Trapito parapam Barovero

Trapito Barovero es uno de los grandes arqueros de la riquísima historia millonaria. Aquí repasamos su vida y su camino a la gloria.

Flaco, desgarbado, callado. Si existe un jugador que no tiene pinta de arquero, es Marcelo Barovero. Reflejos felinos, seguridad plena, letal en el mano a mano. Si hay un jugador que tiene alma de arquero, ese es Marcelo Barovero.

Ya hemos escrito en este espacio sobre otros porteros antiguos de la Institución de Núñez que no parecían poder llevar a cabo la tarea de proteger el arco más grande del mundo y sin embargo han cumplido y con creces. El caso Barovero es un ejemplo más de la contradicción que existe en quienes creen que para atajar hay que ser alto, fuerte y gritón.

Nació en Porteña, Córdoba, el 18 de febrero de 1984. Allí dio sus primeros pasos en el fútbol defendiendo los colores de Porteña Asociación Cultural y Deportiva.

En 2003, pasó a Atlético Rafaela y obtuvo el campeonato de Segunda División 2002/03. En el club santafesino estuvo hasta el 2007. La temporada siguiente atajó para Huracán, y luego tuvo el gran salto de su carrera, cuando en 2008 fue comprado por Vélez. En el club de Liniers se mantuvo como titular y demostró sus grandes condiciones como arquero y como líder silencioso. Fue campeón del Clausura 2009 y 2011.

Si bien Trapo llegó a River como campeón y capitán de Velez, no muchos confiaron en que este joven cordobés estuviera capacitado para defender el arco de La Banda. Era una responsabilidad muy grande después de varios largos años de promesas que no llegaron a estallar y algunos otros fiascos que tuvimos bajo los tres palos.

Barovero llegó a River en julio de 2012. Debutó contra Estudiantes de la Plata en la segunda fecha del Torneo Inicial de ese año, en el que el Millonario regresó a Primera. Vistió la camiseta de La Banda en 167 oportunidades, recibió 145 goles y mantuvo la valla invicta en 75 partidos.

Estadísticas. Buenas, malas, mejores o peores, pero estadísticas al fin. Frías estadísticas. Y Barovero dejó en River sensaciones mucho más calientes que simples números. Primero que nada, le devolvió seguridad a un equipo endeble. Con su confianza y su tranquilidad tan particular, Trapito comenzó de a poco a ser una garantía en el arco del club. Su bajo perfil frente a la prensa distorsionó la realidad de este muchacho de 32 años que se convirtió en referente, en voz de mando y capitán del equipo. Arengando en la manga y ordenando a sus compañeros desde fondo, el arquero se hizo muy importante para el grupo. Ni hablar desde lo futbolístico, donde con tapadas increíbles y rendimientos soberbios se fue ganando los primeros cánticos de la hinchada. Mientras el “tra-pi-to, tra-pi-to” caía desde la tribuna, la figura de Barovero fue agigantándose cada vez más. Partido tras partido, se sentía su solidez bajo los tres palos como también se sufría cuando debía ser reemplazado. Y es que el “1” de La Banda padeció distintas lesiones que lo marginaron del primer equipo. Esta fragilidad física y su deficiente juego con los pies son acaso los únicos puntos flacos del cordobés.

Al igual que en el expediente Funes Mori, Marcelo Barovero tuvo su consagración como ídolo de River en un momento específico de un partido determinado, también contra el rival de toda la vida.
En el Monumental, se jugaba la segunda semifinal de la Copa Sudamericana 2014. El partido de Ida, en La Boca, había terminado empatado sin goles. Recién arrancaba el encuentro cuando un Chino Rojas despistado cometió un absurdo penal. Emanuel Gigliotti, el ahora lejano delantero xeneise, se paró frente a la pelota desde los 12 pasos. La hinchada del Más Grande enloquecía con cánticos y provocaciones al ex Cólon. En el arco, esperaba un tipo que simulaba nada pasarle por la cabeza. Ante el pitazo del juez, vino el disparo. Direccionado un poco a la derecha, iba hacia él un remate con potencia. Barovero no quería empezar ese partido tan determinante perdiendo. No quería ir a buscar la pelota al a red. Quería salvar a su compañero que se había mandado una gran cagada. Quería salvar a River… La mano derecha de Trapito impactó de lleno la pelota, desviándola y produciendo el alivio de millones de almas. Se festejó como un gol a favor. Marcelo, nombre de ganador si los hay, sólo se limitó a levantar el dedo índice de su mano salvadora, asegurando que esa noche – y tantas otras noches-, nadie iba a pasar por encima de él.

