Se gana la Batalla

River jugó en Ecuador y pese a arrancar con el resultado desfavorable sacó la famosa chapa de campeón y a puro carácter y entrega logró dar vuelta el resultado y llevarse los tres puntos ante el Emelec.

El Millonario cambia el chip del torneo doméstico a la Copa Libertadores. No falla, es de fiar, uno se sienta con el café o el vino (como cada uno elija) en el comedor de su casa sabiendo que éste equipo no te va a dejar preocupado, no te deja con ese sinsabor del poder dar más.

La costumbre cada vez se disfruta más. Ese sentimiento del saber que se están viviendo las buenas gracias al capitán del barco, ese Muñeco que sabe lo que quiere y hace que el hincha deposite su confianza plena en él.

Todo se reduce a un momento específico del partido, aquel mientras cada uno de nosotros se rompía la garganta con el primer grito de gol gracias a Jorge Moreira. El paraguayo clavó su primera anotación con el manto sagrado y apretó el puño, se abrazó a Sebastián Driussi y encaró para la mitad de la cancha. Sabiendo, sereno, confiando, que éste equipo no se achica en ninguna, la pucha disculpen, pero no sé cómo explicarlo sin sentir un orgullo que me hace acelerar el corazón.

El partido en si en Ecuador era una parada brava para el equipo de Napoleón. Desde el 2012 que no perdían en su cancha y se hacen sentir. Pese a todo esto, y que nos metan un gol al minuto de juego, River se recuperó con el gol de Moreira, no podía ser de otra manera, atropellando la pelota y pegándole así, hermoso.

Ya con el empate el Millo siguió jugando como sabe, quitando la presión del rival gracias a pases a un toque entre Rojas, Driussi y Fernández. En la etapa complementaria el conjunto de Napoleón continuó con el carácter que le permitió imponerse en el campo de juego y pese a pasar algunos sobresaltos contó con un iluminado Augusto Batalla.

Mayada por Nacho que salió con una molestia y Mora por el Pity. Los primeros dos cambios del entrenador dejaron en claro que no se iba a achicar aunque sea de visitante y trajo sus réditos. Un pelotazo largo de Batalla, la baja Alario, Mora la aguanta se la devuelve al Pipa, el nueve la abre para Camilo Mayada que va hasta el fondo le pega al arco y Dreer mete un manotazo increíble para tirar el balón al cielo nocturno pero no todo terminó ahí.

La pelota estuvo varios segundos en el aire y luego, tras un error del defensor del Emelec y la persistencia de Mora que estuvo más despierto asistió a Lucas Alario quien no dudó y la clavó al primer palo para poner el 2 a 1 a favor de River.

El Millonario continúa implacable en el plano internacional. Tres encuentros y sigue por la senda de las victorias que tanto placer le generan al fanático que cada vez se ilusiona más y más por una nueva Copa Libertadores. Vamos por más, mucho más.

Por: Juan Lagos

Despertar

El sueño en el cual millones de hinchas Riverplatenses estaban involucrados gracias a una mente brillante como la de Marcelo Gallardo e intérpretes como los futbolistas del Millo tuvo un tropiezo y dejó pasar una muy buena oportunidad.

Vigésimo primera fecha del torneo de primera división del fútbol argentino. River debía enfrentar a Sarmiento de Junín en el Monumental para seguir por la senda ganadora y así descontarle dos puntos al actual líder del torneo doméstico que había empatado su partido horas antes al encuentro de La Banda.

El Millonario salió al campo de juego con los mejores once que tiene en la actualidad para afrontar el partido ante Sarmiento. Aquellos jugadores que venían de una racha de siete partidos consecutivos sin conocer ni la derrota y tampoco empates.

Ya en el verde césped, los primeros minutos del equipo de Napoleón fueron nuevamente brillantes con Nacho Fernández como principal protagonista. River no pudo abrir el marcador pero en el juego pasó por arriba tanto físicamente como tácticamente a Sarmiento.

