Marquinas

La historia de una bandera familiar, sus comienzos fueron allá por el año 2008, cuando se disputaba el Torneo Clausura, certamen que River gano bajo la dirección técnica de Diego Simeone. Leandro Marquina junto a sus amigos cuelgan la bandera en la Sívori Baja atrás del arco cerca de la Belgrano Baja.

Lleva ya 6 años, una anécdota que recuerda con esa bandera, fue en el 2012 época donde River estaba en la B Nacional, viajando a Mar Del Plata para el partido con Aldosivi, a mitad del viaje recuerdan que se la olvidaron y tuvieron que volver a buscarla.

El nombre «Marquinas» surge en representación de la familia Marquina, su padre que va a ver a River desde los 9 años se le ocurrió hacer un trapo que los represente a todos.

“El sueño es llevar la bandera a lo más lejos posible”, la edición del Mundial de Clubes se jugara en Japón en diciembre de 2015.

Además de esa bandera tienen otra en honor a Matías Almeyda ex jugador y DT millonario, ya no la tienen en su poder debido a que fue entregada al Pelado luego de un partido en el que River le ganó a Lanús, a su vez recibió la camiseta y el pantalón que uso Matías ese día.

Peucelle: El primer «Millonario»

Carlos Peucelle, fue el primer “Millonario”. En el momento en que “Barullo”, como lo llamaban por su impredecible gambeta y los problemas que le armaba a las defensas rivales, desembarca en Núñez tenía apenas 22 años y venía de jugar el Mundial de 1930 en el que había convertido tres goles. Fue uno de los jugadores que escribió la historia grande del club.

Cuando iniciaba la década del 30, Argentina también iniciaba la etapa del fútbol profesional, fue en ese entonces que River se ganó el apodo de Millonario por dos compras que revolucionaron el mercado de pases de su época. En 1931 la dirigencia decidió pagar 10 mil pesos por el pase de Carlos Peucelle, cifra escandalosa para el momento y, un año más tarde, redobló la apuesta al traer a Bernabé Ferreyra por 35 mil pesos.

Nació un 13 de septiembre de 1908 en el barrio porteño de Barracas. De chico se había probado en Boca y fue aceptado pero como consecuencia de las trabas burocráticas se fue a clubes más chicos e incluso llego a jugar en dos equipos diferentes al mismo tiempo. Como cada asociación jugaba sus partidos en diferentes horarios, Peucelle aprovechaba para hacerlo en San Telmo y en Sportivo Barracas. Era un jugador de buena altura. Su gran estado físico le permitía jugar en alta competencia en distintos equipos pero era muy desaliñado y tenía una gambeta muy rara y endiablada que confundía a los rivales, de ahí que nadie dudó en su apodo. Carlos “Barullo” Peucelle era la imagen del potrero argentino, camiseta fuera del pantalón, medias caídas, pelo desaliñado. Él, sólo tenía una preocupación: su juego.

Su puesto original era por la derecha del ataque, pero su capacidad para leer los partidos y su talento técnico lo llevaban a moverse constantemente por distintos sectores del campo de juego. Era capaz de bajar hasta la mitad de la cancha e incluso terminar en la defensa si notaba que las cosas se ponían complicadas para su equipo. En River, donde vivió su etapa más fructífera, jugó 307 partidos, hizo 113 goles y obtuvo cuatro títulos: 1932, 1936, 1937 y 1941, siendo la figura más destacada del equipo. Se retiró un año más tarde tras ganar su último campeonato. Permaneció en Núñez hasta 1949, período en el que se dedicó a trabajar en las divisiones inferiores del club.

Además de jugador, fue técnico algo que se notaba desde adentro del campo de juego cuando aún no había decidido colgar los botines. Desde afuera de la línea de cal también supo ganar títulos. Obtuvo 3 como técnico auxiliar de Renato Cesarini. Todos reconocen a Cesarini como el técnico de La Máquina pero consideran a Peucelle como su mentor porque fue él quien cambió de posiciones a Félix Loustau y a Adolfo Pedernera. A Loustau lo puso de wing izquierdo y decidió sacar de la punta a Pedernera y tirarlo al medio, como eje del ataque.