Ese partido terminó 1-0 a favor de River, pasamos a la final. La ganamos. Ganamos la Recopa del año siguiente y salimos campeones de la tan ansiada Copa Libertadores, también en 2015. La leyenda continuaba su curso. Un arquero determinante, protagonista. Salvando a su equipo de goles que parecían hechos. Devolviendo a la vida a sus compañeros con atajadas épicas. Transmitiendo un mensaje, diciendo “ustedes quédense tranquilos, que acá estoy yo. Sólo preocúpense por ganar”. Barovero, el capitán silencioso.  El que hablaba con sus propios actos y ordenaba a una gran defensa que sabía que, las pocas veces que flaqueaba, atrás suyo aun quedaba un obstáculo por resolver. Y los rivales, muchas veces, no sabían cómo hacerlo.

Trapito ganó todo con River y su nombre fue coreado por todo el estadio más de lo que muchos soñaron alguna vez. Es una verdadera Gloria Millonaria, a la altura de los máximos ídolos del club.

Hace algún tiempo, antes de irse, declaró: “Todo lo que yo hice en River quizás tome aun más importancia con el pasar del tiempo”.
Lo que nunca va a pasar es el cariño de todos los hinchas y el agradecimiento eterno por todo lo que le diste al Más Grande, ¡Trapo querido!

Por:  Diego Adur

El tema del verano

No lo puedo negar, te extraño mucho, River. Todo bien con el tema del veranito: el calor, poder zambullirme en el agua, estar de vacaciones, pero lo que más me gusta de la temporada veraniega son los Superclásicos en la Feliz, ahí es donde veo por primera vez en el año al Millo jugar con ganas, con hambre de victoria, el resto son partidos sin importancia que sirven para probar lo que le plazca a nuestro genio entrenador.

Mar del Plata querido, siempre que puedo te visito. Sea primavera, invierno o lo que fuere, me gusta pasar por fuera del José María Minella -si me pongo a pensar en el nombre de ese deté que ha dejado su sello en la rica historia de nuestro amado club, creo que es un guiño para nosotros, justo en el lugar más neutral que nos cruzamos con los bosteros- porque en muchas ocasiones me he sentido como en mi casa y me trae gratos recuerdos.

Para los que vayan mañana a la cancha, sepan que tendremos una batalla (no de agresión física) debemos mostrarles a aquellos que le cederán la otra mitad del estadio, que no son nada a comparación nuestra, como ha pasado en el correr de los años, debemos hacer fiesta, que el resto se encarguen los jugadores, que encima la semana que viene nos pueden dar una estrella más y los de la vereda del frente cuando mucho podrán chapear con ganar la Copa Luis B Nofal, que si lo dejas a Angelici va a reclamarle a la CONMEBOL para que la contabilicen como un título internacional…

Bueno televidentes futbolísticos, la mesa mañana estará servida y si quieren hacer sus apuestas pongan todas sus fichas en mí equipo que les juro que no los decepcionaré.

Una cosita más, Rodri, si te toca entrar, te pido otra de esas metralletas que nos vuelve locos.

Por: Axel Bellingeri

Dar y no recibir

En el día de ayer River jugó el primero de los dos partidos a disputar en Mar del Plata. El rival fue Aldosivi y ganó el local por 3 a 1 con un juego poco vistoso mostrad por parte de los pibes del Millonario.

Antes de comenzar, vale la pena aclarar para los mal intencionados, que éste artículo no hace referencia a la carencia en habilidad, técnica o talento por parte de los juveniles, sino principalmente, de la falta de refuerzos para el corriente año que tendrá varias competiciones y más que importantes para el equipo de Napoleón.

La crítica es siempre constructiva mientras no deje puntos en los cuales se dude de la credibilidad con la cual se apunta demostrar las ideas que el autor expone. Por éste motivo los hechos fácticos de la cuestión, nos ayudan a ser más claros a la hora de hablar de nuestro Millonario.

El 2017 arrancó muy bien. La continuidad de Marcelo Daniel Gallardo le daba a todo hincha la capacidad de volver a respirar por medios propios y no artificiales. Luego de la excelente noticia además venía un componente inevitable por el cual se centraba la presencia de Napoleón por los pasillos del Monumental: armar un plantel competitivo para volver a ser los dueños de América.

Hasta ese momento parecía todo encaminado pero los problemas comenzaron: pese al buen debut por la Florida Cup, River no mostró un gran juego y cayó ante San Pablo y Vasco Da Gama los dos encuentros restantes. La gira en Estados Unidos finalizó con dos pequeñas molestias como las de Alonso y Driussi y una lesión grave por parte de Denis Rodríguez que se perderá de 6 a 8 meses del calendario deportivo.

Además de las dificultades presentadas, Walter Montoya (novela del verano) no trató nunca de inclinar la balanza para jugar la Copa con el Millo y la dirigencia de Central se dedicó a mentir y manipular la información para confundir al pobre jugador que terminará de club en club por no encontrar la estabilidad que ofrecía el equipo del Muñeco.