En la etapa complementaria, el juego de La Banda continuó por el buen camino y llegó al gol gracias al actual goleador del campeonato, Sebastián Driussi quién remató en una ocasión, logró capturar el rebote del mismo y definió al palo izquierdo del arquero de Sarmiento que nada pudo hacer.

Con la ventaja en el marcador, River se soltó y mostró gran fútbol pero la falta de eficacia, como explicó Gallardo en la conferencia de prensa post partido, hizo que el Millo desperdiciara infinidad de ocasiones de gol y el equipo visitante en un córner llegó al gol y se llevó un empate más que injusto.

El dicho “los goles que no se hacen en un arco…” se cumplió a rajatabla y dejó a River con ese sabor amargo en el cual se denotó que jugó bien pero no logró sellar la victoria luego de tantas ocasiones de gol a favor.

Ahora viene la Copa Libertadores. La Banda viajará a Ecuador para enfrentar al Emelec por la tercera fecha del torneo internacional. River renueva expectativas constantemente y todos los hinchas confiamos en Napoleón.

Por: Juan Lagos

Roberto Coll

Roberto Emilio Coll Marengo jugó en el Millonario durante 7 años, del 43′ al 50′. Fue una pieza de auxilio para la famosa Máquina, el equipazo de River de aquella época.

Roberto Coll nació el 10 de abril de 1925, en Buenos Aires. Comenzó su carrera como futbolista profesional en River, en el año 1943. Llegó a un equipo plagado de figuras y de un rendimiento extraordinario lo que hizo por un lado difícil alcanzar la titularidad, pero a la vez sencillo adaptarse a un grupo que sabía muy bien a lo que jugaba.

Los periódicos de la época lo describían como un muchacho tranquilo, modesto y callado, que supo esperar su lugar en ese River brillante. Debutó en 1945. Fue el mecánico de esa Máquina donde le tocó reemplazar al Charro Moreno, Adolfo Pedernera y Ángel Labruna. Pavada de responsabilidad para Coll, que ingresaba con esa presión de jugar en lugar de uno de esos monstruos, pero se adaptaba fácil al engranaje que predominó en ese equipo: defensa alta, tenencia de balón y ataques profundos y contundentes.

En ese campeonato 44’/45’ River salió campeón y Coll obtuvo su primer título como futbolista. En 1947 volvió a consagrarse campeón con el Millonario en lo que significó su segundo y último título con La Banda. Luego, con la partida de Moreno a la U Católica de Chile en 1949, se consolidó como titular hasta su partida en mediados de 1950. Alcanzó una regularidad notoria. Demostró una labor incansable para ocupar la banda derecha del ataque, con un juego muy lindo de ver y una generosidad notoria para recuperar la pelota o relevar a sus compañeros.

Jugó dos años en Deportivo Cali, 1950-1952, en la época dorada del fútbol colombiano. Después pasó a Palestino de Chile, donde se convirtió en amo y señor del fútbol chileno. Llegó en 1953 y se mantuvo activo hasta 1968, todo en Palestino. Disputó allí 385 partidos y marcó 133 goles.  Los medios futboleros lo comparaban con las grandes estrellas del otro lado de la cordillera. La Revista “Estadio” de Chile, en su edición de 1955, año en el que Palestino salió campeón y Coll sumó su tercer título a nivel individual, describió su juego con una serie de halagos y bendiciones para el argentino: “Posee personalidad, fuelle, su juego tienen colorido para llegar a la masa con facilidad, domina con la misma destreza las dos piernas, tiene tiro, cabecea muy bien, organiza en medio de la cancha y da la puntada final en el área. Tiene temperamento de hombre de pelea – en sentido estrictamente futbolístico – y revuelos de virtuoso. En suma, es un jugador completo.”

Fue un jugador muy querido por todo el pueblo riverplatense –y chileno también, como vemos- Supo mantener la calma y no dejarse liquidar por el ego de las figuras que tuvo alrededor. Esperó su momento y alcanzó la gloria de jugar en uno de los mejores planteles del fútbol mundial.

