Discrepo

River le ganó por penales a Independiente Rivadavia en Mendoza y llega afilado para el partido ante Unión por la reanudación del campeonato doméstico. ¿El Millo jugó mal? Considero que no.

Puntos de vista varios, opiniones diversas. El debate es lo más lindo que tiene el fútbol. Hinchas respetuosos, fanáticos irreverentes por la causa, de todo se puede encontrar. ¿Qué más pedir para el deporte más hermoso de la historia?

Ahora vengo a desarrollar la idea. El partido lo vimos todos, hacer un resumen ya es en vano a estas horas, por esto digo lo siguiente: Buen partido de River, teniendo en cuenta las condiciones del campo de juego y la lluvia torrencial, e interesantes apariciones de Nacho Fernández y el Pity Martínez.

Probablemente la catarata de insultos venga, la aguantaré. Gonzalo Martínez hace falta en el equipo. La chispa del gambeteador, ese que rompe los esquemas, ese que es tan insultado (me incluyo en más de un partido que colmó mi paciencia) es necesario para el planteo de Marcelo Gallardo.

El encuentro ante San Martín de San Juan marcó la cancha para más de un opinólogo. La falta de explosión en tres cuartos de la cancha preocupa a todos además del jugador cerebral que se fue y aún no supimos reemplazar. Por este motivo, y muchos más, no sería descabellado pensar que el Pity puede tener su gran año luego de tanto renegar. ¿Por qué no? ¿Hay un futbolista como él en el vestuario Millonario?

Ya en el día de ayer, ante Independiente Rivadavia de Mendoza, el partido tuvo varios condimentos a la hora de analizar el juego como por ejemplo el contexto. La hinchada Millonaria copó las tribunas que le correspondía, en una de las provincias más Riverplatense de todas, y luego vino el diluvio. Lluvia que parecía no cesar y que no dejaba ni siquiera ver a los jugadores con viento en contra y truenos que pasaban cerca del estadio. Todo sumado al pésimo estado del campo de juego del Malvinas Argentinas que empaño la labor de ambos equipos.

Como ocurrió en San Juan, el equipo arrancó perdiendo y luego, ayudado a una expulsión infantil del rival, pudo acorralar al local y así llegar al gol con un autor nuevo: Carlos Auzqui quién no había tocado el balón hasta el que empujó a la red.

A la hora de los penales una vez más Augusto Batalla fue responsable de la victoria del Más Grande. Esta vez tapó el primero nomás, tras un fuerte remate del Sapito Encina, y luego los cinco ejecutantes de La Banda convirtieron para sellar la victoria.

River jugará, por ahora, ante Unión el domingo a las 19 horas en el estadio Monumental. Nacho Fernández, Ariel Rojas y el Pity Martínez deberán ser las manijas del equipo para así lograr el funcionamiento que Marcelo Gallardo quiere.

Por: Juan Lagos

Chacho Coudet

Hoy presentamos una Gloria muy particular. Uno de esos tipos avivados, que te primerean si te dormís un poquito. Un kamikaze, que va al frente siempre. Un jugador que entendió el partido. Con ustedes, el Chacho Coudet.

Eduardo Coudet nació en la Ciudad de Buenos Aires el 12 de septiembre de 1974. Con 19 años recién cumplidos debutó en Platense, en el Apertura 93, en un empate 0-0 contra Boca. En el Calamar jugó hasta el 95’ y de allí pasó a Rosario Central.

En el Canalla tardó poco tiempo para convertirse en ídolo. Mostraba un juego muy punzante por las bandas, de mucha intensidad. Era un mediocampista creativo y aguerrido a la vez. Salió campeón de la Copa Conmebol de 1995 llevando la cinta de capitán. Todo un líder para sus compañeros.

El tipo siempre fue muy impulsivo. Un loquito que no le importaban los parámetros establecidos por la sociedad futbolera. Si no le gustaba algo, lo decía. Eso lo llevó a tener varios cruces con diferentes personajes del ambiente deportivo, pero seguro que le fue mejor que a otros más sumisos, más pasivos.

En 1998, lo compró San Lorenzo. En el año que estuvo en el Ciclón desplegó una gran performance de tacos, rabonas, caños y todo tipo de lujo que se le ocurriera. La picardía del platinado se observaba tanto en las canchas como en las cámaras. Declaraba como jugaba; desenvuelto, sin caretas ni personajes y yendo al frente.

