Crack desde la cuna

“….La gente ya no come… por ver a Walter Gómez…”.  Ese era el cantito que la hinchada le dedicaba al uruguayo domingo a domingo cuando salía a la cancha para jugar con la camiseta del Más Grande y deleitar a todo el público con su juego.

Walter Gómez, nació en Montevideo, Uruguay, el 17 de diciembre de 1927. Fue un crack desde la cuna. Lo fue siempre desde que empezó a patear las primeras pelotas en los potreros montevideanos, donde su hermano Washington, dos años mayor, lo perseguía para que jugase de centrodelantero hasta que se consagró como futbolista profesional.

La primera vez que viajó a Buenos Aires tenía 17 años. Había cruzado el charco para jugar en el Viejo Gasómetro de Avenida La Plata, con la selección uruguaya, y deslumbró a todos. Tanto, que en aquel duelo contra la Argentina, el 15 de agosto del 45, los argentinos lo ovacionaron de pie cuando fue reemplazado en el segundo tiempo después de recibir un pelotazo en la nariz que le impidió continuar en el partido. Había comenzado a dejar un sello. Él fue el responsable de que en el Monumental se escuchara por primera vez el tradicional grito de “u-ru-guayo, u-ru-guayo” que después se volvió un clásico canto de agradecimiento para cada oriental que supo triunfar en nuestro fútbol.

Llegó a River en 1950 de la mano de Antonio Liberti. El entonces presidente de River tenía la dura tarea de convencer a los dirigentes de Nacional y lograr contratarlo. Una suspensión de un año por haber participado en incidentes en un clásico ante Peñarol le impidió ese año jugar el Mundial de Brasil.

Era un jugador habilidoso que llegó a Núñez justo cuando River decidió transferir a Alfredo Di Stefano, otro fenómeno de la época. El día de su debut con la banda roja, el 2 de abril de 1950, hizo un gol al minuto de juego. Esa tarde River venció a Newell’s por 2 a 0 en Rosario. Todo un presagio de los 74 tantos  que vendrían después. Su carrera como futbolista había comenzado como insider derecho (el número 8 actual), pero su mejor producción llegó cuando se ubicó como centrodelantero. Desde esa posición y con un estilo de definidor implacable, logró meterse en la historia del club Más Grande. Es que Walter es el segundo goleador extranjero de la historia de River detrás, nada más ni nada menos, que de otro gran uruguayo como es Enzo Francescoli.

Le tocó formar parte de equipos con grandes jugadores, a su lado había apellidos como el de Prado, Labruna y Loustau pero Gómez nunca decepcionó. Al contrario, demostró siempre lo que era capaz de hacer. Por eso es que esa delantera es recordada como la “Segunda Máquina”.

Entre 1950 y 1955 jugó 140 partidos y convirtió 75 goles, cinco de ellos a nuestro clásico rival, Boca. En el Monumental dio tres vueltas olímpicas, ganó los campeonatos de 1952, 1953 y 1955. Después de eso le tocó pegar el salto al fútbol europeo para jugar en Italia. También llevó su fútbol a Colombia y Venezuela, donde se retiraría en 1964.

Nunca más pudo dejar la Argentina, donde volvió a vivir, para quedarse por siempre en Banfield. Montado en una idolatría que en estos tiempos parece irrecuperable, Gómez se constituyó en el hombre que abrió las puertas del fútbol argentino para la llegada de innumerable cantidad de jugadores uruguayos.

Así era Walter Gómez un jugador que supo enamorar a la gente de River y que falleció un 04 de marzo de 2004 a los 76 años víctima de una afección pulmonar.

Por: Luciana Contreras

Galería de River vs. Boca

Galería de Boca vs. River

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En una entrevista exclusiva de uno más uno, programa de River Desde La Tribuna, Jorge de la bandera con el número de campeonatos habló de la historia del trapo, de algunas anécdotas y los países los cuales recorrió.