Escrito por: Diego Adur

»Me ilusiona llegar lejos»

Pedro Pavlov, una de las figuras de la sexta campeona de la Adidas Generation Cup jugada en Estados Unidos que tuvo a River, nuevamente, levantando el trofeo, pasó por  los micrófonos del Uno+Uno de River desde la tribuna.

Pavlov habló con el Uno+Uno de River desde la tribuna y destacó que «Hay que disfrutar el día a día. Estoy en el club más grande de la Argentina. El debut en la Primera llegará», y agregó: «Tengo ilusiones de ser uno de los juveniles en lograr su sueño de llegar lejos».

Pese a jugar de tres, el juvenil cuenta con varios goles en su nombre. Marcó cinco anotaciones en el torneo de la sexta división del 2016 y en la Adidas Generation Cup anotó dos goles: «Cuando llegué a River comencé jugando de 6, ahora estoy de 3 y me gusta la llegada al gol».

Además, Pedro contó qué le pide el técnico de su divisional: «Me gusta tirar paredes con el once, a Juan José Borrelli le gusta que seamos ofensivos».

Por último, señaló cómo llegó al Millonario pese a ser de Ushuaia: «Llegué a River con un poco de colaboración del hijo de Francescoli. Soy de Tierra del Fuego, jugar acá es lo que quiero y por eso hago fuerzas para quedarme».

 

Siento el miedo en tu cara

¿En serio que no me encontrás en la tabla de posiciones? Fijate bien, de verdad, no vaya a ser cosa que te termines sorprendiendo. Busqué hasta en el lugar más recóndito de esta fase de grupos copera y no te encuentro. Tené cuidado, solo eso, porque 35 son mejores, aunque no se pueda decir en el truco te lo digo acá.

Estoy conforme gente, realmente este equipo está totalmente renovado y se lo debemos al mentor que nos hizo conquistar nuestra última Libertadores, todo suyo señor Gallardo. Me jugué la cabeza de que iba a guardar varios soldados para el partido de ayer, no muchos, aunque una cantidad razonable sí. ¿Qué sabré de fútbol al lado de este tipo que parece jugar al ajedrez cada vez que apoya el mentón en su mano desde el banco de los suplentes y les canta el “jaque mate” a todos?

Este River volvió a dar ganas de ser visto, levanto una copa por ello y anhelo que estos intérpretes puedan elevar otra también, pero que su uso no sea de contención líquida. Por la zona de la rivera se percibe que el eterno rival compró mucho pescado por Semana Santa y ahora se le está apestando, por eso les dejo un consejito: el pez por la Boca muere…

Por: Axel Bellingeri

Galería de Tigre vs. River

Se acerca el campeón

El Millonario volvió a dar una muestra de carácter y se acercó al líder que cada vez siente más y más la presión de tener al multicampeón en sus espaldas.

Campeonato de primera división del fútbol doméstico. La fecha 20 tenía grandes partidos a disputar y River debía viajar a Victoria para enfrentar a Tigre.

La Banda venía de realizar un gran desgaste el pasado jueves ante el Melgar por la Copa Libertadores de América en la victoria por 4 a 2 ante el conjunto peruano en el Monumental.

Piernas cansadas, jugadores agotados tanto física y mentalmente, provocaban las máximas dudas en la cabeza de Napoleón y además en la del hincha. Todo sumado al descanso para Leonardo Ponzio en esta fecha tras el trajín de tantos encuentros seguidos.

Todos los titulares excepto a Nicolás Domingo, que reemplazó al León del mediocampo, fueron los responsables de encarar 90 minutos más para seguir de racha. Ya en el encuentro ante el Matador de Victoria se vió un buen River pero que se denotaba el cansancio acumulado.

El primer tiempo finalizó 0 a 0 con buenas chances para el Millo pero no se lograba encontrar a los goleadores para abrir el marcador. En la etapa complementaria, tras un grosero error de Galmarini, Sebastián Driussi aprovechó la distracción y la mandó a guardar.