Además de esta faceta desfachatada tan atractiva para los medios de prensa del mundo del fútbol, el Chacho era un jugadorazo. Cuando menos se lo esperaban sacaba un bombazo tremendo inatajable que festejaba con piruetas al piso. También era un gran asistidor y muchos delanteros goleadores le deben un gran porcentaje en derechos de autor.

Llegó al Millonario en 1999 a un plantel plagado de estrellas. No alcanzaría con ser el cómico del grupo para ganarse un lugar entre los 11. Y el Chacho no estaba solo para hacer reír. A base de esfuerzo y buenos partidos, se fue ganando un lugar como el 8 que River tanto necesitaba. Un típico carrilero por derecha, con recuperación de pelota y centros precisos al corazón del área.

En ese Apertura 99, el primero que disputaba Chacho con la casaca de La Banda, River salió campeón y Coudet levantó su primer título a nivel local. Pero no el único… Ya se empezaba a acomodar como titular indiscutido en el equipo. Funcionaba como esa pieza clave, que si falta desbarata al resto de los componentes. Era importante para sus compañeros. Él lo sabía y se hacía cargo. La gloria millonaria ya comenzaba a llenar sus pulmones. Fue campeón, también, de los Clausuras 2000, 2002, 2003 y 2004. Con un Ortega imparable, un joven Cavegol que mojaba desde todos lados, el Chacho no se quedaba atrás y afinaba la orquesta con una gran calidad y sacrificio por el equipo.

Una de sus actuaciones más destacadas fue en la goleada 3-0 contra Boca en la Bombonera. Anotó un golazo donde el equipo fue moviendo la pelota de izquierda a derecha y le llegó al Chacho para que le cambiara el palo al arquero y festejara el 2-0 parcial. La goleada se redondearía a través de la grandiosa vaselina de Ricardo Rojas. Emocionante.

En el 2004 volvió a Central, el club de sus amores. A partir de ese momento comenzó una interesante gira por muchos equipos donde jugaba poco tiempo, pero dejaba su marca. Otra vez al Cuervo, de vuelta al Canalla, tres años en México, de vuelta en Argentina para jugar en Colón y por último, sus momentos finales como jugador de fútbol profesional, en Estados Unidos entre 2010 y 2011.

Ya como técnico, hizo toda su carrera hasta el momento, dirigiendo a la Academia rosarina. Si bien era una incógnita cómo iban a jugar sus equipos, los dirigentes de Central confiaron en el potencial del Chacho. Mostró la misma intensidad con la que jugaba sus partidos. Su plantel lo respetaba mucho y había inculcado una idea de juego basada en una relación amistosa con la pelota. El Central de Coudet iba al frente, atacaban y trataban de cuidar la posesión. Las oportunidades más concretas de plasmar en las vitrinas todo lo bueno que venía trabajando las tuvo en la finales de la Copa Argentina 2015 y 2016. La primera, la perdió a manos de un Boca que contó con la exagerada ayuda del árbitro del encuentro. Fue un papelón bochornoso del que Central se quejó durante largo tiempo. La última, fue en un partido épico, lleno de emociones y goles, donde por suerte para los hinchas del Millo, el Chacho no se iría contento. El conjunto dirigido por el Muñeco Gallardo ganó 4-3 en Córdoba y Coudet renunció a su cargo.

Se espera que el Chacho vuelva a River con el buzo de DT. Aún es pronto y por suerte tenemos el puesto muy bien cubierto. Pero todo el público riverplatense mantiene un afecto muy grande por este revulsivo del fútbol que siempre supo ir más allá de lo establecido. Un distinto, que jugó y vivió siempre como mejor le parecía. Y mal no le fue…

Escrito por: Diego Adur

Gracias

Al fin me enteré de algo que todo River deseaba y pedía a gritos: te quedas, Pipa. Preferiste la gloria antes que los billetes, si te va bien a vos, somos felices nosotros.

Ayer fui a dar un paseo por Núñez y se me dio por entrar al mejor museo del mundo, me gusta refrescar y conocer lo grande que es mi club. Fue inevitable ver al final del pasillo lo que pasó a mitad del 2015, reviví aquella noche de lluvia en el Monumental con tu cabezazo que nos abrió la puerta que estaba cerrada hace mucho tiempo. Observar ese momento me hizo temer aún más sobre la posibilidad de que partas hacia aquella liga que no me gustaría que pises nunca, ya para eso está el quebrador del pueblo.

