La Fiera Rongo

Luis María Rongo fue un jugador surgido durante los años 30, década que en River estuvo marcada por grandes apellidos que aún hoy forman parte de la historia como Moreno y Pedernera. “La fiera”, como se lo conocía, es uno de los pocos futbolistas que tiene más goles que partidos jugados.

Nació en San Isidro en 1915 y como muchos se formó en las divisiones inferiores del Más Grande, que tiempo después lo vería brillar. Si bien pasó gran parte de su juventud en Núñez, sus inicios se dieron en Sportivo Acassuso. Desde aquel entonces, en River ya habían observado sus cualidades para llegar al arco contrario, en 1933 marcó 44 goles en las inferiores, casualmente, la misma cantidad que Bernanbé Ferreyra en la temporada anterior, pero en Primera.

Su debut de manera oficial con La Banda se produjo en 1935, más precisamente, un primero de septiembre. Ese día, una lesión de Bernabé le abrió las puertas y el rival de turno no era otro que Boca. Rongo hacia su presentación en la primera en un superclásico. Ya en el año de su debut iba a demostrar que su poder ofensivo era de temer. En los cuatro partidos oficiales que disputó, anotó cinco goles, es decir, que cada vez que le tocaba actuar, cumplía.

En su primer partido oficial ante Boca, a los 21 minutos del segundo tiempo marcó el gol que decretaría el empate. Fue 1 a 1 ante el clásico rival. Un mes después, jugó su segundo partido y le hizo 3 goles a Gimnasia de La Plata, y también se anotó con otro tanto más ante Talleres de Remedios de Escalada. El problema fue que cuando el histórico Bernabé se recuperó de la lesión Rongo tuvo que volver a la cuarta. Sin embargo, mientras formó parte del plantel profesional obtuvo dos campeonatos, el de 1936 y el de 1937, aunque sólo había jugado 15 partidos. Ese mismo año, al no tener lugar dentro de un equipo que contaba con apellidos de peso en la delantera, “La fiera”, como lo apodaban, se fue a Argentinos Juniors.

Esta es una de las particularidades de su historia. Jugó en la misma temporada -la del 37- en un equipo que fue campeón como River y en otro con el que se fue al descenso, Argentinos. El equipo de La Paternal estaba sumido en una profunda crisis futbolística e institucional, Rongo hizo todo lo que pudo pero sus goles no fueron suficientes para salvar al equipo. Anotó ocho tantos en 13 partidos. Ese año perdería la categoría junto con Quilmes.

Después de eso, volvió a River, para ese entonces había pasado un año desde su partida pero su cuota goleadora seguía intacta. En 20 encuentros anotó 33 tantos. Algo similar le ocurriría en 1939 donde otra vez superó en goles los partidos disputados: 10 en 7 juegos. Cinco de esos tantos, los haría en una misma tarde, la del 26 de mayo en Caballito ante Ferro. Su último tanto vistiendo la camiseta del Más Grande se lo anotó a Vélez, ya en 1940 y fue su único festejo esa temporada.

De River pasó al fútbol de Brasil, recaló en Fluminense donde ganó un título y siguió marcando goles en cantidad: 36 en 25 partidos. Una vez más, tuvo más cantidad de goles que partidos. Finalmente regresó al fútbol local para jugar en Platense, Temperley, Excursionistas y San Telmo.

Un goleador de sus características es difícil de encontrar hoy en día. En aquel entonces tenía delante suyo nada más ni nada menos que al “Mortero de Rufino” que no le permitió tener continuidad. Sin dudas que un hombre de gol como Rongo hubiera sido la joya de cualquier equipo, River no lo supo disfrutar pero hay más de un motivo para recordarlo.

