El sentimiento no se compra

Estamos a casi un mes de la votación que definirá el futuro del fútbol argentino.

Desde antes del profesionalismo, el fútbol ya era un negocio. En un principio, los clubes se formaban para jugar los partidos barriales y la competencia era mínima. Bastaba con tener las camisetas, un terreno donde hacer de local, una pelota y un sello que fuera el símbolo del club para poder jugar. Con el paso del tiempo los equipos querían fortalecerse pero no existía el mercado de pases. Los primeros traspasos eran con incentivos, no existían los contratos, tampoco los sueldos desorbitantes que hoy tienen los jugadores de Primera. Lo que se usaba era ofrecerles premios para tentar al futbolista estrella de la temporada para que vistiera otros colores.

Pero los tiempos cambian. También en torno al marketing. Se puede notar en las tribunas, al ver una foto de un partido antiguo. El público asistía a los estadios con prendas de moda con la que la gente andaba por la vida. Durante la década del ‘80 comenzó a apreciarse el público vistiendo como los futbolistas. En los ‘90 se innovó con la equipación completa, y hoy cada seis meses se renuevan los diseños. Todo gira en torno al negocio.

Durante la última semana se instaló nuevamente el debate sobre la posibilidad de transformar los clubes en sociedades anónimas deportivas. En 2016, Mauricio Macri, Presidente de la Nación, impulsó un proyecto para permitir que las instituciones sean controladas por empresas. “Si el mundo aceptó la figura de las Sociedades Anónimas, el fútbol argentino la tiene que aceptar”, justificaba en su entonces esta idea que ya tenía en mente cuando era dirigente de Boca. Daniel Angelici salió a la carga con la intención de retomar esta iniciativa, en la Asamblea de la AFA, y cuenta con el apoyo de su Presidente, Claudio Tapia. Resulta que el Presidente de Boca, en su rol de canciller del fútbol argentino del Gobierno de la Nación, está haciendo lobby para aprobar el ingreso de capitales extranjeros. Pero para ello, debe lograr que se modifique el estatuto de la AFA. De esta manera, con la inversión empresarial se lograría bajar el déficit que deja el deporte más popular de la Argentina todos los años.

Sin embargo, no se tiene en cuenta que cambiaran el espíritu de los clubes, que pertenecen y son administrados por los socios. Pareciera que los dirigentes que optan por esta práctica no consideran los casos de las instituciones que ya experimentaron la privatización. Basta con ver lo que le sucedió a Sportivo Barracas, una institución que hace casi 100 años fue cuna de grandes futbolistas y la crisis lo llevó a perder desde su nombre hasta  su estadio. El histórico club fue comprado por el Grupo Económico Inversor S.A. de Bolívar y lo pasó a llamar Barracas Bolívar. No les bastó sólo con eso, la empresa mudó la sede del club a la ciudad bonaerense sin tener en cuenta los 300 kilómetros que separaban Barracas de Bolívar. El final del cuento terminó con Sportivo Barracas volviendo a su denominación fundacional pero desafiliado de la AFA por un año. El otro ejemplo que varios deben recordar fue el de Racing Club, ¿acaso a nadie le suena el nombre Blanquiceleste S.A.? Esta historia conocida del club de Avellaneda terminó con jugadores regalados, las instalaciones en ruinas, deudas y empleados sin cobrar sus sueldos, hasta que se declaró la empresa en bancarrota.

Pero van a venir con el cuento de que en Europa los clubes están privatizados, tienen estadios modernos y todo funciona. Cabe destacar que Real Madrid y Barcelona, los dos clubes más importantes de España, nunca optaron por ese camino. El régimen que tienen en el país ibérico, en el cual se apoyó Macri para realizar su proyecto, forzó a muchos clubes a optar por la privatización. Luego, por malas administraciones desaparecieron clubes como Club Deportivo Málaga, Club Deportivo Mérida, Deportivo Alavés, Santander Foot-ball Club, o el Club Getafe Deportivo, entre más de 50 clubes que se disolvieron. Otro suceso destacable es el de Marcelo Tinelli cuando tomó el mando del Badajoz. Y también tenemos casos como el de Borussia Dortmund, Nápoles, Fiorentina, Parma, Glasgow Rangers o el Valencia, otros clubes europeos que por gerencias fraudulentas terminaron con planteles desmantelados, descensos a causa de problemas administrativos, o la simple desaparición del club.

Ahora con este tipo Sociedades Anónimas Deportivas, ¿qué hubiera sido de River en la época de José María Aguilar y Daniel Passarella? ¿Cuál piensan que puede ser el destino del club si los jeques, magnates rusos o los empresarios americanos y asiáticos que ya se adueñaron del fútbol mundial llegaran al país? Dudo que a algún hincha de River, aceptara que el club se convirtiera en River Plate Hotspurs, por dar un ejemplo.

En nuestro club, por un lado tenemos la tranquilidad de que Rodolfo D’Onofrio se manifestó en contra del proyecto, pero por otro lado nos alertó Jorge Brito, vicepresidente de River, por tener una posición opuesta e insistir para que la votación sea secreta en vez de mano alzada, lo que le quita la transparencia (recordemos la última y vergonzosa elección que se realizó en la sede de Viamonte). Habrá que esperar a la votación que se realizará el 29 de noviembre, en la AFA, donde 43 asambleístas en representación de los clubes del fútbol argentino decidirán si le vendemos el alma al diablo o no. Sobre el sufragio aún resta definirse si el voto es secreto o a mano alzada.

 

Por: Joaquín Ferrero

Tw: @jferrero20

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