Manu Lanzini

En épocas donde la esencia millonaria escatimaba, apareció él. Ya no un 10, propiamente dicho, sino parte de ésta camada de armadores de gran habilidad y con llegada al gol. Mediapunta. Una generación que parece haber prevalecido en nuestro fútbol de hoy.

Hablar de Manu Lanzini como una Gloria, quizás confunda a muchos. Pero la gloria es para quien la alcanza y creo que él lo hizo. Marcar el gol más rápido en la historia de los superclásicos es una muestra de ello. Abrir el marcador en el famoso Ramirazo, también lo es. Ganar el primer campeonato después de la resurrección, sin dudas que es glorioso.

Hablemos de su juego. Un juego vistoso, atractivo. Con la explosión para desnivelar un partido, la suficiente habilidad para llevarlo a cabo y la velocidad para lograrlo. A Manu nunca le pesó la camiseta de River. Se sentía cómodo en la cancha. Disfrutaba.

Surgido de la cantera millonaria, fue uno de los juveniles que más temprano debutó en Primera. Sus ganas por hacer rápido las cosas comenzaban a notarse. Sus inicios fueron jugando baby fútbol en la categoría 93 del Club Academia Kaly de su Ituzaingó natal. Más de pibe, se lució en el 77 Fútbol Club, de San Antonio de Padua, ciudad donde creció y comenzó a enamorarse de la pelota, y en el club 4 de Mayo.

Un descubridor de talentos de aquella época quiso probarlo en Boca, pero los colores del Manu pudieron más y se negó por completo. Quería jugar en River… Llegó en 2002 para fogearse desde Inferiores en lo que significaba pertenecer a un club tan grande como este. En el 2008 salió campeón con las categorías octava y novena y ya disfrutaba marcarle goles a Boca: un doblete en la victoria 3-0.

Su debut en Primera fue de la mano de Ángel Cappa, a mediados de 2010. Tenía tan solo 17 años. Jugó poco en esa penosa temporada que culminaría con el descenso del Más Grande. Entre lesiones y decisiones tácticas no tuvo la participación suficiente para ser considerado héroe ni villano.

Fue cedido a préstamo al Fluminense por un año. En el conjunto brasilero tuvo buenas actuaciones y se convirtió en un arma futbolística importante. Fiel a su costumbre de marcar en los clásicos, anotó un gol en el histórico duelo carioca Flu-Fla, aunque el partido terminó en derrota 3-2.

Regresó al Millonario en 2012 y se adueñó de la camiseta con el dorsal más lindo de todos, la diez. Siguió mostrando un juego vistoso, algo poco frecuente para el River de esas épocas tan mezquinas de buen fútbol. Era punzante en sus ataques, contundente.

Fue en el Torneo Final 2013 que le anotó a Boca, en la Bombonera, el gol más veloz en todos los duelos jugados entre sí. Fue en 43 segundos tras un centro del gran Carlos Sanchez. Su cara de pibe, feliz, lo festejaba con nosotros.

Pero no es esta la única incidencia que tuvo Lanzini si de historias superclásicas hablamos. En el Torneo Final 2014, volvimos a visitar la cancha del rival donde no ganábamos hace 10 años. Un River duro, con la mística de Ramón visitaba La Boca, deseoso de comer lechoncito esa misma noche. Fue Manu Lanzini quien frotó la lámpara una vez: Un pique tremendo para dejar atrás a los defensores y una definición justa para madrugar al arquero. Era el 1-0. Fue Manu Lanzini quien peleó esa pelota en línea de fondo, con el partido ya empatado, forzando el tan recordado “No fue corner”. Fue él mismo el que lanzó ese centro desde la esquina que tan épicamente conectó Ramiro. Autor intelectual de ese golazo. Pieza clave en esa victoria. “Se sintió la ausencia de nuestra gente, por el apoyo incondicional que nos da siempre. Queríamos regalarles este triunfo a ellos” declaraba después del partido un Manu emocionado y fiel a sus colores.

Se coronó campeón de ese Final 2014, devolviendo al Millo a la gloria. Dejando a River en el lugar que se merece. Volviendo a ser. Mostrando el camino, ese que tanto se apuraba en recorrer.

Emigró a la Liga árabe para jugar en el Al-Jazira. Ya había rechazado una oferta millonaria de ese país y ningún profesional, por más amor que sienta por su club, puede decirle que no a tanta plata. Hizo goles y dio asistencias de todos los colores. Tuvo grandes rendimientos que no alcanzaron para obtener el título. Quedó segundo, detrás del Al Ain que le sacó 9 puntos de diferencia.

A mediados de 2015 fue cedido a préstamo al West Ham y a principios del 2016 el equipo inglés hizo uso de su opción y lo compró. El contrato fue por cuatro temporadas con opción a extenderlo por dos años más. Sacando cuentas rápidas, le quedarían entre 2 y 4 años para pensar en un posible retorno, allá por 2021…

Y es que se lo extraña a Lanzini. En momentos de camisetas pesadas es necesario contar con jugadores que vuelan por la cancha. Que entiendan lo significativo que resultan estos colores, como lo entiende Manu. Un pibe, crecido, pero pibe al fin, que juega con el corazón del hincha, pero con la habilidad de los grandes.

Escrito por: Diego Adur

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