Galería de Talleres vs. River

Pereyra, el verdadero padre

Antonio Ameal Pereyra fue una figura del amateurismo Millonario recordado por anotar uno de los goles con que River venció a Boca en el primer Superclásico de la historia.

Pereyra nació en Buenos Aires el 17 de junio de 1893. Llegó a River en 1909, año en el que el club debutó en la Primera División. Allí jugó ininterrumpidamente durante más de 10 años. En 1914, se consagró campeón de la Copa de Competencia Jockey Club, una copa oficial de la era amateur del fútbol argentino, llamada así porque el trofeo lo brindaba la prestigiosa entidad de mismo nombre.

En la Selección Argentina disputó un partido en 1912. En 1922, el delantero fue transferido a Boca donde jugó un par de partidos de la Copa Campeonato de esa temporada y, ese mismo año, se retiró de manera oficial del fútbol.

Antonio Ameal fue partícipe del primer encuentro oficial entre River Plate y Boca Juniors disputado el 24 de agosto de 1913, por el torneo de Primera División. 103 años después, una crónica del diario La Nación de ese día ya reflejaba el marco que los Superclásicos irían demostrando a lo largo de la historia: “El anuncio de este match despertó en el público mucha expectativa por contar ambos equipos con elementos de cierta valía en sus filas, por sus posiciones casi iguales en el campeonato, y, más que todo, por el conocido antagonismo que media entre ambos clubs».

El partido se jugó en el viejo estadio de madera de Racing, donde Boca oficiaba de local. El conjunto Millonario, que en esa época lucía una camisa a bastones y no la tradicional banda roja, ganó 2 a 1. Los goles los convirtieron Cándido García y Antonio Ameal Pereyra para River, mientras que Marcos Mayer descontó para Boca. Más tarde, el responsable del segundo gol de La Banda se iría expulsado, tras una gresca generalizada entre los jugadores de ambos equipos cuando finalizaba el partido.

La particularidad de este enfrentamiento es que tuvo que ser demorado porque el árbitro, Patricio Mac Carthy, llegó 40 minutos tarde. Pereyra jugó en River desde 1909 hasta 1920, disputó 134 partidos oficiales y anotó 40 goles.

Por: Diego Adur

Galería de River vs. Banfield

¡Animal del gol!

El “Búfalo” Funes llegó a River para hacer goles y levantar copas. Se consagró campeón de la Libertadores de 1986 y, ese mismo año, de la única Copa Intercontinental que tiene el club en su historia

Juan Gilberto Funes nació el 8 de marzo de 1963 en San Luis. Hijo de don Pedro Funes y doña Martha Baldovino, el potencial goleador creció entre los “fierros” del taller mecánico que tenía su padre en la ciudad puntana. Fanático del fútbol y del automovilismo, Funes comenzó su carrera futbolística en Atlético Huracán de San Luis a los 15 años.

Pasó por varios clubes del Torneo Regional hasta llegar a Gimnasia y Esgrima de Mendoza,  donde a base de esfuerzo y goles se ganó un reconocimiento público inmenso que denotó su gran potencia física y capacidad para romper redes.

En 1984 fue transferido a Millonarios de Colombia, donde dio origen un idilio que se mantiene hasta la actualidad. “El Búfalo de San Luis”, como lo llamaban allá, fue estrella del fútbol colombiano y rompió todo tipo de records, como por ejemplo el mayor goleador en finales de la historia del país cafetero. En el segundo semestre del 85 marcó 32 goles obteniendo el botín de plata de ese campeonato. En total, en Millonarios anotó 55 goles en menos de dos temporadas.

Llegó a River el año siguiente, para disputar las semifinales de la Libertadores. El equipo del Beto Alonso tuvo que desempatar la fase contra Argentinos Juniors, campeón vigente. El partido terminó  empatado en 0 y el Millonario pasó por la diferencia de goles a favor que había obtenido en el grupo. Así llegó a una nueva final de América, la tercera en 30 años, con 10 años de intervalo entre cada una. River necesitaba romper la racha de finales perdidas y para eso contaba con el Tanque, el Misil, el artillero implacable que ya había sacado chapa en Colombia de goleador en partidos determinantes. Y Juan Gilberto Funes cumplió y con creces. Anotó uno de los dos goles con los que River venció en la ida al América de Cali (el otro fue del Beto) y en la final de vuelta, desató la locura de toda la hinchada y el pueblo riverplatense al marcar el 1-0 definitivo con el que River obtuvo, por fin, la primera Copa Libertadores de su historia.

Los que lo vieron jugar destacan su fortaleza física a la hora de correr para adelante, de arremeter contra el arco como un verdadero búfalo rabioso; Los que llegaron a conocerlo fuera del campo de juego hablan de su humildad y generosidad, describen a un tipo de gran corazón que se supo ganar el cariño de la gente en todos los clubes por los que pasó.

Con la camiseta del Más Grande obtuvo dos títulos más: La Intercontinental del 86, que River le ganó al Steaua Bucarest rumano y se consagró campeón del mundo y la Interamericana del 87 donde el cuadro de Núñez venció al Alajuelense, de Costa Rica. Funes, fiel a su costumbre de hacer goles en finales, anotó el segundo de la goleada 3-0 en el Monumental.