El goleador del campeonato con 12 goles sigue mojando pese a no contar con tantas chances de cara al arco rival. Luego, ya con la ventaja en el marcador, River se replegó bien y movió las piezas que suele reemplazar. Palacios, Mora y Rossi ingresaron por Domingo, Nacho Fernández y Sebastián Driussi.

El uruguayo, Rodrigo Mora, ingresó una vez más de la mejor manera y anotó el segundo gol, tras una buena jugada del pibe Palacios, en la cual, le quedó el balón al Charrúa que no dudó y la clavó en el ángulo.

El partido finalizó 2 a 0 con una buena actuación del Millo pero que se vio comprometida y opacada por el cansancio físico acumulado en el equipo titular que ahora tendrá un margen de recuperación mayor.

River se puso a apenas 6 unidades del líder del torneo y se asoma cada vez más y más. El caballo de Troya está dispuesto a invadir cualquier impedimento para lograr una vez más una hazaña, y por qué no, arruinar a los de la vereda de enfrente.

Por: Juan Lagos

»Cavenaghi va a trabajar en River»

Adrián Varela, presidente de Relaciones Públicas de River habló con el Uno+Uno de River desde la tribuna y tocó varios temas. Desde su función en el club, Gallardo y la posibilidad de la Selección y la despedida de Cavenaghi.

El Mundo River ya se pregunta cuándo se darán a conocer los invitados y todos los festejos en la despedida de Fernando Cavenaghi en el querido estadio Monumental. Los colores Riverplatenses siempre van a estar y la expectativa crece más y más.

Adrián Varela, Presidente de Relaciones Públicas del Millo contó que «A Cavenaghi esta dirigencia lo quiere mucho. Tarde o temprano va a trabajar en River. Vamos a darle una mano a Cavenaghi para lo que necesite en su partido despedida».

Luego explicó cuál es su rol en la dirigencia y dio detalles de la carrera de River: «La carrera de los 10K se va a hacer el 25 de junio, es un evento masivo. Hay más de 10 mil corredores anotados. Rodolfo D’Onofrio va a correr en esa maratón. Mi función es cuidar a la imagen de River, es una gran responsabilidad, pero un lindo trabajo».

Además, Varela destacó la importancia de la comisión de mujeres en la participación de la modelo Alejandra Maglietti el pasado domingo como voz del estadio: «Felicito a la comisión de mujeres por haber hecho llegar la voz de Alejandra Maglietti al Monumental».

Por último, el dirigente de La Banda, indicó que tiene buena relación con Marcelo Gallardo y además tocó el tema Selección Argentina: «A Gallardo lo veo como DT de la Selección. Es un candidato natural, yo quiero que se quede acá igual. Es un privilegio estar cerca de Gallardo. Es muy profesional y obsesivo en lo suyo»

Pelear por todo, siempre

River ganó un partido más que difícil ante Quilmes y continúa con su racha ganadora desde aquel partido ante el DIM por Copa Libertadores. El Millo mete presión a los de arriba y pelea los dos frentes.

Decimonovena fecha del torneo de primera división del fútbol argentino. La Banda de Napoleón ponía lo mejor que tenía para que la orquesta toque una vez más con sus movimientos que cautivan y su fuerza a la hora de mantener sus ideales.

River debía enfrentar al Cervecero en el estadio Monumental con una lluvia torrencial que no frenó la pasión del hincha, ese que siempre está, el que nunca abandona, aquel que deja todo lo que tiene que hacer y se va a ver a River Plate.

El partido comenzó como terminó. El equipo de Gallardo no paró de atacar durante los 90 minutos y siempre buscó el arco rival pese a sufrir algunas contras aisladas que contuvo por un lado Jonatan Maidana que levantó el nivel y Augusto Batalla que cada vez está más firme en el arco del Más Grande.

