Lo que la victoria nos dejó

Nuevamente domingo, la ilusión se renueva, arranca la previa y cuando dan la formación es inevitable pensar en hoy gol de este, de aquel, las especulaciones. Además de el “Hoy ganamos” porque jamás se piensa en una derrota.

Arrancó el partido y el sol que entraba por la ventana me quemaba un poco el brazo, pero no alcancé a correr la cortina que ya empezaba la incertidumbre, Milton Casco en el suelo tras la ovación, me dolió, nos dolió  a todos esa caída, cuando estaba en su punto de reconciliación la fractura lo saca de la cancha e ingresa Nicolás De La Cruz.

Después de la inesperada modificación, apareció el prejuicio, ¿Ahora que hacemos sin Casco? ¿Cómo se rearma el equipo?, la primera pregunta creo que muy pocos se la harían hace unos meses atrás, pero la realidad es otra y era momento de que nos pasara por la cabeza.

El partido iba y venía, avisan los comentaristas “Fractura de clavícula”, inmediatamente nos agarramos la cabeza, otro lesionado más en un plantel corto, como en un film todos visualizamos el fixture, necesitábamos los tres puntos vitales para seguir en la pelea para la plaza de la Copa Libertadores 2020 y se nos viene acercando el debut en la edición de este año.

Momentos de tensión, un hemisferio del cerebro trabajaba ocupándose de entender cómo vamos a encarar todas las competencias y el otro se ocupaba de este partido, mientras sucedían jugadas peligrosas intentos de gol y la pelota más caprichosa que nunca no quería entrar.

Cuando todo parecía quedar en intentos, apareció el 10, si Juan Fernando Quintero nos dio la esperanza nuevamente, nos invitó a creer en que podíamos quedarnos con los tres puntos. Festejo de corazón, lengua afuera, pulgar arriba, una sonrisa enorme y una zurda incomparable que enamora, es imprevisible, sigiloso piensa y actúa en segundos sabe leer las jugadas.

La realidad ponía un panorama favorable pero como siempre en esta vida cuando se cree tener todas las respuestas, el Universo cambia las preguntas y sale lesionado Ignacio Fernández, entra Cristian Ferreira, la combinación que hacían Juanfer y Nacho era buena, conseguíamos ganar por ahí, pero esa sociedad ya no estaba eran tiempos de reinventarse otra vez.

Termina el primer tiempo y nos vamos al entretiempo “bien melos”, como diría Juanfer, pero también un tanto resilentes,  teníamos que superar psicológicamente las bajas y asimilar seguir en el complemento con un equipo formado por un mix de jugadores titulares y suplentes.

Pasan los 15 minutos, se escribe el último capítulo de esta historia, arranca el segundo tiempo, nuestros jugadores arrancan con todo intentos por todos lados, dominio, carácter, pero estábamos en el casi gol y los partidos hay que definirlos, gol que no se hace se paga en el arco propio, es ley no escrita pero proporcional a la mayoría de los partidos, y quedarse con el “casi” no suma en absoluto, “casi ganar” “casi empatar” “casi perder”, no suma ni resta ni multiplica ni nada en la tabla, son conjeturas inútiles, mediocres y si hay algo que nos identifica a los hinchas de River no es esto, porque somos lo contrario, exigencia sin conformismo.

Ya pisábamos la mitad del complemento y no pasaba nada, intentos pero lo concreto no venía, en ese instante llegan las sorpresas, que pueden ser para bien o para mal, en este caso era la segunda opción para nuestros corazones: la salida de Juan Fernando Quintero, aplaudido por todos en el Monumental, incluso yo me paré de la silla a aplaudirlo, no me ve ni se entera de mi gesto pero quería manifestar mi agradecimiento y nos dejó incertidumbre pensando en el juego.

Ingresa Matías Suarez, le puse unas fichas, una pequeña cuotita de confianza, pensé capaz se junta con Pratto, arman algo y entra el segundo, a poco de su ingreso tuvo la primera chance de gol pero no fue. El equipo cambió ya sin Quintero, se alborotó un poco no sostuvo el nivel, empezó a entrar en una meseta y el rival a intentar, pero en medio del debacle, Suárez encontró la pelota en el área y metió el segundo, respiramos sí, así fue ese gol era vital para empezar a asegurar que los tres puntos quedaran en casa  y seguir peleando por la clasificación.

Cuando el partido agonizaba, sufrimos el golpe, la defensa no pudo, un rival mano a mano con Armani descontó ¿Dolió? si un poco, fue un raspón de esos que te deja ardor por varios minutos, porque en el fútbol nadie se da por vencido ni aún vencido. Con el marcador 2-1, anuncian que se juegan cuatro más, insultos al aire, apretar los dientes y aguantar como tantas veces que no se escape el resultado, ahí aparecen faltas, desesperación y un “se juega un minuto más”,  ya está entramos en el punto donde esos minutos se hacen los más largos del mundo, parece que en vez de tener 60 segundos tienen 120.

Final del partido, ganó River, felices por la victoria y seguir peleando por la clasificación y a la vez  preocupados por lo que nos dejó, los lesionados, los “tocados”, “los suplentes” y “lo que se viene”.

Twitter:@PerlaAntonela96

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