La fiesta se arruinó

Le tiraron un baldazo de barro a la Libertadores, la ensuciaron un grupo de personas que no son dignas de vestir nuestra camiseta, eso no es River. Los actores principales de este mamarracho fueron cada uno de los inadaptados que agarraron una piedra y se la tiraron al micro de Boca junto al Jefe del Operativo de Seguridad puesto por las fuerzas de seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, a priori, el responsable de todo este caos.

De ninguna manera se justifica el accionar de ese grupo de personas que no tienen materia gris en la cabeza para agredir a un plantel de fútbol, una vez más, eso no es River, el Millonario demostró hace varios años que los partidos se ganan en la cancha. ¿Cuál sería la razón para tirarle piedras a un equipo que durante los últimos años le demostramos en cinco oportunidades le demostramos quién manda?

Presente en medio del tumulto, uno me mostró que tenía una entrada del partido de la semifinal contra Gremio. Esa persona no tenía que estar ahí. Ese lugar era de un hincha con entrada para la final. Detrás mío, dos personas no tenían ticket, les había llegado el rumor de que por Quinteros no iban a tener problemas para saltar lo molinetes. Acaso la barra que se había quedado sin entradas por el allanamiento del día anterior, ¿se iba a quedar sin entrar al Monumental? De esta manera,muchas personas se propusieron arruinar esta fiesta.

Parado durante cuarenta minutos en el primer control de acceso, el clima se oscurecía. Al pasar, llegó la primera nube de gas pimienta. Una advertencia de que los palazos vendrían para los que estaban atrás. A la altura de la Plaza Fleming, apareció el micro de Boca, ya apedreado. Mis sinceras disculpas para los jugadores del xeneixe, en nombre de los verdaderos hinchas del Millonario. A modo de lección, lo ideal sería que nos limitemos solo a demostrar al rival lo que es la hinchada de River, esa que en los banderazos se junta a alentar al equipo, la misma familia que homenajeó al club y acompañó con una bandera de casi 8 km de largo. Y no hace falta que a tu hijo le llenes el cuerpo de bengalas para pasar el control de seguridad, no lo hagas cómplice de lo prohibido. Eso no es River.

Tuvimos la posibilidad de demostrarle al mundo entero el carnaval del Más Grande y se arruinó todo. ¿Qué hubiera pasado si todos los clubes hubieran acompañado la propuesta del ex presidente de Independiente, Javier Cantero, de exterminar a todas las barras del fútbol argentino? Imagino que en su momento hubiera sido una guerra, con cuestiones difíciles de afrontar, pero estoy convencido de que ayer no hubiera pasado nada de todo lo que se vivió en Núñez.

El salvajismo que nos rodea va más allá de las piedras, porque también se vivieron situaciones de violencia como la de personas robando entradas de otros hinchas, como también pertenencias dentro de los autos estacionados en las inmediaciones del estadio. Como si fuera en la era cavernícola, en más de una oportunidad, hinchas se fueron a las manos por motivos ridículos. “Me seguís gastando y te cago a trompadas”. Somos hermanos viejo.

Y las corridas fueron desde el comienzo hasta el final. Durante más de seis horas. Fuerzas de seguridad contra hinchas que tenían su entrada y exigían entrar al estadio, para ocupar el lugar de los vivos, mezclados con los violentos, los inadaptados que incitan a llevar las cosas al peor lugar, que están en la vereda de enfrente de lo que es River.

Deseo que las cosas cambien como sociedad. Imagino que una de las soluciones es que suspendan el fútbol al menos un año, tal vez dos, para que tomemos esto de ejemplo, para que recapacitemos, de que el partido se juega dentro de la cancha. Mientras tanto, River es el Más Grande, y tiene muchos otros deportes, puede ser que me interese más en el básquet, en el hockey, o en otra disciplina. Pero el fútbol está podrido, y hay que cortar de raíz esta locura que se está viviendo.

 

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