Hasta siempre

Las despedidas siempre son dolorosas, esta tiene un condimento especial porque fue repentina. Perdimos un gran valor, alguien que siempre priorizó los colores, antes que la plata, porque allá por 2015, después de coronarse en la Copa Sudamericana, en el mercado de pases de verano vinieron de Arabia Saudita con una valija llena de dólares para seducirlo y llevárselo al lugar más recóndito del planeta para continuar su carrera. El uruguayo no dio el brazo a torcer y tuvo su premio, ganó su primera Copa Libertadores. Desde Francescoli que no se escuchaba el “¡Uruguayo, uruguayo!”.

Siempre con una sonrisa, siempre agradecido con los hinchas, con sus compañeros, con el cuerpo técnico, su carisma encendido en los pasillos del Monumental, en las concentraciones, en los viajes. Supo ganarse el cariño de todos. Junto a Maidana y Ponzio, era uno de los referentes por su antigüedad en el club. Se va quien le daba consejos a los más chicos, el que ayudaba a integrar a los jugadores que se incorporaban al plantel.

En su renovación contractual una de las cláusulas que se agregó fue para que tuviera una despedida en el Monumental, y se la ganó por el amor que sintió por la camiseta, por el sacrificio que siempre demostró, por no venderse al mejor postor y quedarse en el club Más Grande para llegar a la gloria.

El destino le puso por delante una lesión a la cual enfrentó en una primera instancia y la superó para consagrarse como muy pocos jugadores lograron hacerlo en la historia del Millonario. Ahora llegó el momento de despedir a un goleador que costará reemplazar, más que por los goles, por el amor que le dio al club y el rol que supo ocupar en el plantel.

¡Hasta siempre, Rodrigo!

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