Ese Burrito no es cualquiera

Felices 43 al último diez que tuvo el Millo en su rica historia, gracias Ariel por tantos años de magia, por compartirlos con nosotros, siempre con tu sonrisa característica y tu derecha letal que nos volvió locos.

Lloro cada vez que veo compilados de todas las monstruosidades que hiciste con la pelota -tu gran amiga-, fuiste un poeta del deporte más lindo del mundo y eso no lo puede negar nadie. Cómo extraño esas pinceladas a lo Picasso, en donde con una gambeta le producías un dolor de cintura al defensor que tenía la desgracia de marcarte.

Ensalzo a tu diestra, pero cómo negar que con la zurda nos diste alegrías inmensas.

Caños, pisadas, sablazos, vaselinas, asistencias, de todo hiciste con el dorsal “7” y “10” (el que mejor te cuadró) junto a la banda roja que te cruzó el alma de por vida y que jamás quisiste soltar, como uno de nosotros.

Jujeño hermoso, un burrito que no es cualquiera. De Ledesma al fascinante Núñez que se deleitó con la prosa futbolística que produjiste, siendo la luz en el camino que nos ayudó a ser campeones, como vos.

Besarte el escudo fue tu grito de guerra, y por eso no tendremos una imagen opuesta a ella, te metiste en la mesa de los grandes que marcaron historia en nuestras páginas doradas, de eso no tendrás que preocuparte jamás.

Te fuiste al viejo continente, te vestiste de celeste y blanco, levantaste la Libertadores, te cansaste de alzar trofeos en representación nuestra y obviamente dijiste presente cuando de hacerle goles al máximo rival se debía.

Esa forma particular de patear desde los doce pasos, particularmente me desquició (en el buen sentido). Te queremos por el resto de nuestras vidas, Burrito.

Nunca te borrarás de nosotros, es más: niños que no pudieron disfrutarte en plena carrera tuya, tendrán un resplandor en sus ojos cada vez que algún afortunado riverplatense o quizás de otro cuadro que pudo verte, les cuente acerca de las maravillas futbolísticas que lograste en un poco más de dos décadas.

Gracias a éste oriundo del norte del país que cumplió el sueño de jugar en el Monumental y encima se sobrepasó en el atrevimiento de insertarse en nuestros corazones. Feliz cumpleaños, Ortega.

Por: Axel Bellingeri

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