La final que no tendrá final

En un mano a mano con Andrés Burgo, creador de “La final de nuestras vidas”, charlamos sobre lo que representó para él lo sucedido en Madrid el 9/12 y cómo es hacer un libro sobre la final más importante en la historia de los Superclásico.

Me dirijo al barrio de Coghlan, para encontrarme con Andrés, en un recorrido habitual al que suele hacer gran parte del público millonario cada vez que asiste al monumental: Subte D y bajar en Congreso de Tucumán, con la salvedad de que en vez de dirigirme para el lado de Libertador, en esta ocasión debo ir hacia Balbín. Una vez que llego al lugar de encuentro, veo que Andrés está acompañado por Felix, su hijo quien con tres años ya sabe que a la hora de usar el metegol del bar donde nos encontramos, defenderá los colores riverplatenses.

Ya ubicados en nuestra mesa y luego de hablar sobre River para romper el hielo, nos ponemos serios – solo un poco – y empezamos a charlar sobre el libro que es récord en el país: “Estoy sorprendido, es la cuarta edición que se imprime” se sincera. “También fue un reto para mi escribirlo en tan poco tiempo y decidí realizar un libro donde se alterne el sentimiento de hincha con el periodismo, yo no quería sumarme a eso de son todos contra River”, dejando en claro que su idea no era seguir fomentando la grieta o paranoia que se generó alrededor de esta final eterna.

Si bien no tenía pensado hacer este libro, una vez consumada la clasificación de Boca, un editor de la editorial Planeta le propone escribir sobre la gran final pero que será publicada solamente si River es campeón. “Empecé a avanzar pero fue raro, no sabía si lo iba a terminar o no”. Al día siguiente al 9 de diciembre, donde tenía los días contados para entregar el libro, “el tiempo empezó a correrme como Izquierdoz al Pity Martinez”, confiesa.

Si bien pasaron 2 meses de aquella épica final la cual fue un broche de oro, como recuerda haber leído en un grafitti en una pared de cualquier barrio, “No son 90 minutos, es para toda la vida” donde quizás, se comienza a dar vuelva aquella racha negativa de los noventa “ustedes se comieron la peor época, donde jugábamos mejor y los partidos no se daban, pero bueno el fútbol es una moneda al aire muchas veces”, sabiendo que no hay campeón sin suerte, si bien con eso solamente no alcanza y a la suerte hay que ayudarla. Esto nos lleva automáticamente al partido en Porto Alegre, cuando el VAR decide revisar la jugada que termina siendo penal para River. “La información que yo tengo es que querían revisar si era o no córner, lo cual es raro porque el VAR no está para es, pero bueno. Gracias a eso se dan cuenta que es penal a favor de River; hasta el Barcelona de Guardiola frente al Chelsea le pasó.”

Más allá del padecimiento de estar más de cuarenta días – que parecían no terminar- Andrés no reniega de que todo lo sucedido fue beneficioso para el relato y esto le dio más tiempo y condimentos: “Es insólito lo que pasó, desde la violencia, la política, lo de la CONMEBOL. Intenté que sea una crónica del delirio que se vivió”. Según él mismo este partido lo hizo peor persona: “No me aguantaba, era insoportable, cualquier cosa era como una bomba atómica”, y va más allá: “estos partidos son una exageración, no se tienen que jugar más. Son un parto y no hay forma de disfrutarlos” Aunque ambos sabemos que más tarde – ojala que asi sea- que temprano, algún encuentro volverá a enfrentar a los dos equipos más importantes de la Argentina y coincidimos en que no es lo más conveniente: “Les ganamos en 2014 (semifinales de la Sudamericana), el 2015 (octavos de final de Libertadores) y en 2018 (Final de Copa Argentina y Libertadores) ya está!”. Pero apoyándome en las estadísticas, le dejé en claro que durante la era Gallardo, cada vez que River se cruzó con Boca en torneos internacional, los Millonarios siempre salieron campeones. “La pasamos muy mal y un día te va a tocar perder”, sentencia sin ganas siquiera de pensar en lo que podría ser un nuevo choque y lo nocivo que resultaría para la salud de todos.

En la recta final de la entrevista, charlamos sobre cómo se vivió esa final y Andrés confiesa que durante el partido en cancha de Boca no la paso bien: “Estuve muy mal en el entretiempo, pensé que lo ganaban”, se confiesa, sabiendo del poderío que tenía el conjunto Xeneize con sus delanteros. “Te hacen un gol de la nada y el partido de vuelta (en cancha de River) era de jaque mate”, dice en relación a una posible consagración de Boca, final que no se dio y que se trasladó a Madrid donde Andrés llegó con 7 hora de anticipo al inicio del partido. “Fue uno de los mejores regalos que me di”, dice muy seguro y emocionado con una mirada perdida mientras reconstruye aquel hecho histórico del fútbol mundial. “Era superior a todo, no pensé que una alegría así era posible gracias al futbol.”

Tal fue la alegría y la euforia que se sentía en el ambiente que no tiene recuerdo sobre que era lo que estaba pasando: “No lo recuerdo bien, solo que hubo una especie de avalancha mientras nos abrazábamos”, pero sí confirma con pleno apoyo de todos los riverplatenses: “el gol de Juanfer fue una bomba, me puse a llorar, me superó la emoción y pensar que estábamos a puntos de ganar, a punto de la gloria” para pasar a ganar una final que en su totalidad siempre nos encontró como en desventaja o en paridad y que, más allá del lapsus que todo tuvimos luego de aquella corrida eterna del Gonzalo Martinez, si coincidimos que un partido de semejantes caracterisiticas, no podía terminar de otra manera: el final con mayor cantidad de canciones montadas desde “My heart will go on” mejor conocida como la canción del titanic, hasta carrozas de fuego; en color o en blanco y negro; en cámara lenta, rápida o normal; el final perfecto de la final que no tendrá final.

Por: Ramiro Cruz

Tw: @ramicru

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