Por: Luciana Contreras

Un wing con gol

Antonio Alzamendi nació en la ciudad de Durazno en Uruguay en 1956, fue uno de esos jugadores que cuando llegaron al club parecian no tener mucho para dar, sin embargo, el destino había escrito que quedara en la historia del club. Fue el autor del gol más gritado en la historia de River. 
Sus inicios en el fútbol profesional argentino, no fueron en el Más Grande, sino en uno de los dos clubes de Avellaneda, Independiente. Allí, llegó en 1978 y jugó durante tres temporadas para luego mudarse a Núñez donde rápidamente se ganaría el cariño de toda la hinchada.
Sin embargo, su origen futbolístico hay que buscarlo muchos más atrás en el tiempo y más alejado del Monumental. Comenzó jugando en Wanders de Durazno cuando aún era un adolescente, estuvo tan sólo dos años en ese club pero fue suficiente para que sea motivo de orgullo de toda una ciudad. Además, jugó en Policial otro club de su ciudad pero su primer paso importante sería en un club chico de Montevideo de nombre Sudamérica, de allí cruzó directamente el río de La Plata para llegar a Buenos Aires en 1978.
Como ya se dijo, su primera parada en Argentina sería Avellaneda, estación que lo dejaría en Núñez donde conocería la gloria del fútbol argentino, sin embargo esto no sería tarea sencilla. En Independiente empezó a conocer el éxito y se convirtió en uno de los futbolistas más admirados del país y sólo su presencia en una cancha ya era motivo más que suficiente para acudir al estadio.
Sus inicios en River, por el contrario, no fueron muy felices, tal es así que rápidamente se volvió a su país natal para jugar en Nacional y luego en Los Tecos de Guadalajara (México). Finalmente regresaría a Uruguay para recalar en Peñarol.
Dicen que el fútbol siempre da revancha y vaya si Alzamendi la tuvo. Después de un paso poco recordado en el Millonario, “La Hormiga” como lo llamaban volvería a River para encontrarse con la gloria. El paso de los años y la experiencia en otros clubes le habían permitido madurar lo suficiente para vestir una camiseta con el peso de La Banda.
En River, fue donde encontró aún más notoriedad. Su velocidad y capacidad goleadora resultaron determinantes para la conquista de los primeros títulos internacionales en la historia del club y probablemente en el Monumental vivió los mejores años de su trayectoria profesional.
Sus actuaciones más recordadas vistiendo la camiseta del Más Grande se darían durante la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental. En la Libertadores de 1986, fue el segundo goleador de River, detrás de Ramón Centurión. Además, fue el autor del gol que le permitiría la conquista del tan ansiado trofeo. A los 28 minutos de una final con escaso vuelo técnico y con indisimulable tensión Alzamendi marcó el gol del triunfo. Fue el 14 de diciembre de 1986, en el Estadio Nacional de Tokio. De esta manera, River se quedaba con la Copa Intercontinental. Además, había sido elegido el mejor futbolista del encuentro.
La vida futbolística de Alzamendi estuvo atravesada por ese gol y por un rasgo relevante: siempre aparecía en los momentos complicados de los partidos decisivos. Como aquella vez de 1987 en la que dejó afuera de la Copa América a Argentina, que venía de ser campeona en México y que contaba con Diego Maradona, en sus tiempos de crack universal e inmejorable.
Después jugó en otros clubes como el Logroñés de España, junto a Ruggeri y Pumpido, estuvo en Mandiyú de Corrientes y terminó su carrera profesional en Rampla Juniors.
Antonio Alzamendi, un wing con gol, que supo escuchar por Núñez repetidas veces el grito de: «U-ru-gua-yo / U-ru-gua-yo».

Por: Luciana Contreras

Beto Menéndez

Fue durante una tarde de 1954 cuando un jovencito llamado Norberto Menéndez de 17 años asomó en la bombonera para entrar en lugar de un grande como era Ángel Labruna. Ese fue su primer partido en la máxima categoría del fútbol argentino, enfrentaba nada más ni nada menos que al clásico rival pero eso no le pesaba, enseguida se ganó la admiración de toda la tribuna Millonaria.

En los ´50, Norberto Menéndez estaba en el Club Sacachispas cuando fue a buscar suerte a River. Habilidoso, muy inteligente y bajo de estatura, había llegado a River de la mano de visionario de talentos como era Renato Cesarini, el día que se fue aprobar el dt le dio escasos minutos en cancha y su desilusión fue enorme, sin embargo su poco tiempo en el verde césped se debió a que sus cualidades estaban a la vista, enseguida lo llamaron para firmar su primer contrato con el club de Núñez.

El 18 de Julio de 1954, quedaría grabado en la memoria del Beto, como lo llamaban, sería su primer partido y del lado del frente estaba Boca. Le tocó entrar después de la lesión de Walter Gómez, en ese momento también estaba ausente Ángel Labruna por lo que el dt, José María Minella, decidió su ingreso en el campo de juego. Menéndez, conformaría la dupla de ataque con otro talento del club que en ese entonces tenía apenas un año más que él: Enrique Omar Sívori. Sin embargo, no era titular, alternaba entre la primera y las divisiones inferiores, su situación continuó así hasta 1957. En ese entonces había demasiadas figuras delante suyo, Vernazza, Prado, Sívori, Labruna, Gómez, Loustau, aunque por supuesto nunca se rindió.

Finalmente, Sívori se iría del club tras ser vendido al fútbol italiano, de esta manera se abría la oportunidad para “el Beto”. Cuando logró la titularidad demostró la calidad que tenía pero en mayores cuotas, hasta ese entonces había obtenido dos títulos, el primero en 1955 y el segundo, un año después, en1956 pero, como ya se dijo, entraba y salía del equipo. Fue el campeonato de 1957, título que también ganaría, el que lo encontró asentado en la primera división. Se había convertido en un titular indiscutible del equipo.

En sus seis años en el Más Grande, entre el 54 y el 60 convirtió 57 goles en 124 partidos, sin embargo no tendría un final feliz en River. Se terminó yendo del club en 1960 para jugar en Huracán aunque muchos sospechan que el conflicto y su paso al club de Parque Patricios solo era una pantalla para ocultar sus verdaderas intenciones: jugar en Boca.

Así fue que en 1962, llegó al clásico rival donde ganó la misma cantidad de campeonatos que en el Millonario, tres. Tiene la particularidad de ser el único jugador que pasó por ambos equipos obteniendo la misma cantidad de títulos en cada club.