 

Sin dudas una de las banderas más antiguas y que siempre llamó la atención en el Estadio Monumental, es el trapo que campeonato tras campeonato que iban ganando los distintos equipos, iba cambiando el número.

Jorge, uno de los encargados de llevar la bandera a todos lados contó cómo surgió la idea: “Esto comenzó en el año ’91 con un grupo de chicos que siempre íbamos a la cancha, no teníamos nada que nos identificara en ese momento y además no había tantas banderas como hay ahora. A mí se me ocurrió porque ese año salió campeón el Milán en Italia y salió una bandera con los colores del Milán y un número enorme en el medio y averigüe y era por la cantidad de Scudettos que tenían en la liga italiana y de ahí surgió. Compramos la tela pegamos el numero porque sabíamos que podíamos llegar a cambiarlo seguido y así empezó en el año ’92”.

Asimismo recordó que en ese momento el primer número que llevó el estandarte millonario fue el 23. “Mucha gente nos preguntaba que era. Después en un viaje en Uruguay que salió en la esquina del Estadio Centenario, le llamó la atención a todo el mundo”, aseguró. Al referirse sobre que tribuna ocupan, explicó: “Ahora nos encontramos en la San Martín Alta pero antes íbamos a Sívori Baja, por mucho tiempo estuvimos ahí detrás del alambrado y cuando subimos a la San Martín alta decidimos ponerla en la primer boca al lado de la popular”.

Cuando se le consultó sobre la anécdota que más recuerda, declaró: “Una vez estábamos con los chicos en el playón, previo a un partido en el hall de la San Martín. Esto fue hace años atrás en la presidencia de Davicce y tratábamos de coser la bandera que se había descosido un poco y se acerca el presidente y nos dice chicos les voy hacer una pregunta ¿Por qué lleva ese número? Presidente son los campeonatos locales que tenemos y ahí se empezó a reír y le pedimos sacarnos una foto».

Además expresó que la llevaron a varios lados, tales como Chile (tres veces) el partido que más recuerda fue con la Universidad Católica un día de una lluvia torrencial. “Luego, en el ’97 la llevamos al Morumbi cuando jugamos la final de la Supercopa, a Paraguay también. A recorrido lo que recorrimos nosotros a través de los años”, confirmó.

Sin embargo, confesó que de visitante siempre se les complicó más que nada por el importante tamaño que tiene. “Ahora la original que tiene tantos años no nos la dejan pasar, tuvimos que hacer otra. Y a su vez esta recortarla, meterla por partes. Una vez me acuerdo cuando salimos campeones en la cancha de San Lorenzo no dejaban pasar ninguna bandera, y gracias a arreglar con algunas personas la pudimos meter, la metimos en la platea en un codito y cuando estaba por terminar el partido la sacamos y era el número 28 y fue la única bandera que se mostró en el estadio”, indicó.

En cuanto a la organización para modificar la bandera, sostuvo que tratan de juntarse en una casa con un gran espacio para poder cocerla y para diagramar el número ya que lo hacen ellos para que mantenga la originalidad.

Por último, se mostró descontento por la ausencia de los visitantes en las distintas canchas del país: “Es realmente nefasto porque es un problema de organización, un River – boca sin que vengan ellos ni que podamos ir nosotros era impensado y bueno es la realidad que nos toca vivir. Por suerte ahora que estamos jugando la copa podemos ir más seguido, pero es dramático para los hinchas del fútbol no poder ir de visitante”.

Pipo Rossi, un cinco inolvidable

Néstor Raúl Rossi, más conocido como Pipo, nació un 10 de mayo de 1925 en Parque de los Patricios pero al crecer se mudó a Núñez. Como quien dice, tenía una casa cerca de la otra, su residencia estaba tan sólo a cincuenta metros del estadio Monumental, su lugar en el mundo.

Pipo, rápidamente demostró que estaba destinado a brillar en el fútbol argentino. No era de los que corrían alocadamente sino de los que piensan con cada vez que tienen la pelota a sus pies. «Al recibir la pelota ya tenía una idea titular y dos suplentes de lo que iba a hacer con ella», destacaba Juan Carlos Muñoz. Con sólo 15 años y jugando en la quinta división Rossi fue el protagonista de un fichaje récord, 5.000 pesos, una locura en aquella época y en esa categoría.