La realidad del día de hoy marca que el equipo suplente que tiene a su disposición Marcelo Gallardo no representa la gratitud que debería al ser el técnico más importante de la historia de River junto a Ángel Labruna y Ramón Díaz (recordemos que el Pelado se fue por la falta de refuerzos al ganar dos títulos. Hecho que quedó tapado gracias a Marcelo).

Ya a la hora de encarar el análisis del partido de ayer ante Aldosivi, caerle a los más pibes sería pecar de ingenuo, de irrespetuoso y de energúmeno. Los primeros 45 minutos de juego tuvo a un River participativo con muchas ganas y entrega. Además se vieron pequeños destellos de Quarta y Montiel en la primera línea, en el mediocampo el doble caño de Moya, sublime, y el liderazgo de Rodrigo Mora que estuvo siempre participativo pese a ser un amistoso de las características mencionadas.

A la hora de hablar de los veteranos, y de la ambivalencia que tiene el fútbol argentino y los hinchas tan peculiares, Bologna no tuvo una buena actuación y se pide a Batalla de nuevo, a ponerse de acuerdo por favor. Ya hablando de la zona del mediocampo, hoy nos despertamos pensando “Gracias Ponzio por renovar y terminar tu carrera en el mediocampo de River”. Nicolás Domingo, que demuestra su amor por el club en cada entrevista realizada y demás, no está a la altura y la exigencia que siempre a demostrado Gallardo, una lástima por el volante central que volvió al Millo para consolidarse pero que definitivamente no podrá hacerlo.

El 3 a 1 ante el Tiburón dejó la cancha marcada. Por suerte se tiene un equipo titular que genera ilusiones basadas en nombres e individualidades intratables. La esperanza de ganarle a Boca, porque siempre se le debe ganar a los primos, radica en la mente maestra que sigue estoico en la lucha por mantener al Millonario en los primeros puestos del mundo futbolístico. Gracias Gallardo, siempre gracias por estar. La mayoría se habría ido al ver todo lo que está pasando, con la falta de seriedad que representa el fútbol doméstico, con los pocos refuerzos que llegan y el calendario peculiar a nivel sudamericano. ¡GRACIAS MUÑECO!

Por: Juan Lagos

Nicolás Rofrano

Nicolás Rofrano fue uno de los máximos artilleros en la era amateur y el goleador del Campeonato 1920, el primer título de River.

En la imagen sentado segundo lugar, teniendo en cuenta de derecha a izquierda. Surgido de las Inferiores del club, Rofrano debutó en el Millonario en 1915. Jugó allí 8 años hasta que en 1922 pasó a Alvear por una temporada. Regresó a River en 1923 donde jugó hasta su retiro, ese mismo año.

El Campeonato de Primera División 1920 se desarrolló dentro de la Asociación Amateurs de Football, una entidad disidente de la liga oficial y no reconocida por FIFA en ese entonces.

Un año antes, en 1919, estalló un conflicto en la Asociación Argentina de Football por una sanción que le impusieron a Vélez, puntero del vigente campeonato, descontándole puntos por la supuesta inclusión en varios partidos de un jugador que no lo tenía permitido. Tras varios reclamos, River y otros 12 clubes que se habían solidarizado con la institución de Liniers, fueron expulsados del torneo.

Por ello, se creó este organismo Amateur que organizó los campeonatos desde 1919 hasta 1926 con los clubes desafiliados. Más tarde, la AFA reconoció todos los torneos disputados dentro de esta Liga y los campeones fueron oficializados.

Rofrano fue un delantero muy habilidoso, con una potente pegada de pierna zurda. Fue una pieza clave para la obtención del primer título de liga obtenido por el Millonario. De los 34 partidos disputados, River ganó 25, empató 6 y perdió tan solo en 3 ocasiones. Rofrano fue el goleador con 13 tantos. Pero además de sus goles, tenía una visión de juego extraordinaria; se movía muy bien dentro de la cancha, leía muy bien las jugadas y tenía un talento especial para habilitar a sus compañeros de cara al arco.

Junto a cracks como Choperena, Arroyuelo, Laiolo y Chavín, hacían delirar a las tribunas de la vieja cancha, ubicada en Aristóbulo del Valle y Caboto, en La Boca. Los hinchas del Más Grande disfrutaban las goleadas de su equipo que parecían no detenerse nunca. Tres a cero a Estudiantes, dos a cero contra Defensores de Belgrano, tres a cero vs Ferro… River ganaba, gustaba, goleaba y se encaminaba al título.

El partido definitorio fue frente a Quilmes en cancha de Independiente, en Avellaneda. El equipo de Rofrano superó al club cervecero por dos a cero y se consagró campeón por primera vez en su historia de un torneo en la Máxima Categoría.
En 1914 ya había dado la vuelta olímpica en la Copa Competencia Jockey Club y también en la Tie Cup Competition, su primer título a nivel internacional, ese mismo año.

