El guerrero millonario

En Glorias de esta semana, homenajeamos a uno de los máximos referentes en la actualidad del plantel millonario y el mejor central de la Argentina. Jonatan Maidana, el guerrero de las mil batallas, que sigue luchando con la camiseta del Más Grande.

El Jony es un símbolo del River más rudo, del metedor, del River que ganó todo. A lo largo de los años que ha estado en el club, Maidana se convirtió en una verdadera muralla para proteger a su equipo de delanteros bravos, pesados y de jerarquía. Tuvo que adaptarse a defender muchas veces mano a mano, a cerrar por los costados cuando los laterales no volvían y hasta a correr a los rapiditos del rival y barrer la pelota al lateral o al corner.

Sí, el Jony es quien hace el trabajo sucio. El que está siempre. El que saca todo. Su fuerte es el juego aéreo; a veces pareciera que tiene un imán en la cabeza que lo lleva directo a donde va a caer la pelota. Si alguna vez tratan de pasar a Maidana, por arriba ni lo intenten. Gracias a su robusto cuerpo también puede imponer su presencia e incomodar a los contrarios, sin dejarlos pensar ni actuar con facilidad.

Es un jugador muy completo y cumple su rol de líder silencioso a la perfección. Maidana no habla mucho dentro de la cancha (ni fuera), pero ordena a sus compañeros. No grita desaforadamente, muestra el camino. No vende humo ni inventa escenas de pelea contra los rivales. Él lucha.

Hace poco escuché la frase, “Maidana vendió más centrales en los últimos años que River en toda su historia”. Y es así. Han pasado Pezzelas, Funes Moris, Mammanas y Balantas. Todos vendidos a Europa y en gran nivel. Jugar a su lado los potenció y los hizo crecer como futbolistas. Hoy es el caso de Martínez Quarta, que se afianza a su lado como zaguero central. Claro, uno tiene más confianza y garantías para desplegar su juego si atrás lo tiene al Jony cuidándole la espalda.

Su historia en River empezó de la mejor manera. Para acallar los rumores y las dudas sobre él por su pasado en Boca, el Jony no tuvo mejor idea que meter un tremendo cabezazo de pique al suelo y anotar su primer gol con La Banda, nada más y nada menos que para ganar 1-0 el Superclásico del Torneo Apertura 2010, en el Monumental. La gente ya empezaba a quererlo.

Al año siguiente ocurrió la desgracia del descenso. Pero en vez de agarrar cualquier oferta e irse, decidió quedarse a pelearla, como ya nos tiene acostumbrados. Se quedó para poner la cara por un club que también lo trató muy bien y le dio todo. Y tal fue su compromiso que cuando volvimos se tatuó en el bíceps de su brazo izquierdo la fecha del regreso a Primera.

Nunca más saldría del plantel titular, más allá de las lesiones, una en especial que en 2012 lo mantuvo alejado de las canchas por 7 meses: rotura de ligamentos cruzados. Pero volvió, porque Maidana siempre vuelve y siempre está.

Años más tarde vendría esta seguidilla de títulos, primero con Ramón por el torneo local y después con el Napoleón del fútbol, el conquistador de trofeos, Gallardo. Se me ocurren pocos jugadores que merezcan como Jonatan Maidana esos campeonatos, esos reconocimientos.

Su perfil bajo es lo que lo hace aún más querible, sobre todo para el viejo hincha de River o el que no está hiperconectado a redes sociales y prendido a los programas deportivos de tevé.  Y es que Maidana no aparece mucho en estos lugares virtuales y de exposición mediática. Si quieren verlo, tendrán que ir a la cancha. Allí es donde mejor habla su idioma, el fútbol.

Dentro del campo de juego, puede parecer un protagonista de película épica de guerra, al mejor estilo 300 Troya, pero fuera del verde césped, cuando la pelota deja de rodar el tipo es un bonachón. Humilde, tranquilo, en armonía con su vida y con los objetivos bien plantados.

El Jony debe ser de los pocos casos que existen donde la exposición que significa jugar en el mejor club de la Argentina no lo ha transformado. Lo hemos adorado y alabado, agradecido por cierres mágicos o despejes con lo justo, pero ese fanatismo que tenemos todos los hinchas por él no se le subió a la cabeza. Siempre que juega un partido, quiere ganarlo a toda costa y sin importar la gloria pasada. Nunca vimos un Maidana a media máquina y aún afectado por lesiones, ha estado presente, porque realmente se lo necesita dentro del equipo.  Por la muralla que levanta, por la confianza que le da a sus compañeros y la tranquilidad del arquero en tenerlo delante. Se lo necesita por sus goles a Boca, o en Brasil. Se necesita su fuerza, su garra, sus huevos. Y quédense tranquilos, hinchas de River, que Maidana ha demostrado que cada vez que se lo necesita, él está.

Escrito por: Diego Adur  |

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