Jugó 156 partidos en Primera desde que debutó el 25 de junio de 1945, reemplazando a Manuel Giúdice en una victoria 2-0 ante Racing, en Avellaneda y desde entonces comenzó una etapa dorada.

Del fútbol argentino emigró en 1949 primero a Colombia para jugar en Millonarios, donde coincidió con Di Stéfano. Ese equipo cruzó el Atlántico para realizar una gira por España y Di Stéfano se quedó en el Real Madrid. Rossi regresó. Aseguraba que no se había quedado en Madrid porque no había querido. De Colombia volvió a River.

A base de triunfos y un juego intachable, Pipo alcanzaría muchos años de consagraciones con La Banda. Es que no solo logró el título de 1945, sino que además dio la vuelta olímpica en 1947 y en el primer tricampeonato de River (1955, 1956 y 1957).

Fue parte de dos grandes equipos: La Máquina de River en la década del 40 y la Selección de los Carasucias que conquistó América en 1957, tras golear 3-0 a Brasil. También se consagró campeón en el Sudamericano de 1947, en Guayaquil y jugó la Copa Mundial de Suecia de 1958.

Algunos años después de jugar el mundial, más precisamente en 1961 decidió retirarse del fútbol y comenzar su carrera como entrenador. El paladar negro que tuvo en sus tiempos de jugador lo mantuvo cuando se calzó el buzo de entrenador. Tras armar en 1973 uno de los dos mejores equipos de la historia de Atlanta en Primera División, al año siguiente aceptó una oferta del Elche, de España y se fue a Europa. Quizás uno de sus más grandes logros fue hacer debutar nada más ni nada menos que a Daniel Passarella.

Pipo falleció el 13 de junio de 2007  producto de una grave enfermedad, tenía 82 años. Un gran número 5, exquisito como pocos, hombre de gran presencia y vicioso de la pisada.

Cada vez que podía tenía la pelota bajo su pie y mareaba a los rivales pisándola con su botín 44, por eso uno de sus apodos era Patón. A Pipo se lo considera uno de los inventores de su puesto. Pese a ser aguerrido y calentón, también respondía al gusto de los espectadores del buen fútbol. No soportaba que la pelota no llegara justa, medida, mansita para una circulación prolija y vistosa como la que, a modo de mandato sagrado, él había aprendido a respetar al lado de cracks como Moreno, Pedernera y otros que hacían del toque una religión. Y por eso, cuando sus compañeros no mostraban ese mismo respeto llegaba inmediato ese grito quejoso, de vozarrón áspero y bien “futbolero”. Una de sus frases más recordadas, y que reflejan su amor por el buen juego es: «El que no pasa la pelota al pie es una mala persona».

Por: Luciana Contreras

El «Maestro» Pedernera

Un día como hoy hace 96 años nacía uno de los ídolos más recordados en la historia de River, Adolfo Pedernera. Delantero y cerebro de La Máquina que supo ganar todo lo que se propuso, para llegar a convertirse, hoy, en uno de los máximos referentes de la historia Millonaria.

Adolfo, así a secas, o el “Maestro”, como también solían llamarlo algunos, fue uno de los mejores jugadores de la Argentina de todos los tiempos. Había nacido un 15 de noviembre de 1918 en el partido de Avellaneda, lugar dónde intentaría sin éxito, dar sus primeros pasos como futbolista. Su notable pegada, tanto en potencia como en puntería, le permitió obtener el título de Maestro. Era un jugador diferente, era un fenómeno. Un enamorado de la pelota, del tango y de la vida…

En 1935, su calidad futbolística lo llevó a Primera y debutó como profesional con apenas 16 años, señal de que estaba destinado a ser un crack. Tenía pique, velocidad, panorama, pegada con ambos pies y sobre todo personalidad. El 26 de mayo de 1937, a los 18, firmó su primer contrato y fue citado para la Selección.