Apariciones constantes de Nacho Fernández, Sebastián Driussi y Leonardo Ponzio, el león que se comió el mediocampo durante todo el encuentro. La primera etapa finalizó con un 0 a 0 que dejó ciertas dudas pero que no cuestionó ni por un segundo la idea futbolística que pregona Napoleón.

Ya en la etapa complementaria la pluma seguía escribiendo con la misma tinta. Buen fútbol, ataques incisivos, fallas en la definición. Todo cambió cuando Marcelo Gallardo decidió darle nuevamente la oportunidad a Rodrigo Mora que se comió la cancha y aprovechó al máximo la confianza otorgada por el técnico.

A los 72 minutos del partido, luego de una presión en el fondo del charrúa que la recuperó, tiró el centro al segundo palo, Sebastián Driussi la bajó y Alario definió para abrir el marcador.

Una vez que logró abrir el arco el Millo, no dudó y consiguió el segundo gol para calmar las aguas y así cerrar el partido. En el minuto 86 del encuentro, nuevamente Rodrigo Mora comandó una contra, se la pasó de manera brillante a Driussi por encima del rival más cercano, y Seba que tuvo el papel de asistidor de la noche le dio en bandeja el gol a Alario que lo único que tuvo que hacer es lo que mejor le sale, definir.

Por: Juan Lagos

Carlos «Pato» Sánchez

Carlos Sánchez fue una de las figuras claves del River multicampeón de Gallardo. Tuvo dos etapas en el Millonario, donde consiguió 4 títulos, todos internacionales.

El negro Sánchez empezó su carrera en el año 2003, en el Liverpool Fútbol Club, de su Montevideo natal. Jugó allí hasta el 2009. En un amistoso que disputó su club contra Godoy Cruz, Carlitos la rompió y le dio motivos al Tomba para comprar su pase.

En el equipo mendocino tuvo muy buenos rendimientos, le convirtió a Boca en una paliza donde lo derrotaron 4-1 en la Bombonera – no sería la única vez en su carrera, claro – y también mojó por Copa Libertadores.

Llegó a River en el peor momento institucional, político y futbolístico de la historia del club, cuando militaba en la Segunda División del Fútbol Argentino. Quizás esto es lo que resulta más valioso del propio camino de Sánchez en el Millonario. No llegó a un River campeón, ordenado ni tranquilo. Llegó a un equipo desesperado, sufrido y en pleno caos. Hizo cuatro goles en la temporada para ayudar al club a volver a Primera. Se comenzaban a vislumbrar las potencialidades de su juego, aunque aun bastante desordenadas. Un tal Marcelo Gallardo se encargaría unos años después de acomodar esas piezas dentro del Pato.

Ya de regreso en la máxima categoría, jugó el Inicial 2012 y Final 2013. Disputó casi todos los partidos – 34 sobre 38 – y convirtió seis goles. Apenas iniciada la siguiente temporada jugó en River un solo partido y Ramón lo mandó a préstamo. Aterrizó en México para jugar en Puebla, una región cercana al Distrito Federal.

Hasta aquí, detallamos puramente datos, estadísticas. Nada que haga prever que Carlos Sánchez se convertiría en uno de los mejores mediocampistas por derecha en toda la historia rica de este club.

Cuenta la leyenda que cuando regresó del préstamo, se juntó en una salita del Monumental con el flamante entrenador del Millonario: El Muñeco le mostró un video editado de jugadas e intervenciones de Sánchez tanto en su paso anterior por River como en su último equipo. El Negro, miraba, escuchaba atento a ese hombre que reflejaba y trasmitía seguridad. “Esto es lo que quiero que no hagas” le dijo Marcelo. Y Carlos aprendió. Aprendió allí lo que no debía hacer. Pero aprendió luego, a lo largo de todo su vínculo jugador-entrenador, lo que sí tenía que hacer.

