¿Qué preferís, un Mundial o una Libertadores frente a Boca?

Es increíble. Inigualable. Alguna vez me preguntaron qué prefería, si ganar una final de la Copa del Mundo con la selección argentina o una final de Libertadores contra Boca. Y llegó el momento de la verdad. Es increíble. Allá por 2014, en Brasil, Messi y compañía tuvieron la posibilidad de levantar el trofeo más ansiado, y recuerdo esa tristeza por haber llegado tan cerca. Agradecido por la experiencia de haber transitado el camino hasta la final, de haber demostrado dejar todo en la cancha, la angustia duró poco.

Ahora tenemos la prueba de la verdad, en base a aquella comparación típica, que se la podemos hacer a cualquier hincha y siempre la respuesta va a ser, “una final de Libertadores contra Boca“. Tuvimos este año una final contra el eterno rival y quedó en la historia. Hablo de esa final en la que Gallardo declaró: “Fue parte de la estrategia en estos dos meses jugar muy mal para ganar el partido más importante que teníamos en el semestre”. Mendoza nos dio una inyección anímica, porque todavía el grupo no se había podido levantar del golpe que nos dio la semifinal del año pasado ante Lanús. Pero perderla no habría sido una debacle. No entra tampoco en la comparación de ganar una final de un Mundial. Ni cerca.

En esta Libertadores River hizo un muy buen trabajo en la fase de grupos, relució esa chapa ganadora y clasificó primero en el grupo con 12 puntos, cómodo e invicto. Y la historia hubiera sido diferente si clasificábamos primeros en la tabla general. Ahora me cierra todo de porqué no quería entrar la pelota en ese partido ante Independiente Santa Fe en el Monumental, en un encuentro donde dominó la pelota el equipo de Gallardo con un 72% de posesión, 23 remates, 5 al arco, 506 pases. Desde ahí ya se estaba tramando esto. Lo mismo ante Flamengo, también en Núñez, que en el minuto 90 una tijera de Borré pegó en el travesaño, y durante el partido el equipo dejó todo pero no tuvo suerte en numerosas ocasiones. Posesión del 65%, trece disparos al arco, y el ya mencionado disparo en el final del partido que por centímetros no entró. Y menos mal, sino el destino habría cambiado.

Levante la mano quien durante el Mundial, por las circunstancias que nos llevaron a participar con un equipo partido, con un técnico que no estuvo a la altura de las circunstancias, estaba pensando en River. Tengo que bajar la mano para poder seguir escribiendo. Después de Rusia llegó el primer partido de octavos. Un buen primer tiempo, donde el Millonario estaba para ganar, hasta que terminando el primer tiempo Ponzio fue expulsado de manera inentendible. Pero tenía que pasar. Esa roja para que termine 0 a 0. El destino lo quiso así. Se sufrió, pero la defensa hizo todo bien, ni hablar de Armani. Ya en el Monumental la historia fue otra, la que tiene que ser. Goleada por 3 a 0. Pisala ahora.

Pasamos a cuartos y se repitió la historia. Gallardo volvió a mover las piezas de ajedrez a la perfección. Después de mucho tiempo River terminaba perdiendo en el porcentaje de posesión. Pero tiene su lógica, había que resistir. Armani fue vital para que el encuentro terminara 0 a 0. La atajada a Gigliotti quedará en la historia. En el partido de vuelta, en el Monumental, todo salió bien. Si bien el empate fue un golpe, el Muñeco otra vez, desde el banco, hizo lo que tenía que hacer. A Quintero le bastó entrar media hora para dar vuelta el partido.

Damos vuelta la página de esta historia y llegamos a la tormenta. Desde Brasil llegaban las nubes que oscurecían el Monumental. Gremio nos quitaba el invicto en nuestra cara y perdíamos 1 a 0 frente a un equipo que había llegado una sola vez al arco. ¿Injusto? No lo sé. Muchos nos daban por perdidos. Desde la vereda de enfrente, con un pie en la final, Boca gozaba la derrota de River. Pero apareció de nuevo él. “Que la gente crea porque tiene con qué creer”, lanzó el técnico que estadísticamente hasta ese partido tenía de 23 definiciones por copas internacionales, 19 triunfos. El día previo a la definición de la semifinal, la Conmebol ataca contra Gallardo y lo suspende. La sanción decía que no podía estar en el banco de suplentes, no podía entrar al vestuario ni comunicarse con Matías Biscay. Pero Napoleón no pudo con su genio, y como un buen maestro de ajedrez movió de nuevo la ficha para dejar en jaque al rival. Como dijo Richard Teichmann, un reconocido ajedrecista alemán, “la genialidad consiste en saber transgredir las reglas en el momento adecuado”. Gallardo se convirtió en un transgresor. En el entretiempo se acercó al vestuario para contagiar a cada uno de los jugadores, para llenarlos de confianza y convencerlos de que podían lograr avanzar a la final. Actualizado, porque en Porto Alegre, River dio vuelta la historia en un partido que va a quedar en la memoria de todo riverplatense, la estadística dice que de 24 definiciones por copas internacionales, Gallardo tiene 20 triunfos, a menos que se lo adjudiquemos a Biscay.

Y volvimos al comienzo de esta historia. ¿Qué preferís, un Mundial con Argentina o una Libertadores ganada a Boca? Todo se dio para que en Argentina se viviera algo único. Desde que Boca pasó a la final comenzó esta agonía, porque el cuerpo quiere sentir esa explosión de alegría. Más que en un Mundial. Porque es un partido a ida y vuelta. Allá y acá. Y la última edición que será una final con dos partidos, definiendo en casa. Si los mundiales tuvieran la definición con dos encuentros, uno de local y uno de visitante, tal vez sintiera algo más similar. Pero es imposible, y esto es único, inigualable y dámelo 1000 veces. Por otro lado, a pesar de elegir esto, la derrota sería algo muy difícil de superar, no como lo que pasamos en 2014, que a las dos horas estaba cenando con mis amigos. En este caso no podría comer, tendría el estómago cerrado. Pero gracias a Dios, está él. “Es un partido de fútbol, que tiene un montón de matices, un montón de condimentos, un montón de situaciones que van a transmitirse en todos estos días. Pero no tiene que ir más allá de eso, de un partido de fútbol que el mundo va a estar observándolo”, Gallardo una vez más sirvió de cable a tierra.

Mañana tendremos que ir a la Boca a resistir, y no importa que nos ataquen donde saben. Porque por más que hayan pedido que no podamos decorar el vestuario visitante, donde Gallardo tampoco va a poder estar para movilizar la sangre de nuestros jugadores, todo el país, menos algunos estamos con este plantel que reinvindicó la historia del Club y ubicó a River en lo más alto del fútbol sudamericano.

Mañana a las 17 hs, continuará… pero dame toda la vida esto porque lo vamos a vivir una sola vez en nuestras vidas.

Por: Joaquín Ferrero
Tw: @jferrero20

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