Sin duda, Nicolás Rofrano fue uno de los máximos goleadores de River dentro del Amateurismo. De contextura flaca y bajita, Rofrano se alimentó de goles: Durante sus 9 años en la Institución, anotó en 49 oportunidades.
Tan grande fue su historia que durante mucho tiempo se lo comparó con un ídolo como Adolfo Pedernera. El Maestro llegó a River para ocupar el espacio dejado por Rofrano. Tuvo que hacerse cargo de su talento y de sus goles. Esos goles importantes que sirvieron para dar la primera vuelta olímpica en la rica historia millonaria.

Por: Diego Adur

¡Fuerza pibe!

River jugó en el día de ayer el segundo partido correspondiente a la Florida Cup y pese a tener muchos suplentes en la mayor parte del tiempo del encuentro, empató 0 a 0 con un gran Bologna, acompañado por Denis Rodríguez que se lesionó y preocupa.

Suplentes que demostraron valía ante un rival temido en todo América. Así se vio a River que a pesar de jugar mal durante prácticamente todo el primer tiempo y gracias a las salvadas de Enrique Bologna, el Millonario supo establecer el cero en su arco.

Las dificultades a la hora de organizar una defensa inexperta y con poca coordinación en el transcurso del tiempo, obligó al arquero a ser figura y a Marcelo Gallardo cambiar el esquema en la segunda etapa.

El equipo brasilero comenzó muy bien con una oportunidad de oro ya que Medina derribó en el área a un jugador del San Pablo y el árbitro cobró penal. El guardametas de River le tapó el remate cruzado a la figura peruana Cuevas y mantuvo el cero apenas comenzado el partido.

El juego que mostró River preocupa al hincha pero a la vez se toma con pinzas. Un amistoso que se encuentra en el medio de la pretemporada, suplentes siendo a prueba y además un nuevo esquema que trata de agregar a la carpeta de cualidades por parte de Napoleón.

Los destellos más importantes por los cuales se vieron buenas jugadas por parte de La Banda fueron gracias a un incisivo Camilo Mayada por el costado derecho del campo de juego y Denis Rodríguez en el mediocampo siendo una opción constante en el ataque.

Un cero a cero que parecía no romperse durante los 90 minutos de juego ya daba una mala espina al hincha que vivió el partido como siempre, con la pasión característica del fanático Riverplatense.

Lamentablemente la mala espina por el resultado no iba a ser lo más importante ya que en los primeros minutos Iván Alonso se retiró del campo de juego por una fuerte molestia y luego, ya en la etapa complementaria, Denis Rodríguez salió llorando de la cancha y la noticia sería la peor: De seis a ocho meses de recuperación para el volante ofensivo de La Banda.

Al terminar el partido a cero, los penales tocaron la puerta y Beto perdió la magia ya que no adivinó ningún remate de los jugadores del San Pablo y lamentablemente para Moya en el octavo penal para el Millo sentenció el partido a favor de los brasileros ya que remató muy mal y el arquero pudo retener el balón.

El próximo partido será el domingo a las 17:15 horas ante el Vasco Da Gama pero la mirada del hincha no estará depositada precisamente ahí, sino en los estudios que confirmen la lesión de Rodríguez y además el movimiento del mercado de pases ya que Gallardo avisó que se tendrá que buscar un reemplazante por Denis. ¡Fuerza pibe!

Por: Juan Lagos

Ni se presenten

River logró imponerse ante el clásico rival por 2 a 0 con un buen juego colectivo y además con la garra y corazón que distingue a los referentes de este plantel. El Millonario estuvo cómodo y ganó con autoridad.

El partido que todos esperan ver en el verano. Las dos tribunas colmadas tanto como la de La Banda como la de los primos. La pasión de las dos hinchadas que tanto añoramos hace que el partido amistoso, para tomar ritmo, se convierta en la tercera guerra mundial.

Un encuentro apretado. Así se vivió. La histeria por parte del banco azul y amarillo colmó la paciencia de propios y extraños, siempre igual los mellizos. En el campo de juego se pudo ver un River más participativo, comprometido y voraz.

Los primeros 45 minutos pasaron sin pena ni gloria. Pocas oportunidades de gol creadas por ambos equipos, muchas faltas y juego cortado. Lo único a resaltar fue simplemente el color de las tribunas y la pasión de la banda millonaria que copó Mar del Plata.

Ya en la etapa complementaria se vio lo que todos querían. El 4-4-2 que propuso Marcelo Gallardo empezó a funcionar y a provocar fallas en el fondo de Boca, y gracias a esta profundidad se llegó a la mano insólita de Insaurralde tras un robo impecable de Driussi por el costado y un pase de cachetada para el Pity Martínez que generó el penal.

