Esta campaña la terminamos todos unidos

River mi buen amigo, esta campaña volveremo’ a estar contigo, se escuchaba frente a Independiente Santa Fé, en abril, en nuestro refugio en los inicios de esta Libertadores. Ocho meses después, Napoleón está armando la estrategia de combate desde Cardales para la última batalla. En sintonía con su comandante, Matías Biscay, planean la vanguardia y la retaguardia. Perdieron a dos soldados vitales, sin embargo, el equipo tiene la directiva de ir al frente una vez más y quien se tenga que sacrificar, como lo hizo Santos Borré en el último partido, sabrá que por morir en combate tendrá su medalla de honor. Y no habrá nada más noble que dejar la vida en el Monumental. 

El empleo de batallas para ganar el fin de la guerra es la esencia de la estrategia. La batalla de las tribunas va a tener su capítulo aparte, porque no se juega solo en la cancha el partido. Gallardo contará con sesenta y cinco mil guerreros que llegarán al estadio desde las 13 hs. Desde el Puente Labruna se alineará el batallón que dirigirá la orquesta para ubicarse en la Sívori alta. Por Udaondo, un grupo de soldados de la Sivori baja, junto al batallón de la Belgrano alta, se encargará de despertar a los más débiles de la Belgrano baja. Desde Libertador y Quinteros, vendrá el batallón de la Centenario. Estos soldados se instalaron, desde que se prohibieron los visitantes, en la trinchera donde el rival buscaba protección. Esa tribuna es la que cierra el anillo de aliento, desde donde se crea el eco a destiempo que confunde y distrae al equipo contrario. Por último, desde Figueroa Alcorta, vendrá el batallón de la San Martín, que harán honor a nuestro máximo héroe argentino, que en lo referido a Libertadores de América siempre la tuvo clara. Desde las tribunas cada alma con sus gritos de guerra aturdirá a cada jugador xeneixe, como en la época de la Revolución que se tiraban ollas de aceite hirviendo para espantar a los ingleses.

Cada hincha al subir cada escalón estará entrando a la última contienda, en cada paso que haga, recordará cada batalla, las victorias y las derrotas. Los partidos en los que las cosas salieron como se esperaban, con la compañía de un amigo, un hermano, algunos con su viejo, otros con su hijo. Sinónimo de alegría. También vendrán los recuerdos de los momentos más adversos, con las peores condiciones climáticas, con la falta de todo ese calor humano, con los malos resultados, sin embargo uno estaba ahí al pie del cañón para aguantar al equipo. Cada escalón subido será pisar cada cicatriz, cada marca que quedó en nuestro cuerpo después de tantos años.

Dentro del Monumental habrán periodistas, algunos que intentarán golpearnos una vez más, otros que acompañarán y relatarán lo que sus retinas ven. Registrarán lo incomprensible, eso que no tiene explicación, la locura de más de sesenta mil personas apasionadas, que una vez más demostrarán quién es el más grande. También tendremos la visita de turistas que querrán apreciar un partido único. Serán testigos de la última pelea, en el intento por desterrar la bajeza que una vez se interpuso en nuestro camino y que no es digna de estar en Núñez. Se demostró en los últimos cuatro años de que lado de la vereda estamos.

Una mención aparte para ese grupo minúsculo de infiltrados, que aparecen en los partidos importantes, que con su inexperiencia en el aguante genera las cosas más comunes en un partido, como gritar gol antes de que la pelota entre al arco, de impacientarse cuando la pelota va hacia atrás para armar de nuevo una jugada, de hacer sonidos onomatopéyicos cuando un jugador falla un pase y por sobre todo a los que se van antes de que termine el partido, entre las peores actitudes del hincha que no siente el rojo y el blanco. Esta chance de estar en el Monumental el sábado es tu última prueba para que entiendas lo que es la pasión, lo que es se de River.

El sábado tenemos que cumplir con la consigna. Que las camisetas sean todas del mismo color. Llevemos con orgullo los colores. El rojo, que simboliza el poder y la acción. Al que se lo asocia con la vitalidad, la ambición y la pasión. El rojo aporta también confianza en sí mismo, coraje, valentía y una actitud optimista ante la vida. Éxito, triunfo, guerra, sangre, fuerza, pasar a la acción y alcanzar las metas. Por otro lado el blanco, que es el más puro de todos. Es el color que nos protegerá, porque aporta paz, pureza y confort, y alivia la sensación de desespero y de shock emocional. Ayuda a limpiar y aclarar las emociones, los pensamientos y el espíritu. Rojo y blanco, blanco y rojo, esos colores que llevás son parte de la enfermedad, de la que nunca me voy a curar.

 

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