También, jugó en otros equipos como Defensor de Montevideo y Colón de Santa Fe, sin embargo estaba en su destino volver al club que lo vio nacer. En 1974, se volvería a acercar a River para desempeñarse como ayudante de campo de Sívori, quien en ese entonces ocupaba el puesto de dt, en el Torneo Nacional.

Murió en Buenos Aires un 26 de mayo de 1994 a los 57 años.

Por: Luciana Contreras

Federico Vairo, gloria del fútbol

Federico Vairo nació un 20 de enero de 1930 en la ciudad de Rosario, se desempeñó como marcador de punta y fue integrante de un plantel conformado por figuras destacadas como Ángel Labruna y Amadeo Carrizo, entre otros. Además de un gran jugador, también fue un descubridor de talentos, entre los que se destaca Matías Almeyda.

Con solo 15 años, ya era una de las promesas de Central. La famosa huelga de jugadores del año 1948, propició su debut en primera vistiendo la camiseta Rosarina junto a otros pibes tan amateurs como él. Sin embargo, fue en 1951 cuando se estableció definitivamente en Primera y tuvo la oportunidad de comenzar a mostrar domingo tras domingo las cualidades que un tiempo después lo llevarían a ser visto como uno de los mejores defensores del país.

Su puesto era el de marcador de punta y se caracterizaba por su capacidad para jugar y su entrega, por sus grandes actuaciones en el conjunto Canalla, en 1955, desde Núñez decidieron contar con sus servicios donde jugó un total de 97 partidos oficiales marcando tres goles.

Su primer partido con la camiseta del Más Grande sería el 30 de abril de 1955 en el estadio Monumental, en un encuentro ante Tigre. Formó el gran equipo de la década del 50, junto a grandes jugadores como Amadeo Carrizo, Ángel Labruna, Walter Gómez y Vernazza, entre muchos otros, además obtuvo tres títulos consecutivos en el Millonario: 1955 – 1956 – 1957. Su último encuentro  con la casaca de la “Banda roja” sería en noviembre de 1959, frente a Ferro (5-0).

De Núñez, su juego se mudó al extranjero, el primer paso lo daría en el fútbol chileno jugando para O’Higgins. Estuvo allí hasta 1966, en ese club descendió a la Segunda División en 1963 y un año más tarde logró el título y el ascenso.

Además de un ídolo y un gran futbolista del Club Atlético River Plate, se desempeñó en la Selección Argentina donde disputó 44 partidos. Se consagró campeón en una oportunidad con la albiceleste dando la vuelta olímpica en el Sudamericano de 1955. También, tuvo la oportunidad de participar de  una Copa del Mundo, la de Suecia en 1958.

Cuando decidió colgar los botines encontró su destino fuera de la línea de cal, se dedicó a la dirección técnica. Fue nombrado dt interino de River durante cinco encuentros, con tres victorias, un empate y tan sólo una caída. Sin embargo sus actuaciones más destacadas como entrenador se darían en las inferiores del Millonario.

Dirigió a los pibes de la cuarta y la quinta de River en el legendario partido ante Argentinos Juniors en la cancha de Vélez. En ese encuentro, el Millonario lograría alcanzar el título Metropolitano de 1975 después de vencer en los 90 minutos por la mínima a los de La Paternal. De esta manera, se cortaría la racha de 18 años sin coronas. También, fue un descubridor de talentos, no sólo llevó a Matías Almeyda al Más Grande sino que también fue quien puso los ojos ni más ni menos que en Leonel Messi, el 10 de la Selección y Barcelona no dudo ni un segundo al ver el talento futbolístico de la “Pulga sin embargo en River lo vieron demasiado chiquito y no lo aceptaron…

Falleció a los 80 años un 7 de diciembre de 2010 a causa de complicaciones pulmonares. Desde River Desde La Tribuna lo recordamos como un crack que supo lucirse con la Banda Roja.

Por: Luciana Contreras

Paraná

(INCLUYE VÍDEO) Fredy, representante de la Filial Paraná, contó a River desde la tribuna la experiencia de realizar un estandarte que cuenta con 600 metros cuadrados de puro fanatismo.

La elaboración de la bandera no fue un proceso fácil: primero, los fanáticos compraron cada parte de ella con la colaboración de todos para luego mandarla a coser y pintar en un lugar en el centro de Paraná que se encargaba de dedicarle su tiempo los fines de semana.

El trapo fue inaugurado el día de la bandera más grande del mundo de un equipo de fútbol y presentado en la Platea Sivori por los apasionados que alentaban al Millonario con el orgullo de un sueño cumplido luego de tanto esfuerzo.

Con respecto al problema de las banderas, Fredy expresó: “Son parte de nuestro fútbol, no lastiman a nadie y los bombos tampoco. Sería bueno que volvieran los visitantes y los trapos grandes. El fútbol no sólo es ver jugar a River, también es todo esto”.

Además, recordó con nostalgia los días que ingresaba a la cancha tres horas antes para enfrentarse con el equipo contrario a base de cantos y banderas pero afirmó que no ocurre lo mismo en la actualidad debido a una cuestión de hipocresía que está matando al fútbol.