Al ritmo del cuartetazo

Sábado a la noche, no había otro plan mejor que sentarse a ver a River con unas porciones de pizza de compañía,  que todo fluya nada influya, me quedo con las dos últimas palabras “nada influya”, pensar en que esa camiseta tan criticada por su diseño no fuera “mufa” y que esos colores típicos del rival no jugaran en contra al llevarlos nosotros.

Entran los jugadores, afuera los prejuicios que empiece el juego, no alcancé al primer bocado que ya grité el tempranero gol de Martínez Quarta, nadie lo marcaba saltó por encima y gol, puso el uno a cero y arrancó la calculadora mental de todos los hinchas pensando: “Si ganamos nos metemos en el cuarto lugar queremos zona de copa, no se nos puede escapar”, pero el historial repetitivo de los comentaristas recordando que desde 2014 con aquel gol de Carlos Carbonero, no le ganábamos a Newells, generaba cierta molestia, era ese mosquito que te zumba en el oído y lo querés aplastar de un aplauso.

Los minutos pasaban, el partido iba y venía un once que era mix de titulares y suplentes con aciertos y errores venía aprobando, aunque siendo sinceros todos extrañábamos al habitual equipo y en ese ida y vuelta,  de repente: “centro de Mayada y cabezazo de Suárez”, ya íbamos 2 a 0, el objetivo de los tres puntos y la clasificación a la zona deseada ya se iba haciendo realidad, la ilusión aumentaba estábamos escribiendo una linda historia, pero nos lastimamos el dedo con la hoja al darla vuelta, nos hicimos un fino corte que nos ardió, sí lastimosamente llegó el descuento del rival y el 2 a 1, aparecieron los puntos suspensivos.

Dejé la pizza y me mordí las uñas, como todos los hinchas expectante pensando si nos meten otro lo empatan a la vez que cruzaba los dedos para que ese fatídico pensamiento no se reflejara en el marcador. Pero llegó la pelota detenida, momento clave, nadie puede negar que en ese instante como en tantos otros no le resonó en la cabeza el nombre “Juanfer Quintero”, pero no estaba, Cristian Ferreira se encargaba en esta oportunidad, tomaba carrera para patear y del otro lado el trabajo mental: “patea bien de lejos el pibe, por ahí lo mete”, “ojalá no lo mande a las nubes” y por suerte la primera opción fue la cierta encontró el espacio y fue el tercero, sí el tercero después de un 2 a 1, y va el tercero…..Ustedes lo entienden ¿sí?

Con el 3 a 1, la sonrisa se mezclaba por la victoria contra el conjunto rosarino a la vez que los recuerdos de aquel día en el Bernabeú volvían a la cabeza, había motivos ¿Sí?, horas antes se había vuelto a jugar un clásico en aquel estadio y ahora este resultado, así terminó el primer tiempo entre recuerdos, preocupaciones por momentos y una sonrisa que nos permitía seguir soñando.

Arranca el segundo tiempo, Robert Rojas era uno de los nombres que venía bastante flojo, había recibido unos golpes, le ganaban por su lado y entra Leonardo Ponzio, el gran capitán, pero todos imaginamos “lo mandan de central y fuimos”, en aquella posición no puede mostrar lo mejor de sí, pero el Muñeco barajó bien las cartas y lo mandó a Zuculini, no estábamos tranquilos pero si respiramos cuando el león fue para su lugar, el medio.

Enzo Pérez y Zuculini habían hecho un lindo trabajo, se complementaron pero al separarse las cosas cambiaron, sentimos que el rival empezaba a crecer y necesitábamos ayuda, en ese momento: “Se anuncia cambio en River Plate”, se escuchó antes el anuncio de la voz del Estadio que al comentarista de TV: “Ingresa Ignacio Scocco por Lucas Pratto”, el Oso no estaba en su mejor noche, pero Nacho todos sabíamos que iba a tener el corazón dividido,  tenía que enfrentar al club de donde debutó como profesional y pasó muchos años de su vida con la presión de que era su vuelta tras mucho tiempo alejado del verde césped, su última función había sido en Noviembre vs Estudiantes y después unos minutos en el Mundial de Clubes, sumado a esto un Monumental repleto gritándole “Scocco, Scocco” a la vez que lo aplaudían sin parar.

El partido entró en un momento de confusión, teníamos un desorden en el fondo bastante considerable y los comentaristas decían “Que entre Nahuel Gallardo, para la línea de 4”, lo repetían varias veces y así sucedió entró el hijo del Muñe, el pibe recién se está armando, tiene errores pero sabiendo de este lado que necesitábamos la victoria si o si, le exigíamos que no fallara esta vez, no le pedíamos que fuera garantía pero que al menos cumpliera.

Nervios en cada ataque del rival, la defensa nuestra no era sólida, dependíamos de que “el pulpo Armani”, estirara sus brazos- tentáculos para sellar el arco. Newell’s no se rinde, es un digno rival que pelea hasta lo último, no podíamos confiarnos. En medio de la tensión: “Penal para River”, sí, lo bajaron a Ferreira en el área, al instante de la felicidad momentánea de la concreta chance de estirar la ventaja, apareció  la pregunta del millón ¿Quién Patea?

Juanfer no estaba, Pratto había salido, Suárez ¿Vas vos? Preguntamos, porque creo que nadie quería tirarle la presión a Scocco que si bien se animó al arco a minutos de entrar, ante una cosa así le iba a ser un momento movilizador al igual que a todos nosotros de verlo y en medio de esta incertidumbre, se hizo cargo del penal.

Nacho Scocco, frente a la pelota mira al arco fijo, tiene su camiseta roja y negra paradójicamente, traga saliva, no se le cae una lágrima pero los ojos le brillaban, los hinchas en las tribunas apuntan con el celular a filmar el momento, los que estábamos del otro lado implorábamos que lo metiera como fuera, pero creo que nadie quería estar en su lugar, un momento delicado, sentimientos encontrados y un bombazo letal al arco, 4-1 en el marcador, tímido abrazo con sus compañeros tras el gol.

Con la hidalguía de un caballero, resolvió la situación compleja que varios no supieron cómo hacer de la mejor manera, sin que nadie saliera lastimado, los hinchas de River, agradecimos su gol y los del rival el respeto al no festejar. Gracias nuevamente Scocco por demostrar que se puede ser crack adentro y afuera de la cancha.

Tras el momento emotivo, cuando el partido ya terminaba, una jugada en posición adelantada puso el 4-2, ¿Armani falló?, creyó lo que vimos todos que debía ser inhabilitado pero el referí, los líneas hicieron “vista gorda”, es el fútbol que tenemos, apretamos los dientes, masticamos bronca y aguantamos hasta el final.

Aciertos, errores y una victoria para meterse en zona de Libertadores, es Sábado a la noche, metimos 4, el título de este encuentro indudablemente es “al ritmo del cuartetazo”.

TW:@PerlaAntonela96

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