El goleador del torneo doméstico, Sebastián Driussi, ejecutó el penal y marcó el primer gol del partido que fue un punto de quiebre en el encuentro.

La participación de Rodrigo Mora en el partido, por la ausencia inesperada de Lucas Alario que fue resguardado para el encuentro del próximo sábado, fue una solución para el Millo ya que el Charrúa dejó todo y fue una de las figuras de la cancha.

Siete minutos más tarde a la jugada del primer gol, tras un excelente centro llegó Arturo el rey Mina para cabecear y vencer las manos de Werner que nada pudo hacer. El ecuatoriano metió un frentazo fulminante que decretó el 2 a 0 que iba a ser final a favor de La Banda.

El resultado denotaba la clara superioridad por parte del Millo, el juego colectivo del equipo de Napoleón vapuleó cualquier esperanza de los jugadores rivales que no se les ocurrió mejor idea que pegar patadas y descontrolar el partido. Driussi bancó la parada, vio la roja, pero se lo aplaudió por defender a uno de los suyos y así finalizó el partido.

River se prepara para la final del próximo sábado. El equipo cada vez se entiende más y más y falta la presencia de Lucas Alario, el goleador de las finales que siempre aporta su cuota. El Millonario le ganó una vez más a Boca, nos encontraremos en otra ocasión, y te ganaremos de nuevo.

Por: Juan Lagos

Embajadores del gol

El Millonario jugó su primer partido oficial de pretemporada, correspondiente a la Florida Cup, y ganó por 1 a 0 ante Millonarios. Cambio de sistema, prueba de jugadores y goleadores que siguen de racha.

River volvió al ruedo y lo hizo bajo el marco de la Florida Cup que se encuentra disputándose en Estados Unidos. La pretemporada en Orlando ya es una costumbre de éste equipo Riverplatense y esta vez contó con la participación en la competencia anteriormente mencionada que tiene equipos de América jugándola.

La Banda enfrentó en el día de ayer a Millonarios de Colombia en el primer encuentro del torneo para el equipo de Marcelo Gallardo. Previo a éste partido, el conjunto de Napoleón había disputado un amistoso ante Chivas USA y ganó 6 a 0.

El partido ante el equipo conducido por Miguel Ángel Russo comenzó de la mejor manera ya que River golpeó primero gracias a una excelente jugada de la dupla delantera que sigue siendo imparable. Alario recibió la pelota en el mediocampo y luego de meter un lindo caño se la pasó a Driussi que aguantó la marca y lanzó el pase al Pipa que quedó mano a mano con el arquero. Pie abierto, segundo palo y golazo para La Banda.

Ya con la ventaja en el marcador el equipo cafetero salió al ataque y evidenció la prueba a fuego para la línea de tres, que generalmente utiliza en las pretemporadas el Muñeco. Pese al buen partido de Luis Olivera y Jorge Moreira por las bandas, River sufrió ataques claros por los costados y tuvo que aparecer el muro Maidana y Augusto Batalla dando la seguridad que venía mostrando hasta los partidos desafortunados ante Boca y Central.

Pese a las dificultades en el fondo y la poca participación de Nacho Fernández y el Pity Martínez en el ataque River fue más que Millonarios en la primera etapa gracias a la claridad ofensiva que mostraron Sebastián Driussi y Lucas Alario. La perla del primer tiempo fue el doble caño que realizó el Gordo Driussi que deleitó a propios y extraños. ¡Que viva el fútbol Seba!

En la etapa complementaria River salió con los mismo once pero eso duró poco ya que a los 55 minutos realizó ocho modificaciones para darle rodaje a los suplentes. Entre ellos ingresaron Camilo Mayada y Denis Rodríguez que lo hicieron de excelente manera.

River jugó su primer amistoso oficial y ganó por 1 a 0. Cambio de sistema (3-4-1-2) que señaló las dificultades en el fondo pero que se retocará de cara a lo que viene. ¿Por qué no cambiar? Gallardo ya demostró su fortaleza mental para soportar la presión que conlleva esto. En Napoleón confiamos todos y vamos por mucho más.

Por: Juan Lagos

El Polaco Cap

El Polaco Cap jugó en River de 1962 a 1965 y dirigió al Millonario en 1982 un puñado de partidos hasta que su salud se lo permitió.

Vladislao Wenceslao Cap nació el 5 de julio de 1934 en Presidencia Roque Saen Peña, provincia de Chaco. Sus padres fueron inmigrantes polacos que se asentaron en el norte argentino escapando de las miserias que dejó la Primera Guerra Mundial.
Más tarde, la familia Cap se mudó a Barracas, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí papá Teodoro y mamá Julia incitaron a que su hijo tuviera una buena formación académica. Vladislao comenzó sus estudios en la Marina y mientras completaba la carrera como maquinista naval, el fútbol apareció en su vida y lo tentó para siempre.