Tras alcanzar lo máximo con River en los torneos 1936 (Copa Competencia y Copa de Oro), 1937, año en el que firmó su primer contrato como profesional a los 18 años, 1941, 1942 y 1945 (Nacional), dejó el equipo de Núñez en 1946 y luego pasó por distintos clubes: Atlanta, Millonarios de Colombia y Huracán, dónde decidió ponerle fin a su carrera como futbolista profesional.

Siendo un jugador de gran calidad tuvo la oportunidad de vestir la camiseta albiceleste en varias ocasiones, aunque sus inicios en la selección no fueron nada fáciles. Con la albiceleste, viajó a la Copa Roca, en Brasil, donde fue suplente del Chueco García. Recién debutó en 1940, ante Uruguay, por el trofeo Chevallier Boutell, en cancha de Independiente: ganó Argentina 3-1 y Adolfo hizo el segundo. La Selección, con él entre los titulares, ganó el Sudamericano del 41 en Chile, aunque sin goles del Maestro.

En el de Uruguay 42 hizo uno: el quinto en la goleada 12-0 contra Ecuador. En el de Argentina 46 volvió a gritar campeón vestido de Selección y con este ataque: Salvini o De la Mata, Méndez, Pedernera, Labruna y Loustau. Le metió un gol a Chile (el tercero de un 3-1) y otro a Uruguay (el primero de otro 3-1).

Al tiempo que era indiscutido en la Selección, deslumbraba en River siendo uno de los integrantes de La Máquina. Luego, fue un gran entrenador y descubridor de talentos.

El “Maestro” también estuvo a cargo del Fútbol Amateur Riverplatense, por lo que la concentración hoy lleva su nombre.

Además, su pegada y sus actuaciones destacadas lo llevaron a integrar la lista de los mejores jugadores sudamericanos en el siglo XX, donde ocupa el duodécimo lugar.

Falleció tras un paro cardíaco el 12 de mayo de 1995.

“River es eso: el fútbol, el deporte. Significó todo para mí. Creo que el nacimiento de un hombre en una institución equivale a mamá y a papá. En River me parieron, en River crecí, en River me hice hombre…”

Por: Luciana Contreras

«La confianza del DT»

En una entrevista exclusiva para “Uno más Uno”, el zaguero central millonario, Lucas Martínez, contó cómo llegó al club. Además expresó cuales son los jugadores que más observa para tratar de imitarlos en el verde césped.

El defensor de la quinta división millonaria, oriundo de Kimberley, Mar del Plata, hizo un repaso desde su primer prueba hasta quedar en el Más Grande: “Llegué en noviembre del 2012, fueron a realizar pruebas a Mar del Plata y quede en el preseleccionado. Después vine a Buenos Aires una semana a prueba y me dijeron que venga para la pretemporada de la sexta división”, comenzó.

Por otra parte comentó que no le costó mucho adaptarse a la nueva vida en el club: “Yo pensé que me iba a costar un poco más pero gracias a dios se me dio la posibilidad de llegar y que se den un par de circunstancias”. Una de estas eventualidades fue que Emmanuel Mammana haya sido citado a la selección apenas llegó y de ahí en más comenzó a jugar de titular. “La confianza del DT fue importante, me la dio y me sirvió un montón así que me tocó llegar y jugar y poder afianzarme poco a poco”, agregó.

Asimismo remarcó el gran trabajo de los directores técnicos de la quinta: “Luigi Villalba y Claudio Vizcovich son dos grandes técnicos y personas aprendemos mucho día a día”, indicó.

El pibe de las inferiores también aseguró que uno de sus mayores sueños es debutar en la Primera de River y vestir la camiseta de la Selección Argentina. Tomando como ejemplo el caso de Emanuel Mammana, que debutó primero con la celeste y blanca que con el Manto Sagrado, Martínez explicó: “Eso motiva mucho se nota que se fijan mucho en las inferiores en la Selección, hay que seguir metiéndole para tratar algún día si dios quiere estar ahí”, explicó.