Como bien dice el título, es esto lo que tengo para decirte: “gracias”, esa simple y a su vez compleja palabra de 7 letras, sintetiza lo que siento por vos, gratitud eterna. Como también la tienen los otros colosos que nos colocaron en lo más alto, provocando una mística y por otro lado un respeto por parte de los demás, comprendiendo que somos distintos.

Te calzaste la banda roja y te quedó perfecta, te pusiste los botines y rompiste redes, los arqueros ya te tienen miedo. No te pesó nunca la historia de River, tanto fue así que decidiste formar parte de ella. Hiciste goles importantes de todos los colores: me aseguraste llegar a la final de la Libertadores; me ayudaste a ganarla, cumpliendo ese sueño que se venía frustrando de manera frecuente; en Japón me salvaste y me otorgaste la posibilidad de enfrentarme con Messi; conquistaste una Recopa junto a Seba, tu compinche en la delantera; metiste 3 pepas para que sumemos una estrella más y asimismo no tengamos que verla por televisión. Sos fácil de extrañar, fíjate como lo hicimos contra Lanús, todos queríamos que entres hasta en muletas, por eso quiero tenerte, no te vayas y sigamos cumpliendo proezas.

Entraste por una puerta chiquita debido a nuestro poco conocimiento acerca de tu olfato goleador, gran cabezazo y elegancia para moverte con o sin la pelota. No sé qué tamaño de puerta tendrán que poner para cuando te vayas, porque sos gigante.

Sería un iluso si creería que te vas a quedar a vivir acá, lo anhelo, pero comprendo que no se puede, así que queremos aprovecharte hasta lo último, ojalá sea por mucho tiempo.

Por: Axel Bellingeri

Manu Lanzini

En épocas donde la esencia millonaria escatimaba, apareció él. Ya no un 10, propiamente dicho, sino parte de ésta camada de armadores de gran habilidad y con llegada al gol. Mediapunta. Una generación que parece haber prevalecido en nuestro fútbol de hoy.

Hablar de Manu Lanzini como una Gloria, quizás confunda a muchos. Pero la gloria es para quien la alcanza y creo que él lo hizo. Marcar el gol más rápido en la historia de los superclásicos es una muestra de ello. Abrir el marcador en el famoso Ramirazo, también lo es. Ganar el primer campeonato después de la resurrección, sin dudas que es glorioso.

Hablemos de su juego. Un juego vistoso, atractivo. Con la explosión para desnivelar un partido, la suficiente habilidad para llevarlo a cabo y la velocidad para lograrlo. A Manu nunca le pesó la camiseta de River. Se sentía cómodo en la cancha. Disfrutaba.

Surgido de la cantera millonaria, fue uno de los juveniles que más temprano debutó en Primera. Sus ganas por hacer rápido las cosas comenzaban a notarse. Sus inicios fueron jugando baby fútbol en la categoría 93 del Club Academia Kaly de su Ituzaingó natal. Más de pibe, se lució en el 77 Fútbol Club, de San Antonio de Padua, ciudad donde creció y comenzó a enamorarse de la pelota, y en el club 4 de Mayo.

Un descubridor de talentos de aquella época quiso probarlo en Boca, pero los colores del Manu pudieron más y se negó por completo. Quería jugar en River… Llegó en 2002 para fogearse desde Inferiores en lo que significaba pertenecer a un club tan grande como este. En el 2008 salió campeón con las categorías octava y novena y ya disfrutaba marcarle goles a Boca: un doblete en la victoria 3-0.

Su debut en Primera fue de la mano de Ángel Cappa, a mediados de 2010. Tenía tan solo 17 años. Jugó poco en esa penosa temporada que culminaría con el descenso del Más Grande. Entre lesiones y decisiones tácticas no tuvo la participación suficiente para ser considerado héroe ni villano.

Fue cedido a préstamo al Fluminense por un año. En el conjunto brasilero tuvo buenas actuaciones y se convirtió en un arma futbolística importante. Fiel a su costumbre de marcar en los clásicos, anotó un gol en el histórico duelo carioca Flu-Fla, aunque el partido terminó en derrota 3-2.