Sus inicios como futbolista profesional fueron en Arsenal de Lavallol en 1952. Un año después pasó a Quilmes y a la temporada siguiente desembarcó en Racing. En la Academia jugó 6 años, del 54 al 60. Allí tuvo un gran desempeño y salió campeón del torneo de primera en 1958, marcando un gol en la final.

Al año siguiente, disputó con la Selección el Campeonato Sudamericano 1959 (luego, Copa América) que se desarrolló en el país. Argentina se quedó con el título, superando por un punto al Brasil campeón del mundo de Suecia 1958.

En 1961, pasó a Huracán. Su crecimiento futbolístico se reflejaba en su economía, también en alza. Para ese entonces, se había mudado a La Lucila del Mar y estaba casado con una italiana. Además del fútbol, Cap se había dedicado a los negocios: tenía una tienda de bazar en Pompeya.

En 1962 dio el gran salto en su carrera y pasó a la institución de Núñez. El Polaco llegó como un volante aguerrido y de marca, pero con una gran calidad técnica. Debutó en un partido contra el Santos, de Brasil – y de Pelé -. La particularidad de ese partido es que Cap había pasado un mes sin entrenar y ese día llegó tarde. Fue recriminado por el técnico Pipo Rossi, pero igualmente fue titular. Cap jugó un partidazo y anuló por completo al Rey. El Millonario ganó 2 a 1 y los diarios titulaban “Ya no manda el Santos y Pelé. River es el Rey”.

Disputó con Argentina la Copa del Mundo de Chile 1962, donde la Selección Nacional tuvo un mal papel, quedando afuera de la competencia en fase de grupos.

Con la camiseta de La Banda jugó hasta 1965. Si bien tuvo grandes actuaciones, él en lo personal y el equipo colectivamente, River no logró ganar ningún campeonato durante su estadía. Se quedó con el sabor amargo de los subcampeonatos en el 62, 63 y 65.

Continuó su carrera en Vélez, en 1966, y luego emigró al Miraflores, de Perú, donde se retiró del fútbol profesional.

En mayo del 82, regresó al club de Nuñez, ahora como técnico. El por entonces presidente Rafael Aragón Cabrera negoció con Cap su llegada para dirigir al Más Grande. Hasta ese momento, el Polaco era técnico de Boca y arregló con River incluso antes de desvincularse con los xeneises. Sus ganas eran muy fuertes…Fue el primer y único técnico que pasó de una vereda a la otra de forma directa.

En su currículum tenía la conquista del Metro 71 con Independiente y haber dirigido a la Selección Argentina en el Mundial de Alemania 1974, formando dupla técnica con su amigo Varacka.

En Junio del 82, inició su labor en el banco de La Banda, reemplazando nada más y nada menos que a Alfredo Di Stefano. Comenzó con buenos resultados tanto en el plano local como en la Copa Libertadores. Era un DT ofensivo, con buenas cualidades y eficiente. Se lo veía con muchas ganas e ilusionado de lograr cosas importantes. Entre sus dirigidos estaban el Pato Filliol, Merlo, Gallego y Tarantini. Buen material para cumplir sus objetivos.

Pero el Polaco Cap no pudo seguir al frente del equipo durante mucho tiempo. Una afección pulmonar que lo tenía a mal traer se agravó y ya no pudo recuperarse. Estuvo 10 días internado en el Hospital Italiano y falleció el viernes 10 de septiembre de 1982. El miércoles siguiente, el equipo Millonario goleó por 3 a 0 en su compromiso por Copa Libertadores y, de alguna manera, pudo homenajear y despedir a una gran gloria de la Institución.

Vladislao Cap fue un ejemplo de sacrificio, tanto en el fútbol como en la vida. Su jerarquía lo hizo crecer como profesional y como persona. Desde RDLT lo recordamos con cariño. ¡Grande Polaco!

Por: Diego Adur

Vaselina Rojas

En Glorias de esta semana homenajeamos a Ricardo Rojas, quien gritó su único gol con la camiseta millonaria en un clásico en la Bombonera picándosela al arquero y cerrando una goleada.

No habrá sido un eximio lateral ni un máximo referente dentro del equipo, pero lo cierto es que el argentino nacionalizado paraguayo es recordado por todo el mundo River por la exquisita vaselina contra Boca.

Ricardo Rojas nació en Posadas, Misiones, el 26 de enero de 1971. Desde joven le gustaba jugar al fútbol y mostraba capacidad para hacerlo, además de pierna fuerte y coraje para ir al frente.

