Chacho Coudet

Hoy presentamos una Gloria muy particular. Uno de esos tipos avivados, que te primerean si te dormís un poquito. Un kamikaze, que va al frente siempre. Un jugador que entendió el partido. Con ustedes, el Chacho Coudet.

Eduardo Coudet nació en la Ciudad de Buenos Aires el 12 de septiembre de 1974. Con 19 años recién cumplidos debutó en Platense, en el Apertura 93, en un empate 0-0 contra Boca. En el Calamar jugó hasta el 95’ y de allí pasó a Rosario Central.

En el Canalla tardó poco tiempo para convertirse en ídolo. Mostraba un juego muy punzante por las bandas, de mucha intensidad. Era un mediocampista creativo y aguerrido a la vez. Salió campeón de la Copa Conmebol de 1995 llevando la cinta de capitán. Todo un líder para sus compañeros.

El tipo siempre fue muy impulsivo. Un loquito que no le importaban los parámetros establecidos por la sociedad futbolera. Si no le gustaba algo, lo decía. Eso lo llevó a tener varios cruces con diferentes personajes del ambiente deportivo, pero seguro que le fue mejor que a otros más sumisos, más pasivos.

En 1998, lo compró San Lorenzo. En el año que estuvo en el Ciclón desplegó una gran performance de tacos, rabonas, caños y todo tipo de lujo que se le ocurriera. La picardía del platinado se observaba tanto en las canchas como en las cámaras. Declaraba como jugaba; desenvuelto, sin caretas ni personajes y yendo al frente.

Además de esta faceta desfachatada tan atractiva para los medios de prensa del mundo del fútbol, el Chacho era un jugadorazo. Cuando menos se lo esperaban sacaba un bombazo tremendo inatajable que festejaba con piruetas al piso. También era un gran asistidor y muchos delanteros goleadores le deben un gran porcentaje en derechos de autor.

Llegó al Millonario en 1999 a un plantel plagado de estrellas. No alcanzaría con ser el cómico del grupo para ganarse un lugar entre los 11. Y el Chacho no estaba solo para hacer reír. A base de esfuerzo y buenos partidos, se fue ganando un lugar como el 8 que River tanto necesitaba. Un típico carrilero por derecha, con recuperación de pelota y centros precisos al corazón del área.

En ese Apertura 99, el primero que disputaba Chacho con la casaca de La Banda, River salió campeón y Coudet levantó su primer título a nivel local. Pero no el único… Ya se empezaba a acomodar como titular indiscutido en el equipo. Funcionaba como esa pieza clave, que si falta desbarata al resto de los componentes. Era importante para sus compañeros. Él lo sabía y se hacía cargo. La gloria millonaria ya comenzaba a llenar sus pulmones. Fue campeón, también, de los Clausuras 2000, 2002, 2003 y 2004. Con un Ortega imparable, un joven Cavegol que mojaba desde todos lados, el Chacho no se quedaba atrás y afinaba la orquesta con una gran calidad y sacrificio por el equipo.

Una de sus actuaciones más destacadas fue en la goleada 3-0 contra Boca en la Bombonera. Anotó un golazo donde el equipo fue moviendo la pelota de izquierda a derecha y le llegó al Chacho para que le cambiara el palo al arquero y festejara el 2-0 parcial. La goleada se redondearía a través de la grandiosa vaselina de Ricardo Rojas. Emocionante.

En el 2004 volvió a Central, el club de sus amores. A partir de ese momento comenzó una interesante gira por muchos equipos donde jugaba poco tiempo, pero dejaba su marca. Otra vez al Cuervo, de vuelta al Canalla, tres años en México, de vuelta en Argentina para jugar en Colón y por último, sus momentos finales como jugador de fútbol profesional, en Estados Unidos entre 2010 y 2011.

Ya como técnico, hizo toda su carrera hasta el momento, dirigiendo a la Academia rosarina. Si bien era una incógnita cómo iban a jugar sus equipos, los dirigentes de Central confiaron en el potencial del Chacho. Mostró la misma intensidad con la que jugaba sus partidos. Su plantel lo respetaba mucho y había inculcado una idea de juego basada en una relación amistosa con la pelota. El Central de Coudet iba al frente, atacaban y trataban de cuidar la posesión. Las oportunidades más concretas de plasmar en las vitrinas todo lo bueno que venía trabajando las tuvo en la finales de la Copa Argentina 2015 y 2016. La primera, la perdió a manos de un Boca que contó con la exagerada ayuda del árbitro del encuentro. Fue un papelón bochornoso del que Central se quejó durante largo tiempo. La última, fue en un partido épico, lleno de emociones y goles, donde por suerte para los hinchas del Millo, el Chacho no se iría contento. El conjunto dirigido por el Muñeco Gallardo ganó 4-3 en Córdoba y Coudet renunció a su cargo.

Se espera que el Chacho vuelva a River con el buzo de DT. Aún es pronto y por suerte tenemos el puesto muy bien cubierto. Pero todo el público riverplatense mantiene un afecto muy grande por este revulsivo del fútbol que siempre supo ir más allá de lo establecido. Un distinto, que jugó y vivió siempre como mejor le parecía. Y mal no le fue…

Escrito por: Diego Adur

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