Regresó al Millonario en 2012 y se adueñó de la camiseta con el dorsal más lindo de todos, la diez. Siguió mostrando un juego vistoso, algo poco frecuente para el River de esas épocas tan mezquinas de buen fútbol. Era punzante en sus ataques, contundente.

Fue en el Torneo Final 2013 que le anotó a Boca, en la Bombonera, el gol más veloz en todos los duelos jugados entre sí. Fue en 43 segundos tras un centro del gran Carlos Sanchez. Su cara de pibe, feliz, lo festejaba con nosotros.

Pero no es esta la única incidencia que tuvo Lanzini si de historias superclásicas hablamos. En el Torneo Final 2014, volvimos a visitar la cancha del rival donde no ganábamos hace 10 años. Un River duro, con la mística de Ramón visitaba La Boca, deseoso de comer lechoncito esa misma noche. Fue Manu Lanzini quien frotó la lámpara una vez: Un pique tremendo para dejar atrás a los defensores y una definición justa para madrugar al arquero. Era el 1-0. Fue Manu Lanzini quien peleó esa pelota en línea de fondo, con el partido ya empatado, forzando el tan recordado “No fue corner”. Fue él mismo el que lanzó ese centro desde la esquina que tan épicamente conectó Ramiro. Autor intelectual de ese golazo. Pieza clave en esa victoria. “Se sintió la ausencia de nuestra gente, por el apoyo incondicional que nos da siempre. Queríamos regalarles este triunfo a ellos” declaraba después del partido un Manu emocionado y fiel a sus colores.

Se coronó campeón de ese Final 2014, devolviendo al Millo a la gloria. Dejando a River en el lugar que se merece. Volviendo a ser. Mostrando el camino, ese que tanto se apuraba en recorrer.

Emigró a la Liga árabe para jugar en el Al-Jazira. Ya había rechazado una oferta millonaria de ese país y ningún profesional, por más amor que sienta por su club, puede decirle que no a tanta plata. Hizo goles y dio asistencias de todos los colores. Tuvo grandes rendimientos que no alcanzaron para obtener el título. Quedó segundo, detrás del Al Ain que le sacó 9 puntos de diferencia.

A mediados de 2015 fue cedido a préstamo al West Ham y a principios del 2016 el equipo inglés hizo uso de su opción y lo compró. El contrato fue por cuatro temporadas con opción a extenderlo por dos años más. Sacando cuentas rápidas, le quedarían entre 2 y 4 años para pensar en un posible retorno, allá por 2021…

Y es que se lo extraña a Lanzini. En momentos de camisetas pesadas es necesario contar con jugadores que vuelan por la cancha. Que entiendan lo significativo que resultan estos colores, como lo entiende Manu. Un pibe, crecido, pero pibe al fin, que juega con el corazón del hincha, pero con la habilidad de los grandes.

Escrito por: Diego Adur

Batalla hasta el final

El equipo de Marcelo Gallardo tuvo un amistoso ríspido por momentos ante San Martín de San Juan pero una vez más sacó a relucir la entrega y sacrificio para empatar el partido y luego ganar por penales.

Un amistoso más para el elenco Riverplatense. Esta vez, en San Juan ante San Martín ante un marco de público excepcional por parte del hincha Millonario en el estadio Bicentenario.

En la previa del partido se presentaron varios condimentos que se dieron con preocupación y alegría para La Banda. En la parte positiva se pudo ver a Ariel Rojas nuevamente con el Manto Sagrado y además se denotó a un Nacho Fernández participativo por el costado derecho del campo de juego y un Lucas Martínez Quarta cada vez más participativo y comandante de la primera línea.

El partido en sí ante San Martín fue flojo en todos los sentidos. En el marco se vio a un público local irrespetuoso con River ya que tiró petardos a Augusto Batalla antes que empezara el encuentro. Luego ya en lo futbolístico se puede decir poco y nada por la falta de juego que demostraron ambos equipos.

El primer tiempo pasó sin pena ni gloria, con pequeños estiletazos de buena conexión Nacho Fernández-Rojas. La única llegada del rival, tras otra grosera distracción/torpeza de Arturo Mina, terminó en gol tras una buena definición de Dening.

Ya en la etapa complementaria, River avanzó en el campo de juego y se vieron los mejores minutos de Ariel Rojas tras su retorno con buenas paredes y pases con Nacho Fernández y Leonardo Ponzio quien se comió la mitad de la cancha.

