El barco de Gallardo

Éste cambio repentino de actitud como golpe de timón es lo que quería, debo admitir que no me esperaba tanta ligereza en el efecto. Lo lograste devuelta Marcelo, no podes ser así, no quiero que te vayas nunca.

Hace exactamente dos semanas critiqué (con mucha razón) lo mal que había vuelto River en el fútbol argentino, pero claro, jamás puse en duda la capacidad mental y de líder que posee nuestro entrenador, la ilusión jamás la perdí.

Son tres triunfos al hilo y algo más incisivo con respecto a esto: fueron de visitante en la Libertadores, en la casa del complicadísimo Lanús y luego contra el siempre difícil Belgrano. Ahora si, estamos en el baile.

Augusto va creciendo en forma exponencial. Los zagueros que tenemos vienen con una garantía de 100 años, cuánto aprendió el pibe Martínez al lado de la leyenda viviente, Maidana; de todos modos, a Lollo le tiro una fichita. Nacho cada vez más esencial, Rojas volvió a ser el de antes y cada vez que toca la pelota siento un placer visual. Sebas sigue en llamas. Todo redondo. Ah, me olvidaba de lo más llamativo, segunda vez consecutiva que Pity hace un gol y juega bien, algo que debió ser desde su llegada.

Es sumamente alentador el panorama, se percibe desde las puertas del vestuario de estos muchachos, que todos tiran para el mismo lado y que son ciegamente confiados (como todos nosotros) en el director de la orquesta que tienen, porque si les ordena algo, sabrán entender que tiene su sólido fundamento, es que nos estamos refiriendo a una persona ultramente pensante. Privilegiados somos de tener al mejor entrenador del país y quizás también esté dentro de los mejores del universo. Por algo está con nosotros, todo tiene un por qué. Solamente él lo sabe. Este señor debe sentir mariposas en la panza cuando sacude de derecha a izquierda y de izquierda a derecha su mano hábil en dirección a la tribuna, producto de cada ovación dominguera en el Monumental.

Comenzó el show de River, empecemos a disfrutarlo, aplaudan y griten como ayer, que huevos sobran.

Por: Axel Bellingeri

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