A la hora de auto-definirse como jugador, contempló: “Me defino como un jugador técnico, con buen juego aéreo. No obstante aseguró que le gusta salir jugando pero que a veces se liga algún reto del técnico ya que les pide que salgan por abajo pero sin arriesgar tanto» reveló.

Al referirse sobre que jugadores son los que utiliza como espejo, afirmó: “Me gusta mucho Maidana y de afuera por ahí no está en un buen momento pero Pique siempre fue un espejo para mí”, expresó.

Por último, analizó el campeonato que vienen teniendo con su respectiva categoría: “Estamos cuartos a cuatro de boca y de Newell’s y ahora el próximo partido es contra San Lorenzo que está tercero, pero bueno nosotros venimos de cinco victorias al hilo”, cerró.

Por: Facu Asprella | En Twitter @Facuasprella

Muñoz, í­dolo de La Máquina

«Sale el sol, sale la luna; centro de Muñoz, gol de Labruna», ése era el canto de la multitud Millonaria que acompañaba a “La Máquina”, el equipo más ganador de la historia de River. Uno de sus jugadores más destacados fue, sin dudas, Juan Carlos Muñoz, quien formó parte de la delantera de River entre 1939 y 1950.

Juan Carlos Muñoz nació el 6 de mayo de 1919, en Avellaneda. Fue allí donde comenzó a dar sus primeros pasos como futbolista, inició su carrera en Independiente jugando como medio punta derecho y llegó hasta la Cuarta. Sin embargo, fue en ese momento en que se quedó sin lugar en el equipo de Avellaneda y decidió irse a jugar a Sportivo Dock Sud. Luego, llegó a la presidencia de River Antonio Liberti, quien se lo llevó para que forme parte del equipo. Finalmente, Muñoz se ganó la titularidad en 1941 y coincidió con la llegada al primer equipo del gran Ángel Labruna, con el haría una gran sociedad dentro y fuera del verde césped.

Tomate Muñoz, apodado así por su rostro sonrosado y su bondad, fue un jugador de categoría, gambeteador, hábil, veloz para manejarse por la raya, de centros precisos y complemento ideal en el juego colectivo y efectivo de La Máquina. Fue sucesor de Carlos Peucelle y le dejó el puesto, en 1951, a Santiago Vernazza.

Compartió equipo con otras leyendas Millonarias como Félix Loustau, Moreno, Pedernera y Labruna. Todos ellos, se convirtieron en leyenda y fueron bautizados como «los caballeros de la angustia», porque se divertían tanto jugando y combinando, que a veces tardaban en materializar su superioridad sobre los rivales con goles. Pero cuando éstos llegaban, producían admiración en propios y extraños, creando escuela en los futuros equipos de River, para siempre.

Juan Carlos Muñoz, Jugó en River entre 1939 y1950, disputó 184 partidos y marcó 39 goles. Con el Más Grande obtuvo cuatro títulos: 1941, 1942, 1945 y 1947. Además, entre 1942 y 1945 jugó 11 partidos en la Selección Nacional. Con la camiseta albiceleste marcó dos goles. También, jugó en Platense, dónde en 39 partidos hizo tan sólo 3 tantos, entre 1951-53, fue allí donde finalizó su carrera.

Tras su retiro, fue comentarista radial en un programa integrado por varios ex futbolistas denominado Los Ases del Deporte, que conducía Roberto Zamora y que también se transmitía por televisión.

Juan Carlos Muñoz, falleció en Buenos Aires, el 22 de noviembre de 2009 a los 90 años.

Desde River Desde La Tribuna le rendimos homenaje a un jugador que dio todo por la camiseta y logró quedar en la historia del club más grande del país, gracias sus gambetas, sus centros, sus goles, sus títulos y, también, por haber compuesto una excelentísima delantera que a cualquier hincha de River le sale de memoria.

Por: Luciana Contreras

Galería de River vs. Libertad

Galería de River vs. Estudiantes