Feliz en tu día

Hoy es una jornada especial para aquella persona que se ganó nuestro amor en silencio, en una afonía que, de todos modos, eran rugidos de león, ese guardián que nos protegió como un titán.

Desde que te fuiste los días no son iguales y no dejo de tenerte presente. Porque tu sonrisa nos alegraba tanto como una volada tuya a lo Súperman y verte llorar nos partía el alma cual derrota en el último minuto.

Gente como vos hace falta, esa que nunca habla por demás y responde en el lugar que los bocones se hacen pis encima y se les va la “pasta de campeón” que simulaban tener. 33 pirulos para este enorme ser, el último gran arquero que el buzo con el escudo nuestro le quedaba pintadito y no le pesó en ningún momento, así como si conociera lo que es el mundo River desde el primer día de su nacimiento, la misma fecha de hoy, pero por el 84´.

No podré olvidarte, porque fuiste uno de los pilares fundamentales en nuestra resurrección. Derramé un mar de lágrimas en aquel partido contra Gimnasia en el templo cuando la voz del estadio te nombró como sustitución; te quitaste tu merecidísima cinta de capitán; recibiste abrazos de todos nuestros jugadores y del Muñeco (que terminó recibiendo un regalón, tus guantes) junto a sus colaboradores, que sin dudas eran nuestros representantes en aquél momento porque todos queríamos agradecerte todo lo que nos entregaste; y finalmente le dejaste la herencia al pibe Augusto, que pobre, ahora se está comiendo el derecho de piso por tus genialidades pasadas.

Desde ya, debo admitir que no me perdí ningún tipo de ceremonia relacionada para que no te vayas, hasta recé en distintas religiones para que te quedaras. No se dio. Pero te entendí y ahora lo que más deseo es que ya hayas cambiado de aire y tengas ganas de volver, porque cuando quieras hacerlo tendrás las puertas abiertas.

Feliz cumpleaños, Trapito, te queremos un montón.

Por: Axel Bellingeri

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