El Búfalo jugó hasta que se lo permitió su cuerpo. Pasó por el fútbol griego, francés y volvió a la Argentina a fines de los ochenta, pero su corazón enfermo le dijo basta.

El 11 de enero de 1992, debido a una insuficiencia cardíaca, murió en San Luis con apenas 28 años de edad. Tanto en su provincia como en cada lugar donde estuvo, Funes es recordado por sus goles y, sobretodo, por su bondad.

Así describió el Búfalo las sensaciones que le generó su gol en cancha de River allá por el 86, para consagrarse campeón de América:

“Si encontraba una escalera, me trepaba para abrazar a cada uno de los que gritaba. ¿Sabes lo que es ver a tanta gente que festeja tu gol? Por la cabeza se me cruzaron las caras de mis viejos, de mis hermanos, de mi señora, de los amigos del barrio…”

Para todos nosotros también fue eufórico.  Esa media vuelta a pura potencia con la que te sacaste al defensor y el remate rasante al lado del palo del arquero quedarán grabados en la memoria de todos los hinchas millonarios, Búfalo querido.

Por: Diego Adur

El Kaiser

Pase a que su gestión como presidente del Más Grande no fue la mejor no se puede dejar de reconocer que ha sido uno de los mejores defensores que tuvo el Más Grande no solo por su capacidad goleadora sino también por su capacidad de sacar todo lo que se acercara a su área.

Nació en Chacabuco, provincia de Buenos Aires un 25 de mayo de 1953, paradójicamente el mismo día que el Más Grande.

Comenzó su carrera en Sarmiento de Junín, que se encontraba en la Primera C, sin embargo, no duraría mucho allí, en uno de los partidos fue observado por «Pipo» Rossi, director técnico de River en ese entonces, quien no dudó en llevarlo para su plantel.

Su primer partido fue un clásico de verano contra Boca Juniors en 1974. En ese partido Néstor Rossi le preguntó si se animaba a jugar, a lo que Passarella contestó: «Discúlpeme que le conteste,

yo me animo a jugar, hay que ver si usted se anima a ponerme». Su debut oficial fue el 14 de abril de 1974 contra Rosario Central, de visitante, un partido que el Millo perdió por la mínima.

Se lo llamó El Gran Capitán y no hay ni un poquito de exageración en el apodo: Daniel Alberto Passarella fue eso. Un gran capitán. Podrán existir muchos jugadores importantes en la historia del fútbol de estas pampas, pero Passarella tiene algo que nadie podrá igualar: fue el primer argentino en levantar una Copa del Mundo. Ni más ni menos. A él le entregaron el anhelado trofeo aquel 25 de junio de 1978, en la fría nochecita del Monumental. Y él levantó y besó orgulloso la Copa. Ese día, millones quisieron ser Passarella.

Defensor que le puso el cuerpo a ese rol, el Kaiser defendía con los pies, con la cabeza, con los codos. Passarella te corría, te marcaba, te pegaba. Y si tenía que salir a golpear, golpeaba…

Caudillo de raza, era impasable. Temperamento de acero, no claudicaba. Convicción de oro y guapeza de platino, era tan luchador como ganador. Más morrudo que alto, tenía una elasticidad para saltar que se imponía en cualquiera de los dos cielos: en el del área propia y en el del área de enfrente. Sacaba todo y, con una frecuencia envidiable, llegaba al gol.

Cuando empezó en River, hasta le daba órdenes al experimentado Perfumo. Ese liderazgo lo llevó a ser capitán del seleccionado de Menotti que ganó por primera vez una Copa del Mundo.

En Argentina 78 le hizo un gol de penal a Francia. En España 82, un gol a El Salvador (de penal) y otro a Italia. Una corajeada suya ante Perú terminó en el tanto de Gareca que metió a la Argentina en México 86. Allí, la cinta de capitán ya estaba en poder de Maradona y eso empezó a enemistarlos.

Una infección lo marginó de la competencia, aunque formó parte del plantel campeón del 86. Ganador como jugador y como DT, dirigió a la Selección en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96 (medalla de plata) y en Francia 98.

Hasta 2013 fue presidente de River y lo demás no hace falta recordarlo. Mejor llamarlo gloria por lo que fue dentro del campo de juego y del otro lado de la línea de cal, cuando se alejó de eso ya todos sabemos lo que pasó.

Por: Luciana Contreras

Empate superclásico

Las glorías del Millonario, igualaron ante Boca Juniors en el fútbol Senior por 5-5, ante un marco repleto por hinchas Riverplatenses.

Este sábado, el conjunto de los ex-River, no pudo con el Xeneize e igualó, ante un público de más de 1.500 personas que fueron a verlos brillar una vez más, en la ciudad de Bariloche.

El equipo del Más Grande contó como de costumbre con leyendas como, Ubaldo Fillol, Leonel Gancedo, Ariel Ortega y Hernán Díaz, entre otros. Por el lado de Boca, el equipo fue conformado por: Marcelo Delgado, José Basualdo, Jorge Bermúdez, Jorge Vivaldo y Aníbal Matellán.

Por: Rocio Galuccio