Quizás por la cercanía con el país guaraní, su carrera como futbolista profesional empezó en Cerro Corá, de Paraguay, en 1991. En el club de Asunción jugó hasta fines del 92 y luego fue transferido a un grande de la región, Libertad, también de la capital. Allí estuvo desde 1993 hasta 1995, y su nombre empezaba a resonar fuerte en el ambiente futbolístico. Se desempañaba como lateral, rápido y aguerrido, de buen juego aéreo y hasta se dio el gusto de anotar un gol.

Todas estas condiciones generaron interés del fútbol argentino para repatriarlo y fue Estudiantes de la Plata quien lo trajo de vuelta en 1995. En el Pincha tuvo torneos de muy buen rendimiento, este misionero bravo que iba para delante sin miedo. Tanto es así que fue convocado para disputar con la Selección guaraní el Mundial de Francia 98. Paraguay llegó a Octavos de final, cumpliendo una aceptable participación y Rojas sumaba a su currículum práctica mundialista.

Ese mismo año, después de esta máxima competición, el lateral fue comprado por el Benfica, de Portugal. Jugó allí hasta el 2001. Su buen nivel y su experiencia internacional despertaron el interés del Más Grande, que lo trajo ese mismo año para incorporarlo al plantel dirigido por el Tolo Gallego.

En ese primer campeonato, el Apertura 2001, River quedó a un punto del Racing campeón y Ricky comenzaba a sumar minutos con La Banda.

El punto más alto de su carrera fue, sin dudas, en el Clausura 2002. El torneo había empezado bien para los millonarios sumando 4 victorias y un empate. En la fecha 6 tocaba Boca, rival de toda la vida y en la Bombonera, donde hacía más de 7 años que los de Núñez no podían sumar de a tres.

Pero ese día 10 de marzo de 2002, salieron todas. Con Ramón en el banco, el primer tiempo terminó 2-0 a favor del visitante, con goles del Cuchu Cambiasso y el Chacho Coudet. La segunda y tercer bandejas destinada al público Riverplatense explotaban. El segundo tiempo fue para seguir la fiesta millonaria y prolongar el sufrimiento del rival. Boca inquietó poco, River supo guardar la pelota y toda parecía quedar como en la primera parte.

Pero la alegría dio otro vuelco a nuestro favor: Cuando ya se moría el partido, Cavenaghi interceptó un centro que iba hacia el área de River y la pelota salió disparada para el lateral izquierdo, donde andaba un tal Ricardo Rojas. El misionero agarró la lanza y fue para delante, levantando la cabeza a cada rato para ver con quien podía descargar. Cerca del círculo central, apareció un joven D’Alessandro quien recibió la pelota y automáticamente jugo para el Burrito Ortega. Ariel lo vio picar a Rojas por el medio y lo habilitó con una cachetada de primera, dejándolo de cara al gol. Ricky no era consciente de lo que podía pasar, actuaba en piloto automático. Bajo una intensa lluvia, y con la molesta marca de Clemente Rodríguez, movió la bocha un poco para la derecha, sacándose al defensor de encima. Ya casi pisaba el área grande y otros tres hombres de Boca le salían al cruce. Era hora de actuar. Y vaya que salió linda la obra maestra que ensayó Rojas, picando la pelota que sobrepaso por arriba a Abbondanzieri y se fue a dormir directo dentro del arco, abrigada por la red. La Vaselina de Rojas quedaba inmortalizada. El goce millonario era eufórico. La bronca bostera se olía profunda. Con sus dos brazos en alto, alzado por sus compañeros, Ricardo Rojas no sólo festejaba el 3-0 a Boca con un tremendo golazo sino su entrada por la puerta grande a la historia de los jugadores más queridos por todos los hinchas del Más Grande.

Además del clásico, River se quedó con ese campeonato y el nacionalizado paraguayo tuvo otra participación determinante para ello. El gol de Cuevas contra Racing, la famosa corrida de Pipino, el relato desencajado de Costa Febre que tantas veces repetimos, todo eso fue después de que Ricky interceptara un rebote tras un tiro libre de la Academia y encaminara la contra. Rojas despejó el camino y le cedió el gol al paraguayo, quien con un suspenso infartante convirtió el triunfo para el Millonario.

Nuestro Rojitas, el hombre vaselina, jugó en River hasta 2006 y ganó 3 títulos. Los clausuras 2002, 2003 y 2004. Luego pasó a Belgrano de Córdoba donde se retiró.

Hoy, Ricardo Rojas vive en Puerto Rico, una ciudad de su Posadas natal. Trabaja en proyectos de agricultura junto con su familia y no mira más fútbol. Tampoco lo juega. “El cerebro quiere, pero las piernas no” dijo alguna vez. Fue consciente de su fama, de la explosión mediática que despertó con aquel gol increíble y se hace cargo. Sabe que es amado por los hinchas de River, pero “los de Boca se acuerdan de toda mi familia” bromea Ricky.