Lo que siguió fue conocido. Un River abrumador en las primeras fechas de aquel Campeonato 2014, la obtención de la Copa Sudamericana de ese año, tras 17 de sequía en el plano internacional y el pasaje para disputar la Recopa Sudamericana en 2015 contra el campeón de la Libertadores, nada menos que San Lorenzo de Almagro. Aquí nos detendremos un instante. Sabemos que River salió campeón también de esa competición. ¿Resultará exagerado decir que esa copa la ganó Carlos Sánchez, él solito? Quizás sí. El fútbol es un deporte en equipo, son once los jugadores que salen a la cancha y bla. Lo cierto es que el Negro hizo los goles para que su equipo ganara 1-0 tanto en la ida como en la vuelta. Sí, un tipo que se acostumbraba a convertir en los partidos finales, en los momentos decisivos. No serían los últimos, ni por asomo.

Contemos un poco del juego que aportaba Carlitos en River. Cuando quería era un tractor que se llevaba todo por delante para llegar a la línea de fondo y tirar centro. Cuando deseaba se la guardaba para él, para hacer respirar el equipo y conseguía algún foul, real o inventado. Porque es cierto que sabía actuar el Negro, pero también es una realidad que recibía murrazos a lo loco. Es de goma el Pato. Patadas descalificadoras que hubieran sacado a cualquier jugador de la cancha, él las recibía, cobraban falta y se levantaba para seguir jugando. Su físico, inmaculado, además le permitía estar los noventa y pico de minutos que durara el encuentro corriendo como un loco, ayudando a sus compañeros marcando en el retroceso o manejando los contraataques. El motorcito Sánchez se lo bautizó en cierto momento. Y sí. El Negro estaba en todos lados y todo el tiempo. No se cansaba, tampoco se achicaba. En los momentos clave, aparecían los goles de Carlitos, que siempre terminaba las jugadas pisando el área rival. Y no en cualquier lado. Sánchez habrá comprado por ahí el gps de la pelota. Sabía, intuía, a dónde iba a terminar la jugada. Quizás este aspecto fue uno de esos que mejoró el uruguayo reflejándose en su entrenador, que siempre tuvo la inteligencia para entender más que otros mortales el secreto de este juego.

Después vino la tan ansiada Copa Libertadores de América. El plantel y su cuerpo técnico ya habían sacado chapa de internacionales. Sabían jugar los compromisos mano a mano con una intensidad y concentración que otros no lograban. Quizás por eso, sorprendió cuando se clasificó a los octavos de final con el peor puntaje, “por la ventana” como se diría. Quizás por eso tuvo que esperar hasta la última chance que tuvo, empatando un partido contra Tigres en México que hasta los 86’ perdía 2-0.

Como dijimos, River obtuvo el peor puntaje de los 16 clasificados a la próxima instancia y debía enfrentar al que más puntos había cosechado en la fase de grupos: Boca. River-Boca, en octavos de final. Escenario ideal para el equipo de Gallardo. Partido colmado de hinchas en el  Monumental. Penal a los 80’ del segundo tiempo. Escenario ideal para Carlitos Sánchez. El uruguayo agarró la pelota, la puso en punto blanco y le dio secó desde los 12 pasos para vencer a Orión. Una muestra más de los huevos de este pibe, que no se esconde y da el presente cuando a otros les tiemblan las patas.

El lamentable episodio del gas pimienta y abandono de los rivales de siempre hizo que el Millonario acceda a los cuartos de final, donde tocaba Cruzeiro. En la ida, en cancha de River, los brasileros se impusieron 1-0. En Brasil, el equipo de Gallardo dio una muestra de carácter con baile incluido, ganando 3-0 con otro gol más del Negro Sánchez.

Faltaban dos pasitos para coronar, con el título más importante del continente, todo el trabajo y el esfuerzo que hacía el equipo. Humildad, remarcaban en cada entrevista a los medios. Pasó Guaraní, de Paraguay, conjunto que había eliminado a Racing. Fue 2-0 en Núñez y empate en uno en Asunción, con el estreno en las redes de un tal Lucas Alario.