La expulsión del nueve rival, tras un codazo grotesco ante Arturo Mina, ayudó a la poca elaboración de juego que venía gestando el equipo de Napoleón. Dos cambios al instante por parte de La Banda con el ingreso de Larrondo y Palacios, que jugó muy bien los minutos que tuvo en el día de ayer, que le dieron más intensidad ofensiva pero poca eficacia en el arco rival.

Cuando todo parecía terminar a favor del Verdinegro, apareció Nacho Fernández con una pared con Palacios para luego tocar al medio y así Rodrigo Mora ponía el empate a pocos minutos de terminar el encuentro.

Ya en la tanda de penales, Augusto Batalla se lució atajando dos tiros mientras que los futbolistas de River convirtieron todos los que ejecutaron (Nacho Fernández, Ponzio, Larrondo y Mora).

El River de Gallardo debe mejorar desde su funcionamiento ya que cada vez se acerca más y más el comienzo de la ansiada Copa Libertadores de América. El hincha Millonario quiere conquistar el continente y viajar a Abu Dhabi, pero para lograrlo, se tendrán que afinar todos los engranajes de la máquina de Napoleón.

Por: Juan Lagos

Feliz en tu día

Hoy es una jornada especial para aquella persona que se ganó nuestro amor en silencio, en una afonía que, de todos modos, eran rugidos de león, ese guardián que nos protegió como un titán.

Desde que te fuiste los días no son iguales y no dejo de tenerte presente. Porque tu sonrisa nos alegraba tanto como una volada tuya a lo Súperman y verte llorar nos partía el alma cual derrota en el último minuto.

Gente como vos hace falta, esa que nunca habla por demás y responde en el lugar que los bocones se hacen pis encima y se les va la “pasta de campeón” que simulaban tener. 33 pirulos para este enorme ser, el último gran arquero que el buzo con el escudo nuestro le quedaba pintadito y no le pesó en ningún momento, así como si conociera lo que es el mundo River desde el primer día de su nacimiento, la misma fecha de hoy, pero por el 84´.

No podré olvidarte, porque fuiste uno de los pilares fundamentales en nuestra resurrección. Derramé un mar de lágrimas en aquel partido contra Gimnasia en el templo cuando la voz del estadio te nombró como sustitución; te quitaste tu merecidísima cinta de capitán; recibiste abrazos de todos nuestros jugadores y del Muñeco (que terminó recibiendo un regalón, tus guantes) junto a sus colaboradores, que sin dudas eran nuestros representantes en aquél momento porque todos queríamos agradecerte todo lo que nos entregaste; y finalmente le dejaste la herencia al pibe Augusto, que pobre, ahora se está comiendo el derecho de piso por tus genialidades pasadas.

Desde ya, debo admitir que no me perdí ningún tipo de ceremonia relacionada para que no te vayas, hasta recé en distintas religiones para que te quedaras. No se dio. Pero te entendí y ahora lo que más deseo es que ya hayas cambiado de aire y tengas ganas de volver, porque cuando quieras hacerlo tendrás las puertas abiertas.

Feliz cumpleaños, Trapito, te queremos un montón.

Por: Axel Bellingeri

»Rojas nos va a servir mucho»

Tomás Andrade dialogó mano a mano con RDLT y habló sobre lo que el Muñeco le remarca constantemente al plantel para el juego, analizó la importancia de los amistosos previo a la competencia oficial y valoró la llegada del volante Ariel Rojas: “es una gran persona y gran jugador”.

El mediocampista que debutó de la mano de Gallardo el año pasado y desde aquel entonces ha permanecido en el plantel de Primera, contó las exigencias por parte del entrenador: “Pide que seamos bien intensos para recuperar la pelota y cuando la tengamos que intentemos jugar para luego pasar la mitad de cancha y ser más profundos en la llegada al área”.

Con respecto al encuentro que se viene ante San Martín de San Juan el viernes 17, el juvenil indicó: “Es un partido que nos va a venir bien para preparanos en la espera al arranque del campeonato que es lo que más nos importa en éste momento y si me toca entrar trataré de hacer las cosas bien”, exponiendo su agrado por enfrentarse a los sanjuaninos.

La incorporación del Chino Rojas ha despertado la esperanza al público millonario ya que en su primera etapa demostró tener buen rendimiento, por lo que Tomás opinó: “Lo conocía de otro lado en donde compartí lugar con él y es una gran persona y gran jugador por lo tanto nos servirá mucho”.