En su momento había declarado, “Creo que voy a soñar con esto por mucho tiempo”. Soñemos juntos, y recordemos esa hermosa vaselina bajo la lluvia. Esa goleada que humilló a los rivales de siempre. No despertemos, salvo que nos piquen.

Por: Diego Adur

Aaron Wergifker

Aáron Wergifker jugó en River desde el año 1932 hasta 1941 y ganó 4 títulos. Fue un lateral por izquierda aguerrido e indispensable para el equipo en aquellos tiempos.

La historia de este muchacho se narra a través del exilio y la búsqueda de un sueño. Sus padres vivían en Vosnesenck, un pequeño pueblo de la Rusia anterior a la revolución de Lenin.  En 1914, con la Gran Guerra ya en desarrollo, la familia Wergifker decidió huir hacia América en busca de un futuro más próspero y menos violento. Embarcaron rumbo a Brasil y su destino fue San Pablo. Al poco tiempo de su llegada, el 15 de agosto de ese año nació Aáron.

En tierras paulistas estuvieron poco más de tres meses, cuando se enteraron que las verdaderas posibilidades de desarrollo estaban en Argentina, más al sur aún de donde habían llegado. Se radicaron en Buenos Aires, en épocas de gran inmigración para la ciudad portuaria. Allí, el pequeño Aáron comenzó a mamar la pasión por el fútbol que ya colmaba a la mayoría de los porteños.

Si bien el joven Wergifker no poseía un talento natural con la pelota, sus inicios en River se dieron gracias a su esfuerzo y compromiso con el equipo. Recién cumplidos sus 18 años, debutó en el Millonario el 2 de octubre de 1932, en la victoria 1-0 frente a Lanús. Compartió cancha con los flamantes refuerzos millonarios Bernabé Ferreyra y Carlos Peucelle, impensado para el sacrificado Aáron que cumplía al pie de la letra lo que le demandaban hacer.

De a poco, se fue convirtiendo en una pieza clave en el equipo de José María Minella y el Charro Moreno. Jugaba de marcador de punta por izquierda. Sus compañeros, cansados de pronunciar mal su nombre, comenzaron a llamarlo “Perez”; una simpleza que resultaría beneficiosa a la hora de pedirle la pelota o marcarle algún rival a correr. Y vaya que corría el Brazuca. Era de contextura baja, pero corpulento. No tenía grandes capacidades técnicas, pero sí un sacrificio enorme para recorrer la banda de un extremo a otro, seguir a los rivales, marcarlos, meterles, comerles los talones como diríamos hoy en día. Fue un verdadero tubo de oxígeno para este equipo ultra ofensivo que contaba con Wergifker para cubrir esos espacios que quedaban en el fondo.

El Brazuca estuvo presente en el primer título que conquistó River en la era profesional, en 1932, con un Bernabé infalible que convirtió 43 tantos en el torneo. A finales de ese año, en diciembre, el equipo también ganó la Copa Competencia de la Liga Argentina de Football, venciendo en la final 3-1 a Estudiantes de la Plata. También fue campeón de la Copa Campeonato 1936, el campeonato 1937 y 1941.

En los 9 años que vistió la camiseta del Más Grande, jugó 203 partidos y convirtió dos goles, con la particularidad que hizo uno en la vieja cancha de River de Alvear y Tagle, ante Tigre, en la victoria 2-1, y el otro ya mudados al Monumental, también con resultado favorable 2-1 y ante Atlanta

En el 41’, ya como titular indiscutido, se produjo su salida del club por un extraño episodio del que no podemos estar seguros. Según los registros, el médico del plantel de aquél entonces abogaba por la causa nazi y a Wergifker, por su condición de judío, le inventó una deficiencia pulmonar para echarlo del equipo. Lo cierto es que a finales de ese año, la dirigencia encabezada por José Degrossi le dio el pase libre y el Brazuca se fue de River.

Pasó a Platense. En el Calamar jugó hasta 1946 y allí se retiró del fútbol profesional.

Aunque resulte extraño, Aáron Wergifker jugó en la Selección Argentina, entre 1934 y 1936. Junto al español Pedro Arico Suarez y al paraguayo Heriberto Correa, fueron los tres extranjeros que disputaron partidos con la celeste y blanca.

La realidad marca que este voluntarioso jugador no tuvo el reconocimiento merecido, quizás por su abrupta salida, quizás porque su juego no desplegaba la belleza de otros compañeros o simplemente por una desmemoriada histórica. Wergifker fue un lateral que entendía muy bien el fútbol y, sobretodo, el juego en equipo. Sabía lo que podía y debía hacer, y al mismo tiempo conocía sus propias limitaciones. Seguramente por eso fue tan importante en un plantel que inició junto a él una senda ganadora que lanzó a River como el club más importante de la historia.

Escrito por: Diego Adur