Siempre estuvo ligado al fútbol y le regaló a River la formación de jugadores como Di Stéfano, Pipo Rossi, Amadeo Carrizo y Pinino Más.
Carlos “Barullo” Peucelle, un Maestro como lo describieron muchos de los jugadores que lo conocieron, falleció el 1° de Abril de 1990 a los 81 años.

Por: Luciana Contreras

Galería de Atlético Nacional vs. River

Galería de River vs. Atlético Nacional

Onega, un crack sin suerte

La mayoría de los jugadores se destacan en un club por salir campeones, en River sucedió eso con casi todos ídolos, sin embargo, hay otros que pueden llevar ese título sin necesidad de ganar campeonatos. Ésta, es la historia de Ermindo Onega, “el Ronco”, un delantero de garra, corazón y entrega, que no fue lo suficientemente reconocido por haber estado en un River que no salía campeón.

Ermindo Onega, nació en la localidad santafesina de Las Parejas un 30 de abril de 1940, llegó a Núñez con edad de quinta, tenía solamente 17 años, y muchos lo veían como el sucesor de Enrique Omar Sívori, el gran ídolo Millonario. Fue un jugador talentoso, exquisito, con un gran manejo de la pelota, tanto era así que los hinchas de otros equipos conseguían su entrada para verlo en el Monumental.

Su debut en la primera del Más Grande se produjo el 15 de diciembre de 1957 en el partido correspondiente a la última fecha del campeonato contra San Lorenzo en el Viejo Gasómetro, le tocó entrar en lugar de Labruna. En ese encuentro, los locales le ganaron al Millonario por 5 a 1 pero el resultado era lo de menos, River ya era campeón. Con ese título se completaba una racha histórica de cinco consagraciones en seis años. Durante esa época a Onega, le tocó jugar al lado de grandes nombres como los de Labruna, Loustau o Pipo Rossi entre otros.

Después del título del 57 se iniciaba una racha negra en la historia de River: 18 años sin lograr campeonatos. Si bien, en cada uno de los torneos que disputó Onega era uno de los futbolistas más destacados no lograba la coronación. Tenía velocidad física y mental, fue un jugador atípico para su época. Tenía buen remate, pique corto, era conductor y un delantero eficaz. Tal era su forma de jugar que hasta hoy muchos lo consideran uno de los mejores jugadores de la década del sesenta.

Tan bueno era con la pelota, que llegó a la selección. Con la albiceleste jugó la Copa de Naciones de 1964, en Brasil, que en ese entonces era el bicampeón del mundo. Argentina viajó sin expectativas al país vecino. Sin embargo, en parte gracias a Onega, el equipo venció a los locales en San Pablo: 3 a 0; el primer tanto del encuentro lo hizo Onega. También, disputó el Mundial de 1966 en Inglaterra, dónde mostró parte de su repertorio futbolístico hasta que el seleccionado fue eliminado por los locales. Ese mismo año, River llegaría a la final de la Copa Libertadores. Para ese entonces, Ermindo ya tenía a su lado a Daniel, su hermano menor. En el Estadio Nacional de Santiago, Chile, River perdió un partido increíble frente a Peñarol, en tiempo suplementario por 4-2. De esa forma se le escapaba el título.

Onega vistió la camiseta de La Banda durante once años, dejando una impresionante marca de 98 goles en 222 partidos. Sin embargo, integró siempre equipos que obtenían subcampeonatos, fueron siente en total. Esto no fue bien visto por lo que de algún modo se lo «condenó». En el ´69 pasó a Peñarol de Montevideo. Estuvo hasta 1971. En el´ 72 pasó a Vélez y al año se fue a Chile donde jugó en Deportivo La Serena.

Junto a su hermano Daniel, Eduardo Solari y Luis Artime, entre otros, acompañó a Jorge Solari, en la creación del Club Renato Cesarini, de la ciudad de Rosario. Murió en un accidente de tránsito, cuando se dirigía desde esa localidad hacia Buenos Aires el 21 de diciembre de 1979, tenía 40 años.
Así era el “Ronco”, un jugador excepcional que no necesitó de títulos para ser un grande.

Por: Luciana Contreras