Mi genio amor

Mientras que por las redes sociales incontables parejas se manifiestan su afecto, yo haré lo mismo mediante ésta vía con el amor de mi vida: River.

Lo nuestro es para siempre. Hemos pasado malos momentos, pero te prometí que “en las malas mucho más” y no me perdonaría fallarte. No me arrepiento de todas las cosas que he hecho por vos, éste vínculo que se generó justifica cualquier tipo de locura. Padecí lluvias, granizos, altas temperaturas y hasta quizás algún que otro golpe, todo por nosotros. De todos modos, fue algo recíproco: no solamente di, porque yo también recibí cosas que me fueron enamorando cada día más y las tendré atesoradas en mi corazón.

Tenés la capacidad de convertirme un día gris en el mejor del mundo en apenas 90 minutos. Porque para mí no son sólo “11 tipos corriendo detrás de una pelota”, cómo le pifian aquellas personas cuando minimizan lo que provoca el deporte más hermoso del mundo. A veces me miran raro cuando beso al escudo más bello que vi en mi vida, no comprenden que ese “CARP” no se queda en ser un simple estampado en una camiseta de tela, yo lo tomo como una forma de vida que con mucho orgullo elegí (y voy a seguir haciéndolo).

Sería muy hipócrita de mi parte dedicarte palabras dulces solamente en San Valentín, sin embargo, quiero que tengas en cuenta que para mí todos los días son catorce de febrero si estamos juntos. Un amor como el nuestro es verdadero y sincero, no termina más, nunca es pasajero.

Por: Axel Bellingeri

Pálida imagen

River jugó en el día de ayer ante Lanús por la Supercopa Argentina y cayó por 3 a 0 ante el Granate. Poco juego, falta de un nueve y errores defensivos graves, el Millo debe mejorar en todo aspecto.

El partido ante el equipo de Almirón, aquel Lanús que dejó una gran impresión en el último torneo doméstico, llegaba con algunas bajas de renombre y dudas en cuanta al planteamiento a realizar.

Por su parte, el once de Marcelo Gallardo tenía algunas variantes (como por ejemplo la vuelta de Casco, la confianza a Martínez Quarta y la titularidad de Rodrigo Mora por lesión de Lucas Alario) y dejaba incógnitas futbolísticas principalmente, para el hincha que vivía una nueva final para La Banda.

El partido en La Plata tenía a un River favorito por su nombre, su carácter para jugar las finales y además por su impronta en cuanto al juego. El inicio del encuentro dejó en claro ambos planeamientos. Por su parte, el elenco Riverplatense salió a jugar en campo rival proponiendo fútbol, entrega y peligro para el arco rival. Mientras que Lanús marcó un juego de contra, con puntas veloces y un nueve de área que quería vengarse de aquel club que le cerró las puertas rápidamente por escasez de habilidades propias.

Ya en el comienzo del partido se vio un elenco Millonario furibundo y perspicaz. Vivo para la marca, presionando en momentos claves e incomodando al equipo del sur. Todo parecía indicar una buena final para La Banda.

La primera parte no pasó sin sobresaltos, exceptuando a Germán Delfino y sus ganas de cobrar un penal en contra del equipo de Napoleón (que luego cumpliría en el final del encuentro).

River luego de una ráfaga de buenas intenciones cayó en un pozo que contenía falta de fútbol, desorden y poca marcar. Lanús golpeó en la segunda etapa y el Millo no encontró ninguna respuesta para el marcador desfavorable.

Tanto el Pity Martínez, y su falta de carácter y voluntad colectiva, como el poco fútbol mostrado, indicaron una imposible remontada por parte de La Banda. Intentos aislados de Nacho Fernández, la figura del partido, como de Carlos Auzqui en su debut no fueron suficientes para lograr un posible empate.

El partido finalizó 3 a 0 a favor de Lanús, que jugó y cumplió  el esquema y la idea planeada por Almirón a más no poder. River pagó caro sus errores y la falta de eficacia, claro al no contar con Lucas Alario se evidencia la falta de generación de juego que no supo demostrar en los 90 minutos el elenco Riverplatense.