La final sería contra un viejo conocido de la fase de grupos, Tigres. En México el empate en cero dejaba la cuestión en suspenso, aunque el técnico millonario declarara que ya éramos campeones- acá no hay mufa que valga, sino un tipo con una seguridad plena y muchísima confianza en sus jugadores-.

No voy a retratar en esta columna lo que significó levantar la Copa, por fin, porque dicho relato se merece un destacado aparte. La fiesta que se vivió en las tribunas se plasmó en la goleada 3-0, con goles de: Alario, el primero, cuando promediaba el primer tiempo, tras un lindo centro de Vangioni; Carlos Sánchez, cuando no, de penal, con los nervios de acero y tan convencido de convertirlo que se sacó de encima a un referente como Cavenaghi, quien quería ejecutar; y Ramiro Funes Mori, el ganador del que ya hemos hablando en este repaso de Glorias Millonarias.

El festejo de los hinchas fue eterno, pero el del plantel y cuerpo técnico duró mucho menos. Tuvieron que viajar a disputar la Suruga Bank, una copa que enfrentaba al campeón asiático contra el ganador de la Sudamericana. Las desinteligencias en los calendarios FIFA estuvieron a la orden del día. Los flamantes campeones querían disfrutar con sus familias, con amigos. No pudieron siquiera tomar dimensión de lo que habían logrado. Y los japoneses fueron quienes más lo padecieron. Otro 3-0 millonario, otro gol de penal de Carlos, otra vez de penal, solo que esta vez fue el que abrió la cuenta. El orden de los factores no altera el producto. Aquí el factor es este uruguayo increíble de condiciones tácticas, técnicas y físicas extraordinarias y un hambre de gloria notoria. El producto son los títulos, los campeonatos. Cuatro obtuvo entonces Carlos Sánchez. Y cuatro fueron los goles decisivos que marcó Carlos Sánchez, para llevarse el record de máximo goleador en finales de copas internacionales con River, con 4 en 7 partidos.

Como no podía ser de otra manera, su altísimo rendimiento en River lo llevó a ser parte de la Selección uruguaya. Con la Celeste lleva disputados 28 partidos y un gol. Es titular en el equipo del Maestro Tabárez y no piensa moverse de ese lugar.

Su historia en River continuó. Ese segundo semestre del 2015, el equipo, empachado de títulos y pensando en el gran desafío de jugar una final del mundo frente al Barcelona, bajó bastante su nivel. Se relajó podría decirse, aunque si lee esto el entrenador no le va a gustar mucho. El River de Gallardo juega por objetivos. Casi siempre que se propuso un objetivo concreto lo logró. Desde este lado, no somos del todo conscientes del desgaste físico y mental que los jugadores y el cuerpo técnico hicieron para conseguir el título que más obsesionaba a los hinchas de River. Y lo hicieron. Se quedaron con la Copa después de 19 años y nos brindaron una ilusión hermosa que fue enfrentar a Messi y compañía en el Mundial de Clubes. Ese objetivo no se logró y el equipo se desarmó. No hay nada para reprochar, al contrario, el agradecimiento es eterno.

Carlitos siguió su carrera de nuevo en México. Esta vez no fue a préstamo sino que le compraron el pase. Rayados de Monterrey adquirió los servicios del 8 mágico uruguayo. En el club donde juega también el otro Funes Mori – el no grato para el hincha millonario, digamos para ser suaves- disputó 20 partidos y marcó 9 goles en 2016.

Después de su partida, River ha tenido partidos buenos, regulares y malos, pero lo cierto es que no ha vuelto a jugar con un número ocho. El esquema táctico se adaptó a su salida y el equipo ocupa otros espacios. El hincha lo extraña. Enganchamos algún resumen de la liga mexicana para verlo en acción o estamos atentos a los partidos de Uruguay en las Eliminatorias para alentarlo. El hincha quiere que vuelva a River, a correr, a meter, a pedirla, a hacer goles. Queremos que Carlitos Sánchez vuelva a encender el motor que recorre toda la cancha.

Escrito por: Diego Adur