Glorias: Enrique Omar Sívori

Encarador, atrevido, habilidoso, inteligente, pensador. Estos adjetivos cada vez se escuchan menos en el fútbol argentino, y cuando aparece un jugador así es sorpresa y siempre da mucho para hablar.

Los tiempos cambiaron, y en el fútbol de nuestro país se ve cada vez menos a algún jugador que reúna esas características. Es por eso que ahora resuena tanto el nombre de Juanfer Quintero.

Esos adjetivos nombrados anteriormente describen a Enrique Omar Sívori, jugador que llegó al mundo un día como hoy, pero en 1935, hoy estaría cumpliendo 83 años. Fue de esos jugadores que tanto caracterizando al jugador rioplatense, al futbol alegre, vistoso, y del ADN riverplatense. River, como muchos de los mejores jugadores del fútbol, fue su primer hogar.

En un partido en la calle, de esos que se hacen el calle entre amigos del barrio, frenó un señor que quedó anonadado y no pudo pasar por alto sus condiciones futbolísticas. Ese señor era Renato Cesarini, conocido en el club por dirigir a La maquina. Cesarini lo llevo a el millonario, y ahí se formaría como jugador, arrancando desde la cuarta división.

Con 17 años le tocó debutar, reemplazando a nada más y nada menos que a Angel Labruna. Y como si fuera poco, en su primer partido convirtió un gol, en lo que sería el quinto tanto en una goleada a Lanús. Su siguiente aparición llamativa fue frente al clásico rival, donde el joven Omar le dio una cátedra a Boca y volvió locos a los jugadores rivales, el partido lo gano el millo por 1 a 0 con gol de Eliseo Prado.

Por una de las cosas que se conoce a River es por haber sido varias veces tricampeón. Sívori formó parte de todos los equipos que consiguieron el TRI entre 1955 y 1957. En 1957 también lograría alzarse con la Copa América, conformando el ataque llamado ‘’los carasucias’’. Ese mismo año le diría adiós al manto sagrado y se marcharía a Italia para jugar en la Juventus.

Eran otros tiempos, en ese momento había cupos limitados para extranjeros, porque todavía no se había creado la Ley Bosman, por lo tanto solo los jugadores de élite podían darse el gusto de cruzar el océano y hacerse ver en el viejo continente. Su venta se realizó por 10 millones de pesos y esto permitió construir la tribuna restante del Estadio del club de Nuñez, en ese momento conocido como La herradura.

Y vino la Juventus, la etapa donde llegó a su punto más alto de su carrera. Ahí logró potenciarse y ganar 3 scudettos y dos Copas de Italia. Marcó 170 goles y al haberse hecho la doble nacionalidad, se le otorgó el Balón de Oro, en ese momento solo se le entregaba a jugadores europeos. Convirtiendose así en el primer jugador argentino en obtenerlo, y hasta ahora el único jugador con pasado riverplatense en hacerse con el premio.

Su última etapa fue en el Napoli, allí estuvo hasta los 33 años, cuando por una maldita lesión en la rodilla, debió colgar los botines y dejar de desplegar su juego estético en donde el se sentía más cómodo, en la cancha. Volvió al club que lo vio nacer, esta vez como técnico. También volvió a la selección nacional y dirigió varios equipos del fútbol argentino. Se nos fue joven, a los 69 años, producto de un cáncer de páncreas, pero quedó inmortalizado su nombre en la tribuna que cerró la Herradura para convertirla en un Estadio Monumental.

Y sus jugadas, su juego bello, inteligente y pensante, que hoy escasea, quedó grabado en la retina de los hinchas más avanzados en edad y todavía sigue maravillando a los más jóvenes que miran sus jugadas a través de los vídeos.

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