morían en tristes desenlaces sin contundencia, la pelota iba sin fuerza, la atajaba sin problemas.

La pelota caprichosa no entraba, la preocupación ya empezaba a presentarse, la clásica ley no escrita pero real se avecinaba “gol que no hacés te lo hacen” y en un momento no tan complicado, un lateral y distracción de Martínez Quarta se volvieron un cross a la mandíbula de todos, el rival abría el marcador.

Inesperado todo el panorama dentro y fuera de la cancha, pero había que confiar, este equipo siempre resurgió, pensamos: “dimos vuelta series en Brasil”, “hicimos remontadas épicas”, “es 1 a 0 lo vamos a dar vuelta”, pero los puntos altos no estaban en su nivel, Borré sigue errático, Nacho Fernández intermitente y Ponzio que no era el león de siempre.

Párrafo aparte para Juanfer Quintero, no te podíamos pedir tu mejor pegada ni que fueras el genio frotando la lámpara, conocemos tu historia, comprendemos el dolor, muchos hinchas sabemos lo que son las pérdidas y ese es otro partido que poco a poco nuestro “panita” irá ganando fuera del verde césped.

Así se llegó al entretiempo, con el sabor agridulce, apretar los dientes, tomarse algo, lamentar las llegadas que no fueron, aguantar a los relatores exagerarlo todo y confiar en que se podía cambiar esta historia.

Ya es el complemento, la hora de ir por todo, cada punto en la Copa Libertadores es vital para clasificarse a los octavos de final, no se pueden dejar pasar. La cara de Biscay no es la misma y Gallardo se asoma desde el palco viéndolo todo pudiendo hacer absolutamente nada.

Pasaron pocos minutos, se viene el cambio “Se retira Lucas Pratto, ingresa Matías Suarez”, el interrogante ¿Pratto se va, si Borré estaba en un bajo nivel?, efectivamente salió el Oso y con él se fueron una de las esperanzas de llegar al empate, aunque la cuota de fe sobre Suárez siempre está.

Ingresó Suárez y al minuto, no llegamos a lamentar la salida de Pratto que salió Quintero, sí el 10 tenía que salir no estaba en su mejor momento, aunque la pegada de la zurda mágica era el recurso que pensábamos usar donde se diera la oportunidad. ¿Duele o molesta? Esa es la cuestión al ir con el marcador 1 a 0 abajo, con las uñas ya partidas y con los minutos que pasaban.

Y cuando las cosas no cambiaban para nada, ingresó Nicolás de La Cruz por Leonardo Ponzio, no estaba en su mejor versión el Capitán, pero confiar en De La Cruz para revertir el asunto creo que ni el más optimista de los hinchas lo vio como el candidato para ponerse ese desafío, seamos sinceros y realistas.

Pasaban los minutos, la pelota se va afuera era lateral para los peruanos, Ignacio Fernández corre con los brazos hacia abajo, demostrando un gesto de frustración. Sinceramente, esa imagen me encolerizó mucho más que el marcador, somos el último campeón, nunca reaccionamos así, no me contuve empecé a alentar a los gritos, más allá de que sabía que en Perú no se iban a escuchar, ni siquiera un susurro de cualquiera de las cosas que dijera. Pero los vecinos seguro me agradecieron y recordaron a cada uno de los integrantes de mi familia.

Llegó el momento clásico, eran los últimos minutos de partido, Alianza Lima, puso en práctica la película que ya conocemos todos, hacer tiempo, se caían con mínimos roces cualquiera de sus jugadores, mientras los cambios en nuestro equipo no daban efecto, ellos ponían en práctica el plan tan similar al de Gremio.

Montiel, fue al frente se quejó “están haciendo tiempo”, con reclamos no se gana pero nadie saca lo dicho. Así con bronca, con una hinchada rival que no paraba de insultar a los jugadores del banco de suplentes nuestro, claramente ellos bajan en el área la pelota con la mano, como resultado: Penal para River.

Festejamos ¿Quién patea? Todos decíamos el candidato es… Suárez, pero no fue Borré, pateó falló, la agarro Gallese sin problemas, la cosa se complicaba y la mirada punitiva sobre el colombiano era clara, “tuviste el empate y no metiste el penal”.

Bronca, intentos, se llegan a los 90 y 5 de alargue, aburre, cansa, agota el equipo que quiere aguantar, es ordinario es más hasta es el peor recurso, los campeones salen a jugar y los cobardes justamente hacen tiempo. El actor principal de esta novela, quien fue Pedro Gallese, Enzo Pérez con bronca insultó, como lo hicimos todos nosotros de este lado ¿Estuvo mal? Quienes somos nosotros para juzgarlo, ¿Acaso remarcar algo en tiempo y forma está de más?, ¿Quién no reclama cuando se hace trampa hasta en el equipo del barrio? Imagínense jugando en una Copa Libertadores.

Polémicas y llega el minuto final, tiro libre para River, va Ferreira (en el medio el secreto de Enzo) y en lo personal les dije a todos los que estaban mirando conmigo el partido: “lo mete, Ferreira hace goles de tiro libre”, me respondieron “es un pibe, la pelota quema y no le da”, creo que entre los hinchas circularon las dos versiones y por suerte ganó la que tenía que ganar, el gol.

“En el último suspiro”, así fue este partido, con un gol de último minuto que le dolió al rival, el rostro del DT Russo y el de toda su hinchada, reflejó ese dolor. Mientras que River, con Biscay en el banco se llevó el punto, con la suerte/ el parche de campeón.

Tw:@PerlaAntonela96

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