Tanto el plantel como Marcelo Gallardo deberán repuntar y salir a flote para la Copa Libertadores de América, el gran sueño de todos. River debe mejorar y demostrar estar a la altura de la competencia más importante del continente. Refuerzos deberán llegar y se deberá mejorar.

Por: Juan Lagos

Perico Raimondo

Perico Raimondo llegó del Independiente multicampeón de los 70 para ayudar a River a romper la racha de 18 años sin títulos

Miguel Ángel Raimondo nació el 12 de diciembre de 1943, en Rosario, Santa Fé. Fue en Rosario Central donde dio sus primeros pasos como futbolista allá por 1965. Debió dejar el Canalla un año más tarde porque la llegada de Carlos Timoteo Griguol como técnico le auguraba una estadía prolongada en el banco de suplentes.

Pasó entonces a Atlanta, donde jugó del 66 al 68. Mostrando buenos rendimientos y solidez en el club de Villa Crespo, Raimondo dio el gran salto de su carrera y fue transferido a Independiente en 1969.

Con el Rojo vivió la mejor etapa de su carrera y es que ese equipo de finales de los 60 y primeros años de los 70 ganó todo. Dos títulos locales y seis internacionales – incluyendo un tricampeonato en la Copa Libertadores 72,73 y 74- marcan una era dorada para el club de Avellaneda.

Para ese entonces, Perico era ya un cinco consolidado. Mostraba solidez defensiva y creatividad para comenzar los ataques. Su prioridad era darle un buen destino a la pelota. Era un tipo muy pensante, que tomaba buenas decisiones para el equipo.

Una entrevista realizada por “Ovación” a finales del 2002 retrata como este gran jugador compara el fútbol de su tiempo con el de la actualidad: “Ahora es diferente, es otra historia, otro fútbol. Se juega distinto. Se piensa menos. Antes el jugador era mucho más pensante. Ahora se transporta mucho más, se amontona todo el mundo en el medio. Por eso en la época nuestra salían buenos partidos, se llegaba con mucha más claridad al arco contrario”

Raimondo analizó estos cambios y trató de buscar una respuesta. “Ahora se buscan solo resultados. Los técnicos influyeron mucho en esta metamorfosis que sufrió el fútbol. Con la presión alta el jugador no puede pensar. Cuando quiere parar una pelota, automáticamente el rival lo anticipa”

Ángel Labruna se convirtió en técnico de River en 1975 para sacar al Millonario de la crisis en donde estaba metido. Para eso, trajo a varios jugadores de renombre, entre ellos Miguel Ángel Raimondo.

Perico estuvo solamente una temporada en la Institución de Nuñez, pero fue suficiente para formar parte del plantel que rompió el maleficio. El último título del club había sido en el 57, coronando un tricampeonato. Contaban 18 años de sequía, 18 años sin gritar campeón.

El Metro del 75 despertaba nuevas ilusiones para el hincha millonario. Además de la llegada del rosarino, Labruna había traído a Perfumo, Artico, Pedro González y además Pinino Más pegaba la vuelta de Europa. El equipo contaba también con los nuevos talentos que comenzaban a brillar:  Filliol, J.J. Lopez y el Beto Alonso.

El campeonato había empezado muy bien para el Más Grande, con solidez defensiva, orden en el medio y un poderío ofensivo que se reflejaba en el marcador. Los primeros partidos fueron un empate y 9 victorias. River era puntero y ya no dejaría de serlo. Raimondo era el mediocampista central que necesitaba el equipo. Recuperando la pelota, distribuyéndola y cubriendo los espacios que dejaban sus compañeros cuando se lanzaban al ataque.

Dos fechas antes de concluir el torneo, River era el campeón. El maleficio se había roto y la historia millonaria volvería a recibir títulos de todos los tamaños y colores. Para ratificar que no era casualidad, el equipo también levantó el Nacional de 1975.

Así, en la temporada que Perico Raimondo jugó para La Banda obtuvo un bicampeonato, quedándose ambos títulos de 1975. Al año siguiente, pasó a All Boys donde se retiró del fútbol profesional.

Raimondo entendió el fútbol antes que muchos, su dinámica y, sobretodo, sus cambios. Por eso es que se adaptó tan bien a cada club donde le tocó jugar y a cada momento en que le tocó hacerlo. Así es como Perico ganó cosas tan importantes, y al hincha de River, le devolvió la alegría tras 18 años de tristeza.

Escrito por: Diego Adur